jueves, 25 de septiembre de 2008

Excurso sobre los colombianismos políticos – Pt. 2

He tenido un breve espacio de tiempo para intentar digerir los términos que forman parte de los primeros 5 lugares de mi Top 10. Sin embargo, no logré compenetrarme con el demócrata tolerante que hay en mí, y decidí seguir adelante con mi espacio de defensor del lector propio, para quejarme de las “picardías” de nuestro medio político y periodístico. Sigamos adelante, entonces:

En el lugar número 5 de nuestro conteo, nos encontramos con la popular ‘hecatombe’. Por este término entiende la RAE varias cosas. Para efectos de no ser demasiado extensos, me concentraré en dos acepciones únicamente. La primera hace referencia a una catástrofe o desgracia. La segunda es el sacrificio de animales que realizaban los antiguos a sus dioses. En nuestro medio, en cambio, salió a relucir el término cuando hace algún tiempo se le preguntó al Presidente Uribe si se buscaría una nueva reelección, a lo cual respondió algo así como: “Reelección no, salvo en caso de una hecatombe”. De allí en adelante, nuestro independiente, sagaz y brillante cuerpo de periodistas, analistas, y extras con parlamento decidieron buscar frenéticamente la interpretación. ¿Qué quería decir Uribe con ‘hecatombe’? En vez de reporteros, críticos y columnistas, nos encontramos con una serie de semiólogos expertos que buscaban convencer con sus respectivas conclusiones.

Aún hoy nos recuerdan este desastroso momento de nuestro periodismo, cuando recientemente escuchamos en las noticias que si los partidos que conforman la coalición del Gobierno no encuentran un líder común que pueda enfrentar a la oposición, Uribe podría considerar lanzarse a un tercer mandato. Para no desentonar, me permito acudir también a mis capacidades semiológicas intuitivas para incorporarme al detestable grupo de faltos de plan (con la diferencia que yo no recibo remuneración alguna por producir un salpicón de idioteces en tan poco tiempo, a diferencia de mis colegas semiólogos).

Jugando a ser original por disidente, me atrevo a prever que nuestro ingenioso Presidente no hacía referencia al desastre o catástrofe al que se prefiere la primera de las acepciones atrás reseñadas, sino que hace realmente referencia a la segunda de ellas. Si recordamos un poco la literatura antigua, veremos cómo en La Iliada, los aqueos y los troyanos, al finalizar cada jornada, realizaban las libaciones a los dioses, y procedían a realizar las ‘hecatombes’. Recordemos que estas hecatombes implicaban sacrificios, ofrendas. Tal vez lo que el Presidente espere sea una ofrenda por parte de sus partidarios, o de sus Ministros, o de las Cortes.

Solo espero que con esto no le esté dando ideas a alguien a quien no debería, y que mañana en los diarios empiecen a reseñar que se están preparando ‘hecatombes’ para el ‘mesías’ porque probablemente entraría en crisis nerviosa.

El número 4 del conteo cuenta con un exponente interesante, muy actual y en extremo desagradable: el ‘guiño’. A diferencia de los anteriores términos, no creo que resulte necesario realizar un estudio metodológico que nos explique las diferentes acepciones que manejamos con esto. Acudiré a que una imagen vale mil palabras, y citaré al gran filósofo Latinoamericano “Matador”, quien lo ha ejemplificado mejor.

Imagen tomada de: http://matadorcartoons.blogspot.com/


Anteriormente, habríamos hablado de espaldarazo, de aval, de respaldo o incluso de promocionar a una persona. No. La liberación sexual ha llegado al punto de escribir acerca de ‘guiños’, y de ‘jalones de orejas’. Al paso que vamos, en unos meses estaremos hablando de ‘tarreaditas’ (Dícese de aquel gesto corporal consistente en amistosamente palmotear los glúteos de manera suave, una o más veces, de una persona para transmitir un sentimiento de aprecio o cariño. Se utiliza este además como forma de motivar al receptor del gesto) y de ‘nalgadas’ (1. Dícese de aquel gesto corporal consistente en dolosamente palmotear los glúteos de manera potente, una o más veces, de una persona para transmitir un sentimiento de reprobación o castigo. 2. En materia sexual, la conducta dolosa usualmente pretende trasmitir sentimientos de aprecio o cariño –ver ‘tarreaditas’- hacia el receptor del gesto). Por el momento, sin embargo, concentrémonos en los guiños.

Este colombianismo político, digno de un Top 10 de “Términos de RE-Flujo”, se vale de una palabra que es poco utilizada en nuestro medio por su significado común, como es el de cerrar de manera rápida el párpado de un ojo, dejando abierto el otro, para significar aprobación hacia la otra persona. Habitualmente, se utilizaba como forma de coqueteo entre individuos. Sin embargo, se suele utilizar el término “picar el ojo” para efectos de referirse a la acepción real de guiño. Esperemos que al menos nos respeten este término, para no poner en riesgo los índices de reproducción en nuestra sociedad, incrementando desmedidamente el de campañas políticas nuevas.

Obteniendo la medalla de bronce, encontramos en el número 3 del conteo regresivo, el término ‘chibchombiano’. No es nuevo, ni mucho menos, el término. Sin embargo, es habitual encontrar en Colombia a muchos colombianos que se refieren a situaciones colombianas valiéndose de este vocablo. ¿Qué quieren decir al introducirlo como adjetivo calificativo y no como genitivo? Se quiere significar con ello, que la metodología seguida por el creador del artículo, del negocio, del procedimiento, no cumple con los parámetros ISO, y que por ende, no podría hablarse de un procedimiento certificado que garantice altos estándares de calidad. En otras palabras, cuando algo es ‘chibchombiano’, es porque cumple dos requisitos. El primero es que fue hecho en Colombia, y el segundo es que es “chambón”.

He procurado valerme de estudios etimológicos acerca del término, y encuentro que hay poco material bibliográfico que nos de luces acerca de su origen. Como creador del sitio, y otorgándome cierta licencia al respecto, he querido compartir mis descubrimientos empíricos al respecto. Los resumiré en los siguientes puntos: 1. Los colombianos se inventaron el término ‘chibchombiano’. 2. Los colombianos creemos que somos más europeos que chibchas. Lo curioso es que no he escuchado mucho el término “eurombiano” para elogiar un artículo, procedimiento o negocio. 3. Los colombianos creen que aquí llegó el Mayflower poblado de artistas, ingenieros y filósofos, y no la Pinta, Niña y Santamaría, poblada de gente de dudosa reputación. Normalmente quienes utilizan este término no tienen la menor idea acerca de la cultura chibcha. 4. Quienes utilizan el término ‘chibchombiano’ normalmente son los primeros en ofenderse cuando en otros países se refieren al país como ‘narcolombia’ ‘cocalombia’ o a sus habitantes como ‘sucadas tercermundistas’.

En este punto me encantaría hacer un llamado a los sociólogos y psicólogos colombianos (o extranjeros si es posible, para que en el país le crean a sus estudios) para que investiguen acerca de la hipocresía conciente y subconsciente del pueblo colombiano, que sale al mundo a decirle que este es un pueblo de gente pujante, trabajadora y honrada, y al terminar su lacrimógena intervención, inicia con la apología al ‘chibchombianismo’. Esta iniciativa contaría con mi apoyo y buscaríamos la manera de obtener una adecuada financiación para sacar adelante el proyecto.

En el segundo escaño del podio, llegando al número 2 del conteo, nos encontramos con el popular y siempre bien recibido ‘mamerto’. Poco he de referirme aquí acerca del límite que permite racionalmente distinguir al ‘mamerto’ de quien no lo es. Tampoco he de referirme al devenir histórico del término. Básicamente, mi crítica se reduce a la utilización que se le da habitualmente al término. Para quienes quieran indagar un poco más al respecto, les recomiendo que revisen la página “Colombia sin mamertos” y una vez revisen los artículos que allí están consignados, lleguen a sus conclusiones personales al respecto. Por mi parte, presiento que la utilización que se le da a este término es parecida a la de “play” y “anti-play”, “fashion y chic” frente a lo que no entra en esta categoría.

Leer acerca de los ‘mamertos’, y leer artículos de quienes son denominados ‘mamertos’ es un ejercicio parecido al de desentrañar el rigor argumentativo de un niño de 4 años, que en el jardín infantil incursiona al debate acerca de cuál de sus compañeros debe ser catalogado como bobo o infantil. Veamos: Frases como “ese ideólogo mamerto…” podría ser equiparado a “ese ideólogo tonto”. Es cierto. Nuestro debate de ideas acerca del ‘mamerto’, es tan profundo como intentar desentrañar la verdad filosófica acerca de por qué Nintendo llamó a su juego insignia Super Mario Bros. y no Super Luigi Bros. Sin duda un debate de altísimo nivel sobre el cuál se han regado ríos de tinta, y que podrá cambiar los cauces de la humanidad.

Por último, dedicaré unas breves líneas acerca del término de RE-flujo más molesto de todos. El número 1, al cual quiero tanto como a una úlcera del duodeno –aquí parafraseo a otro de mis filósofos de cabecera, Garfield (lamento no contar en estos momentos con la cita textual)– corresponde al siempre querido ‘Casa de Nari’. Reciéntemente he encontrado en la Revista Semana, en El Tiempo y en El Espectador, una serie de columnas donde se hace referencia al palacio presidencial en estos términos. Me recuerda mucho a nuestras propagandas de películas para ir a ver en familia en el cinema más cercano: De los creadores de… “la Yidispolítica”, llega ahora un relato de intriga, de suspenso, protagonizado por los galardonados actores de “el Guiño”, y del clásico “Choque de trenes”. Una historia que conmoverá a millones… “la Casa de Nari”. Búsquelo en su teatro más cercano.

La ‘Casa de Nari’, como forma peyorativa de referirse al Palacio de Nariño, es tan popular hoy en día, que no entiendo cómo es que no han fundado todavía un colegio con ese nombre. Tal vez lo estén haciendo en estos momentos, pero confieso no poseer los datos concretos al respecto. Como segunda confesión, acompañado de un gran mea culpa, debo ser sincero en que no he entendido el chiste. De hecho, no sé si es un chiste o no. Agradecería que una mano amiga me de indicaciones acerca del invaluable aporte que nos da este término, y en ese momento, dedicaré un ingreso especial para mostrar las bondades de este concepto (o concepción para los más exégetas) y cómo ha sido el mayor avance en el mundo después de haber desenmascarado el fenómeno de la “globalización”. Por ahora, insisto, no he entendido el chiste, y tal vez por eso me resulta tan inquietante que después de revisar las noticias acerca de las investigaciones judiciales de nuestros “honorables”, y la más reciente afirmación del ‘mesías’ acerca de la reelección, lea yo tan importantes aportes de nuestros columnistas, ‘mamertos’ o no, respecto de las peripecias que ocurren en la ‘Casa de Nari’ y no pueda pronunciarme al respecto. Así como algunas personas se sienten atropelladas por la tecnología, debo ser sincero en cuanto a que estas avanzadas obras de ingeniería lingüística de nuestros periodistas, me arrollan y me dejan en estado crítico. Mientras esto no ocurra, no obstante, seguiré escribiendo erradas opiniones contra este invaluable término, que sin duda ayudará a que suba el empleo, y se levante el paro judicial.

Nuevamente, por razones de espacio, dejo de lado un par de bonus tracks que estaban inicialmente planeados, en lo que se refiere a la versión acústica de ‘Uribito’ y a la versión fusion que mezcla cumbia y bambuco, del reciente éxito ‘Los Migrantes’.

4 comentarios:

Carlos Javier dijo...

A mi la palabra "guiño" me gusta; sin embargo comprendo tu malestar: hay veces en que uno quisiera -como María Mercedes Carranza- "salir a asesinar algunas palabras" por dejarse manosear.

¿El origen del término "chibchombiano" no se lo debemos a Santiago Moure y Martín de Franciso?

Saludos.

Gaviota dijo...

La verdad no tengo claridad sobre el origen de chibchombiano, pero ahí está ejemplificado el escenario que planteo, y más aún si se maneja con la seriedad que ellos dos NO manejan.

En cuanto a lo de guiño, respetable la posición. A mí particularmente me parece que no hay que asesinarla (la palabra) porque ya otros se encargaron de hacerlo.

Saludos y gracias por el comentario.

fbarbosa dijo...

Muy bueno el post. El que definitivamente se lleva el premio por haber generado tanto interés en los medios y generar una veneración académica por su utilización es "Hecatombe".

Un saludo y te invito a mi blog:

http://margencultural.blogspot.com

Francisco Barbosa

Gaviota dijo...

Muchas gracias por el comentario. De hecho hecatombe estaba bien arriba en la lista hasta que apareció la Casa de Nari, que me irrita un poco más.

Gracias por la invitación. Revisaré el blog en unos momentos.

Saludos.