domingo, 2 de noviembre de 2008

El Monopoly norteamericano III

Entramos a los últimos dos minutos del tercer cuarto del partido. La adrenalina, la bilis, y en este caso también la testosterona se entremezclan en diferentes áreas del cuerpo de los espectadores. Por supuesto, los jugadores también han sentido el estrago. Pero no, no hablo de la NFL, (que está buenísima, por cierto). Me refiero al desenlace de nuestro juego de Monopoly, al que le hemos hecho seguimiento anteriormente en “El Monopoly norteamericano” y en “El Monopoly norteamericano II”, y que cuenta con nuevas alternativas.

Revisando un poco el tablero, vemos que el burro no es tan burro, y ha ido ejerciendo un despliegue táctico interesante. Hace algunas semanas, los Estados Unidos de América entraron en una crisis económica que han comparado con la gran depresión de los años 30. Esta crisis ha cambiado el panorama del tablero. Las propiedades no generan mayores dividendos, y por el contrario, la gran mayoría de las hipotecas que sobre ellas se han constituido, han llevado a que las personas no puedan pagar sus deudas, y que las entidades que las financiaban, entraran en bancarrota. Esto ha obligado entonces, a que el burro haya diseñado una estrategia para desprestigiar al gobierno de turno, a su contrincante, mostrando una visión de cómo resolver el problema, a partir de la clase media.

El elefante, por su parte, ha sufrido varios reveses importantes a causa de la gran crisis. En primer lugar, es del caso señalar que esto ocurre bajo el gobierno de 8 años del mismo partido que lo avala a él. En segundo lugar, quiso adueñarse de un plan de rescate que en primera instancia fue rechazado por los mismos miembros de su partido, y adicionalmente, que por intentar salir avante en su imagen, a cometido imperdonables errores de maltrato verbal a su contrincante. Esto en principio, no debería ser interpretado de manera diferente a todos los demás insultos de ida y vuelta que se lanzan los políticos de manera habitual. Sin embargo, en este caso debemos tener en cuenta que esta campaña ha contado con un tinte racial, étnico y generacional. En otras palabras, no ha existido campaña política con votación más pasional y de sensibilidad, que esta.

El tablero ha cambiado. Hace aproximadamente un mes, se vio de qué manera la economía juega en la política, y de qué manera la política juega en la economía. En efecto, la inexistencia de controles estatales al ejercicio de la economía llevó a que las entidades financieras norteamericanas incurrieran en prácticas arriesgadas, irresponsables y altamente costosas. La crisis inmobiliaria, desatada por la incapacidad de pagar créditos hipotecarios, permitió diagnosticar que empresas como Fannie Mae y Freddy Mac se dedicaron a avalar préstamos de manera irresponsable, a quienes no se encontraban en capacidad de pagarlas. De otra parte, empresas como AIG, Citibank, Lehmann Brothers y demás, incurrieron en graves irregularidades en sus prácticas financieras. En otras palabras, gran parte del aparato financiero de los Estados Unidos se dedicó a “apostar” con el dinero del pueblo, mientras que el Estado miraba impasible.

Mientras nuestros dos jugadores recaudaban suficiente caudal político para construir sus casas y sus hoteles en los Estados que dominaban respectivamente, la crisis financiera llegó con paso firme y eliminó como un Tsunami, las estructuras políticas de ambas campañas. A partir de ese momento, el país dejó de ver a Irak y a Afganistán como el factor de calificación más importante de cada campaña política, y se centró en verificar de qué manera cada uno de los aspirantes a la Casa Blanca, podía enfrentar la crisis. Adicionalmente, el rabo del ojo se concentró en revisar qué tanta responsabilidad le cabía a cada uno de ellos, y a sus respectivos partidos, por esta situación. La sumatoria de estos factores llevó a que McCain pagara bien cara la crisis financiera. Ahí vemos cómo la economía jugó a favor de Obama.

Sin embargo, a dos días de las elecciones las diferencias se han reducido un poco. Personalmente, debo aceptar que prefiero que mi Monopoly esté pintado de azul, y no de rojo. No puedo concebir que a estas alturas del siglo XXI, encontrándonos al borde de una crisis nuclear, suba al poder una persona que es capaz de maltratar con juego sucio a su rival, se niegue a hablar con otros líderes del mundo capaz de generar hostilidad internacional, y que siga empeñado en que la economía sin regulación, sea la solución a la crisis financiera actual, cuando precisamente ha sido esa la causa. Sumémosle a lo anterior, que su llave vicepresidencial es sin duda una persona tan poco preparada para ejercer la presidencia, que en caso de ganar McCain, deberíamos todos prender una veladora para pedir que el veterano de guerra logre cumplir su periodo, siendo el Commander in Chief.

He leído con juicio, las críticas que se le han hecho al candidato demócrata. Acepto que hay aspectos que dejan dudas acerca de las políticas planteadas. Sin embargo, considero que de las dos campañas, la suya ha sido muchísimo más clara en las propuestas tangibles, que la campaña de McCain. De otra parte, su propuesta de cambio de modelo energético implica, de entrada, un cambio en el modelo económico mundial, que resulta ecológicamente necesario, y que de paso, implica una nueva forma de concebir la política mundial. En la medida en que el petróleo deje de ser necesario, los países que lo monopolizan, obligatoriamente perderán el poder especulativo que les ha servido de sustento hasta ahora. La alternatividad energética es una de las propuestas a las que McCain ha cedido parcialmente, aunque este último se haya caracterizado por defender inicialmente la exploración petrolera a ultranza, como la respuesta energética que Estados Unidos necesita.

Desde el punto de vista colombiano, mucho se ha dicho sobre la conveniencia de que suba McCain al poder por ser un candidato mucho más afín a Uribe, y por ser él único de los dos que estaría dispuesto a aprobar el TLC en las condiciones actuales colombianas. Personalmente, preferiría que no se apruebe el TLC, pero que el mundo no entre en recesión económica, en vez de tener un tratado de libre comercio, pero sin que exista quien compre, quien venda, y sobre todo, sin que haya qué vender. Adicionalmente, considero que proteger la vida a los líderes sindicales y solucionar las condiciones de trabajo a la clase media, no son exigencias demasiado elevadas para un país que supuestamente constitucionalmente le garantiza esto a sus súbditos.

El mundo ya votó. Lástima que ese voto no valga. Habrá que esperar si el país más poderoso del mundo sube a alguien que nos dice “I can do this” (Yo puedo hacerlo), aunque no nos diga cómo, de forma tal que volvamos a entrar al no tan exclusivo club del “That one”. De lo contrario, empezaré a buscar las veladoras, para rogar por que la única forma en que vea a Palin, siga siendo en Saturday Night Live, y no en la tan anhelada Oval Office.