jueves, 6 de noviembre de 2008

El Monopoly norteamericano IV

Contrario a lo que piensa la gran mayoría de la humanidad, que sigue enfrascada en lo histórico que es que un negro sea capaz de llegar a ser presidente de la nación más poderosa del mundo, no me desgastaré en argumentos sociológicos o psicológicos de esa índole, porque me parece un irrespeto a la raza negra, y una ofensa a la inteligencia de toda persona que no es blanca y con acento sureño. No desconozco la importancia histórica del hecho, por la gran lucha racial que se ha librado en gran parte del mundo, sobre todo en los Estados Unidos. Es importante, pero cuando nos enfrascamos en el envase y no en el contenido, realmente considero que la discusión se torna molesta y de poco valor. Es por eso que aplaudo a la prensa norteamericana, que ha podido trascender, y no estancarse en discusiones bizantinas. De otra parte, la prensa colombiana no me defraudó, y fue tan mediocre como esperé que lo fuera. Ver nuestros noticieros, leer nuestros periódicos y a nuestros columnistas fue poco ilustrativo, en la medida en que no se podía presentar al ganador de las elecciones sin referirse necesariamente a su color de piel, o a su nombre extranjero.

Dos cosas son infinitas: el universo y la estupidez humana; y yo no estoy seguro sobre el universo. ALBERT EINSTEIN

Personalmente, me canso de las personas a las que les gusta etiquetarlo todo, viven en una eterna falacia porque creen que al etiquetarlo todo la vida cobra un orden controlable. Obama perdía puntos porque su nombre es Barack Hussein… ¡Por Dios! Seguramente al nacer, el presidente electo se autobautizó, creyendo que varios años después, en un mundo xenofóbico, racista y clasista, iba a representar una alianza idológica con los enemigos del “mundo libre”. Sin duda, resultaba más interesante rastrear e interpretar un nombre como Barack Hussein, y no uno como John (por McCain), que podría llevarnos a interpretaciones tan despiadadas como pensar que su camapaña era una montaña de excremento, teniendo en cuenta que para los norteamericanos, el “john” es el retrete. Lástima que nuestros indagadores poco énfasis hicieran en eso. Podríamos haber llegado a conclusiones tan inverosímiles como a las que se llegaron en el caso de Obama.

Un fanático es alguien que no puede cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema. WINSTON CHURCHILL

Lo que puedo necesariamente detectar con esta reacción de la prensa colombiana, es que definitivamente estamos lejos de contar con cualquier cosa que se asemeje a madurez política. Tenemos una Constitución que se refiere a principios como la igualdad, el pluralismo democrático, y otra serie de figuras que llevan vigentes un buen tiempo. Sin embargo, el machismo sigue imperando en política, el racismo es evidente y el clasismo es el día a día en nuestro país. Por supuesto, bajo una estructura mental como esa se presentan los siguientes síntomas: 1) Nos gusta tratar de manera peyorativa a un gran sector de la sociedad, discriminando por todas las razones que el artículo 11 de la Constitución dice que no debemos discriminar. 2) En ese mismo sentido, nos gusta sentirnos menos que otras personas, especialmente los extranjeros o quienes tengan nombres que parezcan extranjeros. De lo contrario, por favor explíquenme por qué una gran mayoría de los directivos de las empresas más importantes del país, son de apellido extranjero. Ya en otra oportunidad manifesté cómo esto se hace evidente en materia académica. 3) Los cambios que se presentan en los países “desarrollados” son aplaudidos, mientras que los cambios que se presentan acá son criticados por salirse de los estándares de la comunidad internacional.

El Monopoly norteamericano demostró que el amor patrio está por encima de cualquier credo político. Hubo record de votación anticipada, hubo record de votación consolidada, y tanto candidato ganador como perdedor se reconocieron como grandes contrincantes, como enamorados de su país, y se prometieron colaboración conjunta. Eso es altura política. Eso es democracia.

"Uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que habla." SIGMUND FREUD

Solicitaría con fervor a nuestros médicos e ingenieros químicos y farmacéuticos que prioricen la elaboración de un purgante contra tanta parasitosis intelectual, que se contagia a pasos agigantados y parece ser que puede llegar a constituirse en una epidemia. Me ofrecería a colaborar en el proceso de patentar semejante desarrollo científico, que sin duda solucionaría en un importante porcentaje, parte de la problemática social. Faltaría inventarse un inhibidor de apatía, para que el producto fuera algo más eficiente.

Mientras esto ocurre, repaso el camino que llevó a que el burrito se ganara la partida de Monopoly, de manera aplastante. La diferencia entre la valoración de las propiedades azules y la valoración de las propiedades rojas fue tan abrumadora, que en ocasiones pareciese que estuviere jugando solo. Sin embargo, no fue fácil con tantas pasadas por la casilla de bancarrota, recesión y desplome. El burro debió sortear un elevado proceso de desconfianza en la población norteamericana. Debió enfrentar con argumentos las oleadas de prejuicios en su contra, por incapaz, por inexperto, o por ambiguo. Es necesario aceptar que gran parte de su éxito se debió a la férrea oposición que generó la figura de Palin como potencial Vicepresidente de los Estados Unidos de América. Gran parte de los prejuicios, de las críticas por incapacidad e inexperiencia se trasladaron a las toldas del elefante. Bajo ese entendido, parece ser que el “enemigo de mi enemigo sí fue mi amigo”, visto desde la óptica demócrata. Sin duda, el nombramiento de Palin, más allá de permitirle al público valorar sus varias salidas en falso, fue contundente en la medida en que esa decisión permitiría asimismo avizorar que John McCain podría cometer otros errores graves de nombramientos en el futuro. Los costos políticos de esa jugada fueron demasiado elevados para McCain.

Ante la adversidad, Obama creció y se logró posicionar como una verdadera opción de cambio. Generó credibilidad y se posicionó con un programa político propio, diferente de una simple promesa de cambio por el cambio. En la derrota, también McCain creció y demostró por qué llegó a ese punto de la carrera. Considero que de haber manejado un discurso así a lo largo de la campaña, en vez de optar por el discurso rudo y a veces rastrero, podría haber llegado mucho más lejos. En la amargura de su derrota, se notó un carisma que antes no irradiaba. Logró ser él quien hablaba por él mismo, y no él intentando diferenciarse de Bush. Mostró personalidad, mostró entereza, y mostró por qué es considerado como un gran patriota.

La cometa se eleva más alto en contra del viento, no a su favor. WINSTON CHURCHILL

Ahora, en medio de mi alegría porque por primera vez en lo que llevo de vida he visto la materialización real de aquella democracia teórica que siempre me pareció mentirosa, pero a la vez en medio de la tristeza por ver que mi país está lleno de pusilánimes con ínfulas de grandeza, que siguen preocupándose más por las implicaciones de que un negro gane, y no tanto por cómo conformará ese “negro” un equipo capaz de enfrentar los retos del ahora y del mañana. Obama tiene claro su camino, y así lo hizo saber en su discurso de festejo por el triunfo. Fue sobrio, fue serio. Sabe que Estados Unidos no vivirá de la leyenda de Lincoln, Jefferson o Kennedy, sino que vivirá de lo que su pueblo sea capaz de hacer, y del liderazgo adecuado que él pueda imprimirle a ese pueblo, y de paso, al mundo entero. El mundo está esperanzado, y vienen cambios grandes. Mientras tanto, en Colombia seguimos llorando por el TLC. Qué pesar.

"Yo no sé quien fue mi abuelo; me importa mucho más saber quien será su nieto." ABRAHAM LINCOLN