domingo, 15 de febrero de 2009

¿Deja Vu o Responsabilidad por omisión?

Otra vez lo mismo. Toneladas de páginas escritas al respecto. Reportajes, columnas de opinión, artículos especializados, y por supuesto, doctrina jurídica. Esta vez, cambió el nombre, pero no el hecho. Eluana Englaro era su nombre; joven italiana que permaneció durante un lapso de 17 años en estado vegetativo. Falleció esta semana, tras haberse acatado un fallo judicial del Tribunal Supremo italiano. En aras de no ser reiterativo con la historia de este caso que ha sido difundida por los medios de comunicación, me permito recomendar este artículo para quienes no están familizarizados con el tema.

Según pude revisar en este artículo de El Mundo (España), Eluana, al parecer, no habría de sufrir.

Visto lo anterior, propondré unas reformas al Código Penal Colombiano para que esté a tono con estas ‘nuevas’ circunstancias La idea es modificar los artículo 103 y 106, así:

Art. 106. Homicidio por piedad. El que matare a otro por piedad, para poner fin a intensos sufrimientos provenientes de lesión corporal o enfermedad grave e incurable, incurrirá en prisión de dieciséis (16) a cincuenta y cuatro (54) meses.

(PROPUESTA): PARÁGRAFO. Quien estando dentro de las circunstancias típicas descritas en el presente tipo penal, cometiere la conducta sin generar sufrimiento alguno a la víctima, quedará exento de cualquier responsabilidad penal derivada de su conducta.

Art. 103. Homicidio. El que matare a otro incurrirá en pena de doscientos ocho (208) a cuatrocientos cincuenta (450) meses.

(PROPUESTA): PARÁGRAFO. Quien estando dentro de las circunstancias típicas descritas en el presente tipo penal, cometiere la conducta sin generar sufrimiento alguno a la víctima, quedará sometido a la misma pena, reducida de una tercera parte a la mitad.

Se preguntarán por qué los dos cambios. La respuesta es sencilla. En el caso de Eluana, no estamos ante el dejar morir, que es la definición de la eutanasia, sino ante el dejar morir de inanición, que es lo mismo que matar por omisión. Aclaro lo anterior, porque no es lo mismo matar, que dejar morir. En materia penal, por lo menos, se ha previsto una figura que es la del ‘garante’, quien es la persona que por cuestiones legales o contractuales, está en la obligación de brindar todas las garantías (de allí su nombre) para salvaguardar determinados bienes jurídicos de la persona por la que tiene que velar, entre ellos la vida.

Es entendible que la discusión de la eutanasia se objeto de debate cuando se enfrenta a la distanasia, o prolongación de la vida a quien técnicamente no cuenta con la posibilidad de mantenerse orgánicamente vivo con autonomía vital de sus órganos. Sin embargo, el reciente pronunciamiento del Tribunal Supremo nos lleva un paso más allá, al permitir la desconexión del suministro de alimento. Eluana, a pesar de su estado, contaba con la capacidad orgánica de respirar por sí misma, y por lo tanto, la sustracción de alimento finalmente habría de generar el desenlace fatal.

Dirán algunos que mi propuesta estaría bien, siempre y cuando dejásemos el parágrafo para la norma que contempla el homicidio por piedad únicamente. Sin embargo, el ejemplo lo que busca demostrar es que esta clase de situaciones, de aplicarse en Colombia de la misma manera, implicaría una doble atenuación por la piedad. Si bien la doble agravación es aberrante, la doble atenuación, también lo es. Evidentemente, el caso italiano contiene un elemento adicional, como es la prueba de la voluntad previa por parte de Eluana de no ser sometida a prolongación de su vida. Ese fue el argumento de su padre. Sin embargo, lo que aquí conviene repasar, ni siquiera es sobre los argumentos jurídicos utilizados.

Lo que preocupa a esta Gaviota, y la indigna cada vez más, es que esta serie de debates, que llevan presentándose por largos años, sigue cobrando vidas humanas. Se han vuelto populares los casos de Eluana, así como su antecedente directo, el de la norteamericana Terri Schiavo. En ambos casos, fallecieron sus protagonistas. Eluana, por una condición cardiaca antes de lo esperado, aunque por la misma causa. En el caso de Terri, la agonía fue mayor. Mientras tanto, en Italia se desató un problema político de dimensiones apocalípticas, tal y como ocurrió hace unos años en los Estados Unidos. Ahora, el tema ha quedado en eso, en dos muertes, y múltiples artículos pubicados.

Quien inicialmente lee este ingreso, pensaría que habría de referirme a sofisticados argumentos jurídicos para determinar lo criminal del actuar, si estamos ante un homicidio por acción o por omisión, si los médicos son cómplices o autores, si los familiares son autores o determinadores, en fin… A pesar de que mi inquietud jurídica me ha llevado a formularme todos estos interrogantes, a evaluar si existe injerencia, rol de garante, un riesgo jurídicamente permitido o no, la verdad es que eso es problema de mi alter ego. Mi problema es que la justicia sea una colcha de retazos, de lo que alguna vez se hizo a medias, y una cantidad de promesas por quienes detentan el poder. Todo ello, a causa de las tragedias de otros.

En Colombia, recientemente han muerto varias personas en accidentes de tránsito, ante el estupor de los ciudadanos. Las autoridades en materia de transporte, nada hacen, o por lo menos nada relacionado con su cartera. El año pasado, la Corte Constitucional profirió una sentencia paradigmática en materia de salud, y algunos meses después, los abusos a los pacientes, se siguen cometiendo. No en vano existen términos como “el paseo de la muerte” y otros semejantes. Los últimos meses hemos recordado los crímenes de las dictaduras, las guerras de Irak y Afganistán, y aún así, día tras día se repiten los mismos episodios patéticos que dejan mucho qué desear de la justicia, del derecho, y de los abogados.

Este deja vu se torna desesperanzador. Sentir que nos preparamos, nos educamos y nos capacitamos para mejorar el mundo, y luego ver que somos parte de una maquinaria que no le interesa progresar sino acaparar y destruir, es triste. Somos concientes de ello, sentimos deseos del cambio, pero cuando finalmente alguien intenta hacerlo (para bien o para mal), sacamos innumerables argumentos para deslegitimarlos y hacerlos sentir, en el mejor de los casos, bufonescos. Mientras las personas mueren en las vías colombianas, mientras se desangran países enteros y mientras un continente entero muere de hambre o de SIDA, ‘nuestros representantes’ se preguntan si lo ideal es contar con reelección para el 2010 o el 2014, si es más influyente el G20, el G8. También es importante determinar si la contaminación mata 10 u 11 especies al año. Pensaría yo, que lo importante es que se matan especies por culpa de la contaminación, se 1 o 100. Pero bueno…

Parece que nos gusta seguir creyendo que esto es un gran deja vu.

* * * * *

Artículos sobre Eluana y Colombia:

El Tiempo 1
El Tiempo 2

Artículos sobre Terri Schiavo:

Aceb
El Mundo