martes, 16 de junio de 2009

Poesía Jurídica Vol. 1

El ingreso anterior hice referencia a un libro de poesía bastante popular hoy en día, que se llama Constitución Política de Colombia. Ha sido un bestseller. Contagiado un poco por esa rama del arte, de la cual siempre he sido un enconado crítico, he querido experimentar un poco con la intención de soltar al aire sentimientos que no puedo transmitir verbalmente. He querido igualmente combinarlo con la sátira que me caracteriza, intentando burlarme de mí, y logro el doble objetivo.

Los dejo con mi primera obra de poesía jurídica, con unos versos de amor y de dolor.


Aluvión

Tiempo ha.
Tiempo ha, que no cae el rocío.
Contrario a lo que vocifera el palpitar de mi corazón,
Parece ser que ha prescrito nuestro amor.

Aquel rocío que se posaba en mis labios,
Aquel rocío que se hacía tenue en mis dedos.
Aquél rocío, alimento de mariposas interiores
Aquel rocío que llamaba amor.

He huido.
He huido, llamado por voces insensatas.
Voces que algunos llaman ratio decidendi,
Determinador de este abigeato del amor.

Las mariposas revolotean,
Ya no juguetonas sino desesperadas.
Indagan por aquél rocío ausente,
Cual declarado objeto ilícito en mi vida.

No transitan ya las aguas,
Las aguas de aquel caudaloso manantial.
Su fuga, aunque dolosa y clandestina,
Ha dejado huella imborrable en este, tu hogar.

Ruego al cielo a diario,
Que conceda a Gaviota el milagro.
Que los hermosos efectos de aquel rocío,
Adquieran ya efecto ultraactivo.

3 comentarios:

Carlos Javier dijo...

Hace varios años en un evento académico en Bucaramanga, William Ospina dijo que lo que le hacía falta a la ley era poesía. Como respuesta a su comentario, uno de mis compañeros exclamó bajito y para nosotros: ¡Poesía!, tras lo que intentó declamar un artículo imaginario de una ley imaginaria cual si se tratara de un soneto del siglo de oro.

Sin embargo, creo que entedí un poco mejor lo que dijo William: a la ley le falta poesía, pero la poesía no es precisamente lirismo, y menos ese lirismo meloso que empalaga hasta el hastío.

Amigo plumífero, honestamente pienso que calificar (¿irónicamente?) a la Constitución de librito de poesía, no es acertado: minimiza la constitución, y de paso minimiza a la propia poesía.

Siguiendo con tu símil, creo que lo que le está pasando a nuestra constitución, es que se volvió un melodrama redactado por escribas de estilo grecoquimbaya, con relator, cada vez más, en primera (¿o única?) persona.

Por otra parte, muy buen texto el tuyo. Estuvo muy bien utilizada la figura literaria.

Saludos, amigo.

Gaviota dijo...

Carlos Javier,

Acepto la crítica y considero que tienes razón. Al utilizar ese símil, incurro en un error que se da más por ignorancia que por pretender ser satírico.

No me da mayor pesar por la Constitución, pero sí por la poesía. Aunque insisto que no me gusta en su gran mayoría, ha de respetarse porque sin duda no es de sencilla elaboración, y dice más en cada estrofa que muchos párrafos de prosa cuidadosamente elaborados.

Buscaré otra designación más apropiada para la Constitución. De otra parte, gracias por el comentario en cuanto al texto. Aún no sé si fue en serio o en broma. Parece haber sido un verdadero "viaje" de Gaviota.

Un abrazo.

Ann's life dijo...

Muy interesante esta reflexión acerca de la idea del derecho vista desde la poesía. Hoy en día existen juristas colombianos que hablan incluso de el derecho y la literatura, cómo puede ésta influir tanto en la construcción de un orden social, como apoyo para la enseñanza del derecho y ¿porqué no? su ejercicio.
Tienen un doctor en derecho llamado Andres Botero Bernal, que ha escrito mucho sobre el tema.
Por otra parte creo que como abogados deberíamos incrusionar también dentro de la ius poética.. Yo me dispongo a hacerlo en mi blog... ¡Saludos!