miércoles, 28 de octubre de 2009

Sobre la legitimidad de las Cortes

La semana anterior, tuve la oportunidad de revisar un artículo de James Gibson y Gregory Caldeira titulado Has Legal Realism Damaged the Legitimacy of the U.S. Supreme Court? (¿Ha dañado el realismo jurídico la legitimidad de la Corte Suprema de los Estados Unidos?) a través de la SSRN (Social Sciencie Research Network), gracias a una nota de Lawrence Solum en su Legal Theory Blog. En él, los autores del artículo tienden a analizar si el realismo jurídico es percibido por el ciudadano norteamericano, en primer lugar, y posteriormente, en el evento en que sí llegase a darse esa percepción, si ello afectaría la legitimidad de la Corte Suprema de los Estados Unidos.

Me llama la atención el estudio, por dos razones poderosas. La primera de ellas es porque considero que un estudio tan poco objetivo como este, no debería ser tenido en cuenta por los académicos, y menos que sea promocionado por personajes como Solum. Me refiero a la falta de objetividad, cuando los autores ponen de relieve enfrentamientos como: “realismo Vs. el mito de la legalidad”. ¿Que tan objetivo puede ser un análisis cuando uno de los dos conceptos es presentado peyorativamente? Sin haber leído el trabajo, podrán adivinar cual es el resultado del arduo análisis.

La segunda razón por la que me llama la atención es estudio, es porque nuevamente me pone de presente por qué el realismo jurídico puede funcionar en países como los Estados Unidos. En efecto, las cifras estadísticas que allí aparecen, parecen confirmar con claridad, que el ciudadano norteamericano tiene claro que sus máximos representantes en materia de justicia, sí deciden conforme a sus convicciones personales, y sí deciden como organismo político. Encontrarán, en este y muchos otros artículos, que la Corte norteamericana no es aplicadora de derecho, sino que adicionalmente makes policy, es decir, que traza políticas.

La tesis del artículo es que entre más la gente conoce como opera la Corte, más cuenta se da de su forma de operar, y en ese sentido, más comprende y apoya a su poder judicial. Se brindan estadísticas, pero personalmente, considero que el análisis no es demasiado profundo, y se presta para muchos errores interpretativos. No obstante, no descarto que la conclusión se ajuste a la realidad.

“Aceptado lo anterior” (muy pero muy entre comillas), surge una pregunta que inquieta, y puede dar lugar a crisis depresivas. Si el realismo jurídico, en sí no es bueno o malo, porque allá funciona y su ejercicio es entendido como legítimo, y ¿acá no funciona? (parto de la premisa que no funciona, porque hasta el momento no he recibido ninguna explicación satisfactoria a las críticas que he planteado en ingresos anteriores, así como en discusiones personales).

Un elemento de juicio interesante lo encontré hoy en El Tiempo, en una entrevista que rinde la Presidente del Consejo Superior de la Judicatura, María Mercedes López. En ella, acepta, entre otras cosas, que a esa Alta Corporación, le hace falta mejores Magistrados. Lamentablemente, debo decir que eso es falso.

A todas las altas corporaciones les hace falta mejores magistrados. Los ‘honorables’ policy makers (creadores de políticas), tan realistas jurídicos que ni siquiera se preocupan por revisar otras interpretaciones de la Constitución y la ley diferentes a las de ellos. De lo contrario, pregunto yo, ¿estarían ‘chocando los trenes’ cada dos días? Lo dudo. ¿Será que mi ideal de una Sala Penal fuerte es aquella que cada semana busca una nueva instancia internacional a la que acudir para decir que no puede administrar justicia? ¿Será que la Corte Constitucional que querremos es aquella compuesta por una cantidad de personas que han ejercido un sinnúmero de cargos políticos, algunos jurídicos, o que han pasado por nominaciones para ser Fiscales, Procuradores, Premios Nobel de Paz, y Mr. Emprendedor? Como entiendo que le deben favores a muchos, entonces entiendo que no se dejen amarrar por el ‘mito’ de la legalidad.

Ya que somos una sociedad a la que le gusta copiar casi todo lo que viene de los Estados Unidos, propongo que copiemos igualmente las conclusiones del estudio de Gibson y Caldeira, referenciado por Solum. A partir de ahora, sabiendo que todos mis jueces son verdaderos realistas, voy a sentirme más compenetrado con el rol que desempeñan, y cuentan con mi apoyo irrestricto. Eso mismo, que ya hemos venido aplicando con el Presidente de la República, y que próximamente haremos con los congresistas, nos generará un sentido de pertenencia y de legitimidad similar al del Comandante Chávez en Venezuela.

“Querido Magistrado (Promoveré que aquí también los llamen ‘Justice’, para poder traducir “Querido Justicia”):

Has lo que quieras, porque te he visto, te entiendo y cada día me encariño más contigo. No es importante que hayas llegado allí sin tener las calidades profesionales o morales para hacerlo. No es importante que sepas poco o nada sobre la administración de justicia. Sé que si no te gusta lo que hemos venido haciendo por cientos de años, lo cambiarás y te querré aún más. Lo importante es llegar. El resto son arandelas.

Sinceramente tuyo (para utilizar una despedida típica norteamericana),

Legal Seagull (Seguro les gusta más en inglés)