martes, 7 de febrero de 2012

Tolkien, Viviane y el anillo

Confieso que después de una década sigo exactamente en el mismo punto.  No he logrado cómo es que Peter Jackson pudo considerar que Frodo fue un héroe.  Tras haber revisado durante algún tiempo el análisis que tantas personas involucradas en la producción de la saga de “El señor de los anillos” ha compartido, no me resulta comprensible que la historia de Frodo se contara como la historia de un héroe.

Creo que él (Jackson) debió haber leído el mismo libro que leí yo.  Uno que se llama “El señor de los anillos”, escrito por un profesor llamado J. R. R. Tolkien.  Ese libro maneja mucha fantasía, y mucha alegoría.  Es una manera cautivadora de contar aquello que nos ha sido tan evidente durante mucho tiempo.  Es ver cómo el inescrutable e inmodificable ‘destino griego’ puede ser puesto a prueba por seres minúsculos y por razones extrañas.  Es la lucha entre voluntad y lo inevitable. 


Imagen tomada de:  http://movilevolutions.com

Algo así es lo que finalmente me ha logrado cautivar del libro, y de las películas.  Confieso mi predilección por esa producción.  Confieso mi predilección por la historia detrás de la producción cinematográfica, y confieso también mi predilección por algunos de los personajes que participan en la interesante aventura.

Esa aventura, la lucha entre el bien y el mal, ha sido la historia de la raza humana.  De hecho, es esa la historia del ser humano, y yendo más allá, es esa la lucha de cada persona.  Para entender la historia de la humanidad, basta revisar la historia individual de cada ser humano.  Es en cada instante que requiere una toma de decisión, en la que se observa la constante tensión entre bien y mal. “¿Le digo, o no le digo?”, “¿Me lo quedo o lo devuelvo?”, “¿Me copio o no me copio?”.  Basta plantear esta serie de cuestiones a nivel de cada persona, para ver que nadie es totalmente bueno ni totalmente malo.

Tolkien, sin embargo, nos plantea dos personajes en “El señor de los anillos”, que escapan a esta clase de análisis.  Se trata, por supuesto, del paradigma del mal y del paradigma del bien, hechos personajes.  Curiosamente, la historia de uno y otro individuo no son el tema central de la novela.  La verdad, creo que Tolkien hizo bien en utilizarlos como “recursos literarios”, y no como parte de la trama central.

Empezamos por el paradigma del mal, el más fácil de los dos.  Sauron, el “señor de los anillos”.  Toda la historia gira en torno a la capacidad de hacer el mal de Sauron, y cómo la supervivencia de la raza humana dependería de la capacidad de éste de hacerse al anillo.  El maléfico ser siempre ha sido inherentemente malo, unido a la oscuridad y al dolor.  Incapaz de maquinar algo que no sea destrucción y oscuridad.  Lo intenta acaparar, lo quiere dominar todo.  Cualquier cosa que exista sobre la faz de la tierra media es tan solo un insumo del que él quiere adueñarse.

Lamentablemente, Viviane estaba lejos de ser este maléfico ser pero pareciera ser que ya no tanto.  El poder seduce, al mejor estilo del anillo de Sauron, y como él, corrompe y nos hace querer más.  Piénselo usted.  ¿Le parece sensato pedirle la renuncia a cerca de veinte personas a tres días de la navidad, con la intención de realmente sacar a su segundo al mando?  Independientemente de que tuviera o no sus razones para sacar a Juan Carlos Forero, ¿pensaría usted que el aguinaldo navideño de la renuncia es algo sensato para los demás que nunca tuvo la intención de sacar?  Y frente a este último, qué podríamos decir de la manera como lo ensalsó cuando lo necesitó y ahora que está debilitada y asustada, lo saca como a un perro rabioso que se mete en su casa.  Eso suena digno de Sauron.

Tom Bombadil, en cambio, era aquel personaje de Tolkien que todos quisimos que fuera la Fiscal General.  Para quienes únicamente vieron la película, brevemente les comento que este señor es un individuo que hoy llamaríamos ermitaño, aislado de la sociedad y en contacto con la naturaleza.  Es el responsable de en más de una ocasión desafiar el poder del mal únicamente con la generosa intención de ayudar a los hobbits aventureros.  No esperó nunca recompensa, ni la aceptó.  De hecho, se pone de presente en el libro la manera como al parecer era inmune al poder maléfico del anillo.

La Fiscal era una mujer seria, pero sonriente.  Recia, pero paciente.  Actualmente parece que no se soporta a sí misma, y está dispuesta a combatir como fiera para defender sus decisiones (tanto las buenas como las malas).  La determinación per se no es mala, pero la terquedad y la obstinación, sí lo son.  Bombadil era determinado pero amable con sus semejantes.  ¿Qué le ocurrió a Viviane en este año al frente de la Fiscalía?  ¿Es, acaso, el tema de su matrimonio un asunto de tal entidad como para transformar el carácter de una persona?

Personalmente, pienso que no.  Vi al Presidente transformarse en esclavo del propio poder que llegó a acaparar.  He visto a juristas probos convertirse en otras personas al llegar a altas dignidades como la de Magistrados de la Corte Suprema de Justicia, o similares.  Presiento que la Fiscal está tomando una apuesta difícil que no la enaltece.  Está dispuesta a sufrir la suerte de Boromir, y morir por ceder ante el poder maléfico del anillo. Me habría gustado que Tolkien viviese para poder ver la antítesis del realismo mágico.  Es la personificación de la transformación por el anillo.  Todavía está por saberse si llegaremos a ver a un Boromir (vencido) o a un Aragorn (vendedor).  Bombadil y Sauron, cada uno desde su orilla, tan solo observan.