sábado, 24 de octubre de 2026

Mi opinión sobre la presidencia de Iván Duque Márquez

NOTA PRELIMINAR: Esta es la octava entrada de la serie acerca los distintos presidentes que he tenido la oportunidad de racionalizar, o mejor, digerir.  Se sugiere al lector revisar los anteriores ingresos  antes de revisar este.  Lo anterior, dado que hay hechos tratados allí que se dan por conocidos en este ingreso, por razones de espacio.

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Cuando finalizó el gobierno Santos II, los índices de aprobación del entonces presidente eran pésimos. Haber forzado el acuerdo de paz con las FARC a pesar de que el país había votado expresamente en contra de eso, tuvo un costo.  En consecuencia, las elecciones presidenciales de 2018 fueron una muestra clara de eso.  De los candidatos presidenciales que había en primera vuelta, los que menos votación tuvieron fueron precisamente Humberto De La Calle y Germán Vargas Lleras, el jefe negociador del gobierno con las FARC y el Vicepresidente de Santos, respectivamente.  En tercer lugar había quedado Sergio Fajardo, y la disputa final fue entre Gustavo Petro (quien finalizó segundo) e Iván Duque, quien finalmente ganó la presidencia en segunda vuelta.

Duque venía de ser senador por el Centro Democrático, el partido de Álvaro Uribe Vélez.  Para esa campaña en específico, Uribe no estaba dispuesto a cometer el mismo error que cometió con Santos.  Necesitaba a alguien servil a él y a su causa, y no a alguien con demasiada iniciativa.  Entre los candidatos de ese partido, estaban principalmente Duque, María Fernanda Cabal y Paloma Valencia "en el sonajero".  De cara a la población, básicamente los votantes teníamos cuatro opciones: 1) El continuador de Santos; 2) La izquierda post-acuerdo de paz; 3) El que (o la que) diga Uribe; y 4) La opción del centro.  Siguiendo ese mismo orden, los candidatos eran: 1) Vargas Lleras o De La Calle; 2) Gustavo Petro; 3) Iván Duque; y 4) Sergio Fajardo.

En la primera vuelta, la repartición de votos fue relativamente pareja.  Lo único claro es que la gente no quería nada que oliera a Santos y sus candidatos fueron severamente castigados en las urnas.  Sergio Fajardo tuvo una votación decente y podría ser determinante para determinar quién sería presidente.  Debía decidir si apoyaba a Duque o apoyaba a Petro, y en ese momento tomó una decisión que lo seguirá hasta la tumba: se negó a tomar postura, dijo que se iba a ver ballenas, y se ganó por siempre la etiqueta de "tibio", algo que en la política colombiana es imperdonable, por el ambiente polarizado post-Uribe.

Quien ganó, entonces fue Duque, pero realmente no por mérito suyo.  De hecho, Duque no tenía ningún tipo de amplia trayectoria que respaldara su candidatura.  Su único mérito era ser el candidato en el que confiaba Uribe.  18 años después de su elección, Álvaro Uribe Vélez seguía siendo muy relevante en la política colombiana.  Finalmente ganó el que dijo Uribe.  Obsérvese que ya de entrada, la expectativa frente a Duque no parecía muy alta.  La gente mayoritariamente no confiaba en él sino confiaba en el voto de confianza que había puesto Uribe en él.  Esa no es una muy buena carta de presentación, porque en la práctica, tanto sus seguidores como sus detractores esperaban que en la práctica se comportara como una marioneta de Uribe, y eso en sí mismo es patético.

Ya en el poder, el pueblo realmente vendría a saber qué tan capaz y qué tan independiente sería Duque.  Esos primeros momentos serían claves porque permitirían al pueblo saber el carácter de su Presidente.  Lamentablemente, Duque no pasó la prueba.  La gente recordará por ejemplo, los siguientes tres momentos que demuestran que no estaba a la altura del cargo: 1)  Duque y su equipo, recién inauguarado, bailando rock en CATAM a la espera del avión presidencial; 2) Duque cantando en todas las reuniones con gobernantes de otros países; y 3) Duque diciéndole a Felipe VI de España que el Presidente Uribe le enviaba saludos, mientras se iban a tomar la foto de jefes de Estado.

Si uno revisa el gabinete ministerial de Duque, igualmente se da cuenta de que gran parte de ese gabinete no lo ponía él, y adicionalmente nunca se le vio realmente mando y liderazgo sobre su gabinete.  Un gobierno uribista, según se ha visto en otros ingresos, debería caracterizarse por tener dos carteras muy fuertes: Defensa y Hacienda.  La cartera de Defensa fue seriamente cuestionada durante los 4 años que duró su mandato, y realmente la mayoría de ministros que lideraron esa cartera dejaron mucho que desear.  En Hacienda, inició terriblemente mal, con la designación del Ministro Alberto Carrasquilla (quien ya había sido ministro de Uribe, y había sido muy cuestionado en su momento, pero con desempeño más o menos bueno); quien pasó de ser un decente ministro de Uribe a ser un pésimo Ministro de Duque y debió ser relevado, por nefasto.

El sello de Uribe no se veía en el gobierno Duque, pero tampoco se veía un sello propio.  Duque fue en general un Presidente mediocre, y su gobierno no parecía suyo, sino de María Paula Correa, que era la jefe de gabinete de Duque.  A diferencia del mandatario, Correa no era mediocre y fue quien medianamente estableció control en el gobierno.  Quien esto escribe, por ejemplo, al escribir la opinión sobre el Gobierno de Duque, realmente no estoy opinando sobre el Gobierno de Duque, sino sobre el Gobierno de María Paula Correa, y sobre Iván Duque como figura pública, porque genuinamente creo que él no era el que gobernaba realmente.  En las pocas cosas que sí incidió, como ayudar a nombrar a su compañerito de clase como Fiscal General de la Nación, fue un error costoso de cuatro años.

A nivel internacional, pocas apuestas fuertes hizo Iván Duque, y la más importante que sí hizo, le salió terriblemente mal.  Anunció que Colombia había montado un "cerco diplomático" que iba a generar la caída de Nicolás Maduro, y que iba apoyar al "legítimo Presidente" Juan Guaidó.  Intentó formar un frente internacional que obligaría a la dictadura venezolana a capitular.  No lo logró.  De hecho, no estuvo ni cerca de hacerlo.  Por el contrario, mostró nuevamente que nunca tuvo el peso político que aspiró a tener.

Imagen tomada de: www.senalmemoria.co

Durante cuatro años, se estuvo ante un gobierno bastante regular, y un Presidente mediocre.  Sin embargo, así como se destaca esto, hay que necesariamente destacar lo que sí hizo bien: lidiar con la pandemia COVID-19.  Luego de haber visto lo que fue el gobierno de Gustavo Petro, no quisiera saber lo que habría pasado si este último fuese al que le hubiere tocado lidiar con la pandemia de COVID-19.  Duque puede ser mediocre, pero no es un tipo mal intencionado, como su sucesor.  En consecuencia, quizo actuar bien, y se dejó asesorar bien.  El Ministro de Salud, Fernando Ruiz, gestionó muy bien la crisis de la pandemia.  Costó mucho dinero y costó vidas, pero muchísimas menos de las que podría haber costado si no se hubieran adoptado las medidas correctas, como la adquisición de las vacunas, el encierro obligatorio, la adopción de la virtualidad en muchas gestiones con la administración pública, y otras muchas medidas que permitieron que el país no cayera en el abismo.  Debo ser claro: no es un logro menor.  En este país, que menos de un año después del encierro "desaprendió" lo que debió haber aprendido en la pandemia, era claro que ese tipo de medidas coercitivas, que limitaban muchas libertades, era lo que había que hacer con un pueblo que no suele hacer lo correcto, sino que sigue envidiando a "los vivos".

Años después de finalizar el gobierno de Duque, se decía por los simpatizantes de la derecha, que Iván Duque Márquez había sepultado a la derecha con su mal gobierno.  Es parcialmente cierto.  Sin embargo, lo que no contaban es que la derecha iba a resucitar por culpa del sucesor de Duque.

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miércoles, 21 de octubre de 2026

Mi opinión sobre la presidencia de Juan Manuel Santos Calderón (segundo periodo)

NOTA PRELIMINAR: Esta es la séptima entrada de la serie acerca los distintos presidentes que he tenido la oportunidad de racionalizar, o mejor, digerir.  Si no han revisado ya las cinco entradas anteriores, se sugiere hacerlo antes de leer este ingreso.  En este caso, Santos es el primero de los actuales expresidentes sobre los que escribí en su momento, e incluso desde que fuere candidato antes de su primer mandato.  Además de revisar el ingreso anterior, que trata sobre el primer periodo presidencial de Juan Manuel Santos, pueden contrastar lo aquí reseñado, frente a los siguientes ingresos (con fecha incluida para que se sepa detectar en qué momento del tiempo fue escrito:

Elecciones Presidenciales I: Juan Manuel Santos (30/04/2010)

Por qué no voto por Santos ni por Zuluaga (10/06/2014)

Balance del Gobierno de Juan Manuel Santos - Parte 1 de 2 (08/08/2018)

Balance del Gobierno de Juan Manuel Santos - Parte 2 de 2 (16/08/2018)

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El año es 2014, y luego de cuatro años iniciales de Juan Manuel Santos Calderón en el poder, vino su segundo periodo presidencial.  Llegar allí, no fue fácil, puesto que en la primera vuelta presidencial, Santos no ganó.  Quien ganó fue Oscar Iván Zuluaga, el candidato del uribismo a través del partido Centro Democrático. Era claro que la pelea no iba a ser sencilla porque el uribismo, quien se sentía traicionado por Santos a raíz de sus cambios radicales frente a los postulados que lo habían hecho elegir inicialmente en 2010, quería que el verdadero uribismo retomara el poder.  Por su parte, el santismo no estaba dispuesto a perder frente al Uribismo y apostó -sabiamente, por cierto- a hablarle a las pasiones de la gente y no a su intelecto.  

Cualquier político medianamente exitoso sabe que lo que el ciudadano común en una democracia quiere es sentir y no saber.  Quiere sentir esperanza, confianza, energía, seguridad, optimismo.  Al ciudadano común en cualquier democracia no le interesa conocer la fórmula para convertir el plomo en oro, sino creer que efectivamente el plomo se convertirá en oro, así sea imposible que "realmente" ocurra. Por eso es que a nadie realmente le interesa revisar un programa de gobierno de ningún candidato. Por ello, a partir de ese peligro de perder la reelección, Juan Manuel Santos y su equipo de gobierno le apostaron que en teoría nadie podría "no querer" la paz.  El país empezó, incluso desde la campaña política, a dividirse entre los "amigos de la paz" y los "enemigos de la paz". El giro de "los buenos" y "los terroristas" que venía de la época de Uribe, pero en el léxico y contexto santista.

En la segunda vuelta, Santos ganó, y similarmente a como ocurrió con las elecciones en el caso de Ernesto Samper Pizano, no estuvo exento de controversia.  A lo largo de su periodo presidencial, se destapó el escándalo de Odebrecht que destapó de qué manera ese importante grupo empresarial brasileño tenía la capacidad de "contribuir" o "aportar" a políticos de toda Latinoamérica a cambio de posteriormente ser beneficiarios de importantes contratos a todo nivel, con la ayuda de sus políticos beneficiarios.  Es decir, algo parecido a lo que el país sabe que existe desde siempre pero no ha logrado comprobar de manera seria y masiva, pero en este específico caso, a escala regional y no solo nacional.  Este escándalo no se destapó por la brillantez y suspicacia de las autoridades colombianas, sino como casi siempre en este país, por movimientos en la justicia de los Estados Unidos. En ese caso, tanto la campaña de Zuluaga como la de Santos se vieron seriamente salpicadas por el escándalo de Odebrecht, pero como suele ocurrir en Colombia, al Presidente en ejercicio no le pasó nada (similarmente como a Samper) y Santos cayó de pie, como los gatos.

Aparte del escándalo de Odebrecht, el Gobierno de Santos II se definió en función del proceso de paz de las FARC, similarmente a como se definió el gobierno de Andrés Pastrana Arango.  Lo que la Historia diría a partir del 2018, dependería de cómo gestionara ese diálogo con las FARC. A diferencia de algunos presidentes que tuvo este país antes de él, y después de él, Santos puede ser lo que sea, menos bruto.  Similarmente a como ocurrió con Samper, se rodeó de unos verdaderos zorros capaces de defenderlo a capa y espada.  Germán Vargas Lleras era su Vicepresidente y le dio rienda suelta para encargarse de temas como la infraestructura y la contratación a gran escala, para mostrar resultados: y lo hizo.  Juan Fernando Cristo como Ministro del Interior era quien mostraba el mundo de Santos a partir de su visión de paladín garante de las víctimas.  Por último, el zorro mayor fue Néstor Humberto Martínez como "Superministro" inicialmente y posteriormente como Fiscal General de la Nación encargado investigar muchos de los escándalos que salpicaban a antiguos clientes así como al gobierno al que recién había defendido a capa y espada, y que por supuesto no investigó.

Santos estuvo muy bien blindado, y sus fichas le jugaban un excelente partido a nivel institucional y extrainstitucional.  El país tuvo tal vez los mayores periodos de estabilidad a nivel de macroeconomía y orden público.  En principio eso debería ubicar a Santos como un fantástico Presidente.  Sin embargo, como señalé líneas atrás, su campaña y su gobierno estaban atados inescindiblemente al proceso de paz con las FARC, y ese proceso no fue bien llevado.  Si se quiere revisar en detalle la cronología de los avances de esa negociación, se podrá observar que los tiempos de discusión de los seis puntos principales que componían el acuerdo fueron claramente desiguales.  La mesa de negociación se demoró muchísimo tiempo en discutir dos de esos puntos, y los otros cuatro fueron claramente acordados de afán, cuando la presión social obligó a que se "dieran resultados" pronto.

El acuerdo que le presentaron al pueblo Colombiano, en opinión de quien esto escribe no es serio.  La razón principal de ello es que un texto de esta naturaleza tiene que ser eminentemente práctico, y este texto no lo es.  Explico el punto.  No es lo mismo decir "Pedro tiene tres meses para presentar un informe de inventario a Luis" que decir "una instancia de alto nivel proyectará a la mayor prontitud un informe que será revisado por organismos interinstitucionales".  Desde el punto de vista de estilo literario, parece mucho más apetecible el segundo ejemplo que el primero, pero la diferencia es que este último es difícilmente verificable, mientras que el primero es fácilmente constatable.  Revisen el texto del acuerdo de paz, o en su defecto, pídanle a su inteligencia artificial de confianza que lo haga, y que les indique cuántas veces se hace referencia a ese tipo de frases gaseosas como "instancia de alto nivel" y "monitoreo interinstitucional" para darse cuenta de lo que aquí digo.  En vez de tratarse de un acuerdo con compromisos prácticos verificables, se convirtió en una especie de carta al Niño Dios plagada de deseos y buenas intenciones, pero con instancias poco prácticas. Los efectos de esa carta al Niño Dios se pueden ver hoy en la implementación del acuerdo, en la reparación a víctimas, en la protección de la vida de los desmovilizados, y especialmente en la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP).  Vistas en conjunto, o de manera separada, es claro que el acuerdo como un todo, no funcionó.


Imagen tomada de: www.infobae.com

Todo lo anterior le dejaría una mancha en el legado de Santos, pero lo que hace que su puntaje caiga drásticamente es su afán por ganarse la medallita del Nóbel de Paz.  Estoy absolutamente seguro que esa ambición personal de un acaparador de trofeos lo llevó a cometer un error por soberbio.  Estaba tan convencido que todo el país iba a aplaudirlo y cundirlo en loas, que se arriesgó a apostar la puesta en marcha de todo el acuerdo de paz en unas elecciones, y perdió.  No importa aquí el porqué de su derrota electoral, pero lo cierto es que perdió.

El mecanismo elegido era el del plebiscito especial, cuyo alcance fue desarrollado por la Corte Constitucional en la sentencia C-379/16. Si quieren revisar ese punto en específico, vayan y lean de los puntos 7 al 20.2 de los considerandos.  Observarán, por ejemplo, que la Corte siempre hace referencia al pueblo como soberano (primer punto a anotar) y también sobre los alcances de la aprobación del plebiscito, y casi nada o nada sobre los alcances de la victoria del NO (segundo punto a destacar).  Lo cierto es que toda esa parafernalia y promesa de acatar la voluntad del pueblo, quedó en nada.  Juan Manuel Santos Calderón, en mi opinión, jamás podrá ser considerado como un estadista modelo o siquiera un demócrata ejemplar, cuando ha sido el único Presidente del que yo tengo conocimiento que ha desconocido frontal, descarada, abierta, y solapadamente una votación popular.  El Presidente de la República, como mandatario (cabe recordar que esto no hace referencia a que él sea quien mande, sino a la figura del mandato como contrato por medio del cual el pueblo como mandante contrata al Presidente, como mandatario para que cumpla con una gestión encomendada, su programa de Gobierno) debe respetar la voluntad del pueblo soberano, su mandante.  En este caso, el Presidente Santos le mamó gallo al soberano (utilizando la terminología de la misma Corte Constitucional).  Lo peor del caso es que esa "mamadera de gallo" fue ratificada por las diversas instancias institucionales colombianas, desde el Congreso, la Corte Suprema de Justicia y la Corte Constitucional.  Junto con la debacle del caso de Ernesto Samper ya vista, la suscripción, firma y aval del Acuerdo de Paz Santos-FARC son las muestras más claras y fehacientes de que la institucionalidad colombiana NO es sólida, y que las famosos pesos y contrapesos que deberían existir en Colombia, no funcionan bien.

Si se revisa la tabla de medallería de los gobiernos de Santos, se tiene entonces que nos llevó a la OCDE, firmó un sinnúmero de tratados de libre comercio, que metió a Colombia en el escenario económico mundial, y que firmó un acuerdo de paz con la guerrilla más vieja del mundo.  Ahhhh, y que se ganó un Premio Nóbel de Paz, algo que cuando lo aceptó dijo que no era para él sino para el pueblo colombiano, pero que desde que salió de su cargo, utiliza como carta de presentación; no era el Nóbel del pueblo colombiano como desinteresadamente dijo en su momento: era el Nóbel de él, SU medallita. Para la muestra, la imagen de su perfil en la red social X:


Parecen impresionantes todas esas medallitas que he mencionado. No obstante, si revisamos a fondo cada una de ellas, se observará, por ejemplo, que las estadísticas de la OCDE nos ha servido para demostrarnos todos los días por qué razón no debemos estar allí.  Los TLCs han demostrado que efectivamente no estamos preparados para competir de tú a tú con los distintos países con los que los firmamos porque nuestros niveles de competitividad y productividad no nos permiten hacerlo.  El Acuerdo de Paz no funcionó porque mataron a muchísimos desmovilizados, no hubo reparación real, y las "instancias de alto nivel" prometidas para todo, no existieron ni existirán.  Y finalmente lo que el pueblo más anhelaba que era la aplicación de justicia por todos los crímenes atroces cometidos, tampoco llegó.

De lo anterior, parece claro que el segundo periodo de Juan Manuel Santos admite opiniones según el punto de vista del que se le mire.  Luego de haber revisado a partir de los distintos puntos de vista desde los cuales yo lo analicé, puedo decir que fue un gobierno regular, pero en donde Santos se ganó la medallita a ser el único Presidente que ha desconocido frontalmente una votación de un plebiscito, con la complacencia del resto del Estado colombiano.  Esa medallita también debe entrar en su tabla de medallería. 
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jueves, 15 de octubre de 2026

Mi opinión sobre la presidencia de Juan Manuel Santos Calderón (primer periodo)

NOTA PRELIMINAR: Esta es la sexta entrada de la serie acerca los distintos presidentes que he tenido la oportunidad de racionalizar, o mejor, digerir.  Si no han revisado ya las cinco entradas anteriores, se sugiere hacerlo antes de leer este ingreso.  En este caso, Santos es el primero de los actuales expresidentes sobre los que escribí en su momento, e incluso desde que fuere candidato antes de su primer mandato.  Pueden contrastar lo aquí reseñado, frente a los siguientes ingresos (con fecha incluida para que se sepa detectar en qué momento del tiempo fue escrito:

Elecciones Presidenciales I: Juan Manuel Santos (30/04/2010)

Por qué no voto por Santos ni por Zuluaga (10/06/2014)

Balance del Gobierno de Juan Manuel Santos - Parte 1 de 2 (08/08/2018)

Balance del Gobierno de Juan Manuel Santos - Parte 2 de 2 (16/08/2018)

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El inicio de la historia de Juan Manuel Santos como candidato se dio mucho antes de que fuera candidato. A diferencia de sus antecesores, creo que Juan Manuel Santos es el más sagaz político de todos los que llegaron a ser Presidentes y analizados en esta serie.  Esto, por supuesto, lo digo con todas las connotaciones positivas que implica, pero también con las negativas que vienen asociadas.  Para mi punto de partida, retomo algo que tenía diagnosticado desde 2010, pero que no sabía en su momento exactamente qué podría indicar a futuro.  Señalé en Elecciones Presidenciales I: Juan Manuel Santos (30/04/2010) lo siguiente:

No ha salido como ganador de los debates, porque no ha logrado transmitir proyectos de gobierno propios.  Su desmedida lealtad hacia la figura del Presidente Uribe lo muestra como un continuador del mandatario actual.  El problema es que esa misma lealtad fue profesada hacia Pastrana, y otros más.  Esa capacidad de cambiar de parecer genera cierto temor hacia lo que ‘realmente’ haría si llegara a la jefatura de Estado.  Todavía no se ha aclarado si Santos sí buscó pactos con la guerrilla para derrocar a Samper.  Este episodio turbio, genera dudas que no ha logrado despejar Santos en los debates. (Negrillas por fuera del texto original) 

Para mayo y junio de 2010, el país tenía claro que Álvaro Uribe Vélez no podría ser Presidente de la República por tercera vez, pero gran parte de la población votante en ese momento seguía considerando a Uribe como quien debiera ser el primer mandatario.  En consecuencia, muchos de los votantes estaban esperando por saber a quién le "daría el guiño" Uribe.  En el periodo preelectoral, los tres nombres que más sonaban eran el de Andrés Felipe Arias (Ministro de Agricultura de Uribe), Francisco Santos Calderón (Vicepresidente de Uribe), y Juan Manuel Santos Calderón (Ministro de Defensa de Uribe). Juan Manuel Santos tenía unos puntos a su favor que los demás no tenían: 1) Los recientes éxitos en la ofensiva contra las FARC, especilamente la Operación Jaque y la Operación Fénix; 2) Haber sido el fundador del Partido de la U (siendo la U la referencia "al mesías colombiano") lo cual mostraba un bonus de lealtad hacia Uribe; y 3) Tenía una trayectoria política comprobada en distintos gobiernos y en distintos tiempos, lo que lo mostraban como un tipo probadamente competente.

Respecto de la campaña en sí misma, no hay mucho que decir.  El éxito de su campaña se basaba, en mi opinión, en el cumplimiento de tres  objetivos: 1) Mantener contentos a los seguidores de Uribe; 2) No cometer errores garrafales; y 3) Deslegitimar a sus más inmediatos persecutores.  Para hacerlo, montó una campaña basada en la premisa de la "prosperidad democrática" un claro spinoff (término en inglés al que se suele hacer referencia cuando una película o serie surge dentro del universo de otra película o serie anteriormente producida) de la seguridad democrática de Uribe.  Al montar una campaña a partir de Uribe, y se garantía de continuidad, probablemente tendría las mayorías que Uribe tuvo en su momento y podría hacerse elegir.   Uribe, de una manera casi tan descarada como lo hizo recientemente Petro, participaba en política cada vez que podía para ensalzar la imagen de Santos y deslegitimar la de sus principales oponentes, especialmente frente a Antanas Mockus, el principal adversario de Santos.

Elegido Santos, rápidamente se cambió la camiseta, y empezó a tomar decisiones de alguien que quería mandar él y no como marioneta de Uribe.  Eso, en mi opinión está muy bien.  El problema es algunas de las decisiones que tomó.  En primer lugar, cambió muy rápidamente de postura oficial acerca de las relaciones con Venezuela.  Como señalé en el ingreso relacionado con Uribe II, él se había erigirido como el principal símbolo de oposición a la evidente postura dictatorial del "socialismo del siglo XXI" que representaba Chávez.  En noviembre de 2010, tan solo 3 meses después de posesionarse, Santos se refirió a Chávez como su nuevo mejor amigo.  Ese mismo cambio de 180° lo vimos en otros aspectos centrales de la política oficial de Santos: en 2012, es decir tan solo a dos años de haberse posesionado, cambió su postura frente a las FARC.  Dejó de ser el perseguidor de las FARC como lo había sido Uribe e incluso él mismo como su exministro de defensa, y decidió que iba a dialogar con las FARC.  Eso era una abierta traición a Uribe y a los "uribistas purasangre" como se les denominó en su momento.

Imagen tomada de www.presidencia.gov.co

El Gobierno Santos I, tuvo muchas cosas buenas.  Como he señalado anteriormente, más allá de la evidente dificultad de conocer el color real de un camaleón, era un camaleón competente y se sabía rodear.  En general, salvo muy contadas excepciones, tenía gente competente y experimentada en las distintas carteras.  Personalmente recuerdo como algunos de sus ministros destacados de esta época, a Diego Molano en MinTIC, Germán Vargas Lleras en Interior, y María Ángela Holguín como Canciller.  Como ejemplos de todo lo contrario, recuerdo con muy poca añoranza a Mauricio Cárdenas en Hacienda y a Cristina Plazas en el ICBF, nefastos funcionarios.  Sin embargo, más allá de los gustos o disgustos individualmente considerados, lo cierto es que en general, entre 2010 y 2014, el país logró más avances que retrocesos.  

Otra de las cosas que se logró observar desde este momento, y que definió en gran parte su segundo gobierno, fue el afán de "obtener medallitas".  Explico la analogía: En las fuerzas militares, existen distintos tipos de distinciones, medallas, reconocimientos, etc.  Ese tipo de reconocimientos se suelen ubicar en la parte superior izquierda (ver fotografía abajo).  Hay personas que se deleitan en verse laureados y llenos de medallitas porque esas medallitas se deteminan su verdadero valor, o por lo menos determinan por qué son mejores que el resto de la humanidad, algo muy común en este país.  Existe otro tipo de individuos que opera con la mentalidad absolutamente opuesta.  Les importa cero cualquier reconocimiento salvo el reconocimiento propio de haber hecho las cosas bien.  A ese tipo de personas no se les verá mostrando todas sus medallitas, diplomas, y trofeos cada vez que puedan, sino que en muchas ocasiones ni siquiera mencionarán haberse ganado alguno de esos galardones.


Imagen tomada del usuario carlos lopez en Pinterest

Santos es de los primeros.  Haber sido el único colombiano en ser ministro en X número de gobiernos distintos, haber sido el Presidente más votado hasta el momento, haber sido en firmar Y cantidad de TLCs, el Presidente que ingresó a Colombia a la OCDE, y (en un cercano futuro) el Presidente Nóbel de Paz.  No todo esto era claro en ese momento, pero sí ha sido claro desde día 1 de su vida pública, que él se consideraba predestinado para ser grande.

Por razones de espacio, no puedo analizar cada uno de esos ejemplos, pero sí al menos uno de ellos, para que quede claro mi punto:

La OCDE:

Pertenecer a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), es como pertener a un club social.  O al menos, eso es lo que le importa a Santos.  En la mayoría de casos, a los socios de los clubes sociales les interesa estar rodeados de pares, y por pares me refiero a gente igual de "divinamente bien" que ellos.  El esfuerzo de estar en la OCDE, a los ojos de Santos es como si pasáramos de ser mágicamente de un Estado mediocre a un Estado del primer mundo, solo porque nos dieron el carnet.  Lo cierto es que en términos reales, los comparativos de todos los Estados de la OCDE, en múltiples niveles han demostrado que Colombia no tiene traje para entrar a ese baile.  Nunca lo ha tenido.

Esto mismo ocurre con los TLCs.  Firmar TLCs estaría fantásticamente bien, si tuviéramos una infraestructura y unos niveles de producción y de precios que nos permitieran competir.  Eso a él nunca le importó, y se lo advirtieron muchas veces.

Finalizando el mandato de Santos, para 2014, ya la cuestión no era cómo hacer que Uribe pudiera perdurar en el tiempo, sin que fuera él, sino que se convirtió en un debate clarísimo entre la "Paz de Santos" y los que se oponían a ese modelo, total o parcialmente.

Más allá de las serias carencias morales de Santos, lo cierto es que su capacidad de conformar equipos de personas competentes, la inercia que traía en materia de seguridad y economía del gobierno de Uribe, y sus propios aportes hacia el progreso del país, hicieron que gran parte del balance de su primer gobierno, fuera mayoritariamente bueno.   Sin embargo, haber casado la pelea con su antiguo ídolo, Álvaro Uribe Vélez, le costaría mucho más adelante.

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