miércoles, 21 de octubre de 2026

Mi opinión sobre la presidencia de Juan Manuel Santos Calderón (segundo periodo)

NOTA PRELIMINAR: Esta es la séptima entrada de la serie acerca los distintos presidentes que he tenido la oportunidad de racionalizar, o mejor, digerir.  Si no han revisado ya las cinco entradas anteriores, se sugiere hacerlo antes de leer este ingreso.  En este caso, Santos es el primero de los actuales expresidentes sobre los que escribí en su momento, e incluso desde que fuere candidato antes de su primer mandato.  Además de revisar el ingreso anterior, que trata sobre el primer periodo presidencial de Juan Manuel Santos, pueden contrastar lo aquí reseñado, frente a los siguientes ingresos (con fecha incluida para que se sepa detectar en qué momento del tiempo fue escrito:

Elecciones Presidenciales I: Juan Manuel Santos (30/04/2010)

Por qué no voto por Santos ni por Zuluaga (10/06/2014)

Balance del Gobierno de Juan Manuel Santos - Parte 1 de 2 (08/08/2018)

Balance del Gobierno de Juan Manuel Santos - Parte 2 de 2 (16/08/2018)

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El año es 2014, y luego de cuatro años iniciales de Juan Manuel Santos Calderón en el poder, vino su segundo periodo presidencial.  Llegar allí, no fue fácil, puesto que en la primera vuelta presidencial, Santos no ganó.  Quien ganó fue Oscar Iván Zuluaga, el candidato del uribismo a través del partido Centro Democrático. Era claro que la pelea no iba a ser sencilla porque el uribismo, quien se sentía traicionado por Santos a raíz de sus cambios radicales frente a los postulados que lo habían hecho elegir inicialmente en 2010, quería que el verdadero uribismo retomara el poder.  Por su parte, el santismo no estaba dispuesto a perder frente al Uribismo y apostó -sabiamente, por cierto- a hablarle a las pasiones de la gente y no a su intelecto.  

Cualquier político medianamente exitoso sabe que lo que el ciudadano común en una democracia quiere es sentir y no saber.  Quiere sentir esperanza, confianza, energía, seguridad, optimismo.  Al ciudadano común en cualquier democracia no le interesa conocer la fórmula para convertir el plomo en oro, sino creer que efectivamente el plomo se convertirá en oro, así sea imposible que "realmente" ocurra. Por eso es que a nadie realmente le interesa revisar un programa de gobierno de ningún candidato. Por ello, a partir de ese peligro de perder la reelección, Juan Manuel Santos y su equipo de gobierno le apostaron que en teoría nadie podría "no querer" la paz.  El país empezó, incluso desde la campaña política, a dividirse entre los "amigos de la paz" y los "enemigos de la paz". El giro de "los buenos" y "los terroristas" que venía de la época de Uribe, pero en el léxico y contexto santista.

En la segunda vuelta, Santos ganó, y similarmente a como ocurrió con las elecciones en el caso de Ernesto Samper Pizano, no estuvo exento de controversia.  A lo largo de su periodo presidencial, se destapó el escándalo de Odebrecht que destapó de qué manera ese importante grupo empresarial brasileño tenía la capacidad de "contribuir" o "aportar" a políticos de toda Latinoamérica a cambio de posteriormente ser beneficiarios de importantes contratos a todo nivel, con la ayuda de sus políticos beneficiarios.  Es decir, algo parecido a lo que el país sabe que existe desde siempre pero no ha logrado comprobar de manera seria y masiva, pero en este específico caso, a escala regional y no solo nacional.  Este escándalo no se destapó por la brillantez y suspicacia de las autoridades colombianas, sino como casi siempre en este país, por movimientos en la justicia de los Estados Unidos. En ese caso, tanto la campaña de Zuluaga como la de Santos se vieron seriamente salpicadas por el escándalo de Odebrecht, pero como suele ocurrir en Colombia, al Presidente en ejercicio no le pasó nada (similarmente como a Samper) y Santos cayó de pie, como los gatos.

Aparte del escándalo de Odebrecht, el Gobierno de Santos II se definió en función del proceso de paz de las FARC, similarmente a como se definió el gobierno de Andrés Pastrana Arango.  Lo que la Historia diría a partir del 2018, dependería de cómo gestionara ese diálogo con las FARC. A diferencia de algunos presidentes que tuvo este país antes de él, y después de él, Santos puede ser lo que sea, menos bruto.  Similarmente a como ocurrió con Samper, se rodeó de unos verdaderos zorros capaces de defenderlo a capa y espada.  Germán Vargas Lleras era su Vicepresidente y le dio rienda suelta para encargarse de temas como la infraestructura y la contratación a gran escala, para mostrar resultados: y lo hizo.  Juan Fernando Cristo como Ministro del Interior era quien mostraba el mundo de Santos a partir de su visión de paladín garante de las víctimas.  Por último, el zorro mayor fue Néstor Humberto Martínez como "Superministro" inicialmente y posteriormente como Fiscal General de la Nación encargado investigar muchos de los escándalos que salpicaban a antiguos clientes así como al gobierno al que recién había defendido a capa y espada, y que por supuesto no investigó.

Santos estuvo muy bien blindado, y sus fichas le jugaban un excelente partido a nivel institucional y extrainstitucional.  El país tuvo tal vez los mayores periodos de estabilidad a nivel de macroeconomía y orden público.  En principio eso debería ubicar a Santos como un fantástico Presidente.  Sin embargo, como señalé líneas atrás, su campaña y su gobierno estaban atados inescindiblemente al proceso de paz con las FARC, y ese proceso no fue bien llevado.  Si se quiere revisar en detalle la cronología de los avances de esa negociación, se podrá observar que los tiempos de discusión de los seis puntos principales que componían el acuerdo fueron claramente desiguales.  La mesa de negociación se demoró muchísimo tiempo en discutir dos de esos puntos, y los otros cuatro fueron claramente acordados de afán, cuando la presión social obligó a que se "dieran resultados" pronto.

El acuerdo que le presentaron al pueblo Colombiano, en opinión de quien esto escribe no es serio.  La razón principal de ello es que un texto de esta naturaleza tiene que ser eminentemente práctico, y este texto no lo es.  Explico el punto.  No es lo mismo decir "Pedro tiene tres meses para presentar un informe de inventario a Luis" que decir "una instancia de alto nivel proyectará a la mayor prontitud un informe que será revisado por organismos interinstitucionales".  Desde el punto de vista de estilo literario, parece mucho más apetecible el segundo ejemplo que el primero, pero la diferencia es que este último es difícilmente verificable, mientras que el primero es fácilmente constatable.  Revisen el texto del acuerdo de paz, o en su defecto, pídanle a su inteligencia artificial de confianza que lo haga, y que les indique cuántas veces se hace referencia a ese tipo de frases gaseosas como "instancia de alto nivel" y "monitoreo interinstitucional" para darse cuenta de lo que aquí digo.  En vez de tratarse de un acuerdo con compromisos prácticos verificables, se convirtió en una especie de carta al Niño Dios plagada de deseos y buenas intenciones, pero con instancias poco prácticas. Los efectos de esa carta al Niño Dios se pueden ver hoy en la implementación del acuerdo, en la reparación a víctimas, en la protección de la vida de los desmovilizados, y especialmente en la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP).  Vistas en conjunto, o de manera separada, es claro que el acuerdo como un todo, no funcionó.


Imagen tomada de: www.infobae.com

Todo lo anterior le dejaría una mancha en el legado de Santos, pero lo que hace que su puntaje caiga drásticamente es su afán por ganarse la medallita del Nóbel de Paz.  Estoy absolutamente seguro que esa ambición personal de un acaparador de trofeos lo llevó a cometer un error por soberbio.  Estaba tan convencido que todo el país iba a aplaudirlo y cundirlo en loas, que se arriesgó a apostar la puesta en marcha de todo el acuerdo de paz en unas elecciones, y perdió.  No importa aquí el porqué de su derrota electoral, pero lo cierto es que perdió.

El mecanismo elegido era el del plebiscito especial, cuyo alcance fue desarrollado por la Corte Constitucional en la sentencia C-379/16. Si quieren revisar ese punto en específico, vayan y lean de los puntos 7 al 20.2 de los considerandos.  Observarán, por ejemplo, que la Corte siempre hace referencia al pueblo como soberano (primer punto a anotar) y también sobre los alcances de la aprobación del plebiscito, y casi nada o nada sobre los alcances de la victoria del NO (segundo punto a destacar).  Lo cierto es que toda esa parafernalia y promesa de acatar la voluntad del pueblo, quedó en nada.  Juan Manuel Santos Calderón, en mi opinión, jamás podrá ser considerado como un estadista modelo o siquiera un demócrata ejemplar, cuando ha sido el único Presidente del que yo tengo conocimiento que ha desconocido frontal, descarada, abierta, y solapadamente una votación popular.  El Presidente de la República, como mandatario (cabe recordar que esto no hace referencia a que él sea quien mande, sino a la figura del mandato como contrato por medio del cual el pueblo como mandante contrata al Presidente, como mandatario para que cumpla con una gestión encomendada, su programa de Gobierno) debe respetar la voluntad del pueblo soberano, su mandante.  En este caso, el Presidente Santos le mamó gallo al soberano (utilizando la terminología de la misma Corte Constitucional).  Lo peor del caso es que esa "mamadera de gallo" fue ratificada por las diversas instancias institucionales colombianas, desde el Congreso, la Corte Suprema de Justicia y la Corte Constitucional.  Junto con la debacle del caso de Ernesto Samper ya vista, la suscripción, firma y aval del Acuerdo de Paz Santos-FARC son las muestras más claras y fehacientes de que la institucionalidad colombiana NO es sólida, y que las famosos pesos y contrapesos que deberían existir en Colombia, no funcionan bien.

Si se revisa la tabla de medallería de los gobiernos de Santos, se tiene entonces que nos llevó a la OCDE, firmó un sinnúmero de tratados de libre comercio, que metió a Colombia en el escenario económico mundial, y que firmó un acuerdo de paz con la guerrilla más vieja del mundo.  Ahhhh, y que se ganó un Premio Nóbel de Paz, algo que cuando lo aceptó dijo que no era para él sino para el pueblo colombiano, pero que desde que salió de su cargo, utiliza como carta de presentación; no era el Nóbel del pueblo colombiano como desinteresadamente dijo en su momento: era el Nóbel de él, SU medallita. Para la muestra, la imagen de su perfil en la red social X:


Parecen impresionantes todas esas medallitas que he mencionado. No obstante, si revisamos a fondo cada una de ellas, se observará, por ejemplo, que las estadísticas de la OCDE nos ha servido para demostrarnos todos los días por qué razón no debemos estar allí.  Los TLCs han demostrado que efectivamente no estamos preparados para competir de tú a tú con los distintos países con los que los firmamos porque nuestros niveles de competitividad y productividad no nos permiten hacerlo.  El Acuerdo de Paz no funcionó porque mataron a muchísimos desmovilizados, no hubo reparación real, y las "instancias de alto nivel" prometidas para todo, no existieron ni existirán.  Y finalmente lo que el pueblo más anhelaba que era la aplicación de justicia por todos los crímenes atroces cometidos, tampoco llegó.

De lo anterior, parece claro que el segundo periodo de Juan Manuel Santos admite opiniones según el punto de vista del que se le mire.  Luego de haber revisado a partir de los distintos puntos de vista desde los cuales yo lo analicé, puedo decir que fue un gobierno regular, pero en donde Santos se ganó la medallita a ser el único Presidente que ha desconocido frontalmente una votación de un plebiscito, con la complacencia del resto del Estado colombiano.  Esa medallita también debe entrar en su tabla de medallería. 
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jueves, 15 de octubre de 2026

Mi opinión sobre la presidencia de Juan Manuel Santos Calderón (primer periodo)

NOTA PRELIMINAR: Esta es la sexta entrada de la serie acerca los distintos presidentes que he tenido la oportunidad de racionalizar, o mejor, digerir.  Si no han revisado ya las cinco entradas anteriores, se sugiere hacerlo antes de leer este ingreso.  En este caso, Santos es el primero de los actuales expresidentes sobre los que escribí en su momento, e incluso desde que fuere candidato antes de su primer mandato.  Pueden contrastar lo aquí reseñado, frente a los siguientes ingresos (con fecha incluida para que se sepa detectar en qué momento del tiempo fue escrito:

Elecciones Presidenciales I: Juan Manuel Santos (30/04/2010)

Por qué no voto por Santos ni por Zuluaga (10/06/2014)

Balance del Gobierno de Juan Manuel Santos - Parte 1 de 2 (08/08/2018)

Balance del Gobierno de Juan Manuel Santos - Parte 2 de 2 (16/08/2018)

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El inicio de la historia de Juan Manuel Santos como candidato se dio mucho antes de que fuera candidato. A diferencia de sus antecesores, creo que Juan Manuel Santos es el más sagaz político de todos los que llegaron a ser Presidentes y analizados en esta serie.  Esto, por supuesto, lo digo con todas las connotaciones positivas que implica, pero también con las negativas que vienen asociadas.  Para mi punto de partida, retomo algo que tenía diagnosticado desde 2010, pero que no sabía en su momento exactamente qué podría indicar a futuro.  Señalé en Elecciones Presidenciales I: Juan Manuel Santos (30/04/2010) lo siguiente:

No ha salido como ganador de los debates, porque no ha logrado transmitir proyectos de gobierno propios.  Su desmedida lealtad hacia la figura del Presidente Uribe lo muestra como un continuador del mandatario actual.  El problema es que esa misma lealtad fue profesada hacia Pastrana, y otros más.  Esa capacidad de cambiar de parecer genera cierto temor hacia lo que ‘realmente’ haría si llegara a la jefatura de Estado.  Todavía no se ha aclarado si Santos sí buscó pactos con la guerrilla para derrocar a Samper.  Este episodio turbio, genera dudas que no ha logrado despejar Santos en los debates. (Negrillas por fuera del texto original) 

Para mayo y junio de 2010, el país tenía claro que Álvaro Uribe Vélez no podría ser Presidente de la República por tercera vez, pero gran parte de la población votante en ese momento seguía considerando a Uribe como quien debiera ser el primer mandatario.  En consecuencia, muchos de los votantes estaban esperando por saber a quién le "daría el guiño" Uribe.  En el periodo preelectoral, los tres nombres que más sonaban eran el de Andrés Felipe Arias (Ministro de Agricultura de Uribe), Francisco Santos Calderón (Vicepresidente de Uribe), y Juan Manuel Santos Calderón (Ministro de Defensa de Uribe). Juan Manuel Santos tenía unos puntos a su favor que los demás no tenían: 1) Los recientes éxitos en la ofensiva contra las FARC, especilamente la Operación Jaque y la Operación Fénix; 2) Haber sido el fundador del Partido de la U (siendo la U la referencia "al mesías colombiano") lo cual mostraba un bonus de lealtad hacia Uribe; y 3) Tenía una trayectoria política comprobada en distintos gobiernos y en distintos tiempos, lo que lo mostraban como un tipo probadamente competente.

Respecto de la campaña en sí misma, no hay mucho que decir.  El éxito de su campaña se basaba, en mi opinión, en el cumplimiento de tres  objetivos: 1) Mantener contentos a los seguidores de Uribe; 2) No cometer errores garrafales; y 3) Deslegitimar a sus más inmediatos persecutores.  Para hacerlo, montó una campaña basada en la premisa de la "prosperidad democrática" un claro spinoff (término en inglés al que se suele hacer referencia cuando una película o serie surge dentro del universo de otra película o serie anteriormente producida) de la seguridad democrática de Uribe.  Al montar una campaña a partir de Uribe, y se garantía de continuidad, probablemente tendría las mayorías que Uribe tuvo en su momento y podría hacerse elegir.   Uribe, de una manera casi tan descarada como lo hizo recientemente Petro, participaba en política cada vez que podía para ensalzar la imagen de Santos y deslegitimar la de sus principales oponentes, especialmente frente a Antanas Mockus, el principal adversario de Santos.

Elegido Santos, rápidamente se cambió la camiseta, y empezó a tomar decisiones de alguien que quería mandar él y no como marioneta de Uribe.  Eso, en mi opinión está muy bien.  El problema es algunas de las decisiones que tomó.  En primer lugar, cambió muy rápidamente de postura oficial acerca de las relaciones con Venezuela.  Como señalé en el ingreso relacionado con Uribe II, él se había erigirido como el principal símbolo de oposición a la evidente postura dictatorial del "socialismo del siglo XXI" que representaba Chávez.  En noviembre de 2010, tan solo 3 meses después de posesionarse, Santos se refirió a Chávez como su nuevo mejor amigo.  Ese mismo cambio de 180° lo vimos en otros aspectos centrales de la política oficial de Santos: en 2012, es decir tan solo a dos años de haberse posesionado, cambió su postura frente a las FARC.  Dejó de ser el perseguidor de las FARC como lo había sido Uribe e incluso él mismo como su exministro de defensa, y decidió que iba a dialogar con las FARC.  Eso era una abierta traición a Uribe y a los "uribistas purasangre" como se les denominó en su momento.

Imagen tomada de www.presidencia.gov.co

El Gobierno Santos I, tuvo muchas cosas buenas.  Como he señalado anteriormente, más allá de la evidente dificultad de conocer el color real de un camaleón, era un camaleón competente y se sabía rodear.  En general, salvo muy contadas excepciones, tenía gente competente y experimentada en las distintas carteras.  Personalmente recuerdo como algunos de sus ministros destacados de esta época, a Diego Molano en MinTIC, Germán Vargas Lleras en Interior, y María Ángela Holguín como Canciller.  Como ejemplos de todo lo contrario, recuerdo con muy poca añoranza a Mauricio Cárdenas en Hacienda y a Cristina Plazas en el ICBF, nefastos funcionarios.  Sin embargo, más allá de los gustos o disgustos individualmente considerados, lo cierto es que en general, entre 2010 y 2014, el país logró más avances que retrocesos.  

Otra de las cosas que se logró observar desde este momento, y que definió en gran parte su segundo gobierno, fue el afán de "obtener medallitas".  Explico la analogía: En las fuerzas militares, existen distintos tipos de distinciones, medallas, reconocimientos, etc.  Ese tipo de reconocimientos se suelen ubicar en la parte superior izquierda (ver fotografía abajo).  Hay personas que se deleitan en verse laureados y llenos de medallitas porque esas medallitas se deteminan su verdadero valor, o por lo menos determinan por qué son mejores que el resto de la humanidad, algo muy común en este país.  Existe otro tipo de individuos que opera con la mentalidad absolutamente opuesta.  Les importa cero cualquier reconocimiento salvo el reconocimiento propio de haber hecho las cosas bien.  A ese tipo de personas no se les verá mostrando todas sus medallitas, diplomas, y trofeos cada vez que puedan, sino que en muchas ocasiones ni siquiera mencionarán haberse ganado alguno de esos galardones.


Imagen tomada del usuario carlos lopez en Pinterest

Santos es de los primeros.  Haber sido el único colombiano en ser ministro en X número de gobiernos distintos, haber sido el Presidente más votado hasta el momento, haber sido en firmar Y cantidad de TLCs, el Presidente que ingresó a Colombia a la OCDE, y (en un cercano futuro) el Presidente Nóbel de Paz.  No todo esto era claro en ese momento, pero sí ha sido claro desde día 1 de su vida pública, que él se consideraba predestinado para ser grande.

Por razones de espacio, no puedo analizar cada uno de esos ejemplos, pero sí al menos uno de ellos, para que quede claro mi punto:

La OCDE:

Pertenecer a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), es como pertener a un club social.  O al menos, eso es lo que le importa a Santos.  En la mayoría de casos, a los socios de los clubes sociales les interesa estar rodeados de pares, y por pares me refiero a gente igual de "divinamente bien" que ellos.  El esfuerzo de estar en la OCDE, a los ojos de Santos es como si pasáramos de ser mágicamente de un Estado mediocre a un Estado del primer mundo, solo porque nos dieron el carnet.  Lo cierto es que en términos reales, los comparativos de todos los Estados de la OCDE, en múltiples niveles han demostrado que Colombia no tiene traje para entrar a ese baile.  Nunca lo ha tenido.

Esto mismo ocurre con los TLCs.  Firmar TLCs estaría fantásticamente bien, si tuviéramos una infraestructura y unos niveles de producción y de precios que nos permitieran competir.  Eso a él nunca le importó, y se lo advirtieron muchas veces.

Finalizando el mandato de Santos, para 2014, ya la cuestión no era cómo hacer que Uribe pudiera perdurar en el tiempo, sin que fuera él, sino que se convirtió en un debate clarísimo entre la "Paz de Santos" y los que se oponían a ese modelo, total o parcialmente.

Más allá de las serias carencias morales de Santos, lo cierto es que su capacidad de conformar equipos de personas competentes, la inercia que traía en materia de seguridad y economía del gobierno de Uribe, y sus propios aportes hacia el progreso del país, hicieron que gran parte del balance de su primer gobierno, fuera mayoritariamente bueno.   Sin embargo, haber casado la pelea con su antiguo ídolo, Álvaro Uribe Vélez, le costaría mucho más adelante.

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jueves, 8 de octubre de 2026

Mi opinión sobre la presidencia de Álvaro Uribe Vélez (segundo periodo)

NOTA PRELIMINAR: Esta es la quinta entrada de la serie acerca los distintos presidentes que he tenido la oportunidad de racionalizar, o mejor, digerir.  Se sugiere al lector revisar los cuatro primeros ingresos (sobre Gaviria, Samper, Pastrana y Uribe I) antes de revisar este.  Lo anterior, dado que hay hechos tratados allí que se dan por conocidos en este ingreso, por razones de espacio.

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Finalizó el primer periodo de Álvaro Uribe Vélez con un nivel de popularidad importante. En menos de cuatro años, el orden público en el país cambió drásticamente.  Esto no es un tema menor.  Ya en 1919, Max Weber, el famoso sociólogo, señaló que el Estado -conceptualmente hablando- implicaba que la comunidad que lo componía pudiese reclamar exitosamente el monopolio de la violencia legítima entro del territorio específico que lo ocupa.  Obsérvese la trascendencia que le da Weber al monopolio de la violencia por parte del Estado.  Colombia, quizá nunca ha podido reclamar exitosamente el monopolio de la violencia legítima o ilegítima.  Sin embargo, con el gobierno Uribe I, pasamos casi de ser un Estado fallido, a medianamente recuperar algo de control territorial.  Pasamos de únicamente defendernos de la subversión, a defender y atacar. La cancha venía equilibrándose.

En las elecciones de 2006, a Uribe le fue incluso mejor que en las de 2002.  Sacó una votación que superó el 60% del total de votantes, lo que muestra una fotografía de qué tan popular era en ese momento.  Al inicio de su mandato, Uribe -como lo muestra su votación- era inmensamente popular.  En el segundo periodo, sin embargo, pasaron varias cosas que conviene destacar, tanto buenas como malas.  Todo eso incide en la opinión final, que daré al final del escrito.

1) La parapolítica: Como señalé en el ingreso anterior, el fenómeno del paramilitarismo en Colombia era conocido y estaba en auge para la época en que se dio el primer gobierno de Uribe.  Sin embargo, en ese periodo se elaboró un proyecto de ley para permitir que se desmovilizaran y se reincorporaran a la vida civil a través de un modelo de justicia transicional que quedó condensado en la Ley 975 de 2005 o Ley de Justicia y Paz.  Eso ocurre un año antes de la reelección de Uribe.  Sin embargo, a raíz del proceso de desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia, la Corte Suprema de Justicia inició una serie de investigaciones contra congresistas que tendrían vínculos con el paramilitarismo.  Todo esto ocurre en el segundo mandato de Uribe, y muchos de los congresistas investigados fueron condenados por vínculos con los grupos paramilitares.

2) Uribe Vs. la Corte Suprema de Justicia: Uno de los puntos que más rechazo hizo que se generara en contra de Álvaro Uribe Vélez fue su confrontación con la Corte Suprema de Justicia como un todo, pero especialmente con la Sala de Casación Penal. Las investigaciones por la yidispolítica, las investigaciones por la parapolítica apuntaban de manera directa o indirecta hacia Uribe, y a ello se le sumó un tercer grupo de investigaciones que también apuntaban hacia él.  Se tratada de las investigaciones por las "chuzadas" (interceptaciones ilegales) del DAS.  En resumen, esas investigaciones partían de la premisa de que la entidad encargada de la inteligencia en Colombia estaba siendo utilizada para interceptar ilegalmente las comunicaciones de miembros de la oposición, periodistas y magistrados; el Estado cometiendo delitos a través de sus entidades oficiales.  Eso generó que la Corte Suprema de Justicia reaccionara en bloque en contra de los claros intentos de intromisiones en el ejercicio de sus funciones. Y la Corte logró resistir los embates en su contra, incluso a pesar de que algunos de sus magistrados fueran posteriormente condenados por lo que se vendría a conocer como "el cartel de la toga".

3)  La ofensiva en contra de las FARC: Según se señaló en el ingreso anterior, el gran factor elector de 2002 había sido el voto para frenar a las FARC luego del fallido proceso de paz de Pastrana.  Uribe dedicó muchos de sus esfuerzos a atacar militarmente a esos grupos.  Si bien Manuel Marulanda murió en este periodo por causas naturales, gran parte de lo que se conocía como el Secretariado de las FARC fue duramente golpeado a través de bombardeos y enfrentamientos de tropas en tierra.  El más recordado del gobierno Uribe II, fue el que dio de baja a Raúl Reyes, un éxito militar que generó un conflicto internacional con Ecuador, porque el campamento de Reyes estaba dentro de territorio ecuatoriano, aunque cerca de la frontera con Colombia.  Igualmente famoso fue la "Operación Jaque", que consistió en una fachada de operación humanitaria que involucraba realmente un esfuerzo militar por rescatar a varios de los secuestrados más reconocidos en el país, incluyendo a la excandidata presidencial Ingrid Betancourt.  La operación fue exitosa pues rescataron a los secuestraron y aprehendieron a algunos de los jefes secuestradores.

4) Colombia Vs. sus vecinos: Cuando Uribe llegó al poder en 2002, ya Hugo Chávez era Presidente de Venezuela. Chávez, desde 1999.  En consecuencia, para el inicio del segundo mandato de Uribe, ya Chávez llevaba aproximadamente 7 años y medio como Presidente y su modelo semicomunista estaba ya plenamente en vigor y creciendo.  Pocos meses después de inaugurado el segundo gobierno de Uribe, subió al poder Rafael Correa en Ecuador.  Correa era aliado de Chávez y la Colombia de Uribe representaba exactamente lo contrario de lo que representaba la ideología de izquierda, y más aún de izquierda radical.  A nivel internacional hubo muchas tensiones entre Uribe y el combo Chávez-Correa, como lo evidencia la mirada de Correa luego de la fuerte discusión entre ellos en la Cumbre de Rio de 2008 (ver fotografía).  En ese contexto internacional específico es que se dio la "Operación Fénix" que dio de baja a Raúl Reyes en territorio ecuatoriano. La situación fue muy tensa pero no pasó a mayores.  Debe destacarse desde ya, que en su momento, Uribe decidió proteger a Juan Manuel Santos (su ministro de defensa en ese momento) de las peticiones de extradición a raíz de ese operativo.  Eso vendrá a ser relevante cuando se analice el gobierno de Santos I.  En todo caso, Uribe representó un verdadero contrapeso en la región frente al régimen venezolano que cada día se volvía más y más dictatorial.


Imagen tomada de: www.lafm.com.co 

5) Los "falsos positivos" salen a la luz: Cuando se mira el fenómeno cerca de veinte años después, parece obvia la descripción de lo que hoy conocemos como los falsos positivos, que no son otra cosa que ejecuciones extrajudiciales.  No se puede hablar de una pena de muerte, o similar, porque en este caso murieron muchas personas que no habían hecho absolutamente nada malo y cuyo único pecado era ser pobres o vivir en determinados lugares en donde los militares involucrados buscaban sus siguientes "bajas en combate".  En este cuatrienio ya no se rumoraba sobre esta situación sino que empezó a salir a la luz pública.  Más allá de las responsabilidades individuales de los que incurrieron en esas matanzas, lo preocupante fue la actitud exculpatoria y abiertamente escéptica (algunos podrían incluso llamarla cínica) del Presidente Uribe.  Su actitud fue (y aún es) de negación del nefasto fenómeno.  Este hecho, y solo este hecho (independientemente de las demás situaciones negativas que se dieron en el gobierno de Uribe) ha generado que las generaciones más jóvenes le tengan alergia a cualquier cosa que medianamente tenga el tufo de uribismo o que pueda relacionarse con el entonces presidente.  Muchos jóvenes son abiertamente de izquierda, pero no porque ideológicamente lo sean, sino porque van por cualquier persona que represente lo contrario de Uribe.  Aún hoy, en las elecciones que acaban de pasar en Colombia en 2026, gran parte de las discusiones políticas seguían girando sobre este ítem. 6.402 es la cifra clave, y es un número directamente relacionado con la cantidad de víctimas registradas por "falsos positivos". Es el número de la infamia de Uribe, para ellos.

6) Los buenos muchachos: Desde el ingreso anterior, señalé que Uribe había logrado pasar ileso frente a los cuestionamientos de muchos de sus funcionarios de confianza.  En el segundo periodo, esa tendencia empezó a cambiar.  No se puede hablar que hubo un cambio total.  Sin embargo, muchas de las personas que no entran en la categoría de "furibistas" (fanáticos irreflexivos prouribistas), empezaron a ver la siguiente tendencia: muchos escuderos de Uribe resultaban cuestionados, Uribe los defendió a todos, al punto de referirse a ellos como "buenos muchachos", muchos resultaron condenados por la comisión de distintos ilícitos.  En el más ligero de los posibles escenarios, Uribe era responsable de nombrar y defender a una cantidad de delincuentes. En el peor de los escenarios Uribe era directamente la mente criminal detrás del actuar de todos ellos.  Dependiendo de a quién se le pregunte, se puede saber qué tan afín es esa persona a la figura de Álvaro Uribe Vélez. Dependiendo de qué caso se analice, se puede saber qué tanto podría saber o no saber Uribe sobre el actuar de sus escuderos.

7) Los magistrados "amiguis" en la Corte Constitucional: En este país, se suele copiar el mal ejemplo con facilidad, y en este caso, Uribe se inventó la fórmula.  Una de las cosas que desde que se creó la Corte Constitucional reconoció la comunidad jurídica era la estatura intelectual y/o la carrera jurídica intachable de los magistrados que la conformaban.  De las tres altas cortes (en ese entonces se hablaba de cuatro, si se incluía al Consejo Superior de la Judicatura) que conformaban la cúpula de la justicia, dos de ellas eligen a los magistrados que la conforman.  La Corte Constitucional tiene un esquema exótico en donde el Senado (una de las dos cámaras del Congreso) elige a los magistrados de ternas que presentan la Corte Suprema de Justicia, el Consejo de Estado y el Presidente de la República.  El mejor ejemplo de cómo se puede intentar contaminar la justicia desde el ejecutivo -algo que en estos momentos está generando importantes costos en los Estados Unidos de la era Trump- se presentó en la sentencia que tumbó el acto legislativo que permitía la segunda reelección de Álvaro Uribe Vélez.  Esa sentencia, la C-141 de 2010, generó una incertidumbre elevadísima en la mayoría de la población.  Muchas personas (y me incluyo) no queríamos más reelecciones de Uribe, por distintas razones.  Sin embargo, Uribe en 2010 tenía un poder enorme y era muy factible que la reelección saliese avante.  El único obstáculo que quedaba era el de la Corte Constitucional, y como se puede evidenciar de la lectura del fallo, la votación en la Corte Constitucional fue de 7 contra 2. Los dos Magistrados que salvaron el voto, es decir que no encontraban que el acto legislativo fuese contrario a la Constitución, eran magistrados ternados por Uribe: Mauricio González Cuervo, su exsecretario jurídico en presidencia, y Jorge Ignacio Pretelt Chaljub quien posteriormente fuese condenado por el delito de concusión.  En cualquiera de los casos, fue una muestra clara de por qué la independencia de las Cortes es un elemento central en cualquier democracia que se precie de ser un Estado de Derecho.

8) La extradición exprés de los paramilitares: Luego del proceso de desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia en el marco de la ley de justicia y paz, muchos de sus cabecillas fueron extraditados en un operativo exprés inesperado.  Eso era inconsistente con lo que Uribe venía haciendo, permitir sentencias benévolas en Colombia contra los autores de muchas de las atrocidades más graves ocurridas en el país.  La razón real no la sabremos, pero sí se puede dar una opinión semi-informada.  El contexto era el fenómeno de la parapolítica.  Como se recordará, a Uribe se le venía acusando de ser "cercano" a las autodefensas.  Los líderes de las AUC venían teniendo que hablar en estrados judiciales, y personalmente creo que se trató de una bonita forma de que no hablaran.  Debe recordarse que casi todos fueron extraditados entre la noche del 13 de mayo de 2008 y la madrugada del 14 de mayo.  Todos al mismo tiempo.  Si la idea era que no hablaran, lo logró, de ser ese el caso. 

Conclusión: 

A diferencia de su primer mandato, el segundo mandato de Álvaro Uribe conservó los aspectos buenos de su primer mandato, y en consecuencia, siguió cumpliendo frente a lo que venía prometiendo años atrás (la seguridad democrática y la confianza inversionista), pero aumento casi que exponencialmente los contras frente a su gobierno. "El mesías", como le decían sus detractores, parecía imparable. Logró capotear todos los escándalos de su círculo cercano, logró que el Congreso le aprobara un cambio al "articulito", que le permitía la segunda reelección.  Uno de los poderes falló como contrapeso y únicamente el poder judicial logró frenar lo que ya resultaba ser una ambición unipersonal desaforada que podría haber llegado a generar muchos mayores costos.  Venezuela, desde esa época y aún hoy, nos muestra lo que ocurre cuando los contrapesos se vuelven inexistentes.  Más allá de que pueda surgir una discusión acerca de si este segundo periodo fuese bueno o malo (yo creo que fue regular), lo cierto es que el frágil Estado colombiano requería que Uribe terminase su periodo y entregase el poder.  Esto, ocurrió a medias...

ADENDA: Este espacio lo abrí en 2008 y muchos de los temas que aquí se tocan fueron tratados "en presente".  Ante una noche de insomnio, invito a los lectores a que revisen lo que decía en 2008, 2009 y 2010.

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