jueves, 15 de octubre de 2026

Mi opinión sobre la presidencia de Juan Manuel Santos Calderón (primer periodo)

NOTA PRELIMINAR: Esta es la sexta entrada de la serie acerca los distintos presidentes que he tenido la oportunidad de racionalizar, o mejor, digerir.  Si no han revisado ya las cinco entradas anteriores, se sugiere hacerlo antes de leer este ingreso.  En este caso, Santos es el primero de los actuales expresidentes sobre los que escribí en su momento, e incluso desde que fuere candidato antes de su primer mandato.  Pueden contrastar lo aquí reseñado, frente a los siguientes ingresos (con fecha incluida para que se sepa detectar en qué momento del tiempo fue escrito:

Elecciones Presidenciales I: Juan Manuel Santos (30/04/2010)

Por qué no voto por Santos ni por Zuluaga (10/06/2014)

Balance del Gobierno de Juan Manuel Santos - Parte 1 de 2 (08/08/2018)

Balance del Gobierno de Juan Manuel Santos - Parte 2 de 2 (16/08/2018)

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El inicio de la historia de Juan Manuel Santos como candidato se dio mucho antes de que fuera candidato. A diferencia de sus antecesores, creo que Juan Manuel Santos es el más sagaz político de todos los que llegaron a ser Presidentes y analizados en esta serie.  Esto, por supuesto, lo digo con todas las connotaciones positivas que implica, pero también con las negativas que vienen asociadas.  Para mi punto de partida, retomo algo que tenía diagnosticado desde 2010, pero que no sabía en su momento exactamente qué podría indicar a futuro.  Señalé en Elecciones Presidenciales I: Juan Manuel Santos (30/04/2010) lo siguiente:

No ha salido como ganador de los debates, porque no ha logrado transmitir proyectos de gobierno propios.  Su desmedida lealtad hacia la figura del Presidente Uribe lo muestra como un continuador del mandatario actual.  El problema es que esa misma lealtad fue profesada hacia Pastrana, y otros más.  Esa capacidad de cambiar de parecer genera cierto temor hacia lo que ‘realmente’ haría si llegara a la jefatura de Estado.  Todavía no se ha aclarado si Santos sí buscó pactos con la guerrilla para derrocar a Samper.  Este episodio turbio, genera dudas que no ha logrado despejar Santos en los debates. (Negrillas por fuera del texto original) 

Para mayo y junio de 2010, el país tenía claro que Álvaro Uribe Vélez no podría ser Presidente de la República por tercera vez, pero gran parte de la población votante en ese momento seguía considerando a Uribe como quien debiera ser el primer mandatario.  En consecuencia, muchos de los votantes estaban esperando por saber a quién le "daría el guiño" Uribe.  En el periodo preelectoral, los tres nombres que más sonaban eran el de Andrés Felipe Arias (Ministro de Agricultura de Uribe), Francisco Santos Calderón (Vicepresidente de Uribe), y Juan Manuel Santos Calderón (Ministro de Defensa de Uribe). Juan Manuel Santos tenía unos puntos a su favor que los demás no tenían: 1) Los recientes éxitos en la ofensiva contra las FARC, especilamente la Operación Jaque y la Operación Fénix; 2) Haber sido el fundador del Partido de la U (siendo la U la referencia "al mesías colombiano") lo cual mostraba un bonus de lealtad hacia Uribe; y 3) Tenía una trayectoria política comprobada en distintos gobiernos y en distintos tiempos, lo que lo mostraban como un tipo probadamente competente.

Respecto de la campaña en sí misma, no hay mucho que decir.  El éxito de su campaña se basaba, en mi opinión, en el cumplimiento de tres  objetivos: 1) Mantener contentos a los seguidores de Uribe; 2) No cometer errores garrafales; y 3) Deslegitimar a sus más inmediatos persecutores.  Para hacerlo, montó una campaña basada en la premisa de la "prosperidad democrática" un claro spinoff (término en inglés al que se suele hacer referencia cuando una película o serie surge dentro del universo de otra película o serie anteriormente producida) de la seguridad democrática de Uribe.  Al montar una campaña a partir de Uribe, y se garantía de continuidad, probablemente tendría las mayorías que Uribe tuvo en su momento y podría hacerse elegir.   Uribe, de una manera casi tan descarada como lo hizo recientemente Petro, participaba en política cada vez que podía para ensalzar la imagen de Santos y deslegitimar la de sus principales oponentes, especialmente frente a Antanas Mockus, el principal adversario de Santos.

Elegido Santos, rápidamente se cambió la camiseta, y empezó a tomar decisiones de alguien que quería mandar él y no como marioneta de Uribe.  Eso, en mi opinión está muy bien.  El problema es algunas de las decisiones que tomó.  En primer lugar, cambió muy rápidamente de postura oficial acerca de las relaciones con Venezuela.  Como señalé en el ingreso relacionado con Uribe II, él se había erigirido como el principal símbolo de oposición a la evidente postura dictatorial del "socialismo del siglo XXI" que representaba Chávez.  En noviembre de 2010, tan solo 3 meses después de posesionarse, Santos se refirió a Chávez como su nuevo mejor amigo.  Ese mismo cambio de 180° lo vimos en otros aspectos centrales de la política oficial de Santos: en 2012, es decir tan solo a dos años de haberse posesionado, cambió su postura frente a las FARC.  Dejó de ser el perseguidor de las FARC como lo había sido Uribe e incluso él mismo como su exministro de defensa, y decidió que iba a dialogar con las FARC.  Eso era una abierta traición a Uribe y a los "uribistas purasangre" como se les denominó en su momento.

Imagen tomada de www.presidencia.gov.co

El Gobierno Santos I, tuvo muchas cosas buenas.  Como he señalado anteriormente, más allá de la evidente dificultad de conocer el color real de un camaleón, era un camaleón competente y se sabía rodear.  En general, salvo muy contadas excepciones, tenía gente competente y experimentada en las distintas carteras.  Personalmente recuerdo como algunos de sus ministros destacados de esta época, a Diego Molano en MinTIC, Germán Vargas Lleras en Interior, y María Ángela Holguín como Canciller.  Como ejemplos de todo lo contrario, recuerdo con muy poca añoranza a Mauricio Cárdenas en Hacienda y a Cristina Plazas en el ICBF, nefastos funcionarios.  Sin embargo, más allá de los gustos o disgustos individualmente considerados, lo cierto es que en general, entre 2010 y 2014, el país logró más avances que retrocesos.  

Otra de las cosas que se logró observar desde este momento, y que definió en gran parte su segundo gobierno, fue el afán de "obtener medallitas".  Explico la analogía: En las fuerzas militares, existen distintos tipos de distinciones, medallas, reconocimientos, etc.  Ese tipo de reconocimientos se suelen ubicar en la parte superior izquierda (ver fotografía abajo).  Hay personas que se deleitan en verse laureados y llenos de medallitas porque esas medallitas se deteminan su verdadero valor, o por lo menos determinan por qué son mejores que el resto de la humanidad, algo muy común en este país.  Existe otro tipo de individuos que opera con la mentalidad absolutamente opuesta.  Les importa cero cualquier reconocimiento salvo el reconocimiento propio de haber hecho las cosas bien.  A ese tipo de personas no se les verá mostrando todas sus medallitas, diplomas, y trofeos cada vez que puedan, sino que en muchas ocasiones ni siquiera mencionarán haberse ganado alguno de esos galardones.


Imagen tomada del usuario carlos lopez en Pinterest

Santos es de los primeros.  Haber sido el único colombiano en ser ministro en X número de gobiernos distintos, haber sido el Presidente más votado hasta el momento, haber sido en firmar Y cantidad de TLCs, el Presidente que ingresó a Colombia a la OCDE, y (en un cercano futuro) el Presidente Nóbel de Paz.  No todo esto era claro en ese momento, pero sí ha sido claro desde día 1 de su vida pública, que él se consideraba predestinado para ser grande.

Por razones de espacio, no puedo analizar cada uno de esos ejemplos, pero sí al menos uno de ellos, para que quede claro mi punto:

La OCDE:

Pertenecer a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), es como pertener a un club social.  O al menos, eso es lo que le importa a Santos.  En la mayoría de casos, a los socios de los clubes sociales les interesa estar rodeados de pares, y por pares me refiero a gente igual de "divinamente bien" que ellos.  El esfuerzo de estar en la OCDE, a los ojos de Santos es como si pasáramos de ser mágicamente de un Estado mediocre a un Estado del primer mundo, solo porque nos dieron el carnet.  Lo cierto es que en términos reales, los comparativos de todos los Estados de la OCDE, en múltiples niveles han demostrado que Colombia no tiene traje para entrar a ese baile.  Nunca lo ha tenido.

Esto mismo ocurre con los TLCs.  Firmar TLCs estaría fantásticamente bien, si tuviéramos una infraestructura y unos niveles de producción y de precios que nos permitieran competir.  Eso a él nunca le importó, y se lo advirtieron muchas veces.

Finalizando el mandato de Santos, para 2014, ya la cuestión no era cómo hacer que Uribe pudiera perdurar en el tiempo, sin que fuera él, sino que se convirtió en un debate clarísimo entre la "Paz de Santos" y los que se oponían a ese modelo, total o parcialmente.

Más allá de las serias carencias morales de Santos, lo cierto es que su capacidad de conformar equipos de personas competentes, la inercia que traía en materia de seguridad y economía del gobierno de Uribe, y sus propios aportes hacia el progreso del país, hicieron que gran parte del balance de su primer gobierno, fuera mayoritariamente bueno.   Sin embargo, haber casado la pelea con su antiguo ídolo, Álvaro Uribe Vélez, le costaría mucho más adelante.

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jueves, 8 de octubre de 2026

Mi opinión sobre la presidencia de Álvaro Uribe Vélez (segundo periodo)

NOTA PRELIMINAR: Esta es la quinta entrada de la serie acerca los distintos presidentes que he tenido la oportunidad de racionalizar, o mejor, digerir.  Se sugiere al lector revisar los cuatro primeros ingresos (sobre Gaviria, Samper, Pastrana y Uribe I) antes de revisar este.  Lo anterior, dado que hay hechos tratados allí que se dan por conocidos en este ingreso, por razones de espacio.

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Finalizó el primer periodo de Álvaro Uribe Vélez con un nivel de popularidad importante. En menos de cuatro años, el orden público en el país cambió drásticamente.  Esto no es un tema menor.  Ya en 1919, Max Weber, el famoso sociólogo, señaló que el Estado -conceptualmente hablando- implicaba que la comunidad que lo componía pudiese reclamar exitosamente el monopolio de la violencia legítima entro del territorio específico que lo ocupa.  Obsérvese la trascendencia que le da Weber al monopolio de la violencia por parte del Estado.  Colombia, quizá nunca ha podido reclamar exitosamente el monopolio de la violencia legítima o ilegítima.  Sin embargo, con el gobierno Uribe I, pasamos casi de ser un Estado fallido, a medianamente recuperar algo de control territorial.  Pasamos de únicamente defendernos de la subversión, a defender y atacar. La cancha venía equilibrándose.

En las elecciones de 2006, a Uribe le fue incluso mejor que en las de 2002.  Sacó una votación que superó el 60% del total de votantes, lo que muestra una fotografía de qué tan popular era en ese momento.  Al inicio de su mandato, Uribe -como lo muestra su votación- era inmensamente popular.  En el segundo periodo, sin embargo, pasaron varias cosas que conviene destacar, tanto buenas como malas.  Todo eso incide en la opinión final, que daré al final del escrito.

1) La parapolítica: Como señalé en el ingreso anterior, el fenómeno del paramilitarismo en Colombia era conocido y estaba en auge para la época en que se dio el primer gobierno de Uribe.  Sin embargo, en ese periodo se elaboró un proyecto de ley para permitir que se desmovilizaran y se reincorporaran a la vida civil a través de un modelo de justicia transicional que quedó condensado en la Ley 975 de 2005 o Ley de Justicia y Paz.  Eso ocurre un año antes de la reelección de Uribe.  Sin embargo, a raíz del proceso de desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia, la Corte Suprema de Justicia inició una serie de investigaciones contra congresistas que tendrían vínculos con el paramilitarismo.  Todo esto ocurre en el segundo mandato de Uribe, y muchos de los congresistas investigados fueron condenados por vínculos con los grupos paramilitares.

2) Uribe Vs. la Corte Suprema de Justicia: Uno de los puntos que más rechazo hizo que se generara en contra de Álvaro Uribe Vélez fue su confrontación con la Corte Suprema de Justicia como un todo, pero especialmente con la Sala de Casación Penal. Las investigaciones por la yidispolítica, las investigaciones por la parapolítica apuntaban de manera directa o indirecta hacia Uribe, y a ello se le sumó un tercer grupo de investigaciones que también apuntaban hacia él.  Se tratada de las investigaciones por las "chuzadas" (interceptaciones ilegales) del DAS.  En resumen, esas investigaciones partían de la premisa de que la entidad encargada de la inteligencia en Colombia estaba siendo utilizada para interceptar ilegalmente las comunicaciones de miembros de la oposición, periodistas y magistrados; el Estado cometiendo delitos a través de sus entidades oficiales.  Eso generó que la Corte Suprema de Justicia reaccionara en bloque en contra de los claros intentos de intromisiones en el ejercicio de sus funciones. Y la Corte logró resistir los embates en su contra, incluso a pesar de que algunos de sus magistrados fueran posteriormente condenados por lo que se vendría a conocer como "el cartel de la toga".

3)  La ofensiva en contra de las FARC: Según se señaló en el ingreso anterior, el gran factor elector de 2002 había sido el voto para frenar a las FARC luego del fallido proceso de paz de Pastrana.  Uribe dedicó muchos de sus esfuerzos a atacar militarmente a esos grupos.  Si bien Manuel Marulanda murió en este periodo por causas naturales, gran parte de lo que se conocía como el Secretariado de las FARC fue duramente golpeado a través de bombardeos y enfrentamientos de tropas en tierra.  El más recordado del gobierno Uribe II, fue el que dio de baja a Raúl Reyes, un éxito militar que generó un conflicto internacional con Ecuador, porque el campamento de Reyes estaba dentro de territorio ecuatoriano, aunque cerca de la frontera con Colombia.  Igualmente famoso fue la "Operación Jaque", que consistió en una fachada de operación humanitaria que involucraba realmente un esfuerzo militar por rescatar a varios de los secuestrados más reconocidos en el país, incluyendo a la excandidata presidencial Ingrid Betancourt.  La operación fue exitosa pues rescataron a los secuestraron y aprehendieron a algunos de los jefes secuestradores.

4) Colombia Vs. sus vecinos: Cuando Uribe llegó al poder en 2002, ya Hugo Chávez era Presidente de Venezuela. Chávez, desde 1999.  En consecuencia, para el inicio del segundo mandato de Uribe, ya Chávez llevaba aproximadamente 7 años y medio como Presidente y su modelo semicomunista estaba ya plenamente en vigor y creciendo.  Pocos meses después de inaugurado el segundo gobierno de Uribe, subió al poder Rafael Correa en Ecuador.  Correa era aliado de Chávez y la Colombia de Uribe representaba exactamente lo contrario de lo que representaba la ideología de izquierda, y más aún de izquierda radical.  A nivel internacional hubo muchas tensiones entre Uribe y el combo Chávez-Correa, como lo evidencia la mirada de Correa luego de la fuerte discusión entre ellos en la Cumbre de Rio de 2008 (ver fotografía).  En ese contexto internacional específico es que se dio la "Operación Fénix" que dio de baja a Raúl Reyes en territorio ecuatoriano. La situación fue muy tensa pero no pasó a mayores.  Debe destacarse desde ya, que en su momento, Uribe decidió proteger a Juan Manuel Santos (su ministro de defensa en ese momento) de las peticiones de extradición a raíz de ese operativo.  Eso vendrá a ser relevante cuando se analice el gobierno de Santos I.  En todo caso, Uribe representó un verdadero contrapeso en la región frente al régimen venezolano que cada día se volvía más y más dictatorial.


Imagen tomada de: www.lafm.com.co 

5) Los "falsos positivos" salen a la luz: Cuando se mira el fenómeno cerca de veinte años después, parece obvia la descripción de lo que hoy conocemos como los falsos positivos, que no son otra cosa que ejecuciones extrajudiciales.  No se puede hablar de una pena de muerte, o similar, porque en este caso murieron muchas personas que no habían hecho absolutamente nada malo y cuyo único pecado era ser pobres o vivir en determinados lugares en donde los militares involucrados buscaban sus siguientes "bajas en combate".  En este cuatrienio ya no se rumoraba sobre esta situación sino que empezó a salir a la luz pública.  Más allá de las responsabilidades individuales de los que incurrieron en esas matanzas, lo preocupante fue la actitud exculpatoria y abiertamente escéptica (algunos podrían incluso llamarla cínica) del Presidente Uribe.  Su actitud fue (y aún es) de negación del nefasto fenómeno.  Este hecho, y solo este hecho (independientemente de las demás situaciones negativas que se dieron en el gobierno de Uribe) ha generado que las generaciones más jóvenes le tengan alergia a cualquier cosa que medianamente tenga el tufo de uribismo o que pueda relacionarse con el entonces presidente.  Muchos jóvenes son abiertamente de izquierda, pero no porque ideológicamente lo sean, sino porque van por cualquier persona que represente lo contrario de Uribe.  Aún hoy, en las elecciones que acaban de pasar en Colombia en 2026, gran parte de las discusiones políticas seguían girando sobre este ítem. 6.402 es la cifra clave, y es un número directamente relacionado con la cantidad de víctimas registradas por "falsos positivos". Es el número de la infamia de Uribe, para ellos.

6) Los buenos muchachos: Desde el ingreso anterior, señalé que Uribe había logrado pasar ileso frente a los cuestionamientos de muchos de sus funcionarios de confianza.  En el segundo periodo, esa tendencia empezó a cambiar.  No se puede hablar que hubo un cambio total.  Sin embargo, muchas de las personas que no entran en la categoría de "furibistas" (fanáticos irreflexivos prouribistas), empezaron a ver la siguiente tendencia: muchos escuderos de Uribe resultaban cuestionados, Uribe los defendió a todos, al punto de referirse a ellos como "buenos muchachos", muchos resultaron condenados por la comisión de distintos ilícitos.  En el más ligero de los posibles escenarios, Uribe era responsable de nombrar y defender a una cantidad de delincuentes. En el peor de los escenarios Uribe era directamente la mente criminal detrás del actuar de todos ellos.  Dependiendo de a quién se le pregunte, se puede saber qué tan afín es esa persona a la figura de Álvaro Uribe Vélez. Dependiendo de qué caso se analice, se puede saber qué tanto podría saber o no saber Uribe sobre el actuar de sus escuderos.

7) Los magistrados "amiguis" en la Corte Constitucional: En este país, se suele copiar el mal ejemplo con facilidad, y en este caso, Uribe se inventó la fórmula.  Una de las cosas que desde que se creó la Corte Constitucional reconoció la comunidad jurídica era la estatura intelectual y/o la carrera jurídica intachable de los magistrados que la conformaban.  De las tres altas cortes (en ese entonces se hablaba de cuatro, si se incluía al Consejo Superior de la Judicatura) que conformaban la cúpula de la justicia, dos de ellas eligen a los magistrados que la conforman.  La Corte Constitucional tiene un esquema exótico en donde el Senado (una de las dos cámaras del Congreso) elige a los magistrados de ternas que presentan la Corte Suprema de Justicia, el Consejo de Estado y el Presidente de la República.  El mejor ejemplo de cómo se puede intentar contaminar la justicia desde el ejecutivo -algo que en estos momentos está generando importantes costos en los Estados Unidos de la era Trump- se presentó en la sentencia que tumbó el acto legislativo que permitía la segunda reelección de Álvaro Uribe Vélez.  Esa sentencia, la C-141 de 2010, generó una incertidumbre elevadísima en la mayoría de la población.  Muchas personas (y me incluyo) no queríamos más reelecciones de Uribe, por distintas razones.  Sin embargo, Uribe en 2010 tenía un poder enorme y era muy factible que la reelección saliese avante.  El único obstáculo que quedaba era el de la Corte Constitucional, y como se puede evidenciar de la lectura del fallo, la votación en la Corte Constitucional fue de 7 contra 2. Los dos Magistrados que salvaron el voto, es decir que no encontraban que el acto legislativo fuese contrario a la Constitución, eran magistrados ternados por Uribe: Mauricio González Cuervo, su exsecretario jurídico en presidencia, y Jorge Ignacio Pretelt Chaljub quien posteriormente fuese condenado por el delito de concusión.  En cualquiera de los casos, fue una muestra clara de por qué la independencia de las Cortes es un elemento central en cualquier democracia que se precie de ser un Estado de Derecho.

8) La extradición exprés de los paramilitares: Luego del proceso de desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia en el marco de la ley de justicia y paz, muchos de sus cabecillas fueron extraditados en un operativo exprés inesperado.  Eso era inconsistente con lo que Uribe venía haciendo, permitir sentencias benévolas en Colombia contra los autores de muchas de las atrocidades más graves ocurridas en el país.  La razón real no la sabremos, pero sí se puede dar una opinión semi-informada.  El contexto era el fenómeno de la parapolítica.  Como se recordará, a Uribe se le venía acusando de ser "cercano" a las autodefensas.  Los líderes de las AUC venían teniendo que hablar en estrados judiciales, y personalmente creo que se trató de una bonita forma de que no hablaran.  Debe recordarse que casi todos fueron extraditados entre la noche del 13 de mayo de 2008 y la madrugada del 14 de mayo.  Todos al mismo tiempo.  Si la idea era que no hablaran, lo logró, de ser ese el caso. 

Conclusión: 

A diferencia de su primer mandato, el segundo mandato de Álvaro Uribe conservó los aspectos buenos de su primer mandato, y en consecuencia, siguió cumpliendo frente a lo que venía prometiendo años atrás (la seguridad democrática y la confianza inversionista), pero aumento casi que exponencialmente los contras frente a su gobierno. "El mesías", como le decían sus detractores, parecía imparable. Logró capotear todos los escándalos de su círculo cercano, logró que el Congreso le aprobara un cambio al "articulito", que le permitía la segunda reelección.  Uno de los poderes falló como contrapeso y únicamente el poder judicial logró frenar lo que ya resultaba ser una ambición unipersonal desaforada que podría haber llegado a generar muchos mayores costos.  Venezuela, desde esa época y aún hoy, nos muestra lo que ocurre cuando los contrapesos se vuelven inexistentes.  Más allá de que pueda surgir una discusión acerca de si este segundo periodo fuese bueno o malo (yo creo que fue regular), lo cierto es que el frágil Estado colombiano requería que Uribe terminase su periodo y entregase el poder.  Esto, ocurrió a medias...

ADENDA: Este espacio lo abrí en 2008 y muchos de los temas que aquí se tocan fueron tratados "en presente".  Ante una noche de insomnio, invito a los lectores a que revisen lo que decía en 2008, 2009 y 2010.

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sábado, 3 de octubre de 2026

Mi opinión sobre la presidencia de Álvaro Uribe Vélez (primer periodo)

NOTA PRELIMINAR: Esta es la cuarta entrada de la serie acerca los distintos presidentes que he tenido la oportunidad de racionalizar, o mejor, digerir.  Se sugiere al lector revisar los tres primeros ingresos (sobre Gaviria, Samper y Pastrana) antes de revisar este.  Lo anterior, dado que hay hechos tratados allí que se dan por conocidos en este ingreso, por razones de espacio.

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Finalizando la presidencia de Andrés Pastrana Arango, era claro para el país que las FARC eran el principal problema del país.  El proceso de paz no solo había fracasado extraoficialmente desde el día 1, sino que oficialmente había sido levantado por Pastrana poco antes de finalizar su mandato y suficientemente cerca de las elecciones presidenciales para que gran parte del país quisiera dar un "timonazo" político.  En febrero de 2002, Horacio Serpa Uribe, del partido liberal, era el candidato que lideraba con suficiente amplitud la intención de voto.  Álvaro Uribe Vélez, por el movimiento "Primero Colombia" por su parte, inició la campaña con poca intención de voto y luego de la oficialización del fracaso del proceso de paz, Uribe se disparó y terminó ganando en primera vuelta.  La razón: su campaña se basó desde el día 1 en un ataque frontal al proceso de paz con las FARC y en un discurso de mano dura en contra de la subversión.

Para un país que lleva a estas alturas un cuarto de siglo acosumbrado a que Álvaro Uribe Vélez esté en el centro de las discusiones, parecería que siempre fue un tipo reconocido y poderoso, como los familiares de Laureano Gómez, la familia Char o los hijos de Luis Carlos Galán.  Para 2001, Uribe no era un tipo ampliamente conocido en el país, y era joven.  Tan joven era, que uno de los problemas prácticos que enfrentó su campaña en ese momento era intentar hacerlo ver un poco mayor para generar la sensación de que era un tipo experimentado.  Una de las soluciones en ese momento (cosa que la audiencia más joven probablemente no creería) fue pintarle canas a Uribe para intentar generar ese efecto. Poco más se sabía de él en ese momento que haber sido senador por el partido liberal, y haber sido Gobernador de Antioquia.

Uribe, cuando llegó al poder, ya era megapopular, y esto en gran medida se debió a la consistencia de su discurso de mano dura, pero especialmente a que gran parte de su campaña se la debe a las FARC.  Entre más secuestros, extorsiones y ataques violentos realizaba, mayor parte de la población empezaba a favorecer a Uribe.  Sin demeritar los esfuerzos de su campaña, es claro que la población colombiana no estaba votando tanto por amor a Uribe, sino por odio a las FARC.  De todos los candidatos, el único que sistemáticamente prometió mano dura contra las FARC, fue Uribe. Por eso ganó. A esa política de mano dura se le denominó como "seguridad democrática", término que todavía se escucha en el argot político nacional.

En este punto, sin embargo, para poder opinar sobre el periodo presidencial Uribe I, es necesario hacer una distinción central entre lo que se vio, y entre lo que no se vio pero se fue sabiendo a lo largo de los años posteriores.

Opinión a partir de lo que se vio.

Lo primero que se debe decir es que a lo largo de sus dos gobiernos, Uribe prometió "trabajar, trabajar y trabajar", en torno de tres pilares fundamentales, algo que posteriormente se conocerían como los tres huevitos de Uribe: la seguridad democrática (política de mano dura contra el crimen organizado), la confianza inversionista (política económica fundada en la estabilidad de las reglas de juego del Estado frente a las empresas, para propiciar inversión económica segura en Colombia), y la cohesión social.  De esas tres políticas, Uribe cumplió ampliamente con la primera, aunque el país no sabía en ese momento a qué costo, punto que trataré más adelante.  En cuanto a la confianza inversionista, también cumplió.  Los indicadores en su gobierno volvieron a ser positivos, luego de tantas dificultades que enfrentó la economía colombiana en los gobiernos de Samper y de Pastrana.  En cuanto a la última, fracasó.  Lejos de haber propiciado la cohesión social, lo radical del discurso de Uribe, tanto a nivel interno como a nivel internacional, generó que la población se radicalizara en lo que hoy en día se denomina polarización.  Desde Uribe I, el país no he dejado de estar polarizado.

Le imagen de Uribe, como individuo, era impecable.  Durante su primer gobierno, a él raramente lo cogieron "fuera de lugar", y transmitió constantemente la imagen de un líder bien estructurado, que sabía de diversos temas, tenía buenas intenciones e incluso tenía gusto por declamar poesía.  Nada de su forma de actuar en público generaba abierto rechazo.

En mi opinión personal, Uribe cometió un error grave: haber intentado meter una reforma constitucional masiva a través de la figura del referendo.  Como se daría cuenta el país en ese momento, el referendo fue constitucionalmente mal diseñado, porque no fue pensado para el contexto de un país tan abstencionista como este, en donde la gente que realmente vota no solía superar el 50% de los votos posibles.  En consecuencia, no bastaba que ganara el SÍ, sino que la votación total tenía que superar el umbral.  A excepción de una de las preguntas en un listado de 14, las otras 13 no alcanzaron a superar el umbral de votos, a pesar que el SÍ ganaba de manera apabullante en cada una de las preguntas.  En consecuencia, era un espaldarazo masivo a las ideas propuestas por Uribe, pero una derrota electoral por haber sobreestimado la cantidad de votantes que acudirían.  El error grave no fue ese, sino el temario del referendo: estaba destinado a ser una reforma anticorrupción a nivel constitucional.  El mensaje era claro: el gobierno de Uribe no toleraría la corrupción.

Siguiendo la secuencia presentada, Uribe tenía una imagen impecable, e intentó constitucionalmente meter una reforma robusta en materia anticorrupción (uno de los problemas más grandes que ha tenido y aún tiene este país).  El problema que se presentó, es que gran parte del círculo cercano al Presidente, incluyendo ministros, directores de departamentos administrativos, y secretarios, estaban metidos en importantes escándalos de corrupción y de abuso de poder.  Existe un adagio popular que dice: "Dime con quién andas y te diré quién eres". En el caso de Álvaro Uribe Vélez, curiosamente nadie quería aplicar ese adagio, y por lo tanto Uribe mantuvo durante mucho tiempo la imagen de santo, al punto que muchas personas de manera sarcástica empezaron a referirse a él como "el mesías".  El país estaba dispuesto a creer que él era intachable sino que lamentablemente estaba mal rodeado.


Imagen tomada de: www.lafm.com.co

Mientras el país en general mostraba muy buenos resultados frente a muchas de las cosas que había prometido, el tiempo permitió mostrar con cada vez mayor evidencia, que Álvaro Uribe Vélez no era tan santo como se pensaba inicialmente.  Quizá el momento culmen de ese descubrimiento fue cuando se destapó la manera como Uribe compró los votos para que se pudiese generar la reforma constitucional que permitiese su reelección.  Algunos colombianos nos quedamos con la imagen de que alguien "tan bueno" no haría algo tan bajo como lo que se documentó en lo que se conoció como la yidispolítica, y que por lo tanto, si bien había hecho muchas cosas bien, era mejor no reelegir a alguien con un manto de duda tan relevante.  La mayoría del país, sin embargo, o no quiso ver o no pudo ver eso, y consideró que estaba contenta con el rumbo que llevaba el país, y decidió reelegirlo para un segundo periodo.

Opinión a partir de lo que no se vio.

Según relaté en el ingreso anterior, relacionado con el gobierno de Pastrana, estando yo prestando servicio militar escuché a oficiales diciendo que la situación del país no cambiaría mientras no se aceptara una alianza con el paramilitarismo, porque buscábamos lo mismo (acabar con las FARC) y por lo tanto, los logros de las fuerzas armadas o de los paramilitares, eran los logros de ambos.  En ese momento, el fenómeno del paramilitarismo todavía se percibía como un mecanismo de defensa extraoficial frente a la crueldad de las FARC y por lo tanto no era percibido unánimemente como un mal fenómeno.

Sin embargo, como suele ocurrir con este tipo de fenómenos (con las FARC pasó exactamente lo mismo) lo que empezaba como un ejercicio de "defenderse de", empezó a corromperse cada vez a mayor medida, hasta el punto que para responder a cosas como el burro bomba, el collar bomba, perpetrados por la guerrilla, las autodefensas empezaron a masacrar poblaciones enteras e incluso a realizar desmembramientos para mostrar hasta donde estaban dispuestos a llegar.  A su vez, los "éxitos" operativos de esos grupos paramilitares implicaban mayores costos de financiación, y similarmente como ocurrió con las FARC, lo que empezó como un mecanismo de "defenderse de" terminó convertido en una empresa criminal casi idéntica en lo operativo a aquellos que decían atacar.

Durante el primer gobierno de Uribe, ya era claro que los paramilitares eran una organización criminal, pero por ser más reciente en el tiempo, no eran tan odiadas.  Poco se sabía en ese momento, que el paramilitarismo tenía congresistas puestos por ellos, y que eran simpatizantes del Gobierno de Uribe.  Aun hoy no es claro si existían vínculos reales de Uribe con el paramilitarismo (mucha evidencia apunta a que sí, pero no es totalmente claro).  Sin embargo, hay demasiados indicios de que si bien podría no ser un "miembro oficial", cuando menos era un simpatizante del objetivo último de ese grupo.  Cabe recordar que al padre de Uribe lo había matado un grupo guerrillero, episodio en el que resultó herido el hermano del hoy expresidente.  Como se ha visto ampliamente a lo largo de la historia, muchas de las alianzas políticas y/o militares no se dan por "simpatía a favor de" sino "antipatía en contra de".  La evidencia sí muestra, en todo caso, que la diferencia entre operativos en contra de la guerrilla y operativos en contra de los grupos paramilitares, eran más que evidentes.

Además de la aparente alianza de las fuerzas regulares del Estado colombiano en contra de la guerrilla, y de las "sinergias" entre agencias del Estado y ese grupo, el éxito aparente de los operativos de la política de la seguridad democrática generó un problema grave y es que, dado que se empezaron a medir los éxitos operativos a partir de bajas en la guerrilla, se empezaron a fabricar esas bajas.  Mientras el país se contentaba con que le anunciaran que habían guerrilleros muertos en operativos, pocos preguntaban cómo fueron esos operativos, y por lo tanto, lo importante era ver los muertos.  Cuando no se realizaban los operativos, se simulaban.  En consecuencia, a muchas personas los mataron sin ningún tipo de justificación, o mejor, los ejecutaron a sangre fría, y posteriormente los mostraban como si fueran bajas en combate, mejoraban el prestigio de los miembros de la fuerza pública, del gobierno, y por supuesto, de Uribe.  Eso se sabe hoy.  En ese momento, tan solo se rumoraba.  No es claro si Uribe directamente haya incentivado esto, pero sí es claro que no hizo nada por evitarlo.

Conclusión:

El Gobierno de Uribe, cumplió con dos de sus tres promesas y eso hizo que el pueblo colombiano (con el conocimiento del momento en 2006) lo volviera a reelegir gustoso.  La gente pasó de estar encerrada esperando que la guerrilla se tomara la capital del país (como estuvo cerca de ocurrir) a sentirse medianamente segura, y eso en sí mismo era suficiente para que Uribe fuese amado.  Que Uribe fuese amado lo hizo sentirse indispensable y como era él el único que podía salvarnos, cambiaron la Constitución una vez (y casi dos, según veremos luego) para que pudiese ser reelegido.  Estuvo siempre mal rodeado y luego de que su apetito por el poder quedó evidenciado con la compra del trámite legislativo que permitió la reelección, es claro que su lucha abierta en contra de la corrupción no fue tal, y que incurrió en esas mismas prácticas que decía combatir.  Enseñó una lección que luego nos han recordado otros "adalidades de la lucha contra la corrupción": nunca confíen en alguien que dice que luchará de frente contra la corrupción.

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