sábado, 19 de septiembre de 2026

Mi opinión sobre la presidencia de Ernesto Samper Pizano

 NOTA PRELIMINAR: Esta es la segunda entrada de la serie acerca los distintos presidentes que he tenido la oportunidad de racionalizar, o mejor, digerir.  En este caso, es conveniente que quienes no vivieron esta presidencia, o simplemente tienen mala memoria, revisen la miniserie lanzada por HBO en su canal, titulada "El 8000: El presidente que se iba a caer". Si bien no se centra en el gobierno de Samper, sí se refiere al personaje.

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Hasta que viví el recientemente finalizado gobierno de Gustavo Petro, no pensé que conocería un Presidente más malo que Ernesto Samper Pizano.  Lamentablemente lo conocí.  Sin embargo, eso no le quita nada a lo que fue este nefasto periodo en la Historia.

Iniciemos por lo  siguiente: Ernesto Samper casi muere en 1989, en un atentado en el que el Senador José Antequera, y él mismo sufrieron en el Aeropuerto El Dorado.  Antequera murió, y Samper sobrevivió. Era la época en que a la Unión Patriótica la exterminaron.  Al parecer, Samper no era el objetivo principal, era Antequera. Esto último, sin embargo, es debatible.

Para el año 1994, Gaviria estaba terminando un Gobierno con percepción favorable y para ese momento, Colombia hasta ahora empezaba a inaugurarse en lo que hoy en día se ha vuelto pan de cada día: la creación de partidos y movimientos al por mayor y al detal, y según el "líder" del momento. Por lo tanto, las candidaturas que todavía pesaban más en ese momento, eran las de los liberales, y la de los conservadores.  Samper era el candidato de los liberales y Andrés Pastrana era el de los conservadores (aunque se inscribió por un movimiento distinto).

Para poder ganar, Samper hizo de todo. Le copió el jingle publicitario a su oponente y le cambio un par de palabras y se promocionó a sí mismo con él.  El lema de la campaña de Samper era acerca del "Salto social" mientras que Pastrana le había apuntado a que era "El momento de Colombia, el momento de la gente".  De manera descarada, Samper sacó un jingle con la misma melodía, que decía "Porque es el tiempo de la gente, Samper Presidente".

Para poder ganar, Samper hizo de todo. Le pidió dinero al Cartel de Cali.  Lo pidió, lo usó, lo negó y vendió a quien tuviera que vender para salvar su propio trasero.  A eso se dedicó cuatro años, desde el 7 de agosto de 1994 hasta el 7 de agosto de 1998.  La campaña de Samper se había gastado casi todo el dinero antes de la primera vuelta y estaba casi virtualmente empatado con Pastrana.  Estaban desesperados por plata, y se vendieron al Cartel de Cali.  Pastrana lo supo, se lo informó tanto a Samper como al Presidente Gaviria, y dado que uno se hizo el loco, y el otro también, tomó una decisión que sería polémica, porque se puede leer de distintas maneras según el punto de vista: Al conocerse el resultado de la segunda vuelta, Pastrana salió en su discurso "de aceptación del resultado" a informar acerca de lo que se conocería en adelante como "los narcocassettes", es decir las grabaciones que implicaban la campaña de Samper con dinero del Cartel de Cali.

El Gobierno de Samper inició deslegitimado.  Todo el mundo en el país supo que el Cartel de Cali puso Presidente de la República. Sin embargo, en ese episodio se vislumbró por primera vez un serio problema que trajo consigo la Constitución de 1991: volvió virtualmente "intocable" a un Presidente en ejercicio.  Reitero lo que dije atrás: todo el mundo sabía que el Cartel de Cali puso Presidente.  Sin embargo, Samper no se cayó.


Imagen tomada de: https://www.biografiasyvidas.com/biografia/s/samper_pisano.htm

Por qué no se cayó, es de lo que realmente trata este escrito, porque Samper no gobernó, sobrevivió cuatro años.  Miremos por qué:

1) Jurídicamente era imposible tumbarlo.  Para poder tumbar a Samper, debían obtener la condena de un Presidente en ejercicio.  Eso implicabalo mismo que hoy, que políticos con motivaciones políticas y apetito de político, decidan "en derecho". Lo intentaron, y como era de esperar, los políticos no vieron mérito en acusar formalmente a Samper.  Archivaron la investigación en su contra.

2) Mataron a Elizabeth Montoya de Sarria ("La monita retrechera").  Era la principal testigo de que Samper conocía y directamente autorizó que el dinero del Cartel de Cali ingresara a su campaña.  Fue capturada junto con su marido, pero curiosamente cuando iba a declarar lo que sabía, la mataron.  Nunca se establecieron responsabilidades individuales, pero no se requiere una condena para saber la verdad.

3) Mataron a Álvaro Gómez Hurtado. Según expuse atrás, era jurídicamente imposible tumbar a Samper.  En consecuencia, muchas personas (sí, muchas) en el Estado colombiano veían como un escenario muy deseable tumbar a Samper a la brava.  Quien era visto como el líder natural para hacerlo era Álvaro Gómez Hurtado, quien venía utilizando la tribuna del periódico "El Nuevo Siglo" para atacar duramente a Samper.  Cerca de 30 años después de su muerte, se sigue haciendo en circo con este magnicidio intentando distraer responsabilidades.  Tal y como dije atrás: no se requiere una condena para saber la verdad.

4) Las explicaciones 2 y 3, explican por qué razón muchos de los directamente implicados, testigos presenciales, cómplices y demás, tenían pánico de hablar.  Los medios de comunicación hicieron lo que estaba al alcance para que el público supiera la verdad, y la supo.  Cuestión distinta es que esa verdad no se tradujera en la caída de Samper, pero cualquier persona medianamente sensata que haya vivido esa época, sabe la clase de persona que es Ernesto Samper Pizano. Curiosamente, toda persona medianamente problemática resultaba curiosamente muerta.

5) El genio de Horacio Serpa Uribe.  Este tipo realmente se lució.  Si algo supo hacer bien Samper fue nombrar a su principal escudero. Horacio Serpa demostró ser un tipo hábil, locuaz, leal y supremamente inteligente.  Serpa se le midió a defender a Samper ante quien fuera, incluyendo a los Estados Unidos de América. Viéndolo desde el punto de vista del rol que cumplía, lo hizo excesivamente bien.  El problema real es que su rol funcional era profundamente inmoral y antiético.  Tanto Samper como él estaban dispuestos a lo que fuera con tal de que el primero no se cayera.  Lo lograron, pero es difícil establecer hasta qué punto vendió su alma al diablo.  Sé, por ejemplo, que decidí jamás votar por él. Personalmente creo que muchos como yo lo castigamos electoralmente y por eso no llegó a ser Presidente de la República ni en 1998 ni tampoco en 2002.

6) Los jefes del Cartel de Cali fueron capturados.  A estas alturas, no es relevante si fue por traición de Samper o a pesar de él (como se sugiere en la miniserie de HBO).  Lo cierto es que la caída de los capos le daba oxígeno a Samper desde la perspectiva política porque parecería que nada les debía a ellos.

Durante el gobierno de Samper, no hubo "Salto Social", y el país observó una vez más cómo personas inteligentes (porque Samper lo es), hacen lo que sea por el poder.  Samper, como la mayoría de políticos de estas latitudes se privilegió a sí mismo por encima del país.  Lo hizo todos los días durante cuatro años.  Por eso, lo que debería ser un ingreso sobre su gestión no es más que un recuento cronológico de lo que hizo para no caer.  

Despreciable...

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domingo, 13 de septiembre de 2026

Mi opinión sobre la presidencia de César Gaviria Trujillo

NOTA PRELIMINAR: El día de hoy inicio una serie acerca los distintos presidentes que he tenido la oportunidad de racionalizar, o mejor, digerir.  Si bien a lo largo de mi vida he tenido la oportunidad de haber vivido durante la presidencia de Julio César Turbay (parcialmente), Belisario Betancur y Virgilio Barco, la verdad es que era demasiado joven como para emitir una opinión sensata acerca de sus presidencias.  Sí recuerdo muy bien las presidencias que siguieron.  Por ello, haré un ingreso frente a cada uno de los Presidentes que siguieron, y emitiré mi opinión libre y desapasionada frente a cada uno de ellos, y lo que hicieron cuando tuvieron las riendas de este país.

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Lo primero que se debe decir acerca de César Gaviria Trujillo, es que nunca debió ser presidente. La disputa presidencial realmente era entre Álvaro Gómez Hurtado y Luis Carlos Galán Sarmiento.  Éste último era quien iba probablemente a ganar las elecciones presidenciales de 1990, pero lo mataron.  Fue una de esas campañas presidenciales que cobró la vida de muchos candidatos.  Era la época en que el diálogo fue sustituido por las bombas y las balas.  Estas últimas, siempre han sido protagonistas de nuestra Historia, y siguen siéndolo.  Las bombas, afortunadamente, no siempre.  Pero a finales de los años 80 e inicio de los 90, eran pan de cada día.

Galán murió y con él parecía morir la esperanza de muchas personas que creían en su integridad moral y en sus honestos deseos de mejorar el país a partir de una nueva forma de ver el liberalismo político. Dado que en ese entonces no existía la Vicepresidencia como está prevista en la Constitución de 1991, la gran pregunta de quién podía llenar ese vacío, fue solucionada con la llegada de César Gaviria, quien era un político joven que por sí mismo jamás habría podido haber llegado a la presidencia de Colombia, al menos en ese momento.

Es importante señalar esto, porque esa candidatura no tenía por qué haberse adelantado si Galán no hubiese sido asesinado, lleva a que en ese momento el hoy expresidente Gaviria fuese percibido exactamente como lo contrario a como lo es en la actualidad.  Gaviria actualmente representa todo lo que se conoce como la "política tradicional" en donde la ideología es tan solo una excusa para hacer pactos burocráticos para tener la mayor cantidad de poder posible, independientemente de a quién se apoye.  En 1989 y 1990, sin embargo, no era un político con peso ni larga trayectoria.  En consecuencia, su candidatura presidencial venía sin tantas ataduras y por lo tanto, el margen de maniobra que tenía era mucho mayor.

Ese simple hecho permitió que durante su presidencia se pudieran dar muchas cosas que probablemente en otro contexto no se habrían podido dar: la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente y la entonces denominada "apertura económica".  La Historia muestra que para llegar a ese tipo de cargos, se requiere apoyos y recursos, y que esos apoyos y recursos no llegan gratis.  Por ello, la posibilidad de cambiar el status quo de un país es sumamente difícil, porque normalmente los que tienen el poder real son los que impulsan o sepultan candidaturas.  En la presidencia de Gaviria, en cambio, existía esa falta de ataduras con ciertos sectores, lo que permitió que se juntaran distintos elementos que permitieron la llegada a Colombia de una nueva Constitución, que finalmente dejaba relegada la Constitución de 1886, de evidente raigambre conservador en todo sentido.


Imagen tomada de: www.elespectador.com/

El Presidente Gaviria se encargó de impulsar la apertura económica, algo que difícilmente tenga mucho sentido para los lectores más jóvenes quienes no pueden fácilmente dimensionar vivir en un país con una histórica tradición de proteccionismo económico.  El problema que tiene tomar ese tipo de decisiones, es que requieren de una preparación de base que el país no tuvo.  Esto es equiparable a lo que posteriormente fue el auge de los TLC (tratados de libre comercio), algo que suena buenísimo, pero que implica competir con economías mucho más fuertes y empresas mucho más robustas.  Evidentemente, la economía no funciona "a punta de ganas" y por eso es que la apertura económica era una muy buena idea en un muy mal momento.  Solo para que se hagan una idea, el valor de un dolar estadounidense, en comparación con el peso colombiano, paso de $515,97 el 07 de agosto de 1990, a $811,91 el 07 de agosto de 1994. Eso es 57% más de lo que costaba al iniciar su mandato.

A Gaviria le tocó lidiar con una mala infraestructura energética en el país, que era ( y sigue siendo hoy) hidrodependiente e incapaz de soportar sequías prolongadas.  Por eso, en ese momento en el país, se dio lo que se llama la "Hora Gaviria", que no era otra cosa que adelantar el reloj una hora.  Esto me recuerda que cuando yo inicié mis estudios de bachillerato, la hora oficial de inicio de clases era las 7:00 a.m. y en términos reales estábamos "realmente" iniciando a las 6:00 a.m.  Demencial...  El asunto es, que eso pasó y le tocó manejarlo a él como Presidente.

Bajo su mandato presidencial, se dieron mucho cambios a nivel institucional.  La Constitución de 1991 y el cambio institucional que de allí derivaba, la entrada en vigor de la Corte Constitucional, y más importante aún la acción de tutela.  Afortundamente, en 1991 algo pasó en el país, y se tomaron en serio los cambios que querían implementar.  Los magistrados que se seleccionaron para integrar la Corte Constitucional eran de primer nivel.  No eran el exabogado de sutanito, el exministro de perencejo, y así como sucede hoy.  Afortunadamente fue así, porque muchas decisiones de primerísimo nivel se fueron dando en el país en esa época y pasaban por esa Corte.  El costo de eso, era terrible, sin embargo.  La Corte Suprema de Justicia, no podía concebir que ya no fuese suprema, y durante muchos años (cerca de 20) se dieron constante decisiones encontradas en lo que después se vino a llamar "choque de trenes".

Cuando Gaviria entró al poder, el país era católico.  Al salir, era laico.  En su presidencia, el "coco" de los narcotraficantes colombianos era la extradición y por eso una de las peleas jurídicas más longevas de ese periodo era en torno de la aplicación de esa figura para los nacionales colombianos.  Cabe recordar que esa fue quizá la motivación principal por la que se ordenó la toma del Palacio de Justicia por parte del M-19 en 1985. En 1991 la discusión estaba viva e inicialmente la Asamblea Nacional Constituyente decidió apostar por la no extradición de nacionales.  Años después, se reversó esa decisión.

A Gaviria le tocó en su momento pasar de la lucha contra las guerrillas (que después volvería), a lidiar con la lucha en contra del narcotráfico, y en especial, con el Cartel de Medellín.  Hablar del Cartel de Medellín en esa época era hablar de Pablo Escobar, un hombre tan malo y tan dañino, que en un país lleno de personas malas y dañinas -lastimosamente- aún sigue siendo recordado como el número 1 en esa categoría, décadas después.  Escobar fue capturado, vivía en una especie de hotel-castillo institucional que se llamaba "La Catedral" y en donde el recluso era el que mandaba.  Posteriormente escapó de allí y enfrentó una feroz persecusion por parte de otros delincuentes, de algunos miembros no comprados del Estado colombiano, con el apoyo de los Estados Unidos, principalmente.  Esto daría con la muerte a tiros de este individuo, sobre el cual hay mucha y muy buena información que las generaciones jóvenes deberían consultar para intentar aprender algo del pasado.

Gaviria, que hoy en día es la imagen misma de la politiquería, de la clase política tradicional, del enquistamiento en el poder, de los pactos a cambio de burocrias, se volvió así.  En ese entonces, menos mal, intentó rodearse más o menos bien, y en su gobierno fue acompañado de personas generalmente buenas.  Tal vez esa mezcla interesante de fuerzas, sangre nueva, algo de espíritus buenos, y ausencia de tecnología más avanzada, llevó a que su gobierno pudiese medianamente sobrevivir.  Decir que fue un gobierno bueno, sería un error, pero visto la cantidad de retos que tuvo que enfrentar, tampoco se puede decir que fue un desastre.

Lamentablemente, la materia pendiente -y muy pendiente- que dejó ese gobierno, fue la lucha contra los grandes carteles.  Se le vio muy débil frente al Cartel de Medellín, y como se vería en las siguientes elecciones presidenciales, el Cartel de Cali puso presidente.


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sábado, 12 de septiembre de 2026

11 de septiembre de 2001 - Ingreso MUY crítico

Este no es un ingreso sobre lo que viví ese día.  Este no es un ingreso sobre lo que sentí ese día.  Este no es un ingreso sobre la experiencia de ver el terrorismo en vivo y en directo. Este es un ingreso sobre por qué siento que la especie humana es absolutamente incapaz de aprender de su propia historia.

El 11 de septiembre de 2001, la humanidad NO cambió para siempre.  El 11 de septiembre de 2001 simplemente se dio algo que no se había producido hasta el momento: todo lo que alguna vez creyó la gente que era cierto y seguro en el mundo, entró en crisis en un mismo momento: la certeza de que Estados Unidos no podría ser víctima del terrorismo a gran escala, la certeza de que volar es la forma más segura de viajar, la certeza de que el bien siempre triunfa sobre el mal, el convencimiento de que el mal es algo lejano, difuso, distante.

Ayer se conmemoraron 25 años de ese ataque. Cuando ocurrió, tenía 21 años y aún hoy recuerdo vividamente ese momento. Y sin embargo, ayer, viendo las distintas noticias, crónicas podcasts y demás sobre esa fecha, siento lo mismo que sentí después de la pandemia de COVID-19: que somos absolutamente incapaces de aprender algo significativo de las lecciones del pasado.  Veamos:

Como consecuencia de los atentados yihadistas, Estados Unidos libró dos guerras, una contra Afganistán y otra contra Irak.  En ambos casos las perdió exactamente por la misma razón que Rusia y Estados van perder hoy sus guerras contra Ucrania e Irán.  La sensación de que tener una robusta máquina militar es suficiente para ganar ese tipo de guerras.  Esa lección no se aprendió.

Si se revisa con cuidado la narrativa de los yihadistas islámicos, ayer y hoy, el discurso es el mismo: su actuar es una respuesta a las estrategias de opresion, manipulación y agresión por parte de occidente, y específicamente por parte de los Estados Unidos. 25 años después, vemos al díscolo presidente de ese país iniciando guerras económicas, malgastando el presupuesto de su país para enriquecerse personalmente, y jugando a anexar Canadá, Groenlandia, por ejemplo. Esa lección no se aprendió.

Después de tal sensación de dolor, terror y estupefacción que dominó al mundo durante años, uno pensaría que la idea de intentar vivir en paz, en concordia, de aceptar que en momentos como esos no importa la raza, el género, el gusto político, prevalecería.  Hoy, sin embargo, tenemos un mundo fragmentado, reviviendo los mismos discursos nacionalistas que impulsaron todo la escenografía geopolítica que rodeó a la segunda guerra mundial. Ahí no va una, sino dos lecciones no aprendidas.

Desde 2001, los gobernantes del mundo tomaron una decisión inconsulta: la seguridad legitima todo.  Se legitimó la tortura, la hipervigilancia, la intromisión en la vida e intimidad de cualquier ser humano en el mundo, quiéralo o no, y la necesidad de querer controlarlo todo. Si le preguntan a un palestino, su mundo no es más seguro.  Si le preguntan a un venezolano, su mundo no es más seguro.  Si le preguntan a un ucraniano, la respuesta es la misma.  Podría seguir, pero el tiempo no alcanza.  Ejemplos hay demasiados. Un cuarto de siglo nos permite mostrar que cuando decían seguridad, en realidad lo que se quería era control, que no es lo mismo. Otra lección no aprendida.

Curiosamente, la última lección que nos está dejando la historia, y que ha sido muy recientemente documentada, deriva de la mentira más grande que dejó el 11 de septiembre de 2001, la creencia de que la especie humana valora y privilegia la vida por encima de todo.  Lo dicen todas las constituciones del mundo, y sin embargo avanzamos a pasos acelerados a desarrollar una tecnología que nos puede y debe erradicar.  No existe una sola razón lógica por la cual no debería hacerlo.  Realmente, somos inútiles para cualquier propósito que no sea meramente egoísta.  Y somos demasiados.


Imagen tomada de: https://omniversal-battlefield.fandom.com/wiki/Death_(Fables_%26_Folklore)

Frente a ese mismo punto, en X he tenido la oportunidad de intentar leer (no lo he logado al 100%) un artículo escrito hace mucho sobre el "hombre que cae" o The Falling Man.  Para los que lo han recomendado, no tengo ni idea que puede estar pasando por su cabeza.  Pareciera, si seguimos la lógica de ese artículo, que es una reinterpretación artística de una decisión desesperada, y de la resignación que conllevaba conocer una muerte segura.  Su bella prosa, el uso de adjetivos grandilocuentes pareciera que nos permiten caer con él...  Absolutamente despreciable.  Detesto a los amarillistas, sepan escribir con ingenio, o no.  Son detestables.   Ese hombre, y tantos otros que murieron no merecen ser recordados por lo artístico, lo grotescamente bello de su partida, sino por lo que han hecho en vida, y eso les interesa poco a los consumidores del morbo de lo macabro.  No nos interesa "la vida", nos interesa la muerte.  Nos gusta hablar de ella como si fuera lo mismo que la vida, pero no lo es.  Al ser humano le gusta la experiencia de la muerte.  De lo contrario ¿por qué vemos ene mil pinturas sobre la crucifixión de Jesucristo en vez de tantas más sobre su vida y obra? ¿Por qué nos interesa tanto la explosión del Challenger, el hundimiento del Titanic, el Tsunami de Tailandia o la avalancha en Nepal?  En una sociedad en donde la gente es absolutamente incapaz de responder un saludo, menos aún de leer un libro, pretender que nos interesa la vida, es la mentira principal que se pretende reivindicar en día como el 11 de septiembre de 2001.

Cómo me habría gustado, 25 años después, poder escribir sobre las lecciones aprendidas a partir de ese día.  No hemos podido, ni hemos querido aprender nada.

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