jueves, 24 de septiembre de 2026

Mi opinión sobre la presidencia de Andrés Pastrana Arango

NOTA PRELIMINAR: Esta es la tercera entrada de la serie acerca los distintos presidentes que he tenido la oportunidad de racionalizar, o mejor, digerir.  Se sugiere al lector revisar los dos primeros ingresos (sobre Gaviria y Samper) antes de revisar este.  Lo anterior, dado que hay hechos tratados allí que se dan por conocidos en este ingreso, por razones de espacio.

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En 1998, el panorama de Colombia era muy distinto que el de cuatro años antes. Para 1994, existía un optimismo institucional que fue dinamitado debido a que Samper hipotecó su alma a quien fuese con tal de no caerse.  En esos ocho años el "malo del paseo" cambió varias veces.  Sin embargo, para entender esto, conviene irse unos años atrás.

Colombia desde que existe, ha sido especialista en ser violenta.  En los 80s, las guerrillas eran la principal fuente de violencia armada durante un importante lapso.  Las FARC, ELN, el EPL y el M-19 todas tenían su participación.  De ellas, el M-19 venía mostrando una mayor notoriedad, lo que la catapultó al primer puesto, a raíz de la toma del Palacio de Justicia en 1985. Entre 1985 y 1990, los principales adversarios eran ese grupo guerrillero, y el Cartel de Medellín, como parte del creciente fenómeno del ascenso de los carteles del narcotráfico. Desmovilizado el M-19 como grupo guerrillero, el principal fenómeno violento del país era el cartel de Medellín, con las caras visibles de Gonzalo Rodríguez Gacha (muerto en 1989) y Pablo Escobar Gaviria (muerto en 1993).  Desde la muerte de Escobar, a Samper le tocó "perseguir" a los que lo ayudaron a llegar al poder, el Cartel de Cali, pero mientras tanto, la guerrilla de las FARC empezó a ganar terreno rápidamente y mutó de una guerrilla liberal, a una narcoguerrilla con control territorial.

En el gobierno de Samper inició una ofensiva guerrillera en donde las tomas guerrilleras a municipios, bases militares, empezó a volverse cada día más común y más agresivo.  Si bien todas las guerrillas estaban mutando a ese nuevo "modelo de negocio", la más aventajada en ese ámbito era las FARC. Para 1998, venían realizando tomas guerrilleras que en palabras castizas, implicaba control militar territorial, masacres y secuestros.  Era la prueba de que el Estado colombiano NO tenía el control territorial de todo el territorio nacional.

El "malo del paseo" que definió el gobierno de Pastrana, era las FARC.  La carrera presidencial de 1998 estaba casi que totalmente definida por ese ítem.  Para ese entonces, Álvaro Gómez hurtado había sido asesinado, y la contienda presidencial se definía entre Andrés Pastrana Arango, quien repetía candidatura luego de su derrota en 1994, y Horacio Serpa Uribe, el formidable escudero de Ernesto Samper Pizano.  Si bien la pelea fue bien dura, gran parte del país votó por Pastrana, en una modalidad de decisión electoral que para ese momento era nueva en el país, pero que en la actualidad es tal vez la principal motivación electoral: no se trataba de votar a favor de Pastrana, sino de votar en contra de Serpa. Muchos de los que vivimos los cuatro nefastos años de Samper, no queríamos cuatro años más de lo mismo.  Además, sobre Serpa, quien siempre fue un tipo muy inteligente y capaz, pesaría algo que no lo abandonaría hasta su muerte: la acusación de haber participado en el magnicidio de Álvaro Gómez Hurtado.

Lo cierto es que Pastrana se la jugó por intentar lograr desmovilizar a las FARC y diseñó un proceso de paz que involucraba la creación de un espacio territorial exento de fuerzas armadas del Estado colombiano.  Esto se puede leer de distintas maneras: una muestra de buena fe del Estado de una intención real de paz; el reconocimiento velado de que el Estado no tenía control territorial pleno; una capitulación a las FARC ante un estado de cosas en donde estaban ganando demasiado terreno; un intento por mantenerlos contenidos mientras se reorganizaban las fuerzas estatales; etc. Más allá de intentar reescribir la Historia, lo que interesa aquí es contar lo que verdaderamente pasó.

La denominada "zona de distensión" no fue una zona de distensión. Fue una zona de inviolabilidad, similarmente a como funcionan las embajadas.  Era territorio colombiano formalmente, pero allá no entraba nadie, y la verdadera autoridad era las FARC.  Las FARC nunca se tomó en serio el proceso de paz con Pastrana, y lo mostró desde el día 1.  El 7 de enero de 1999, en la inauguración de las mesas de diálogo, estuvo presente el Presidente Pastrana, y no estuvo presente el Comandante de las FARC, Pedro Antonio Marín, conocido formalmente como alias "Manuel Marulanda", quien también conocido informalmente por el alias de "Tirofijo".  A ese episodio se le conoce en la cultura popular colombiana como el episodio de "La Silla Vacía".

Imagen tomada de: www.elespectador.com 

Si se mira a partir de algunas de las carteras que conforman el Gobierno de Pastrana, su mandato no fue malo.  Aún hoy, muchas de las leyes más importantes que se han expedido, se expidieron en su Gobierno.  El Plan Colombia, a nivel de relaciones internacionales y financiación de un aparato militar medianamente serio, son aciertos innegables.  Sin embargo, es imposible calificar el Gobierno de Andrés Pastrana como un buen gobierno porque fracasó en aquello por lo que se la jugó en su campaña, el proceso de paz con las FARC.  Más aún, ese fracaso estrepitoso, generó un problema igualmente delicado, como lo fue el auge de las formalmente llamadas autodefensas, que el pueblo colombiano conoce mejor con el nombre de paramilitares.

Pretender entender el fenómeno de los paramilitares sin entender ese contexto de orden público en ese momento específico, es imposible.  El proceso de paz, por definición, implicaba respetar las reglas de la zona de distensión.  Para ese momento, las FARC utilizaron el secuestro extorsivo como mecanismo 1A de financiación.  Salir por una carretera exponía a cualquier persona a ser secuestrado, en lo que se llamó eufemísticamente como las "pescas milagrosas".  Las unidades militares estaban siendo atacadas con pipetas de gas modificadas con metralla para servir como granadas de mortero gigantes.

Lo conozco perfectamente bien porque en ese momento yo personalmente me salvé de dos ataques de esos.  Dado que iba a ser trasladado al Batallón Colombia No. 3 en Egipto, usualmente el relevo de soldado se concentraba en el Batallón de Artillería de Usme.  Por temas del destino, nuestro relevo se concentró en el Batallón de Ingenieros Militares de Puente Aranda y por esa razón me salvé de un ataque que se llevó a cabo en el batallón de artillería mencionado.  Además, ya habiendo salido de la Escuela Militar de Cadetes, que era donde quedaba el Batallón de Servicios No. 19, que era en el que presté la mitad de mi servicio militar, fue igualmente blanco de un ataque por parte de las FARC.  No me salvé de uno, sino de dos ataques de esos.

Mi historia no es relevante porque "pobrecito yo", o "soy un milagro viviente", sino porque demuestra que las FARC no se estaban defendiendo del Estado, sino que era el Estado el que se estaba intentando defender de las FARC en una época en el que había instrucciones de frenar ofensivas en virtud del proceso de paz.  Para muchos de los miembros de las fuerzas regulares del Estado, existía evidente desmotivación ante la instrucción de "no hacer nada" mientras que las FARC secuestraba, enviaba pipetas de gas, mataba y le "mamaba gallo" al proceso de paz.  Eso potenció que muchos de los oficiales y suboficiales de las fuerzas militares apoyaran a grupos de personas que se organizaron para hacerle frente a las FARC (las autodefensas).

 La lógica detrás de esos enfrentamientos era de desincentivos:  Si usted me quita un dedo, yo le quito una mano. Si usted mata a una persona, yo le mato a toda su familia, así sucesivamente.

El fracaso del gobierno de Pastrana fue doble: lejos de acabar con las FARC, estas se potenciaron "mamándole gallo" al proceso de paz, y eso generó que el fenómeno del paramilitarismo surgiera y se potenciara rápidamente, pues contaba con la bendición oculta de muchas personas, incluyendo militares, políticos, empresarios y "ciudadanos de a pie" que venían siendo víctimas de las FARC.

Por ello, tal vez el clímax de todo este desastre se pudo evidenciar en la masacre de Bojaya, el 2 de mayo de 2002 (unos meses antes de que Pastrana dejara el poder).  Se trató de un enfrentamiento entre la guerrilla de las FARC -que nacieron como defensores de los campesinos frente a la violencia del Estado- y los paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia -que nacieron como defensores de los ciudadanos frente a las narcoguerrillas-.  En ese episodio, ambas parte llegaron al punto de sevicia tal de bombardear una capilla repleta de personas que intentaban huir del combate y del horror.  Prefirieron matar a la población con tal de demostrarle a su oponente "quién era más berraco".

Cabe resaltar que en medio de todo esta violencia, el gobierno de Pastrana es recordado por muchos como aquél en el que mataron al reconocido humorista Jaime Garzón.

Al Gobierno de Pastrana, igual que a cualquier otro gobierno, lo podríamos medir por indicadores: el crecimiento del PIB, el precio del dólar, el déficit fiscal, entre otros.  Podríamos hablar de vías construidas o de quién era tal o cual ministro.  Sin embargo, cada gobierno debe ser analizado en su contexto específico, y a partir de sus objetivos específicos.  Pastrana duró algo más de tres años (desde enero de 1999 hasta febrero de 2002) apostándole a un proceso que nunca tuvo vocación de éxito.  Su terquedad y/o ingenuidad tuvo costos que van mucho más allá de lo político y que definieron en gran medida lo que ha sido la política colombiana de todo el siglo XXI.  Por ello, su gobierno no podrá nunca ser recordado como uno bueno.

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sábado, 19 de septiembre de 2026

Mi opinión sobre la presidencia de Ernesto Samper Pizano

 NOTA PRELIMINAR: Esta es la segunda entrada de la serie acerca los distintos presidentes que he tenido la oportunidad de racionalizar, o mejor, digerir.  En este caso, es conveniente que quienes no vivieron esta presidencia, o simplemente tienen mala memoria, revisen la miniserie lanzada por HBO en su canal, titulada "El 8000: El presidente que se iba a caer". Si bien no se centra en el gobierno de Samper, sí se refiere al personaje.

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Hasta que viví el recientemente finalizado gobierno de Gustavo Petro, no pensé que conocería un Presidente más malo que Ernesto Samper Pizano.  Lamentablemente lo conocí.  Sin embargo, eso no le quita nada a lo que fue este nefasto periodo en la Historia.

Iniciemos por lo  siguiente: Ernesto Samper casi muere en 1989, en un atentado en el que el Senador José Antequera, y él mismo sufrieron en el Aeropuerto El Dorado.  Antequera murió, y Samper sobrevivió. Era la época en que a la Unión Patriótica la exterminaron.  Al parecer, Samper no era el objetivo principal, era Antequera. Esto último, sin embargo, es debatible.

Para el año 1994, Gaviria estaba terminando un Gobierno con percepción favorable y para ese momento, Colombia hasta ahora empezaba a inaugurarse en lo que hoy en día se ha vuelto pan de cada día: la creación de partidos y movimientos al por mayor y al detal, y según el "líder" del momento. Por lo tanto, las candidaturas que todavía pesaban más en ese momento, eran las de los liberales, y la de los conservadores.  Samper era el candidato de los liberales y Andrés Pastrana era el de los conservadores (aunque se inscribió por un movimiento distinto).

Para poder ganar, Samper hizo de todo. Le copió el jingle publicitario a su oponente y le cambio un par de palabras y se promocionó a sí mismo con él.  El lema de la campaña de Samper era acerca del "Salto social" mientras que Pastrana le había apuntado a que era "El momento de Colombia, el momento de la gente".  De manera descarada, Samper sacó un jingle con la misma melodía, que decía "Porque es el tiempo de la gente, Samper Presidente".

Para poder ganar, Samper hizo de todo. Le pidió dinero al Cartel de Cali.  Lo pidió, lo usó, lo negó y vendió a quien tuviera que vender para salvar su propio trasero.  A eso se dedicó cuatro años, desde el 7 de agosto de 1994 hasta el 7 de agosto de 1998.  La campaña de Samper se había gastado casi todo el dinero antes de la primera vuelta y estaba casi virtualmente empatado con Pastrana.  Estaban desesperados por plata, y se vendieron al Cartel de Cali.  Pastrana lo supo, se lo informó tanto a Samper como al Presidente Gaviria, y dado que uno se hizo el loco, y el otro también, tomó una decisión que sería polémica, porque se puede leer de distintas maneras según el punto de vista: Al conocerse el resultado de la segunda vuelta, Pastrana salió en su discurso "de aceptación del resultado" a informar acerca de lo que se conocería en adelante como "los narcocassettes", es decir las grabaciones que implicaban la campaña de Samper con dinero del Cartel de Cali.

El Gobierno de Samper inició deslegitimado.  Todo el mundo en el país supo que el Cartel de Cali puso Presidente de la República. Sin embargo, en ese episodio se vislumbró por primera vez un serio problema que trajo consigo la Constitución de 1991: volvió virtualmente "intocable" a un Presidente en ejercicio.  Reitero lo que dije atrás: todo el mundo sabía que el Cartel de Cali puso Presidente.  Sin embargo, Samper no se cayó.


Imagen tomada de: https://www.biografiasyvidas.com/biografia/s/samper_pisano.htm

Por qué no se cayó, es de lo que realmente trata este escrito, porque Samper no gobernó, sobrevivió cuatro años.  Miremos por qué:

1) Jurídicamente era imposible tumbarlo.  Para poder tumbar a Samper, debían obtener la condena de un Presidente en ejercicio.  Eso implicabalo mismo que hoy, que políticos con motivaciones políticas y apetito de político, decidan "en derecho". Lo intentaron, y como era de esperar, los políticos no vieron mérito en acusar formalmente a Samper.  Archivaron la investigación en su contra.

2) Mataron a Elizabeth Montoya de Sarria ("La monita retrechera").  Era la principal testigo de que Samper conocía y directamente autorizó que el dinero del Cartel de Cali ingresara a su campaña.  Fue capturada junto con su marido, pero curiosamente cuando iba a declarar lo que sabía, la mataron.  Nunca se establecieron responsabilidades individuales, pero no se requiere una condena para saber la verdad.

3) Mataron a Álvaro Gómez Hurtado. Según expuse atrás, era jurídicamente imposible tumbar a Samper.  En consecuencia, muchas personas (sí, muchas) en el Estado colombiano veían como un escenario muy deseable tumbar a Samper a la brava.  Quien era visto como el líder natural para hacerlo era Álvaro Gómez Hurtado, quien venía utilizando la tribuna del periódico "El Nuevo Siglo" para atacar duramente a Samper.  Cerca de 30 años después de su muerte, se sigue haciendo en circo con este magnicidio intentando distraer responsabilidades.  Tal y como dije atrás: no se requiere una condena para saber la verdad.

4) Las explicaciones 2 y 3, explican por qué razón muchos de los directamente implicados, testigos presenciales, cómplices y demás, tenían pánico de hablar.  Los medios de comunicación hicieron lo que estaba al alcance para que el público supiera la verdad, y la supo.  Cuestión distinta es que esa verdad no se tradujera en la caída de Samper, pero cualquier persona medianamente sensata que haya vivido esa época, sabe la clase de persona que es Ernesto Samper Pizano. Curiosamente, toda persona medianamente problemática resultaba curiosamente muerta.

5) El genio de Horacio Serpa Uribe.  Este tipo realmente se lució.  Si algo supo hacer bien Samper fue nombrar a su principal escudero. Horacio Serpa demostró ser un tipo hábil, locuaz, leal y supremamente inteligente.  Serpa se le midió a defender a Samper ante quien fuera, incluyendo a los Estados Unidos de América. Viéndolo desde el punto de vista del rol que cumplía, lo hizo excesivamente bien.  El problema real es que su rol funcional era profundamente inmoral y antiético.  Tanto Samper como él estaban dispuestos a lo que fuera con tal de que el primero no se cayera.  Lo lograron, pero es difícil establecer hasta qué punto vendió su alma al diablo.  Sé, por ejemplo, que decidí jamás votar por él. Personalmente creo que muchos como yo lo castigamos electoralmente y por eso no llegó a ser Presidente de la República ni en 1998 ni tampoco en 2002.

6) Los jefes del Cartel de Cali fueron capturados.  A estas alturas, no es relevante si fue por traición de Samper o a pesar de él (como se sugiere en la miniserie de HBO).  Lo cierto es que la caída de los capos le daba oxígeno a Samper desde la perspectiva política porque parecería que nada les debía a ellos.

Durante el gobierno de Samper, no hubo "Salto Social", y el país observó una vez más cómo personas inteligentes (porque Samper lo es), hacen lo que sea por el poder.  Samper, como la mayoría de políticos de estas latitudes se privilegió a sí mismo por encima del país.  Lo hizo todos los días durante cuatro años.  Por eso, lo que debería ser un ingreso sobre su gestión no es más que un recuento cronológico de lo que hizo para no caer.  

Despreciable...

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domingo, 13 de septiembre de 2026

Mi opinión sobre la presidencia de César Gaviria Trujillo

NOTA PRELIMINAR: El día de hoy inicio una serie acerca los distintos presidentes que he tenido la oportunidad de racionalizar, o mejor, digerir.  Si bien a lo largo de mi vida he tenido la oportunidad de haber vivido durante la presidencia de Julio César Turbay (parcialmente), Belisario Betancur y Virgilio Barco, la verdad es que era demasiado joven como para emitir una opinión sensata acerca de sus presidencias.  Sí recuerdo muy bien las presidencias que siguieron.  Por ello, haré un ingreso frente a cada uno de los Presidentes que siguieron, y emitiré mi opinión libre y desapasionada frente a cada uno de ellos, y lo que hicieron cuando tuvieron las riendas de este país.

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Lo primero que se debe decir acerca de César Gaviria Trujillo, es que nunca debió ser presidente. La disputa presidencial realmente era entre Álvaro Gómez Hurtado y Luis Carlos Galán Sarmiento.  Éste último era quien iba probablemente a ganar las elecciones presidenciales de 1990, pero lo mataron.  Fue una de esas campañas presidenciales que cobró la vida de muchos candidatos.  Era la época en que el diálogo fue sustituido por las bombas y las balas.  Estas últimas, siempre han sido protagonistas de nuestra Historia, y siguen siéndolo.  Las bombas, afortunadamente, no siempre.  Pero a finales de los años 80 e inicio de los 90, eran pan de cada día.

Galán murió y con él parecía morir la esperanza de muchas personas que creían en su integridad moral y en sus honestos deseos de mejorar el país a partir de una nueva forma de ver el liberalismo político. Dado que en ese entonces no existía la Vicepresidencia como está prevista en la Constitución de 1991, la gran pregunta de quién podía llenar ese vacío, fue solucionada con la llegada de César Gaviria, quien era un político joven que por sí mismo jamás habría podido haber llegado a la presidencia de Colombia, al menos en ese momento.

Es importante señalar esto, porque esa candidatura no tenía por qué haberse adelantado si Galán no hubiese sido asesinado, lleva a que en ese momento el hoy expresidente Gaviria fuese percibido exactamente como lo contrario a como lo es en la actualidad.  Gaviria actualmente representa todo lo que se conoce como la "política tradicional" en donde la ideología es tan solo una excusa para hacer pactos burocráticos para tener la mayor cantidad de poder posible, independientemente de a quién se apoye.  En 1989 y 1990, sin embargo, no era un político con peso ni larga trayectoria.  En consecuencia, su candidatura presidencial venía sin tantas ataduras y por lo tanto, el margen de maniobra que tenía era mucho mayor.

Ese simple hecho permitió que durante su presidencia se pudieran dar muchas cosas que probablemente en otro contexto no se habrían podido dar: la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente y la entonces denominada "apertura económica".  La Historia muestra que para llegar a ese tipo de cargos, se requiere apoyos y recursos, y que esos apoyos y recursos no llegan gratis.  Por ello, la posibilidad de cambiar el status quo de un país es sumamente difícil, porque normalmente los que tienen el poder real son los que impulsan o sepultan candidaturas.  En la presidencia de Gaviria, en cambio, existía esa falta de ataduras con ciertos sectores, lo que permitió que se juntaran distintos elementos que permitieron la llegada a Colombia de una nueva Constitución, que finalmente dejaba relegada la Constitución de 1886, de evidente raigambre conservador en todo sentido.


Imagen tomada de: www.elespectador.com/

El Presidente Gaviria se encargó de impulsar la apertura económica, algo que difícilmente tenga mucho sentido para los lectores más jóvenes quienes no pueden fácilmente dimensionar vivir en un país con una histórica tradición de proteccionismo económico.  El problema que tiene tomar ese tipo de decisiones, es que requieren de una preparación de base que el país no tuvo.  Esto es equiparable a lo que posteriormente fue el auge de los TLC (tratados de libre comercio), algo que suena buenísimo, pero que implica competir con economías mucho más fuertes y empresas mucho más robustas.  Evidentemente, la economía no funciona "a punta de ganas" y por eso es que la apertura económica era una muy buena idea en un muy mal momento.  Solo para que se hagan una idea, el valor de un dolar estadounidense, en comparación con el peso colombiano, paso de $515,97 el 07 de agosto de 1990, a $811,91 el 07 de agosto de 1994. Eso es 57% más de lo que costaba al iniciar su mandato.

A Gaviria le tocó lidiar con una mala infraestructura energética en el país, que era ( y sigue siendo hoy) hidrodependiente e incapaz de soportar sequías prolongadas.  Por eso, en ese momento en el país, se dio lo que se llama la "Hora Gaviria", que no era otra cosa que adelantar el reloj una hora.  Esto me recuerda que cuando yo inicié mis estudios de bachillerato, la hora oficial de inicio de clases era las 7:00 a.m. y en términos reales estábamos "realmente" iniciando a las 6:00 a.m.  Demencial...  El asunto es, que eso pasó y le tocó manejarlo a él como Presidente.

Bajo su mandato presidencial, se dieron mucho cambios a nivel institucional.  La Constitución de 1991 y el cambio institucional que de allí derivaba, la entrada en vigor de la Corte Constitucional, y más importante aún la acción de tutela.  Afortundamente, en 1991 algo pasó en el país, y se tomaron en serio los cambios que querían implementar.  Los magistrados que se seleccionaron para integrar la Corte Constitucional eran de primer nivel.  No eran el exabogado de sutanito, el exministro de perencejo, y así como sucede hoy.  Afortunadamente fue así, porque muchas decisiones de primerísimo nivel se fueron dando en el país en esa época y pasaban por esa Corte.  El costo de eso, era terrible, sin embargo.  La Corte Suprema de Justicia, no podía concebir que ya no fuese suprema, y durante muchos años (cerca de 20) se dieron constante decisiones encontradas en lo que después se vino a llamar "choque de trenes".

Cuando Gaviria entró al poder, el país era católico.  Al salir, era laico.  En su presidencia, el "coco" de los narcotraficantes colombianos era la extradición y por eso una de las peleas jurídicas más longevas de ese periodo era en torno de la aplicación de esa figura para los nacionales colombianos.  Cabe recordar que esa fue quizá la motivación principal por la que se ordenó la toma del Palacio de Justicia por parte del M-19 en 1985. En 1991 la discusión estaba viva e inicialmente la Asamblea Nacional Constituyente decidió apostar por la no extradición de nacionales.  Años después, se reversó esa decisión.

A Gaviria le tocó en su momento pasar de la lucha contra las guerrillas (que después volvería), a lidiar con la lucha en contra del narcotráfico, y en especial, con el Cartel de Medellín.  Hablar del Cartel de Medellín en esa época era hablar de Pablo Escobar, un hombre tan malo y tan dañino, que en un país lleno de personas malas y dañinas -lastimosamente- aún sigue siendo recordado como el número 1 en esa categoría, décadas después.  Escobar fue capturado, vivía en una especie de hotel-castillo institucional que se llamaba "La Catedral" y en donde el recluso era el que mandaba.  Posteriormente escapó de allí y enfrentó una feroz persecusion por parte de otros delincuentes, de algunos miembros no comprados del Estado colombiano, con el apoyo de los Estados Unidos, principalmente.  Esto daría con la muerte a tiros de este individuo, sobre el cual hay mucha y muy buena información que las generaciones jóvenes deberían consultar para intentar aprender algo del pasado.

Gaviria, que hoy en día es la imagen misma de la politiquería, de la clase política tradicional, del enquistamiento en el poder, de los pactos a cambio de burocrias, se volvió así.  En ese entonces, menos mal, intentó rodearse más o menos bien, y en su gobierno fue acompañado de personas generalmente buenas.  Tal vez esa mezcla interesante de fuerzas, sangre nueva, algo de espíritus buenos, y ausencia de tecnología más avanzada, llevó a que su gobierno pudiese medianamente sobrevivir.  Decir que fue un gobierno bueno, sería un error, pero visto la cantidad de retos que tuvo que enfrentar, tampoco se puede decir que fue un desastre.

Lamentablemente, la materia pendiente -y muy pendiente- que dejó ese gobierno, fue la lucha contra los grandes carteles.  Se le vio muy débil frente al Cartel de Medellín, y como se vería en las siguientes elecciones presidenciales, el Cartel de Cali puso presidente.


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