miércoles, 4 de febrero de 2026

¿Por qué votamos por quien votamos?

 No me gusta la democracia, nunca me ha gustado.  Según mi mamá, eso es algo que bajo ninguna circunstancia debería revelar, o decir en público, porque habla muy mal de mí y de mi formación.  A pesar de ello, sigo creyendo que no debería sentirme avergonzado de pensar que no me gusta la democracia.  Y a pesar de las descalificaciones prematuras, creo que tengo muy buenas razones de fondo para que no me guste.

Una de esas razones es la que pienso tratar hoy: ¿Por qué votamos como votamos?  Sin embargo, conviene presentar unas advertencias de entrada.

1) Contrario a lo que cree la generalidad de la población, la mayoría de personas que habitan en el país, y votan, no es buena.  Es un contrasentido lógico pensar que en un mundo de ruiseñores, colibríes y cachorritos inofensivos tengamos un Código Penal tan extenso como el que tenemos.  Esos delitos que están en ese libro no son fruto de un bellísimo experimento mental para idear potenciales conductas indebidas que nadie nunca cometió ni cometerá.  No fue una manzana podrida en este jardín del Edén quien hace milenios cometió un delito.  Vivimos rodeados del delito a toda hora y en todo lugar.  Luego, POR FAVOR, no nos mintamos creyendo que aquí "los buenos somos más".

2) La democracia representativa, como en la que estamos en Colombia, implica que la gente elige a sus representantes.  Todas las personas a las que me referí atrás, votan.  Algunos incluso hacen que voten por ellos.  Los eligen, y con muy buena cantidad de votos.  Este ingreso de hoy no está dirigido para ellos, porque la respuesta a la pregunta inicial se puede despachar en una oración: ¿por qué razón vota una mala persona, por otra mala persona? Porque en mayor o menor medida, lo representa y quiere que alguien igual de malo a él o ella, mande.

3) Este escrito, entonces, está dirigido a personas que son cumplidores de la ley y las buenas costumbres: Para ti que no eres capaz de saludar o responder un saludo, este escrito no es para ti.  Para ti que crees que el semáforo es para los demás pero no te aplica a ti, esto que escribiré no es para ti.  Para ti que le prometes fidelidad de por vida a tu esposo o esposa pero cada dos o tres años renuevas tu amante de turno, este escrito no es para ti.  Para ti que nunca te han impuesto un comparendo porque siempre "te colaboras" con el agente de tránsido, este escrito no es para ti.

4) Lo que aquí diré en adelante, apunta a la razón.  En consecuencia, no es apto para imbéciles.  La manera específica como he empleado el término "imbécil" la he tomado de Santiago Ávila Vila, específicamente de su canal de Instagram "La gestión emocional".

Ahora sí, desarrollo la idea inicial: ¿Por qué votamos por quien votamos?

La gran mayoría de mi vida adulta, he entablado conversaciones políticas de distinta índole con amigos y familiares acerca de por quién vamos a votar en X o Y elecciones. Una respuesta "correcta" desde la utopía de la democracia participativa implicaría lo siguiente: 1) Identificar cuáles son los problemas que tengo y priorizarlos.  2) Ver cual de los candidatos aborda esos problemas 3) Ver cual es el plan de los candidatos que abordan los problemas que me importan, para ver cual de las propuestas me conviene. 4) Ver si lo que dice el candidato es consistente con lo que ha dicho y hecho en el pasado. 5) Verificar que ese candidato es alguien que sea capaz de ejecutar lo que dice que haría.

Lo anterior suena buenísimo, pero simplemente no funciona así.  Las personas no votan racionalmente sino pasionalmente.  Utilizaré dos ejemplos puntuales para ilustrar mi punto.

Ejemplo 1) Juan Manuel Santos.

En un ingreso titulado "Elecciones presidenciales I - Juan Manuel Santos", de 2010, escribí lo siguiente del entonces candiato presidencial Santos (el subrayado es de esta entrada, y no de aquella):

No ha salido como ganador de los debates, porque no ha logrado transmitir proyectos de gobierno propios.  Su desmedida lealtad hacia la figura del Presidente Uribe lo muestra como un continuador del mandatario actual.  El problema es que esa misma lealtad fue profesada hacia Pastrana, y otros más.  Esa capacidad de cambiar de parecer genera cierto temor hacia lo que ‘realmente’ haría si llegara a la jefatura de Estado.  Todavía no se ha aclarado si Santos sí buscó pactos con la guerrilla para derrocar a Samper.  Este episodio turbio, genera dudas que no ha logrado despejar Santos en los debates.

En el año 2014, el entonces Presidente Juan Manuel Santos se lanzó nuevamente a la presidencia de la República.  Quienes tengan memoria hasta allá, recordarán que para ese entonces ya era claro que no era el continuador de Uribe (a quien se le volteó), y que quería buscar un acuerdo de paz con las FARC, algo que era diametralmente contrario a lo que quería Uribe.

En ambos casos ganó Santos. ¿Y eso cómo es posible si representaba dos cosas diametralmente opuestas?  Claramente, la gente no votó por su consistencia ideológica, ni por sus propuestas programáticas. Esa capacidad de ser un camaleón en la política le ha brindado réditos a él, a Roy Barreras, a Francisco Barbosa, por poner solo algunos ejemplos.  Santos representa al político que dice lo que sea que tenga que decir para ganar simpatías y votos, y luego perfectamente cambiará de opinión y defenderá esa nueva opinión con feroz vehemencia, como lo hiciera con la primera.  Lo mismo será con su tercera, cuarta o quinta opinión.  En general, qué dice depende de cual ola es más grande.

Ejemplo 2) Gustavo Petro.

Cualquiera que hubiese hecho siquiera una mínima revisión de cuales eran las características de Gustavo Petro como alcalde de Bogotá, podría tener claro lo siguiente:

- Cambia miembros de su equipo como si fuese cambio de ropa interior.  En muchos casos porque los subalternos no se lo soportaban, y en otros casos, porque no se comportaban como los lacayos que él esperaba que fueran.

- Es un megalómano.  Una persona que habitualmente se refiere a sí mismo en tercera persona se considera tan legendario que tiene que referirse a sí mismo como a una obra de arte, como el objeto de su devoción.

- Es pésimo ejecutor. No le gusta gobernar, lo que le gusta realmente es hablar, y hablar mucho.

- No es ilustrado, no es inteligente.  Pretende serlo, que es distinto.  Como gran parte de la población no tiene la información suficiente sobre temas especializados, creen cualquier tontería que salga de su boca.

Hoy, a escasos meses de que termine su mandato, vemos EXACTAMENTE LO MISMO.  En otras palabras, estábamos más que preavisados, y aún así la gente votó por una idea vaga, vacía etérea, sin forma, inodora e incolora: "el cambio".  "El cambio" es lo que sea que él diga en el momento en que lo diga.  Es tan vago, que ni siquiera se tomó el trabajo de puntualizar el concepto clave que lo llevó a la presidencia.  Y somos tan poco racionales a la hora de votar, que miles de doctores, magísteres, exministros, y demás, les parece que votar por una palabra que no tiene definición, está muy bien.



Imagen tomada de: https://asociaciones.org

La actualidad.

Si uno mira las encuestas de intención presidencial, y tiene en cuenta todo lo que les acabo de señalar, le provoca llorar. Los dos candidatos con mayor intención de voto son Iván Cepeda, y Abelardo De la Espriella.  

El primero ha sido abiertamente defensor de los guerrilleros, de Chávez y de Maduro.  ¿Cómo es posible que puedan confiar para dirigir un Estado democrático en una persona cuyos aliados más cercanos desprecian la democracia y la legalidad?  Me da mucha pena que estén dispuestos a poner 4 años o más a alguien en el poder por el solo mérito de despreciar a Álvaro Uribe Vélez.  Eso no es serio. Repito: NO ES SERIO.

El segundo ha sido defensor de jefes paramilitares y tiene el especial talento de haber representado a David Murcia Guzmán, sacarle todo el dinero que pudo, y luego cuando sí tenía que entrar a defenderlo, dejarlo botado.  ¿Ese es el perfil de persona a la que le quieren encargar este país que está en crisis? Ser fantoche no suple la absoluta falta de preparación y conocimiento que se requiere siquiera para ser un mandatario mediocre.  Cuéntenle las ideas que realmente han salido de su boca durante el tiempo de campaña.  La falta de preparación es demasiado evidente.

Todo lo anterior demuestra que la mayoría de personas en este país no se toma en serio la democracia.  Si no somos siquiera capaces de buscar argumentos, sopesarlos y dejarnos convencer, sino simplemente pertenecemos a una horda de fanáticos, bien sea de izquierda o de derecha, nos merecemos exactamente lo que nos está pasando, así como en su momento Venezuela se mereció a Chávez, y hoy en día los Estados Unidos se merecen a Trump.  Cómo sería de bonito si la mayoría de gente se tomara medianamente en serio su responsabilidad democrática y al menos le metiera 5 pesitos de neuronas a sus decisiones electorales.  Por temas como "los pantalones", el tono fuerte y el "no se deja" es que la gente seguía a los reyes hace 5 siglos.  Si son tan amantes de la democracia, deberían comportarse como si realmente les importara las razones de su elección, y no comportarse como los siervos de la gleba en el medioevo.  Sí, es emocionante, pero no resuelve NUESTROS problemas, que sí requieren gente medianamente competente al frente.

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viernes, 30 de enero de 2026

El severo problema del Estado de Derecho, versión 2026

Tanto en mis clases de derecho como en las de filosofía, he tenido la oportunidad de estudiar algunas de las tantas teorías o explicaciones acerca de la autoridad, de la justicia y del derecho.  Es habitual, en este tipo de estudios, que le den la bienvenida a uno con el diálogo sobre la justicia que se encuentra en "La República" de Platón para definir que es lo justo, porque a partir de allí es que podría entrar a construirse una noción legítima de derecho.

Se puede pasar de allí a estudiar lo que del derecho podrían decir los jurisconsultos romanos más reconocidos a la largo de la Historia, San Agustín, Santo Tomás, Maquiavelo, Bodin, Hobbes, Locke, Rousseau, Bentham, Kelsen, Rawls, Raz, y un larguísimo etcétera.  De hecho, conozco personas que han vivido toda su vida en el estudio de esos temas, en escribir sobre lo que ya se ha escrito sobre esos temas, e incluso para comparar o "poner a dialogar" a muchos de esos autores.


Imagen tomada de: https://www.psychmechanics.com/characteristics-of-a-know-it-all-personality/

En este punto debo ser claro: soy de un estilo pensar guiado por la metodología.  No creo en los chispazos de ingenio sin fundamento, no creo que los objetivos se logren a punta de ganas, programación neurolingüística ni mucho menos a partir de un optimismo radical.  Creo fielmente que las teorías juiciosamente construidas, los argumentos cuidadosamente estructurados, y el respeto por la lógica, son los que permiten que realmente el mundo avance.  En consecuencia, soy fervoroso defensor de las innovadoras teorías que han propuesto los grandes pensadores a lo largo de la Historia, siempre que deriven del respeto de esa rigurosa metodología.

Sin embargo, debo ser igualmente claro: soy alérgico al culto por el concepto por el simple hecho de "saber más", o peor aún, "hacerle saber a la humanidad que sé más".  Conozco personas que tienen más títulos que Daenerys en "Juego de tronos", que Alejandro Magno o Napoleón Bonaparte (para hablar de casos reales).  Conozco personas que han vivido una buena vida, han ganado un buen dinero, y una reputación excelsa a partir de ese tipo de vida académica. ¡Muy bien por ellos!  Sin embargo, cuando uno se enfrenta al siguiente tipo de situaciones en recientes años, y observa que no hay respuestas académicas serias, es cuando debo respetuosamente apartarme de esa forma de vivir.

Obsérvense, por ejemplo, algunos de los problemas de los últimos cinco (5) años:


1) Un país invade a otro, cambia un tirano (el anterior gobernante) por otro (la actual gobernante), y entra en negociaciones de recursos naturales y dinero.

2) Una nación que hace 80 años casi fue erradicada de la faz de la tierra, considera que ellos sí tienen derecho a erradicar a otra nación de la faz de la tierra, y actúan en concordancia.

3) La mayoría de eruditos en la materia, y de mandatarios son capaces de ver lo descrito en el punto 2), llaman a un caso GENOCIDIO, y al otro, LEGÍTIMA DEFENSA.

4) Un Estado que se fue a guerra con otro Estado para luchar contra el autoritarismo y defender la vida y la libertad, hoy en día mata, ejerce el autoritarismo y celebra ese autoritarismo en su mismo territorio.

5) Un Estado que en su momento luchó para frenar el derecho al "espacio vital" de otro, hoy en día reclama su derecho a "su espacio vital" para acabar con su vecino, y antiguo aliado, y por ende, lo invade.

6) Un gobierno trata de héroes a los subversivos, de subversivos a los que ejercen su derecho a disentir, llama tiranos a los que gobiernan legítimamente y víctimas a los que son tiranos.  Invocan la lucha de clases y la guerra contra la pobreza para hacer a todos (salvo a ellos) más pobres.

7) En el mismo país en el que hace cerca de 100 años sacaron a un Presidente porque sacó un crédito para atender la salud de su esposa, hoy en día tiene a un presidente alcohólico, drogadicto, putero, y presuntamente corrupto, que dice que lucha contra todas las cosas de las que padece.

8) El derecho penal ya no es el derecho del Estado para imponer penas, sino el derecho del pobre delincuente para clamar por sus garantías, basados en las ideas de un autor que murió hace más de 200 años, y que escribió en épocas de las monarquías.

9) Existe una profunda desconfianza, cada vez más generalizada, en que los jueces y magistrados en este país y en otros, realmente fallen conforme a derecho.  La desconfianza crece cuando los jueces tienen que afirmar que "fallan en derecho", para que les crean que fallan en derecho.


En esencia, existe un profundo problema y es que cuando fue concebido el Estado como una necesidad política y organizacional, que posteriormente dio origen al Estado de Derecho como premisa fundamental de funcionamiento de cualquier Estado moderno que se considere legítimo. Para los que no están muy ambientados en el tema, les traduzco.  El Estado de derecho básicamente funciona a partir de dos premisas básicas: 1) Todos, tanto autoridades como particulares están sometidas a las normas jurídicas vigentes.  Nadie, salvo que la ley lo prevea, está por encima de la ley. 2) Los particulares pueden hacer todo lo que el derecho vigente no les prohiba. Las autoridades únicamente pueden hacer lo que el derecho vigente expresamente les permita hacer.

Hay muchas razones por las que esto está en crisis, más allá de los 9 ejemplos que señalé atrás.  Ocurre en muchas latitudes, por ejemplo, que la misma autoridad del Estado está puesta en duda.  Para entender esto, conviene recurrir al sociólogo Max Weber quien se refería al Estado como ese conglomerado que dentro de un territorio específico reclama de manera existosa el ejercicio de la violencia física legítima.  en otras palabras, el Estado debe ser capaz de imponer su autoridad por la fuerza sobre cualquier otra persona, dentro de ese territorio.  Esto no ocurre en la actualidad en muchísimos lugares del mundo, incluso en la propia Colombia.

Otro ejemplo es la manera como las grandes corporaciones del mundo han logrado superar el poder de la mayoría de Estados del mundo.  Conocen muchos casos en los que Google, Microsoft, Apple, Facebook, Amazon, hacen lo que les parezca sin temor a represalias, por el simple hecho de que ostentan más poder real.  En Colombia, resonó en su momento (en la época de los racionamientos de agua en Bogotá) el hecho de que las familias bogotanas y calerunas debían aceptar cortes de agua periódicos, mientras Coca Cola seguía extrayendo irrestrictamente agua de las fuentes, para sus fines industriales.  Eso no parece concordar con las dos premisas que atrás expliqué.

Un tercer problema que observo, es que el Estado no está al servicio de los ciudadanos, sino que claramente es al revés, y cada vez resulta más obvio.  Un ejemplo sencillo de lo anterior: la política de vivienda de Colombia busca que las familias sean capaces de adquirir vivienda.  Eso no suena para nada mal.  Sin embargo, la mayoriá de la población que anhela ser dueños de su propia vivienda deben endeudarse por periodos prolongadísimos de tiempo para pagar su vivienda a un valor muy superior al que teóricamente vale, por el simple hecho de tener que pagar intereses al sector financiero.  Si se llega a superar esa barrera, que depende de no colgarse en los créditos, la gente es recibida con pagos de prediales e contribuciones de valorización elevadísimas que llevan a que los propietarios sientan que tienen que pagar una sanción por el simple hecho de vivir en su hogar.  Ese mismo ejemplo lo pueden replicar a muchos otros ámbitos, como los comparendos de tránsito, la necesidad de tener planes complementarios de salud para no morirse, entre otros.

Por último, el problema (no lo llamo "desafío" como les gusta a mis colegas académicos) de que el aparato estatal esté al servicio de los mandatarios, es supremamente problemático.  Como indiqué al inicio de este ingreso, el primer texto que uno lee en las facultades de derecho en relación con la justicia y el derecho, es el diálogo según el cual Sócrates logra convenecer a sus contertulios (y también a nosotros) que lo justo no es "lo que conviene al más fuerte" sino lo que es más beneficioso para la mayoría de los súbditos.  Cerca de 2500 años después de que esto fue dicho, parece ser que debemos aceptar que HOY, la justicia no es lo que nos dijeron en primer semestre de derecho, sino que efectivamente lo justo es lo que le conviene al más fuerte.

En esas estamos...  

Los dejo con esta página, que si bien es pensada para México, aplica perfecto para estas latitudes: "Cuadro comparativo que muestra el estado que guarda la nación justo antes de 1810, 1910 y 2010". 

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martes, 27 de enero de 2026

κάθαρσις

Quienes hayan tenido oportunidad de estudiar un segundo, tercer, cuarto o más idiomas, podrán dar fe de lo que diré a continuación.  Las palabras describen el mundo que percibimos, lo codifican, categorizan y permiten que las personas que son conocedoras de esas palabras, a su vez puedan describir de manera mucho más vívida el mundo que los rodea, o incluso crear nuevos mundos o nuevos universos a partir de ellas.  La palabra tiene un poder que algunos alcanzan a intuir, unos sobredimensionan al punto de generar problemas inexistentes.  Ese poder es ignorado por muchos, pero para la gran mayoría, no les interesa en lo más mínimo explorarlo porque para eso está Gemini, o Chat GPT.

El título del ingreso de hoy, es un término que es griego y por esa razón la he escrito en su escritura griega antigua correspondiente, con su acentuación pertinente.  Esa palabra, al igual que muchas otras pueden ser traducidas a muchos idiomas, pero probablemente no pueden ser exactamente traducidas, o al menos no sin tener que trazar unas notas a pie de página.  El término en español, "catarsis" referencia precisamente el término en griego.  No de otra manera tendría sentido replicar el término pero con nuestro alfabeto y gramática.

Esto no ocurre porque sí.  En general, existen muchas palabras en distintos idiomas que no pueden traducirse de manera exacta a otros idiomas, o al menos no sin tener que incurrir en algunos esfuerzos adicionales.  Piénsese, por ejemplo, en el término "saudade" en portugués, o incluso nuestro "chimba" o "chimbo".  En cada contexto de cada idioma, es clarísimo que los hablantes saben de qué hablan, pero es difícil transmitir el significado exacto para alguien que no está justamente en ese mismo contexto.

¿Por qué titular este ingreso como "catarsis"?  Hace pocos días tuve la oportunidad única de ver cómo el mundo empezó a vivir esa catarsis.  Ocurrió en Davos, Suiza.  El Primer Ministro de Canadá Mark Carney inició un proceso fantástico que espero que produzca resultados profundos, y que seguramente muchos habríamos querido poder decir "yo ya lo sabía", o "yo ya lo venía diciendo".  Sin embargo, no es lo mismo que un parroquiano de clase media en Colombia lo diga, a que lo diga un primer ministro de uno de los países más influyentes en América y el mundo.  En ese discurso, que dejaré abajo con subtítulos al español, Carney nos invita a intentar construir un nuevo mundo, desmontando las mentiras y partiendo de las realidades.  Evidentemente, el contexto internacional invita a que los distintos Estados hagan exactamente eso.  Sin embargo, la invitación debería ser igualmente aceptada por los individuos.




Cualquier persona que haya tenido la oportunidad de leer este espacio desde cuando lo abrí (hace ya varios años), sabrá que nunca he sido de jugar en el mundo de las mentiras por el simple hecho de agradar, o de pertenecer, o mucho menos de ascender en las jerarquías de entidades, clubes, universidades, etc.  Cuaquiera que me conozca en persona, sabrá que lo que acabo de decir es un eufemismo, e incluso algunos sostendrán bajo la gravedad de juramento, que son "afín al conflicto".

En todo caso, aprovecho que ya Carney nos abrió las puertas a muchos para intentar hacer esa catarsis, esa purificación, limpieza, descontaminación, detox, o como quieran llamarlo.  Tengo una ventaja competitiva en la actualidad.  Nada ni nadie tiene herramienta alguna para obligarme a callarme.  No me pueden quitar contratos del Estado, no pueden pedirle a mi jefe que me despida, ni tampoco sacarme a patadas de una universidad.  Esto último ya lo hizo en el pasado quien supuestamente era un jefe y amigo.  En otras palabras, salvo su opinión decreciente acerca de mí, no tengo realmente otra sanción a la que temer.  Tal vez esto lo pueda escribir de manera tan prepotente o presuntuosa, porque no tengo a los enmascarados de ICE caminando las calles de mi vecindario.  Tal vez... en todo caso, haremos el esfuerzo.

κάθαρσις

2026 es un año que permitirá algo de eso.  El escenario personal, nacional e internacional invita a realizar ese proceso con todas las de la ley.  El mundo está tan descompuesto y tan deshumanizado (en TODO el sentido de la palabra), que no está de más jugar al humano vintage y escribir directamente yo, pensar directamente, y hacerlo por la simple necesidad personal de hacerlo.  La fama, los "likes", realmente no son lo central.  Si se puede discutir estas mismas ideas en un bar con una cerveza, en la calle con los vecinos, o en este blog con los lectores desconocidos, fantástico.  Si no, pues no se es neceario hacerlo.  Solo espero que muchas otras personas estén "pensando" la realidad que los rodea, cómo afrontarla y qué hacer a partir de esa comprensión, y que haya menos personas que estén esperando instrucciones de sus influencers y/o columnistas preferidos.

Entre otras cosas, la idea de las bitácoras, virtuales o físicas, ha sido en parte poder plasmar un pensamiento o un sentimiento en un momento específico y en un lugar específico.  Este espacio no debe ser la excepción.  Mientras muchos celebren que la inteligencia artificial piense por ellos y/o escriba por ellos, quisiera reivindicar mi derecho a ejercer mi racionalidad por mí mismo.  En ese sentido irá este 2026 que inicia. 
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