NOTA PRELIMINAR: Esta es la sexta entrada de la serie acerca los distintos presidentes que he tenido la oportunidad de racionalizar, o mejor, digerir. Si no han revisado ya las cinco entradas anteriores, se sugiere hacerlo antes de leer este ingreso. En este caso, Santos es el primero de los actuales expresidentes sobre los que escribí en su momento, e incluso desde que fuere candidato antes de su primer mandato. Pueden contrastar lo aquí reseñado, frente a los siguientes ingresos (con fecha incluida para que se sepa detectar en qué momento del tiempo fue escrito:
Elecciones Presidenciales I: Juan Manuel Santos (30/04/2010)
Por qué no voto por Santos ni por Zuluaga (10/06/2014)
Balance del Gobierno de Juan Manuel Santos - Parte 1 de 2 (08/08/2018)
Balance del Gobierno de Juan Manuel Santos - Parte 2 de 2 (16/08/2018)
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El inicio de la historia de Juan Manuel Santos como candidato se dio mucho antes de que fuera candidato. A diferencia de sus antecesores, creo que Juan Manuel Santos es el más sagaz político de todos los que llegaron a ser Presidentes y analizados en esta serie. Esto, por supuesto, lo digo con todas las connotaciones positivas que implica, pero también con las negativas que vienen asociadas. Para mi punto de partida, retomo algo que tenía diagnosticado desde 2010, pero que no sabía en su momento exactamente qué podría indicar a futuro. Señalé en Elecciones Presidenciales I: Juan Manuel Santos (30/04/2010) lo siguiente:
No ha salido como ganador de los debates, porque no ha logrado transmitir proyectos de gobierno propios. Su desmedida lealtad hacia la figura del Presidente Uribe lo muestra como un continuador del mandatario actual. El problema es que esa misma lealtad fue profesada hacia Pastrana, y otros más. Esa capacidad de cambiar de parecer genera cierto temor hacia lo que ‘realmente’ haría si llegara a la jefatura de Estado. Todavía no se ha aclarado si Santos sí buscó pactos con la guerrilla para derrocar a Samper. Este episodio turbio, genera dudas que no ha logrado despejar Santos en los debates. (Negrillas por fuera del texto original)
Para mayo y junio de 2010, el país tenía claro que Álvaro Uribe Vélez no podría ser Presidente de la República por tercera vez, pero gran parte de la población votante en ese momento seguía considerando a Uribe como quien debiera ser el primer mandatario. En consecuencia, muchos de los votantes estaban esperando por saber a quién le "daría el guiño" Uribe. En el periodo preelectoral, los tres nombres que más sonaban eran el de Andrés Felipe Arias (Ministro de Agricultura de Uribe), Francisco Santos Calderón (Vicepresidente de Uribe), y Juan Manuel Santos Calderón (Ministro de Defensa de Uribe). Juan Manuel Santos tenía unos puntos a su favor que los demás no tenían: 1) Los recientes éxitos en la ofensiva contra las FARC, especilamente la Operación Jaque y la Operación Fénix; 2) Haber sido el fundador del Partido de la U (siendo la U la referencia "al mesías colombiano") lo cual mostraba un bonus de lealtad hacia Uribe; y 3) Tenía una trayectoria política comprobada en distintos gobiernos y en distintos tiempos, lo que lo mostraban como un tipo probadamente competente.
Respecto de la campaña en sí misma, no hay mucho que decir. El éxito de su campaña se basaba, en mi opinión, en el cumplimiento de tres objetivos: 1) Mantener contentos a los seguidores de Uribe; 2) No cometer errores garrafales; y 3) Deslegitimar a sus más inmediatos persecutores. Para hacerlo, montó una campaña basada en la premisa de la "prosperidad democrática" un claro spinoff (término en inglés al que se suele hacer referencia cuando una película o serie surge dentro del universo de otra película o serie anteriormente producida) de la seguridad democrática de Uribe. Al montar una campaña a partir de Uribe, y se garantía de continuidad, probablemente tendría las mayorías que Uribe tuvo en su momento y podría hacerse elegir. Uribe, de una manera casi tan descarada como lo hizo recientemente Petro, participaba en política cada vez que podía para ensalzar la imagen de Santos y deslegitimar la de sus principales oponentes, especialmente frente a Antanas Mockus, el principal adversario de Santos.
Elegido Santos, rápidamente se cambió la camiseta, y empezó a tomar decisiones de alguien que quería mandar él y no como marioneta de Uribe. Eso, en mi opinión está muy bien. El problema es algunas de las decisiones que tomó. En primer lugar, cambió muy rápidamente de postura oficial acerca de las relaciones con Venezuela. Como señalé en el ingreso relacionado con Uribe II, él se había erigirido como el principal símbolo de oposición a la evidente postura dictatorial del "socialismo del siglo XXI" que representaba Chávez. En noviembre de 2010, tan solo 3 meses después de posesionarse, Santos se refirió a Chávez como su nuevo mejor amigo. Ese mismo cambio de 180° lo vimos en otros aspectos centrales de la política oficial de Santos: en 2012, es decir tan solo a dos años de haberse posesionado, cambió su postura frente a las FARC. Dejó de ser el perseguidor de las FARC como lo había sido Uribe e incluso él mismo como su exministro de defensa, y decidió que iba a dialogar con las FARC. Eso era una abierta traición a Uribe y a los "uribistas purasangre" como se les denominó en su momento.
Imagen tomada de www.presidencia.gov.co
El Gobierno Santos I, tuvo muchas cosas buenas. Como he señalado anteriormente, más allá de la evidente dificultad de conocer el color real de un camaleón, era un camaleón competente y se sabía rodear. En general, salvo muy contadas excepciones, tenía gente competente y experimentada en las distintas carteras. Personalmente recuerdo como algunos de sus ministros destacados de esta época, a Diego Molano en MinTIC, Germán Vargas Lleras en Interior, y María Ángela Holguín como Canciller. Como ejemplos de todo lo contrario, recuerdo con muy poca añoranza a Mauricio Cárdenas en Hacienda y a Cristina Plazas en el ICBF, nefastos funcionarios. Sin embargo, más allá de los gustos o disgustos individualmente considerados, lo cierto es que en general, entre 2010 y 2014, el país logró más avances que retrocesos.
Otra de las cosas que se logró observar desde este momento, y que definió en gran parte su segundo gobierno, fue el afán de "obtener medallitas". Explico la analogía: En las fuerzas militares, existen distintos tipos de distinciones, medallas, reconocimientos, etc. Ese tipo de reconocimientos se suelen ubicar en la parte superior izquierda (ver fotografía abajo). Hay personas que se deleitan en verse laureados y llenos de medallitas porque esas medallitas se deteminan su verdadero valor, o por lo menos determinan por qué son mejores que el resto de la humanidad, algo muy común en este país. Existe otro tipo de individuos que opera con la mentalidad absolutamente opuesta. Les importa cero cualquier reconocimiento salvo el reconocimiento propio de haber hecho las cosas bien. A ese tipo de personas no se les verá mostrando todas sus medallitas, diplomas, y trofeos cada vez que puedan, sino que en muchas ocasiones ni siquiera mencionarán haberse ganado alguno de esos galardones.
Imagen tomada del usuario carlos lopez en Pinterest
Santos es de los primeros. Haber sido el único colombiano en ser ministro en X número de gobiernos distintos, haber sido el Presidente más votado hasta el momento, haber sido en firmar Y cantidad de TLCs, el Presidente que ingresó a Colombia a la OCDE, y (en un cercano futuro) el Presidente Nóbel de Paz. No todo esto era claro en ese momento, pero sí ha sido claro desde día 1 de su vida pública, que él se consideraba predestinado para ser grande.
Por razones de espacio, no puedo analizar cada uno de esos ejemplos, pero sí al menos uno de ellos, para que quede claro mi punto:
La OCDE:
Pertenecer a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), es como pertener a un club social. O al menos, eso es lo que le importa a Santos. En la mayoría de casos, a los socios de los clubes sociales les interesa estar rodeados de pares, y por pares me refiero a gente igual de "divinamente bien" que ellos. El esfuerzo de estar en la OCDE, a los ojos de Santos es como si pasáramos de ser mágicamente de un Estado mediocre a un Estado del primer mundo, solo porque nos dieron el carnet. Lo cierto es que en términos reales, los comparativos de todos los Estados de la OCDE, en múltiples niveles han demostrado que Colombia no tiene traje para entrar a ese baile. Nunca lo ha tenido.
Esto mismo ocurre con los TLCs. Firmar TLCs estaría fantásticamente bien, si tuviéramos una infraestructura y unos niveles de producción y de precios que nos permitieran competir. Eso a él nunca le importó, y se lo advirtieron muchas veces.
Finalizando el mandato de Santos, para 2014, ya la cuestión no era cómo hacer que Uribe pudiera perdurar en el tiempo, sin que fuera él, sino que se convirtió en un debate clarísimo entre la "Paz de Santos" y los que se oponían a ese modelo, total o parcialmente.
Más allá de las serias carencias morales de Santos, lo cierto es que su capacidad de conformar equipos de personas competentes, la inercia que traía en materia de seguridad y economía del gobierno de Uribe, y sus propios aportes hacia el progreso del país, hicieron que gran parte del balance de su primer gobierno, fuera mayoritariamente bueno. Sin embargo, haber casado la pelea con su antiguo ídolo, Álvaro Uribe Vélez, le costaría mucho más adelante.






