NOTA PRELIMINAR: Esta es la cuarta entrada de la serie acerca los distintos presidentes que he tenido la oportunidad de racionalizar, o mejor, digerir. Se sugiere al lector revisar los tres primeros ingresos (sobre Gaviria, Samper y Pastrana) antes de revisar este. Lo anterior, dado que hay hechos tratados allí que se dan por conocidos en este ingreso, por razones de espacio.
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Finalizando la presidencia de Andrés Pastrana Arango, era claro para el país que las FARC eran el principal problema del país. El proceso de paz no solo había fracasado extraoficialmente desde el día 1, sino que oficialmente había sido levantado por Pastrana poco antes de finalizar su mandato y suficientemente cerca de las elecciones presidenciales para que gran parte del país quisiera dar un "timonazo" político. En febrero de 2002, Horacio Serpa Uribe, del partido liberal, era el candidato que lideraba con suficiente amplitud la intención de voto. Álvaro Uribe Vélez, por el movimiento "Primero Colombia" por su parte, inició la campaña con poca intención de voto y luego de la oficialización del fracaso del proceso de paz, Uribe se disparó y terminó ganando en primera vuelta. La razón: su campaña se basó desde el día 1 en un ataque frontal al proceso de paz con las FARC y en un discurso de mano dura en contra de la subversión.
Para un país que lleva a estas alturas un cuarto de siglo acosumbrado a que Álvaro Uribe Vélez esté en el centro de las discusiones, parecería que siempre fue un tipo reconocido y poderoso, como los familiares de Laureano Gómez, la familia Char o los hijos de Luis Carlos Galán. Para 2001, Uribe no era un tipo ampliamente conocido en el país, y era joven. Tan joven era, que uno de los problemas prácticos que enfrentó su campaña en ese momento era intentar hacerlo ver un poco mayor para generar la sensación de que era un tipo experimentado. Una de las soluciones en ese momento (cosa que la audiencia más joven probablemente no creería) fue pintarle canas a Uribe para intentar generar ese efecto. Poco más se sabía de él en ese momento que haber sido senador por el partido liberal, y haber sido Gobernador de Antioquia.
Uribe, cuando llegó al poder, ya era megapopular, y esto en gran medida se debió a la consistencia de su discurso de mano dura, pero especialmente a que gran parte de su campaña se la debe a las FARC. Entre más secuestros, extorsiones y ataques violentos realizaba, mayor parte de la población empezaba a favorecer a Uribe. Sin demeritar los esfuerzos de su campaña, es claro que la población colombiana no estaba votando tanto por amor a Uribe, sino por odio a las FARC. De todos los candidatos, el único que sistemáticamente prometió mano dura contra las FARC, fue Uribe. Por eso ganó. A esa política de mano dura se le denominó como "seguridad democrática", término que todavía se escucha en el argot político nacional.
En este punto, sin embargo, para poder opinar sobre el periodo presidencial Uribe I, es necesario hacer una distinción central entre lo que se vio, y entre lo que no se vio pero se fue sabiendo a lo largo de los años posteriores.
Opinión a partir de lo que se vio.
Lo primero que se debe decir es que a lo largo de sus dos gobiernos, Uribe prometió "trabajar, trabajar y trabajar", en torno de tres pilares fundamentales, algo que posteriormente se conocerían como los tres huevitos de Uribe: la seguridad democrática (política de mano dura contra el crimen organizado), la confianza inversionista (política económica fundada en la estabilidad de las reglas de juego del Estado frente a las empresas, para propiciar inversión económica segura en Colombia), y la cohesión social. De esas tres políticas, Uribe cumplió ampliamente con la primera, aunque el país no sabía en ese momento a qué costo, punto que trataré más adelante. En cuanto a la confianza inversionista, también cumplió. Los indicadores en su gobierno volvieron a ser positivos, luego de tantas dificultades que enfrentó la economía colombiana en los gobiernos de Samper y de Pastrana. En cuanto a la última, fracasó. Lejos de haber propiciado la cohesión social, lo radical del discurso de Uribe, tanto a nivel interno como a nivel internacional, generó que la población se radicalizara en lo que hoy en día se denomina polarización. Desde Uribe I, el país no he dejado de estar polarizado.
Le imagen de Uribe, como individuo, era impecable. Durante su primer gobierno, a él raramente lo cogieron "fuera de lugar", y transmitió constantemente la imagen de un líder bien estructurado, que sabía de diversos temas, tenía buenas intenciones e incluso tenía gusto por declamar poesía. Nada de su forma de actuar en público generaba abierto rechazo.
En mi opinión personal, Uribe cometió un error grave: haber intentado meter una reforma constitucional masiva a través de la figura del referendo. Como se daría cuenta el país en ese momento, el referendo fue constitucionalmente mal diseñado, porque no fue pensado para el contexto de un país tan abstencionista como este, en donde la gente que realmente vota no solía superar el 50% de los votos posibles. En consecuencia, no bastaba que ganara el SÍ, sino que la votación total tenía que superar el umbral. A excepción de una de las preguntas en un listado de 14, las otras 13 no alcanzaron a superar el umbral de votos, a pesar que el SÍ ganaba de manera apabullante en cada una de las preguntas. En consecuencia, era un espaldarazo masivo a las ideas propuestas por Uribe, pero una derrota electoral por haber sobreestimado la cantidad de votantes que acudirían. El error grave no fue ese, sino el temario del referendo: estaba destinado a ser una reforma anticorrupción a nivel constitucional. El mensaje era claro: el gobierno de Uribe no toleraría la corrupción.
Siguiendo la secuencia presentada, Uribe tenía una imagen impecable, e intentó constitucionalmente meter una reforma robusta en materia anticorrupción (uno de los problemas más grandes que ha tenido y aún tiene este país). El problema que se presentó, es que gran parte del círculo cercano al Presidente, incluyendo ministros, directores de departamentos administrativos, y secretarios, estaban metidos en importantes escándalos de corrupción y de abuso de poder. Existe un adagio popular que dice: "Dime con quién andas y te diré quién eres". En el caso de Álvaro Uribe Vélez, curiosamente nadie quería aplicar ese adagio, y por lo tanto Uribe mantuvo durante mucho tiempo la imagen de santo, al punto que muchas personas de manera sarcástica empezaron a referirse a él como "el mesías". El país estaba dispuesto a creer que él era intachable sino que lamentablemente estaba mal rodeado.
Imagen tomada de: www.lafm.com.co
Mientras el país en general mostraba muy buenos resultados frente a muchas de las cosas que había prometido, el tiempo permitió mostrar con cada vez mayor evidencia, que Álvaro Uribe Vélez no era tan santo como se pensaba inicialmente. Quizá el momento culmen de ese descubrimiento fue cuando se destapó la manera como Uribe compró los votos para que se pudiese generar la reforma constitucional que permitiese su reelección. Algunos colombianos nos quedamos con la imagen de que alguien "tan bueno" no haría algo tan bajo como lo que se documentó en lo que se conoció como la yidispolítica, y que por lo tanto, si bien había hecho muchas cosas bien, era mejor no reelegir a alguien con un manto de duda tan relevante. La mayoría del país, sin embargo, o no quiso ver o no pudo ver eso, y consideró que estaba contenta con el rumbo que llevaba el país, y decidió reelegirlo para un segundo periodo.
Opinión a partir de lo que no se vio.
Según relaté en el ingreso anterior, relacionado con el gobierno de Pastrana, estando yo prestando servicio militar escuché a oficiales diciendo que la situación del país no cambiaría mientras no se aceptara una alianza con el paramilitarismo, porque buscábamos lo mismo (acabar con las FARC) y por lo tanto, los logros de las fuerzas armadas o de los paramilitares, eran los logros de ambos. En ese momento, el fenómeno del paramilitarismo todavía se percibía como un mecanismo de defensa extraoficial frente a la crueldad de las FARC y por lo tanto no era percibido unánimemente como un mal fenómeno.
Sin embargo, como suele ocurrir con este tipo de fenómenos (con las FARC pasó exactamente lo mismo) lo que empezaba como un ejercicio de "defenderse de", empezó a corromperse cada vez a mayor medida, hasta el punto que para responder a cosas como el burro bomba, el collar bomba, perpetrados por la guerrilla, las autodefensas empezaron a masacrar poblaciones enteras e incluso a realizar desmembramientos para mostrar hasta donde estaban dispuestos a llegar. A su vez, los "éxitos" operativos de esos grupos paramilitares implicaban mayores costos de financiación, y similarmente como ocurrió con las FARC, lo que empezó como un mecanismo de "defenderse de" terminó convertido en una empresa criminal casi idéntica en lo operativo a aquellos que decían atacar.
Durante el primer gobierno de Uribe, ya era claro que los paramilitares eran una organización criminal, pero por ser más reciente en el tiempo, no eran tan odiadas. Poco se sabía en ese momento, que el paramilitarismo tenía congresistas puestos por ellos, y que eran simpatizantes del Gobierno de Uribe. Aun hoy no es claro si existían vínculos reales de Uribe con el paramilitarismo (mucha evidencia apunta a que sí, pero no es totalmente claro). Sin embargo, hay demasiados indicios de que si bien podría no ser un "miembro oficial", cuando menos era un simpatizante del objetivo último de ese grupo. Cabe recordar que al padre de Uribe lo había matado un grupo guerrillero, episodio en el que resultó herido el hermano del hoy expresidente. Como se ha visto ampliamente a lo largo de la historia, muchas de las alianzas políticas y/o militares no se dan por "simpatía a favor de" sino "antipatía en contra de". La evidencia sí muestra, en todo caso, que la diferencia entre operativos en contra de la guerrilla y operativos en contra de los grupos paramilitares, eran más que evidentes.
Además de la aparente alianza de las fuerzas regulares del Estado colombiano en contra de la guerrilla, y de las "sinergias" entre agencias del Estado y ese grupo, el éxito aparente de los operativos de la política de la seguridad democrática generó un problema grave y es que, dado que se empezaron a medir los éxitos operativos a partir de bajas en la guerrilla, se empezaron a fabricar esas bajas. Mientras el país se contentaba con que le anunciaran que habían guerrilleros muertos en operativos, pocos preguntaban cómo fueron esos operativos, y por lo tanto, lo importante era ver los muertos. Cuando no se realizaban los operativos, se simulaban. En consecuencia, a muchas personas los mataron sin ningún tipo de justificación, o mejor, los ejecutaron a sangre fría, y posteriormente los mostraban como si fueran bajas en combate, mejoraban el prestigio de los miembros de la fuerza pública, del gobierno, y por supuesto, de Uribe. Eso se sabe hoy. En ese momento, tan solo se rumoraba. No es claro si Uribe directamente haya incentivado esto, pero sí es claro que no hizo nada por evitarlo.
Conclusión:
El Gobierno de Uribe, cumplió con dos de sus tres promesas y eso hizo que el pueblo colombiano (con el conocimiento del momento en 2006) lo volviera a reelegir gustoso. La gente pasó de estar encerrada esperando que la guerrilla se tomara la capital del país (como estuvo cerca de ocurrir) a sentirse medianamente segura, y eso en sí mismo era suficiente para que Uribe fuese amado. Que Uribe fuese amado lo hizo sentirse indispensable y como era él el único que podía salvarnos, cambiaron la Constitución una vez (y casi dos, según veremos luego) para que pudiese ser reelegido. Estuvo siempre mal rodeado y luego de que su apetito por el poder quedó evidenciado con la compra del trámite legislativo que permitió la reelección, es claro que su lucha abierta en contra de la corrupción no fue tal, y que incurrió en esas mismas prácticas que decía combatir. Enseñó una lección que luego nos han recordado otros "adalidades de la lucha contra la corrupción": nunca confíen en alguien que dice que luchará de frente contra la corrupción.






