sábado, 2 de marzo de 2013

La salida de Benedicto XVI - ¿pico o picotazo?

Se ha ido Benedicto XVI.  Se ha ido en medio del cubrimiento pestilente de los medios de comunicación, aquel en el que se ha de obtener entrevistas de cualquier persona que alguna vez hubiera podido haber montado en bus con él, compartido un baño, o quizá le hubiera sacado una muela al ex santísimo.  Se ha ido en medio de interrogantes acerca de qué tipo de situación pudiera estar viviendo él a nivel de salud, de gobierno o de espíritu, para que la renuncia a uno de los cargos más poderosos del mundo fuera su única opción.

Confieso que cuando fue elegido el cardenal Joseph Ratzinger como sucesor de Juan Pablo II, sus antecedentes no me dieron buenas señales.  Además de no poseer un rostro amable, y esconder un pasado en el que quizá hubiera hecho o dicho cosas de las que ningún católico pudiera sentirse orgulloso, su trabajo en el Vaticano estaba claramente afiliado a la derecha "de la derecha".  Sus posturas sobre el aborto y la defensa a pederastas en la Iglesia le precedían, y no parecía que hubiera alguna razón para modificar en algo sus posturas personales una vez que ascendiera al trono de San Pedro.



Imagen tomada de:  www.sdpnoticias.com

Personajes conocidos en Colombia como Fernando Vallejo -autor del libro "La Puta de Babilonia" (la descarnada, bien documentada y absolutamente soez descripción de la Iglesia en el tiempo)- emprendieron una arremetida contra el ya nombrado Benedicto XVI.  Quizá esta primera prueba de qué tan sólido podía ser el alemán en el poder permitiría al mundo saber con quién realmente se estaba lidiando.  Curiosamente, la actitud del Papa fue otra.  Si bien no salió a lapidar a los pederastas, evidentemente no pasó a ser un Papa encubridor.  Esto no gustó a muchos de los que sí buscaban que se mantuviera el cerrojo sobre los escándalos sexuales del clero.

Esto, al parecer, era medianamente tolerable.  Finalmente, el problema de fondo para los pederastas no es que realmente lo fueran, sino que los detectaran, los acusaran, y que el escándalo llegase a conocimiento del Vaticano.  Es un largo y difícil trecho que no todos los pederastas recorren, dado que hay poderes intermedios que en muchas ocasiones se interponen de manera exitosa.  Por esto reitero, esta "pequeña" intromisión era tolerable.

Sin embargo, un análisis más detenido acerca de la vida en el Vaticano, como fue puesto de presente por la Revista Semana (en Colombia), demostró que el Papa Benedicto XVI decidió no solo afrontar el escándalo de corrupción espiritual de los hombres de Dios, sino que decidió igualmente enfrentar otro "problemilla" al interior de la Iglesia: sus finanzas.

Las finanzas de la Iglesia Católica son un completo misterio.  El manejo de los negocios del Vaticano le ha costado el cargo a más de un importante dignatario, peor también le ha costado la vida a otros tantos.  Se rumora que muchas de las muertes célebres de los Papas (incluyendo la de Juan Pablo I) obedecería a temas netamente financieros, y no tanto a cuestiones de fe.  Lo cierto es que el Banco del Vaticano ha sido públicamente señalado de estar en contubernio con la mafia italiana.  Ante una Iglesia Católica que ha entrado en "recesión" desde hace algún tiempo dado que religiones hechas "a la medida" del consumidor ha logrado que muchos feligreses cambien de bando, además de los bochornosos escándalos de los hombres de Dios, todo ello impacta las finanzas del Vaticano.

Benedicto XVI, al parecer, era consciente de todo esto, y se dio cuenta de que al ser cabeza del Vaticano, era SU responsabilidad desentrañar el asunto.  Sin embargo, la Iglesia Católica, al igual que otras tantas monarquías, no es "realmente" gobernada por quien figura como el monarca absoluto.  Existen muchos súbditos de gran poder, y en la Iglesia estos segundos tienen tanto nivel de poder que no pueden ser fácilmente doblegados.  Benedicto XVI lo vivió en carne propia.  Intentó, y al parecer falló.  Con el poder propio de un Papa de transición (personalmente considero que los cardenales electores no esperaban que sobreviviera tanto tiempo), como supuestamente era su caso, probablemente saldría muy mal librado de esta batalla. Consciente de esta situacion, "asumió" la responsabilidad de su incapacidad de cambiar las cosas, y renunció.

¿Qué tiene que ver esto, acaso, con el derecho, con la política y con la libertad (temas centrales de este blog)?  Todo.  El derecho, la política y la moral están adobadas con unos ingredientes comunes, unas categorías que encontramos en estos campos.  Una de ellas es el concepto de responsabilidad.  La responsabilidad política, la moral, la religiosa y la jurídica son todas ellas diferentes, pero implican en cualquier caso la aceptación de las consecuencias adversas generadas por una "acción" propia.  También, extensivamente, implica aceptar la responsabilidad de otros, cuando está (o debe estar) en nuestras manos controlar su actuar.

¿Responsabilidad o cobardía?  ¿Debo propinar un picotazo o darle un pico?  No tengo ningún tipo de certeza.  Presiento, sin embargo, que con sus declaraciones finales en torno a la unión de la Iglesia, y su cansancio personal, Benedicto XVI envió un mensaje contundente para aquellos capacitados para entenderlo (los cardenales).  Aquél, sin duda será un mensaje que será cuidadosamente seguido por los mismos medios carroñeros que se han deleitado con la salida del Papa.  En una medida cinematográfica, Benedicto XVI se sacrifica a sí mismo para matar consigo al Alien que lleva dentro (ver imagen de abajo, correspondiente a la película Alien 3).



Imagen tomada de:  http://paracinema.net

Quizá la interpretación que aquí se hace del actuar de Benedicto sea infundada, y quizá simplemente el saliente Papa esté cansado.  Quizá se dio cuenta que hizo lo que tenía que hacer, y con esa tranquilidad de conciencia, se va a orar, desprendido del poder terrenal.  Quizá Ratzinger (nuevamente él) se dio cuenta que la vida es de ciclos y de momentos, y que el suyo ya pasó.  Es posible que ninguno de nosotros pueda siquiera intuir cuál fue la motivación real que llevó a Benedicto XVI a recular y desistir.  Sin embargo, no puede dejarse de lado cómo quizá una de esas posibilidades sea que el monarca (¡sí!, el monarca) que poseía todo el poder, le da una lección de vida a las democracias (teóricamente más equilibradas e institucionalizadas) actualmente lleno de dirigentes adictos y obsesionados por el poder.  Quizá, tan sólo quizá, es posible pensar que este hombre que realmente lo tuvo todo, se desprendió del poder por el bien de algo que es más grande y más bello que el poder mismo, (la fe Católica, la Iglesia).

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domingo, 17 de febrero de 2013

Una inútil defensa de la pornografía



La vida muestra día tras día que la sociedad y la cultura se encuentran al borde un abismo.  Cuando menos, esa parece ser la creencia de Mario Vargas Llosa en su reciente “La civilización del espectáculo”.  No parece ser el único que piensa de esta manera.  Escucho a diario a personas mayores y otras no tan mayores mencionar que la sociedad carece de valores, que estamos en un punto de no retorno en el que lo frívolo ha venido a remplazar lo realmente importante: la cultura y el conocimiento.

Quizá uno de los ejemplos más dicientes de la “decadencia” de nuestra sociedad es la pornografía.  Consumida por muchos, detestada por otros, la pornografía en la época actual demuestra que el ser humano está ávido de estimulación fuerte, permanente y en cualquier momento.  La pornografía, al igual que la cerveza, el cigarrillo, las bebidas energizantes y el café, es una forma de estimulación del ser humano, en su ámbito más privado e íntimo: su sexualidad.

¿Por qué, entonces, si la pornografía es tan buena o tan mala en una sociedad decadente como la nuestra, se le atribuye este especial rol que la lleva a estar por encima de todas estas otras formas de estimulación legal, como la más codiciada pero a la vez la más vilipendiada de todas?  El asunto, al parecer, va más allá (o de pronto sería más apropiado referirse a “menos” allá) del asunto jurídico.  Es moralmente, malo, o por lo menos el dictamen oficial así lo señala.  ¿Por qué?  O mejor, ¿por quién?  Este último punto lo retomaré más adelante.

Por ahora, me gustaría retomar lo moral, o inmoral, de la pornografía.  ¿Qué es eso que al ser humano le llama la atención de la pornografía?  Por regla general, la pornografía se trata de mujeres absolutamente despampanentes, aceptando ser el objeto sexual de uno o más hombres ansiosos de poseerlas sexualmente.  Esto, por supuesto, no es una finalidad propia del porno.  El hombre, en diferentes latitudes, dedica gran parte de su vida a la búsqueda de una o varias compañeras para satisfacer sus deseos sexuales.  El intelecto, sin duda, es estimulante, el buen humor, también.  Miradas, palabras y gestos esquivos acompañados de cierto rubor, es en sí mismo un objetivo inmediato que satisface al  hombre.  Para la mujer, ver las certezas o dudas de su potencial objetivo también lo es.  Una mentira sutil, una negativa con cara de “sí”, o la sensación de ser observada y deseada, es asimismo un objeto inmediato.  Esta última situación también se presenta con personas de gusto por el mismo sexo.

¿A donde vamos con esto?  ¿Por qué el cortejo?  El cortejo es parte fundamental porque eleva la adrenalina, la testosterona y las feromonas y nos lleva a un delicioso estado de anticipación sexual que quisiéramos que perdurara por siempre, pero también que acabara ya en un genial orgasmo como el que jamás hemos experimentado.  El cortejo, no es exclusivo de los seres humanos, pero sí se ha refinado por nuestra raza.  El cortejo no es un fin en sí mismo, es la anticipación de un ansia sexual que quiere ser materializada.

La pornografía constituye un atajo a este estado psico-fisiológico de cosas.  Evidentemente no es amor, es anticipación sexual.  Pero es que no es amor de lo que aquí hablamos.  Hablamos de sexo y de estimulación.  Cuando se mira la revista pornográfica, se llama a un hot-line o se observan videos porno, queremos experimentar algo cercano a lo que quisiéramos sentir cuando hemos realizado un cortejo exitoso.  Es un sentimiento y una relación del yo con uno de sus más privados y anhelados instintos.  Es la manera de aproximarse al conocimiento propio, al placer y a la estimulación sin necesidad de arriesgar el fracaso.  Bien sabe el potencial lector de este ingreso, que la búsqueda de pareja, y la cruzada por el sexo y/o el amor, conlleva el riesgo al rechazo, al fracaso, y a la desilusión.  La pornografía no juzga, no rechaza, tan solo invita a ser usada.

La pornografía resalta aquello que el consumidor requiere.  La pornografía no se detiene con sutilezas como el busto, el derriere o el pene.  El porno es algo más sincero con su “usuario” y le muestra hermosas tetas rebosantes que buscan que el compañero o la compañera las moldeen, las muerdan, o las laman.  Así mismo, el porno muestra que el sexo es un acto humano físico, no una obra de poesía intelectual.  Bajo ese entendido, se dedica a mostrar mujeres penetradas mientras gritan o jadean y los hombres de proporciones enormes luchan contra tercas epiglotis, o ansían atravesar vaginas y anos como si se tratase de algún tipo de deporte olímpico.  Sin duda, la pornografía acentúa estos aspectos, alguno de los cuales (sino todos) constituyen una fantasía o un deseo del “usuario”.  Lo hace, sin juzgar, sin reprimir.  He ahí su encanto.  Genera identificación, y al deseo, lo potencia.


Imagen tomada de: www.lovelifelearningcenter.com 

¿Es acaso moral tomar bebidas energizantes, fumar, beber alcohol o consumir sustancias psicoactivas?  Apuesto a que las respuestas serían de orden diverso, y en gran medida se sujetan a un gran “depende” (palabra favorita de muchos abogados).  ¿Es acaso moral consumir porno? “¿Cuál respuesta quieres, la oficial o la extraoficial?”  ¿Es que acaso sería posible que las mujeres hoy en día tengan piercings en los senos (las tetas, perdón…), se afeiten completamente sus pubis o se tatúen la ingle de no ser porque el porno nos lo ha mostrado?  ¿Tendría algún sentido hablar de juguetes sexuales, esposas o latex si no se nos hubiera publictado por este medio?  ¿Tendría algún sentido que las parejas discutan a menudo sobre la viabilidad de tener tríos, practicar sexo anal o pensar en untar el pene de cremas (este sí no lo traduzco, porque hay demasiados términos y no acabaría) si ello no nos hubiera llegado por esta vía?  Quizá la respuesta sea afirmativa, pero con absoluta seguridad, no se trataría de temas masivos en la actualidad.  A diferencia del alcohol, las drogas o la cafeína, la pornografía no nos quiere llevar a eso que no somos.  No quiere volvernos valientes, no le interesa llevarnos a viajes interestelares o siquiera “volvernos grandes” el porno es el estimulante de la vida real.  Es aquello que permite ver a donde podemos llegar en el sexo si es nuestro deseo (y en ese sentido, el menú es sumamente amplio), y busca estimular las fantasías.  La pornografía no nos quiere llevar a otros mundos o a descubrir esferas ocultas de nuestra mente.  El porno nos muestra el aquí y el ahora de nuestro deseo, de la manera que lo solicitemos.  ¿Qué de esto, acaso, es lo despreciable del porno?

Por supuesto, están quienes constantemente dictaminan que el porno es irreal, y que la gente en la vida real no hace eso.  Sin embargo, una evaluación más detenida de este tipo de opiniones lleva a que en muchos casos los opinantes son personas con rígidas estructuras morales que provienen de su niñez.  Sin embargo, en la gran mayoría de casos se trata de personas algo mayores que no se educaron sexualmente por esta vía, y cuyas parejas a lo largo de la vida, tampoco.  La juventud, tiende a pensar lo contrario.  Por ende, el “argumento Julio Verne” cada vez pierde más espacio.

¿Genera adicción y otros problemas de salud?  También lo hace el trabajo, y de este último se dice que “dignifica al hombre”.  Ahhh, es que en exceso puede llevar a la depresión por no encontrar en la vida real lo que el porno muestra.  También ocurre cuando la vida sexual de la persona está en cero, y no logra encontrar un estímulo que lo satisfaga.  El argumento contra el porno, por ende, no puede basarse en la cantidad, ni en el argumento de la salud.  Respecto de este último aspecto, es interesante revisar la crítica contra el argumento pro-salud de raigambre totalitarista cuyas banderas han sido tomadas en el pasado por el gran blogger argentino Alberto Bovino en su blog “No hay Derecho”.  ¿La autonomía de la voluntad y la dignidad humana es tan limitada que la persona ha de esperar que el Estado le diga que es lo que es bueno o no para él o ella?

La religión, en cambio, tampoco es la excepción a este juicio de valor.  Basta revisar el reciente escándalo de la renuncia del Papa Benedicto XVI, para darnos cuenta que todo está podrido allá.  En la más reciente edición de la Revista Semana, se analizan las causas de salida,  y entre las múltiples referencias, se muestra el sinsabor que generó la lucha del Papa contra la pederastia, contra las alianzas religioso-criminales y otros tantos asuntos desagradables.  ¿Es acaso ésta la Iglesia que ha de tildar de inmoral la pornografía?  ¿Esta mal que hombres o mujeres deseen hombres con cuerpos esculturales les presten deliciosos favores sexuales, o que esos mismos hombres o mujeres deseen que alguna mujer despampanante quiera pasar una noche de loca pasión con ellos?  Este mismo tipo de sensaciones han sido anheladas desde el pasado.  Es inherente al instinto humano.

La pornografía es una forma sincera de enfrentar el deseo, aunque no lo única.  No pretendo aquí promocionarla.  Eso depende del criterio de cada persona.  Sí sugiero, en cambio, que quizás sea la menos inmoral –si es que cabe el término- de las excentricidades humanas en esta sociedad de excesos, una sociedad inculta y decadente.  En esto último, sí creo estar de acuerdo con Vargas Llosa, pero jamás me he preciado de tener un amor especial por la raza humana.  Sí creo, en cambio, que el ser humano debe empezar a ser sincero consigo mismo, y entender por qué razón la pornografía sigue siendo la reina de contenidos en Internet.
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sábado, 9 de febrero de 2013

El Templario II

El día de hoy, continuando con la serie dedicada al señor Eduardo Montealegre Lynett, que he iniciado con "El Templario I" conviene recordar tan solo algunas de las cosas que hace el Templario, o mejor, la caricatura de lo que era el verdadero templario de antaño.  Decía en el anterior ingreso que los caballeros templarios de antaño se caracterizaba por lo siguiente:


1)  Eran personas altamente preparadas e instruidas.
2)  Tenían relaciones con las clases poderosas, y por ende, incidían en el ejercicio del poder.
3)  Tenían una misión pública loable que los enaltecía, y otros objetivos privados muy secretos que realmente los guiaban en su actuar.
4)  Su modus operandi los llevaba a que nunca era claro si ellos habían actuado o no.  Las cosas simplemente ocurrían, y quedaba siempre la duda de si los templarios habían tenido algo que ver.
5)  No importa el tipo de situación que pudiera presentarse, o qué tan cercanos fueran con ciertas clases poderosas, el templario siempre sabe que primero está su hermano de la orden, y luego el resto del mundo.  En consecuencia, NUNCA hará algo que ponga en peligro a alguno de sus hermanos.

Aterricemos esto último a lo que ha sido el señor Montealegre Lynett.


Imagen tomada de: www.eluniversal.com.co

Montealegre, como es conocido por muchos en el país, es una persona con una carrera brillante.  Ha sido Magistrado de la Corte Constitucional, y en ella, demostró no solo su capacidad como penalista, sino el manejo del Derecho Constitucional, aportando al ordenamiento colombiano una serie de importantes ingredientes del derecho internacional y derecho comparado.  Además de lo anterior, Montealegre ha podido combinar con solvencia la vida pública y privada con especial habilidad.  Ha logrado desempeñarse profesionalmente como litigante, juez, académico, siendo reconocido como uno de los "grandes" del derecho en Colombia.

Si ello es así, ¿a qué se debe mi especial cariño por este personaje?  En efecto, he dicho que Montealegre ha podido manejar con especial solvencia la vida pública y la vida privada.  Sin embargo, como Fiscal General de la Nación ha demostrado que -como muchos otros- el poder lo acabó.  Su particular fetiche por aparecer en los medios de comunicación haciendo especial gala de su conocimiento jurídico y político lo ha llevado a utilizar la Fiscalía como un aparato de poder para sus propios fines, y no como el órgano de persecución penal que debería ser.  Su único polo a tierra, al parecer, es el Vicefiscal Perdomo, quien es un joven abogado con aspiraciones de llegar también a ser considerado "un grande", y se preocupa por dar resultados.

Entre las "perlas" de Montealegre está haber entrado a manejar los casos de corrupción en salud que empezó a manejar la administración anterior (la de Vivianne Morales).  A la fecha, la Fiscalía ha movido un caso, en la Nueva EPS, y sin involucrar a los altos directivos.  Esto último se explica en la medida en que él ha sido siempre cercano al sector salud, y de hecho ha asesorado a la controvertida EPS Saludcoop, por cifras nada despreciables (cifras que en ningún caso podría devengar como funcionario público).  Se ha enfrascado en peleas con la Contraloría, y con la administración anterior, para sacar de antemano la excusa de que si no se logra más, es por culpa de los demás.  De las investigaciones contra sus antiguos contratantes, nada se sabe, y probablemente nada se sepa mientras él esté allí.  Con lo que sí ha sido diligente, ha sido con el mejoramiento de las instalaciones físicas y el parque automotor de la entidad.  Ello no demoró mucho tiempo en ocurrir, a pesar de las demoras que representa la contratación pública.

A ello, debe sumarse el nefasto espectáculo ocurrido con el ex diputado del Valle Sigifredo López, a quien la fiscalía capturó, y posteriormente soltó.  Adicionalmente, el Fiscal enlodó el nombre del General Mena (entonces Comandante de la DIJIN), haciendo parecer como si hubiese sido la Policía la culpable de andar capturando a la loca.  El lector debe saber que ninguna decisión judicial de alto impacto político y mediático se toma sin el visto bueno del Fiscal General de la Nación.  Sin embargo, el espectáculo del perdón siempre se mostró como un perdón institucional, y el perdón personal de los funcionarios directamente involucrados, mas nunca como el reconocimiento de una falla personal.  De hecho, en la actualidad Sigifredo López hace ver a Montealegre como un gran ser humano.  ¡Eso es habilidad!  Como se observa, las cosas ocurrían, pero él nunca aparecía como si hubiera tenido algo que ver.

Similar situación se presenta con el caso "Colmenares", un paradigma de cómo una investigación penal puede ser llevada de manera desastrosa.  En ese caso, primero se ha ido capturando personas, y tan solo después se empiezan a conocer las posibles hipótesis investigativas.  El caso se abrió en dos (cuando la economía procesal obliga a lo contrario), y se ha cambiado de funcionarios.  Se ha llegado al punto de que la Fiscalía solicita la nulidad de sus propias actuaciones para intentar arrancar de cero y poder reenfocar el caso.  Esto, por supuesto, se realiza bajo la batuta de alguien que se autodenomina garantista.

En otros tantos casos, la entidad parece no responder al nivel de criminalidad que está manejando el país.  La criminalidad económica cada vez gana más espacio, y Montealegre se encarga de aparecer en los medios para opinar sobre las intenciones políticas de Uribe, el problema con el proceso de paz, y cualquier otro tema que pueda ser objeto de interés nacional en el momento.  Como los templarios, Montealegre está en todo, pero nadie ha podido saber realmente en qué está.  La cúpula de la Fiscalía se mueve, y ni siquiera sus allegados saben realmente qué es lo que pretende.  Mucho menos lo sabe el país.  Mientras tanto, la respuesta del Vicefiscal ha sido intentar manejar las riendas jurídicas de la entidad de forma tal que casi todo lo importante, lo maneja él y la gente de su equipo.

Los ciudadanos se preguntan en qué momento va a utilizar todo el conocimiento jurídico y político que posee en beneficio de ellos, o mejor, en beneficio de la sociedad.  Su misión es una, perseguir la delincuencia, y en eso, los indicadores de su gestión son menos que lamentables.  Para aquellos, que como él manejan el concepto de "criminalidad de cuello blanco" existe tranquilidad porque los grandes zares, los poderosos "padrinos" de las distintas mafias que azotan el país, no serán perseguidos.  Perseguirán mandos medios, y habrán muchas ruedas de prensa, pero mientras tanto, Montealegre seguirá sigiloso, manejando su agenda.

Lo que más preocupa en la actualidad, es que el gran palabrero templario se encuentra increíblemente callado en los últimos meses.  Pareciera como si finalmente se hubiera dedicado a gerenciar la Fiscalía General de la Nación, como lo insinuó en entrevistas como ésta que le dio al diario El Tiempo, pero también conviene saber, que el  Templario mueve sus legiones en aras de un fin algo más terrenal, y no tan celestial como la justicia.  Su periodo se encuentra en jaque, y él no está dispuesto a ser Fiscal por un año y unos meses.  A él le interesa ser Fiscal por 4 años.  No crean que el abnegado Montealegre se preocupa porque su "obra jurídica" está inconclusa.  Ya para ello tiene a muchos lacayos que lo hacen en su nombre (la académica) o que los procesos que él administraba se queden en el aire (ya lo están).  Lo que pasa es que ser Fiscal General implica poder estar en todos lados, nombrar muchas personas, y tener influencia.  Eso es el estilo templario.

Así como los templarios de antaño buscaban así salvar la palabra de Dios, así el señor Montealegre se desvive por imponer el imperio de la ley...




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miércoles, 30 de enero de 2013

El Templario I

Cuando pienso en la manera como he de abordar esta entrada, recuerdo la manera como Fernando Vallejo dio inicio a "La puta de Babilonia".  Repetir su "fina" selección de palabras es algo que no pienso hacer, pero quizá convendría agregar un pie de página que nos remita a ese inicio, para que el lector pueda nutrirse de una importante cantidad de sandeces que podrían resultar aplicables a este caso.

Mi objetivo, por supuesto, no es la Iglesia Católica, sino algo mucho más celestial, el actual Fiscal General de la Nación. Digo celestial, porque al parecer, como lo pensara Pablo de Tarso en su momento, el actual Fiscal General de la Nación siente que es un profeta de la justicia y del derecho, que la República esperó 200 años a partir de tontos experimentos de poder, para recibirlo entre fanfarrias.  Él, como muchos otros que han tenido la oportunidad de realizar estudios por fuera de Colombia, siente que después de la sapiencia de sus maestros, viene su propia sapiencia.  En otras palabras, son el número 2 a nivel mundial y el número 1 a nivel nacional.

Quizá el lector desprevenido ya haya podido percibir que al "Templario" le tengo un especial cariño.  Le tengo el mismo nivel de cariño que le tengo a los toreros, o a otros series de este bestiario.  ¿Por qué, entonces, referirme al señor Eduardo Montealegre Lynett como"El Templario"?  Sencillo, porque es una caricatura de lo que eran los templarios de antaño.  Es un ente que quedó en modalidad de tentativa, de uno de estos caballeros de la Edad Media.




La Orden del Temple, era una orden que surgió como defensores armados de la fe católica.  Junto con otras órdenes de su época, se pusieron a disposición del Papa para defender la fe ante los infieles.  Participaron activamente en las cruzadas, y su fervor cristiano y habilidad militar los llevó a ganarse rápidamente el favor de la Iglesia, y el favor de los monarcas de la época.  Es decir, los templarios eran queridos por todos.  Eran los superhéroes del medioevo y todos los querían.   Sin embargo, la Orden tenía otros intereses que trascendían la defensa de la fe. Empezaron a adquirir un importante poder económico que les permitió ejercer dominio real sobre muchos reinos.  Eran "la banca" de a época, y supieron con absoluta certeza que quien tiene el dinero, tiene el poder real.

A ellos se les ha vinculado en muchas historias de ocultismo y de planes cabalísticos que los llevaba a considerarse como personas elegidas.  Junto con su poder militar, el económico y el político, los templarios pasaron a constituirse en una amenaza para el poder establecido, y especialmente, para el poder papal.  Por ello, Felipe el Hermoso, "el rey de hierro" y el Papa, se aliaron para acabar con esta amenaza, y llevaron a la hoguera a Jacques de Molay, Gran Maestre de la Orden del Temple.  Supuestamente fue el fin de los templarios, pero durante muchos siglos se ha sugerido que la orden nunca murió, sino que se transformó.  Paso de la visibilidad a la invisibiidad.  De allí, han surgido las más reconocidas y también desconocidas sociedades secretas.  Muchos sostienen que la masonería es a versión actual de la Orden del Temple, pero hay otros que lo niegan.

Independientemente de que postura asuma esta gaviota al respecto, lo cierto es que los "hermanos" templarios se caracterizaron siempre por los siguientes aspectos:

1)  Eran personas altamente preparadas e instruidas.
2)  Tenían relaciones con las clases poderosas, y por ende, incidían en el ejercicio del poder.
3)  Tenían una misión pública loable que los enaltecía, y otros objetivos privados muy secretos que realmente los guiaban en su actuar.
4)  Su modus operandi los llevaba a que nunca era claro si ellos habían actuado o no.  Las cosas simplemente ocurrían, y quedaba siempre la duda de si los templarios habían tenido algo que ver.
5)  No importa el tipo de situación que pudiera presentarse, o qué tan cercanos fueran con ciertas clases poderosas, el templario siempre sabe que primero está su hermano de la orden, y luego el resto del mundo.  En consecuencia, NUNCA hará algo que ponga en peligro a alguno de sus hermanos.


¿Qué tiene que ver esto con el Señor  Montealegre?  Todo.  Habrá una segunda entrada a respecto  (él se lo merece), pero por ahora conviene mostrar alguno de sus rasgos característicos, para que el lector pueda entender de qué se habla. A Eduardo Montealegre lo caracterizan exactamente los mismos cinco puntos de atrás.

Este es un blog de crítica jurídica y crítica política y es por ello que hablamos de Montealegre.  Montealegre, el ex Magistrado de la Corte Constitucional, el actual Fiscal General de la Nación, el ilustre penalista, es una de las vergüenzas más grandes que pueda portar tarjeta profesional expedida por el Consejo Superior de la Judicatura.  Nuevamente, recordando a Fernando Vallejo, da pesar que no haya querido investigar sobre "el templario" y sí sobre la Iglesia Católica.

En la segunda parte de este ingreso, haré referencia a algunas cosas que quizá el lector desconozca de "el templario", y veremos si parece ser tan gracioso el personajillo.
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martes, 7 de agosto de 2012

La “libertad de prensa” del Vicepresidente


El tema no admite más espera.  Si bien es cierto que la mitad de las noticias jurídicas en el país giran en torno de temas penales, cada cierto tiempo surgen situaciones en el país que suscitan discusiones jurídicas interesantes.  Estas, por regla general, no se dan.  La principal razón para ello es que normalmente miramos las noticias desde una óptica política y no desde una óptica jurídica.

Si tenemos un Procurador sesgado con sus creencias políticas, al punto de desconocer el pluralismo religioso para definir qué es lo que él considera delictivo, o no, el tema que suele ocupar los foros de discusión en revistas y diarios suele ser acerca de cómo se ha politizado el derecho disciplinario, y lo grave que es tener a un retrógrada en ese cargo.  Sin embargo, las discusiones jurídicas detrás de esta cuestión no suelen darse.

Lo mismo ocurre con el Fiscal General de la Nación.  Un sabio de su envergadura que  opina sobre todo lo que ocurre en todos los ámbitos de la vida nacional a excepción de lo que ocurre en su entidad, precisamente deja de opinar sobre una serie de cuestiones jurídicamente interesantes.  Simplemente por poner un ejemplo reciente, sería interesante saber si en criterio de la Fiscalía General de la Nación, la nominación y votación de secretario del senado podría hacer pensar en la comisión de una conducta punible.  ¿El hecho de que se trate de un acto administrativo lo excluye de la indemnidad constitucional, o sí aplica la exclusión constitucional del poder penal? Sobre eso no escuchamos al brillantísimo columnista emitir opinión.

Reitero, el tema no admite más espera.  No hago referencia al par de jerarcas del poder sancionador del Estado, sino hago referencia a otro asunto que se ha tornado repetitivo, pero que aún no ha llegado a desbordar el límite de lo tolerable.  Al paso que vamos, sin embargo, sí lo va a superar, y sería interesante saber qué va a hacer el Gobierno colombiano y qué querría hacer el pueblo colombiano.

Me refiero al caso del Vicepresidente colombiano Angelino Garzón, un ex dirigente sindical de izquierda que apareció en la arena política institucional de Colombia a raíz de su nombramiento como Ministro de Trabajo del expresidente Andrés Pastrana Arango en el año 2000.  Posteriormente llegó a ser Gobernador del departamento del Valle del Cauca durante el Gobierno de Álvaro Uribe Vélez (de hecho, su periodo incluía el final del primer periodo presidencial de Uribe y la primera parte del segundo).  Luego, se constituyó en la fórmula vicepresidencial del entonces candidato Juan Manuel Santos Calderón.



Imagen tomada de:  www.vicepresidencia.gov.co 

El Vicepresidente ha protagonizado interesantes debates desde que Santos se posesionara como Vicepresidente de la República.  Cabe recordar que al principio del mandato de Santos, Garzón emitió declaraciones que criticaban el contenido de la Ley 1424 de 2010, una ley defendida por el gobierno de Santos.  Esto generó duros enfrentamientos con el entonces Ministro del Interior y de la Justicia, Germán Vargas Lleras.  Garzón criticó la ley señalando que abría lugar a la impunidad por el otorgamiento de indultos plenos.  El Ministro desmentía la versión, y nuevamente el Vicepresidente hablaba para reiterar las críticas.  Tuvo que intervenir el Presidente de la República para frenar la discusión, y los llamó a ambos al orden.  Ambos hicieron caso en su momento.

No obstante lo anterior, tiempo después se volvió a presentar una situación similar.  En conclusión, la discusión que se daba en varios frentes era si Santos podía “deshacerse” de Angelino, quien opinaba y opinaba.  Casi siempre, sus opiniones eran bastante divergentes de aquellas que presentaran los otros emisores oficiales, es decir, la de los Ministros.

Tras esta serie de roces internos de Angelino Garzón con el resto de los miembros del Gobierno, se tomó la decisión de nominar y apoyar la candidatura de Garzón para dirigir la OIT.  Una coincidencia temporal que no desaprovechó el Gobierno para sacar al ‘opositor’ en un momento propicio, elevándolo a una importante dignidad de carácter internacional.  Angelino Garzón percibió, como lo hizo una importante parte del pueblo colombiano, que su nominación era una manera elegante para callarlo y sacarlo del camino.  Al principio se opuso, pero después de un tiempo, aceptó y le empezó a gustar la idea.  Siendo sinceros, la opción no era nada mala, y a diferencia de muchos otros cargos donde se proponer como candidato a quien no sabe del tema, en este caso Angelino sí poseía un perfil interesante para el cargo.

Como resultado de la operación, Angelino Garzón dejó de ser una piedra en el zapato para el Gobierno, y de pronto se podía ganar un espacio internacional importante un tema sensible para Colombia, como es lo relacionado con la protección del trabajo y del trabajador en el país.  El gran problema fue que no lo eligieron, y el plan fracasó parcialmente (finalmente hay que aceptar que en el momento ‘agudo’ de la crisis, lograron callarlo).

Hace algunos días se vio en las noticias que el Vicepresidente Garzón, recién salido del hospital tras atravesar graves quebrantos de salud, habría empezado a apoyar supuestos mensajes de apoyo sobre la Asamblea Nacional Constituyente que algunos quieren convocar.  Luego salió el Presidente a desmentir esa noticia.  Entonces, tras nuevamente ponerse en el centro del reflector, el país empieza a preguntarse ¿qué piensa el Vicepresidente sobre la Constituyente que han propuesto?  Al parecer él mismo habría respondido la pregunta el día de hoy: sí.

Lo preocupante no es que piense que es conveniente convocar una Asamblea Constituyente.  Eso es discutible.  Lo preocupante es que considera que una Constituyente es necesaria porque es la única forma para que dialoguen Santos y Uribe, o los santistas y los uribistas.  Me eriza saber que al importante menú de mecanismos de resolución de conflictos debamos agregar el de Asamblea Nacional Constituyente.  Sin embargo, no es ese el punto que me lleva a escribir estas letras el día de hoy.

Como se ha mencionado al principio de este ingreso, me suelen interesar más las discusiones jurídicas que están detrás de las discusiones políticas.  Lo que me parece interesante discutir, en esta ocasión, es si existe alguna manera de detener o de institucionalmente callar al Presidente.  Nunca antes había visto un funcionario del Gobierno tan desjuiciado como el Vicepresidente.  Ni siquiera su inmediato antecesor, que metía en problemas al Gobierno cada vez que hablaba, generaba tanto problema.  Es más fácil lidiar con un tonto que con un rebelde.  Es el caso que nos ocupa.  Francisco Santos era un tonto bocón.  Angelino Garzón es un rebelde.

Por ello, me interesa ver qué es lo que constitucionalmente tenemos.  Por supuesto, si el tema fuera claro, no habría nada que discutir.  La discusión se da porque existe una tensión de derechos.

A su favor, Angelino Garzón tiene los siguientes preceptos constitucionales:

a. Art. 16.- Libre desarrollo de la personalidad.
b. Art. 18.- Libertad de conciencia.
c. Art. 20.- Libertad de expresión y libertad de prensa.
d. Art. 13.- Derecho a la igualdad.
e. Art. 5.- Principio de la primacía de derechos inalienables de la persona.
f. Art. 2.- Fines del Estado (específicamente la garantía de la efectividad de principios, derechos y deberes consagrados en la Constitución).

En contra, Angelino Garzón tiene los siguientes preceptos constitucionales:

a.  Art. 202., Inc. 3º - Función del Vicepresidente como remplazo del Presidente.
b. Art. 202., Inc. 5º - El Presidente es quien asigna funciones al Vicepresidente, si así lo considera.
c. Art. 6º - Responsabilidad de los servidores públicos.
d. Art. 122 – Consagración del principio de legalidad en material de función pública.

Para efectos de no ser demasiado engorroso, el punto es que el hecho de que Angelino Garzón sea Vicepresidente de la República no le quita su carácter de individuo con derechos fundamentales como los ya enunciados.  En consecuencia, tiene derecho a opinar sobre lo que quiera.  Otra cosa es si tiene la obligación de ser escuchado.  Sin embargo, lo interesante de esto es saber si debe obedecer al Presidente o no, y por tanto, si puede incurrir en responsabilidad disciplinaria por salirse del cauce de lo que debería hacer.

Al respecto es conveniente mencionar que la página web de la vicepresidencia www.vicepresidencia.gov.co hace referencia a las funciones que desempeña el Vicepresidente de la República.  Allí se consagran las normas que habrían de regular lo relacionado con las funciones del Vicepresidente.  Al respecto, se citan allí dos Decretos reglamentarios.  Se trata de los Decretos 2719 de 2000 y 4657 de 2006.

Respecto de estos decretos, conviene señalar lo siguiente: El primero de ellos, el 2719 de 2000 trae un catálogo interesante de funciones del Vicepresidente.  Están consagradas en el artículo 12 de esa norma.  Adicionalmente, es conveniente recalcar que se trata de un Decreto reglamentario, que se funda en lo dispuesto por la Ley 489 de 1998.  En esa ley, se deja expresa claridad que la Vicepresidencia de la República estará adscrita a la Presidencia de la República.

La Presidencia de la República es un Departamento Administrativo, y por lo tanto, su Director es nombrado por el Presidente de la República.  En consecuencia, si la Vicepresidencia está adscrita a ella, es un funcionario que está sometido a los lineamientos del Gobierno, que constitucionalmente es encabezado por el Presidente de la República.

Esto último quiere decir que, como funcionario público, el Vicepresidente no es una rueda suelta que pueda hacer lo que se le venga en gana por el simple hecho de que fue elegido popularmente junto con el Presidente.  El hecho de que hayan sido elegidos al tiempo no los pone al mismo nivel, ni el Vicepresidente es “inmune” a las órdenes vicepresidenciales.

La segunda de las normas es aún más interesante que la primera, puesto que retoma lo que expresamente señala la Ley 489 de 1998 al referirse al Vicepresidente de la República.  El artículo 56 de esa ley dispone que el Vicepresidente cumplirá las misiones o encargos que le confíe el Presidente de la República.  Nada más.  En ese mismo sentido, el artículo 13 del Decreto 4657 de 2006 retoma eso mismo, y dispone lo mismo, en cuanto a las funciones del Vicepresidente de la República.  Adicionalmente, el Decreto 4657 de 2006 expresamente deroga lo dispuesto por el Decreto 2719 de 2000.  En consecuencia, ese listado de funciones que pueden observar en la página web de la Vicepresidencia, está derogado.

En conclusión, el Vicepresidente de la República no posee funciones diferentes a las que le ordene el Presidente de la República.  En consecuencia, su única función será aquella que constitucionalmente no puede ser modificada como es la de remplazar al Presidente de la República en sus faltas temporales o absolutas.  De lo contrario, es tan súbdito del Presidente como cualquiera de sus funcionarios.

El problema es de diseño, ya que si bien el Vicepresidente es subalterno del Presidente, este último no puede remover del cargo a aquél.  Eso ya lo ha dejado claro el mismo Vicepresidente.  Pero eso no quiere decir que su imposibilidad de remoción implique que no deba cumplir instrucciones.  El incumplimiento de órdenes expresas implica penalmente prevaricato, y responsabilidad disciplinaria.  Ni el mismísimo Angelino Garzón está exento de esta clase de responsabilidades.  Eso lo dice también la misma Constitución, y el Vicepresidente no está por encima de la Carta Política.

Si el Presidente emitiese orden expresa sobre la imposibilidad de que el Vicepresidente opine acerca de cualquier asunto de Gobierno (probablemente se podría hacer de manera tan sutil como decir que únicamente lo puede hacer el Ministro del ramo correspondiente) y decidiese el Vicepresidente hacer caso omiso a esta orden, ya he mencionado qué consecuencias jurídicas acarrearía.

El hecho de que no pueda ser removido del cargo, no quiere decir que no pueda ser jurídicamente neutralizado.  Valdría la pena que el Gobierno piense si quiere tener a un rebelde con vocería, legitimidad y tanto poder andando como rueda suelta, o si piensa tomar riendas en el asunto.

En criterio de esta gaviota, quizás lo más sensato sería citar al célebre Rey Juan Carlos de Borbón en su mensaje personalísimo al Presidente Chávez de Venezuela, y esputarle a Angelino un: “¡¿Por qué no te callas?!”
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