sábado, 9 de febrero de 2013

El Templario II

El día de hoy, continuando con la serie dedicada al señor Eduardo Montealegre Lynett, que he iniciado con "El Templario I" conviene recordar tan solo algunas de las cosas que hace el Templario, o mejor, la caricatura de lo que era el verdadero templario de antaño.  Decía en el anterior ingreso que los caballeros templarios de antaño se caracterizaba por lo siguiente:


1)  Eran personas altamente preparadas e instruidas.
2)  Tenían relaciones con las clases poderosas, y por ende, incidían en el ejercicio del poder.
3)  Tenían una misión pública loable que los enaltecía, y otros objetivos privados muy secretos que realmente los guiaban en su actuar.
4)  Su modus operandi los llevaba a que nunca era claro si ellos habían actuado o no.  Las cosas simplemente ocurrían, y quedaba siempre la duda de si los templarios habían tenido algo que ver.
5)  No importa el tipo de situación que pudiera presentarse, o qué tan cercanos fueran con ciertas clases poderosas, el templario siempre sabe que primero está su hermano de la orden, y luego el resto del mundo.  En consecuencia, NUNCA hará algo que ponga en peligro a alguno de sus hermanos.

Aterricemos esto último a lo que ha sido el señor Montealegre Lynett.


Imagen tomada de: www.eluniversal.com.co

Montealegre, como es conocido por muchos en el país, es una persona con una carrera brillante.  Ha sido Magistrado de la Corte Constitucional, y en ella, demostró no solo su capacidad como penalista, sino el manejo del Derecho Constitucional, aportando al ordenamiento colombiano una serie de importantes ingredientes del derecho internacional y derecho comparado.  Además de lo anterior, Montealegre ha podido combinar con solvencia la vida pública y privada con especial habilidad.  Ha logrado desempeñarse profesionalmente como litigante, juez, académico, siendo reconocido como uno de los "grandes" del derecho en Colombia.

Si ello es así, ¿a qué se debe mi especial cariño por este personaje?  En efecto, he dicho que Montealegre ha podido manejar con especial solvencia la vida pública y la vida privada.  Sin embargo, como Fiscal General de la Nación ha demostrado que -como muchos otros- el poder lo acabó.  Su particular fetiche por aparecer en los medios de comunicación haciendo especial gala de su conocimiento jurídico y político lo ha llevado a utilizar la Fiscalía como un aparato de poder para sus propios fines, y no como el órgano de persecución penal que debería ser.  Su único polo a tierra, al parecer, es el Vicefiscal Perdomo, quien es un joven abogado con aspiraciones de llegar también a ser considerado "un grande", y se preocupa por dar resultados.

Entre las "perlas" de Montealegre está haber entrado a manejar los casos de corrupción en salud que empezó a manejar la administración anterior (la de Vivianne Morales).  A la fecha, la Fiscalía ha movido un caso, en la Nueva EPS, y sin involucrar a los altos directivos.  Esto último se explica en la medida en que él ha sido siempre cercano al sector salud, y de hecho ha asesorado a la controvertida EPS Saludcoop, por cifras nada despreciables (cifras que en ningún caso podría devengar como funcionario público).  Se ha enfrascado en peleas con la Contraloría, y con la administración anterior, para sacar de antemano la excusa de que si no se logra más, es por culpa de los demás.  De las investigaciones contra sus antiguos contratantes, nada se sabe, y probablemente nada se sepa mientras él esté allí.  Con lo que sí ha sido diligente, ha sido con el mejoramiento de las instalaciones físicas y el parque automotor de la entidad.  Ello no demoró mucho tiempo en ocurrir, a pesar de las demoras que representa la contratación pública.

A ello, debe sumarse el nefasto espectáculo ocurrido con el ex diputado del Valle Sigifredo López, a quien la fiscalía capturó, y posteriormente soltó.  Adicionalmente, el Fiscal enlodó el nombre del General Mena (entonces Comandante de la DIJIN), haciendo parecer como si hubiese sido la Policía la culpable de andar capturando a la loca.  El lector debe saber que ninguna decisión judicial de alto impacto político y mediático se toma sin el visto bueno del Fiscal General de la Nación.  Sin embargo, el espectáculo del perdón siempre se mostró como un perdón institucional, y el perdón personal de los funcionarios directamente involucrados, mas nunca como el reconocimiento de una falla personal.  De hecho, en la actualidad Sigifredo López hace ver a Montealegre como un gran ser humano.  ¡Eso es habilidad!  Como se observa, las cosas ocurrían, pero él nunca aparecía como si hubiera tenido algo que ver.

Similar situación se presenta con el caso "Colmenares", un paradigma de cómo una investigación penal puede ser llevada de manera desastrosa.  En ese caso, primero se ha ido capturando personas, y tan solo después se empiezan a conocer las posibles hipótesis investigativas.  El caso se abrió en dos (cuando la economía procesal obliga a lo contrario), y se ha cambiado de funcionarios.  Se ha llegado al punto de que la Fiscalía solicita la nulidad de sus propias actuaciones para intentar arrancar de cero y poder reenfocar el caso.  Esto, por supuesto, se realiza bajo la batuta de alguien que se autodenomina garantista.

En otros tantos casos, la entidad parece no responder al nivel de criminalidad que está manejando el país.  La criminalidad económica cada vez gana más espacio, y Montealegre se encarga de aparecer en los medios para opinar sobre las intenciones políticas de Uribe, el problema con el proceso de paz, y cualquier otro tema que pueda ser objeto de interés nacional en el momento.  Como los templarios, Montealegre está en todo, pero nadie ha podido saber realmente en qué está.  La cúpula de la Fiscalía se mueve, y ni siquiera sus allegados saben realmente qué es lo que pretende.  Mucho menos lo sabe el país.  Mientras tanto, la respuesta del Vicefiscal ha sido intentar manejar las riendas jurídicas de la entidad de forma tal que casi todo lo importante, lo maneja él y la gente de su equipo.

Los ciudadanos se preguntan en qué momento va a utilizar todo el conocimiento jurídico y político que posee en beneficio de ellos, o mejor, en beneficio de la sociedad.  Su misión es una, perseguir la delincuencia, y en eso, los indicadores de su gestión son menos que lamentables.  Para aquellos, que como él manejan el concepto de "criminalidad de cuello blanco" existe tranquilidad porque los grandes zares, los poderosos "padrinos" de las distintas mafias que azotan el país, no serán perseguidos.  Perseguirán mandos medios, y habrán muchas ruedas de prensa, pero mientras tanto, Montealegre seguirá sigiloso, manejando su agenda.

Lo que más preocupa en la actualidad, es que el gran palabrero templario se encuentra increíblemente callado en los últimos meses.  Pareciera como si finalmente se hubiera dedicado a gerenciar la Fiscalía General de la Nación, como lo insinuó en entrevistas como ésta que le dio al diario El Tiempo, pero también conviene saber, que el  Templario mueve sus legiones en aras de un fin algo más terrenal, y no tan celestial como la justicia.  Su periodo se encuentra en jaque, y él no está dispuesto a ser Fiscal por un año y unos meses.  A él le interesa ser Fiscal por 4 años.  No crean que el abnegado Montealegre se preocupa porque su "obra jurídica" está inconclusa.  Ya para ello tiene a muchos lacayos que lo hacen en su nombre (la académica) o que los procesos que él administraba se queden en el aire (ya lo están).  Lo que pasa es que ser Fiscal General implica poder estar en todos lados, nombrar muchas personas, y tener influencia.  Eso es el estilo templario.

Así como los templarios de antaño buscaban así salvar la palabra de Dios, así el señor Montealegre se desvive por imponer el imperio de la ley...