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miércoles, 21 de octubre de 2026

Mi opinión sobre la presidencia de Juan Manuel Santos Calderón (segundo periodo)

NOTA PRELIMINAR: Esta es la séptima entrada de la serie acerca los distintos presidentes que he tenido la oportunidad de racionalizar, o mejor, digerir.  Si no han revisado ya las cinco entradas anteriores, se sugiere hacerlo antes de leer este ingreso.  En este caso, Santos es el primero de los actuales expresidentes sobre los que escribí en su momento, e incluso desde que fuere candidato antes de su primer mandato.  Además de revisar el ingreso anterior, que trata sobre el primer periodo presidencial de Juan Manuel Santos, pueden contrastar lo aquí reseñado, frente a los siguientes ingresos (con fecha incluida para que se sepa detectar en qué momento del tiempo fue escrito:

Elecciones Presidenciales I: Juan Manuel Santos (30/04/2010)

Por qué no voto por Santos ni por Zuluaga (10/06/2014)

Balance del Gobierno de Juan Manuel Santos - Parte 1 de 2 (08/08/2018)

Balance del Gobierno de Juan Manuel Santos - Parte 2 de 2 (16/08/2018)

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El año es 2014, y luego de cuatro años iniciales de Juan Manuel Santos Calderón en el poder, vino su segundo periodo presidencial.  Llegar allí, no fue fácil, puesto que en la primera vuelta presidencial, Santos no ganó.  Quien ganó fue Oscar Iván Zuluaga, el candidato del uribismo a través del partido Centro Democrático. Era claro que la pelea no iba a ser sencilla porque el uribismo, quien se sentía traicionado por Santos a raíz de sus cambios radicales frente a los postulados que lo habían hecho elegir inicialmente en 2010, quería que el verdadero uribismo retomara el poder.  Por su parte, el santismo no estaba dispuesto a perder frente al Uribismo y apostó -sabiamente, por cierto- a hablarle a las pasiones de la gente y no a su intelecto.  

Cualquier político medianamente exitoso sabe que lo que el ciudadano común en una democracia quiere es sentir y no saber.  Quiere sentir esperanza, confianza, energía, seguridad, optimismo.  Al ciudadano común en cualquier democracia no le interesa conocer la fórmula para convertir el plomo en oro, sino creer que efectivamente el plomo se convertirá en oro, así sea imposible que "realmente" ocurra. Por eso es que a nadie realmente le interesa revisar un programa de gobierno de ningún candidato. Por ello, a partir de ese peligro de perder la reelección, Juan Manuel Santos y su equipo de gobierno le apostaron que en teoría nadie podría "no querer" la paz.  El país empezó, incluso desde la campaña política, a dividirse entre los "amigos de la paz" y los "enemigos de la paz". El giro de "los buenos" y "los terroristas" que venía de la época de Uribe, pero en el léxico y contexto santista.

En la segunda vuelta, Santos ganó, y similarmente a como ocurrió con las elecciones en el caso de Ernesto Samper Pizano, no estuvo exento de controversia.  A lo largo de su periodo presidencial, se destapó el escándalo de Odebrecht que destapó de qué manera ese importante grupo empresarial brasileño tenía la capacidad de "contribuir" o "aportar" a políticos de toda Latinoamérica a cambio de posteriormente ser beneficiarios de importantes contratos a todo nivel, con la ayuda de sus políticos beneficiarios.  Es decir, algo parecido a lo que el país sabe que existe desde siempre pero no ha logrado comprobar de manera seria y masiva, pero en este específico caso, a escala regional y no solo nacional.  Este escándalo no se destapó por la brillantez y suspicacia de las autoridades colombianas, sino como casi siempre en este país, por movimientos en la justicia de los Estados Unidos. En ese caso, tanto la campaña de Zuluaga como la de Santos se vieron seriamente salpicadas por el escándalo de Odebrecht, pero como suele ocurrir en Colombia, al Presidente en ejercicio no le pasó nada (similarmente como a Samper) y Santos cayó de pie, como los gatos.

Aparte del escándalo de Odebrecht, el Gobierno de Santos II se definió en función del proceso de paz de las FARC, similarmente a como se definió el gobierno de Andrés Pastrana Arango.  Lo que la Historia diría a partir del 2018, dependería de cómo gestionara ese diálogo con las FARC. A diferencia de algunos presidentes que tuvo este país antes de él, y después de él, Santos puede ser lo que sea, menos bruto.  Similarmente a como ocurrió con Samper, se rodeó de unos verdaderos zorros capaces de defenderlo a capa y espada.  Germán Vargas Lleras era su Vicepresidente y le dio rienda suelta para encargarse de temas como la infraestructura y la contratación a gran escala, para mostrar resultados: y lo hizo.  Juan Fernando Cristo como Ministro del Interior era quien mostraba el mundo de Santos a partir de su visión de paladín garante de las víctimas.  Por último, el zorro mayor fue Néstor Humberto Martínez como "Superministro" inicialmente y posteriormente como Fiscal General de la Nación encargado investigar muchos de los escándalos que salpicaban a antiguos clientes así como al gobierno al que recién había defendido a capa y espada, y que por supuesto no investigó.

Santos estuvo muy bien blindado, y sus fichas le jugaban un excelente partido a nivel institucional y extrainstitucional.  El país tuvo tal vez los mayores periodos de estabilidad a nivel de macroeconomía y orden público.  En principio eso debería ubicar a Santos como un fantástico Presidente.  Sin embargo, como señalé líneas atrás, su campaña y su gobierno estaban atados inescindiblemente al proceso de paz con las FARC, y ese proceso no fue bien llevado.  Si se quiere revisar en detalle la cronología de los avances de esa negociación, se podrá observar que los tiempos de discusión de los seis puntos principales que componían el acuerdo fueron claramente desiguales.  La mesa de negociación se demoró muchísimo tiempo en discutir dos de esos puntos, y los otros cuatro fueron claramente acordados de afán, cuando la presión social obligó a que se "dieran resultados" pronto.

El acuerdo que le presentaron al pueblo Colombiano, en opinión de quien esto escribe no es serio.  La razón principal de ello es que un texto de esta naturaleza tiene que ser eminentemente práctico, y este texto no lo es.  Explico el punto.  No es lo mismo decir "Pedro tiene tres meses para presentar un informe de inventario a Luis" que decir "una instancia de alto nivel proyectará a la mayor prontitud un informe que será revisado por organismos interinstitucionales".  Desde el punto de vista de estilo literario, parece mucho más apetecible el segundo ejemplo que el primero, pero la diferencia es que este último es difícilmente verificable, mientras que el primero es fácilmente constatable.  Revisen el texto del acuerdo de paz, o en su defecto, pídanle a su inteligencia artificial de confianza que lo haga, y que les indique cuántas veces se hace referencia a ese tipo de frases gaseosas como "instancia de alto nivel" y "monitoreo interinstitucional" para darse cuenta de lo que aquí digo.  En vez de tratarse de un acuerdo con compromisos prácticos verificables, se convirtió en una especie de carta al Niño Dios plagada de deseos y buenas intenciones, pero con instancias poco prácticas. Los efectos de esa carta al Niño Dios se pueden ver hoy en la implementación del acuerdo, en la reparación a víctimas, en la protección de la vida de los desmovilizados, y especialmente en la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP).  Vistas en conjunto, o de manera separada, es claro que el acuerdo como un todo, no funcionó.


Imagen tomada de: www.infobae.com

Todo lo anterior le dejaría una mancha en el legado de Santos, pero lo que hace que su puntaje caiga drásticamente es su afán por ganarse la medallita del Nóbel de Paz.  Estoy absolutamente seguro que esa ambición personal de un acaparador de trofeos lo llevó a cometer un error por soberbio.  Estaba tan convencido que todo el país iba a aplaudirlo y cundirlo en loas, que se arriesgó a apostar la puesta en marcha de todo el acuerdo de paz en unas elecciones, y perdió.  No importa aquí el porqué de su derrota electoral, pero lo cierto es que perdió.

El mecanismo elegido era el del plebiscito especial, cuyo alcance fue desarrollado por la Corte Constitucional en la sentencia C-379/16. Si quieren revisar ese punto en específico, vayan y lean de los puntos 7 al 20.2 de los considerandos.  Observarán, por ejemplo, que la Corte siempre hace referencia al pueblo como soberano (primer punto a anotar) y también sobre los alcances de la aprobación del plebiscito, y casi nada o nada sobre los alcances de la victoria del NO (segundo punto a destacar).  Lo cierto es que toda esa parafernalia y promesa de acatar la voluntad del pueblo, quedó en nada.  Juan Manuel Santos Calderón, en mi opinión, jamás podrá ser considerado como un estadista modelo o siquiera un demócrata ejemplar, cuando ha sido el único Presidente del que yo tengo conocimiento que ha desconocido frontal, descarada, abierta, y solapadamente una votación popular.  El Presidente de la República, como mandatario (cabe recordar que esto no hace referencia a que él sea quien mande, sino a la figura del mandato como contrato por medio del cual el pueblo como mandante contrata al Presidente, como mandatario para que cumpla con una gestión encomendada, su programa de Gobierno) debe respetar la voluntad del pueblo soberano, su mandante.  En este caso, el Presidente Santos le mamó gallo al soberano (utilizando la terminología de la misma Corte Constitucional).  Lo peor del caso es que esa "mamadera de gallo" fue ratificada por las diversas instancias institucionales colombianas, desde el Congreso, la Corte Suprema de Justicia y la Corte Constitucional.  Junto con la debacle del caso de Ernesto Samper ya vista, la suscripción, firma y aval del Acuerdo de Paz Santos-FARC son las muestras más claras y fehacientes de que la institucionalidad colombiana NO es sólida, y que las famosos pesos y contrapesos que deberían existir en Colombia, no funcionan bien.

Si se revisa la tabla de medallería de los gobiernos de Santos, se tiene entonces que nos llevó a la OCDE, firmó un sinnúmero de tratados de libre comercio, que metió a Colombia en el escenario económico mundial, y que firmó un acuerdo de paz con la guerrilla más vieja del mundo.  Ahhhh, y que se ganó un Premio Nóbel de Paz, algo que cuando lo aceptó dijo que no era para él sino para el pueblo colombiano, pero que desde que salió de su cargo, utiliza como carta de presentación; no era el Nóbel del pueblo colombiano como desinteresadamente dijo en su momento: era el Nóbel de él, SU medallita. Para la muestra, la imagen de su perfil en la red social X:


Parecen impresionantes todas esas medallitas que he mencionado. No obstante, si revisamos a fondo cada una de ellas, se observará, por ejemplo, que las estadísticas de la OCDE nos ha servido para demostrarnos todos los días por qué razón no debemos estar allí.  Los TLCs han demostrado que efectivamente no estamos preparados para competir de tú a tú con los distintos países con los que los firmamos porque nuestros niveles de competitividad y productividad no nos permiten hacerlo.  El Acuerdo de Paz no funcionó porque mataron a muchísimos desmovilizados, no hubo reparación real, y las "instancias de alto nivel" prometidas para todo, no existieron ni existirán.  Y finalmente lo que el pueblo más anhelaba que era la aplicación de justicia por todos los crímenes atroces cometidos, tampoco llegó.

De lo anterior, parece claro que el segundo periodo de Juan Manuel Santos admite opiniones según el punto de vista del que se le mire.  Luego de haber revisado a partir de los distintos puntos de vista desde los cuales yo lo analicé, puedo decir que fue un gobierno regular, pero en donde Santos se ganó la medallita a ser el único Presidente que ha desconocido frontalmente una votación de un plebiscito, con la complacencia del resto del Estado colombiano.  Esa medallita también debe entrar en su tabla de medallería. 
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sábado, 3 de octubre de 2026

Mi opinión sobre la presidencia de Álvaro Uribe Vélez (primer periodo)

NOTA PRELIMINAR: Esta es la cuarta entrada de la serie acerca los distintos presidentes que he tenido la oportunidad de racionalizar, o mejor, digerir.  Se sugiere al lector revisar los tres primeros ingresos (sobre Gaviria, Samper y Pastrana) antes de revisar este.  Lo anterior, dado que hay hechos tratados allí que se dan por conocidos en este ingreso, por razones de espacio.

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Finalizando la presidencia de Andrés Pastrana Arango, era claro para el país que las FARC eran el principal problema del país.  El proceso de paz no solo había fracasado extraoficialmente desde el día 1, sino que oficialmente había sido levantado por Pastrana poco antes de finalizar su mandato y suficientemente cerca de las elecciones presidenciales para que gran parte del país quisiera dar un "timonazo" político.  En febrero de 2002, Horacio Serpa Uribe, del partido liberal, era el candidato que lideraba con suficiente amplitud la intención de voto.  Álvaro Uribe Vélez, por el movimiento "Primero Colombia" por su parte, inició la campaña con poca intención de voto y luego de la oficialización del fracaso del proceso de paz, Uribe se disparó y terminó ganando en primera vuelta.  La razón: su campaña se basó desde el día 1 en un ataque frontal al proceso de paz con las FARC y en un discurso de mano dura en contra de la subversión.

Para un país que lleva a estas alturas un cuarto de siglo acosumbrado a que Álvaro Uribe Vélez esté en el centro de las discusiones, parecería que siempre fue un tipo reconocido y poderoso, como los familiares de Laureano Gómez, la familia Char o los hijos de Luis Carlos Galán.  Para 2001, Uribe no era un tipo ampliamente conocido en el país, y era joven.  Tan joven era, que uno de los problemas prácticos que enfrentó su campaña en ese momento era intentar hacerlo ver un poco mayor para generar la sensación de que era un tipo experimentado.  Una de las soluciones en ese momento (cosa que la audiencia más joven probablemente no creería) fue pintarle canas a Uribe para intentar generar ese efecto. Poco más se sabía de él en ese momento que haber sido senador por el partido liberal, y haber sido Gobernador de Antioquia.

Uribe, cuando llegó al poder, ya era megapopular, y esto en gran medida se debió a la consistencia de su discurso de mano dura, pero especialmente a que gran parte de su campaña se la debe a las FARC.  Entre más secuestros, extorsiones y ataques violentos realizaba, mayor parte de la población empezaba a favorecer a Uribe.  Sin demeritar los esfuerzos de su campaña, es claro que la población colombiana no estaba votando tanto por amor a Uribe, sino por odio a las FARC.  De todos los candidatos, el único que sistemáticamente prometió mano dura contra las FARC, fue Uribe. Por eso ganó. A esa política de mano dura se le denominó como "seguridad democrática", término que todavía se escucha en el argot político nacional.

En este punto, sin embargo, para poder opinar sobre el periodo presidencial Uribe I, es necesario hacer una distinción central entre lo que se vio, y entre lo que no se vio pero se fue sabiendo a lo largo de los años posteriores.

Opinión a partir de lo que se vio.

Lo primero que se debe decir es que a lo largo de sus dos gobiernos, Uribe prometió "trabajar, trabajar y trabajar", en torno de tres pilares fundamentales, algo que posteriormente se conocerían como los tres huevitos de Uribe: la seguridad democrática (política de mano dura contra el crimen organizado), la confianza inversionista (política económica fundada en la estabilidad de las reglas de juego del Estado frente a las empresas, para propiciar inversión económica segura en Colombia), y la cohesión social.  De esas tres políticas, Uribe cumplió ampliamente con la primera, aunque el país no sabía en ese momento a qué costo, punto que trataré más adelante.  En cuanto a la confianza inversionista, también cumplió.  Los indicadores en su gobierno volvieron a ser positivos, luego de tantas dificultades que enfrentó la economía colombiana en los gobiernos de Samper y de Pastrana.  En cuanto a la última, fracasó.  Lejos de haber propiciado la cohesión social, lo radical del discurso de Uribe, tanto a nivel interno como a nivel internacional, generó que la población se radicalizara en lo que hoy en día se denomina polarización.  Desde Uribe I, el país no he dejado de estar polarizado.

Le imagen de Uribe, como individuo, era impecable.  Durante su primer gobierno, a él raramente lo cogieron "fuera de lugar", y transmitió constantemente la imagen de un líder bien estructurado, que sabía de diversos temas, tenía buenas intenciones e incluso tenía gusto por declamar poesía.  Nada de su forma de actuar en público generaba abierto rechazo.

En mi opinión personal, Uribe cometió un error grave: haber intentado meter una reforma constitucional masiva a través de la figura del referendo.  Como se daría cuenta el país en ese momento, el referendo fue constitucionalmente mal diseñado, porque no fue pensado para el contexto de un país tan abstencionista como este, en donde la gente que realmente vota no solía superar el 50% de los votos posibles.  En consecuencia, no bastaba que ganara el SÍ, sino que la votación total tenía que superar el umbral.  A excepción de una de las preguntas en un listado de 14, las otras 13 no alcanzaron a superar el umbral de votos, a pesar que el SÍ ganaba de manera apabullante en cada una de las preguntas.  En consecuencia, era un espaldarazo masivo a las ideas propuestas por Uribe, pero una derrota electoral por haber sobreestimado la cantidad de votantes que acudirían.  El error grave no fue ese, sino el temario del referendo: estaba destinado a ser una reforma anticorrupción a nivel constitucional.  El mensaje era claro: el gobierno de Uribe no toleraría la corrupción.

Siguiendo la secuencia presentada, Uribe tenía una imagen impecable, e intentó constitucionalmente meter una reforma robusta en materia anticorrupción (uno de los problemas más grandes que ha tenido y aún tiene este país).  El problema que se presentó, es que gran parte del círculo cercano al Presidente, incluyendo ministros, directores de departamentos administrativos, y secretarios, estaban metidos en importantes escándalos de corrupción y de abuso de poder.  Existe un adagio popular que dice: "Dime con quién andas y te diré quién eres". En el caso de Álvaro Uribe Vélez, curiosamente nadie quería aplicar ese adagio, y por lo tanto Uribe mantuvo durante mucho tiempo la imagen de santo, al punto que muchas personas de manera sarcástica empezaron a referirse a él como "el mesías".  El país estaba dispuesto a creer que él era intachable sino que lamentablemente estaba mal rodeado.


Imagen tomada de: www.lafm.com.co

Mientras el país en general mostraba muy buenos resultados frente a muchas de las cosas que había prometido, el tiempo permitió mostrar con cada vez mayor evidencia, que Álvaro Uribe Vélez no era tan santo como se pensaba inicialmente.  Quizá el momento culmen de ese descubrimiento fue cuando se destapó la manera como Uribe compró los votos para que se pudiese generar la reforma constitucional que permitiese su reelección.  Algunos colombianos nos quedamos con la imagen de que alguien "tan bueno" no haría algo tan bajo como lo que se documentó en lo que se conoció como la yidispolítica, y que por lo tanto, si bien había hecho muchas cosas bien, era mejor no reelegir a alguien con un manto de duda tan relevante.  La mayoría del país, sin embargo, o no quiso ver o no pudo ver eso, y consideró que estaba contenta con el rumbo que llevaba el país, y decidió reelegirlo para un segundo periodo.

Opinión a partir de lo que no se vio.

Según relaté en el ingreso anterior, relacionado con el gobierno de Pastrana, estando yo prestando servicio militar escuché a oficiales diciendo que la situación del país no cambiaría mientras no se aceptara una alianza con el paramilitarismo, porque buscábamos lo mismo (acabar con las FARC) y por lo tanto, los logros de las fuerzas armadas o de los paramilitares, eran los logros de ambos.  En ese momento, el fenómeno del paramilitarismo todavía se percibía como un mecanismo de defensa extraoficial frente a la crueldad de las FARC y por lo tanto no era percibido unánimemente como un mal fenómeno.

Sin embargo, como suele ocurrir con este tipo de fenómenos (con las FARC pasó exactamente lo mismo) lo que empezaba como un ejercicio de "defenderse de", empezó a corromperse cada vez a mayor medida, hasta el punto que para responder a cosas como el burro bomba, el collar bomba, perpetrados por la guerrilla, las autodefensas empezaron a masacrar poblaciones enteras e incluso a realizar desmembramientos para mostrar hasta donde estaban dispuestos a llegar.  A su vez, los "éxitos" operativos de esos grupos paramilitares implicaban mayores costos de financiación, y similarmente como ocurrió con las FARC, lo que empezó como un mecanismo de "defenderse de" terminó convertido en una empresa criminal casi idéntica en lo operativo a aquellos que decían atacar.

Durante el primer gobierno de Uribe, ya era claro que los paramilitares eran una organización criminal, pero por ser más reciente en el tiempo, no eran tan odiadas.  Poco se sabía en ese momento, que el paramilitarismo tenía congresistas puestos por ellos, y que eran simpatizantes del Gobierno de Uribe.  Aun hoy no es claro si existían vínculos reales de Uribe con el paramilitarismo (mucha evidencia apunta a que sí, pero no es totalmente claro).  Sin embargo, hay demasiados indicios de que si bien podría no ser un "miembro oficial", cuando menos era un simpatizante del objetivo último de ese grupo.  Cabe recordar que al padre de Uribe lo había matado un grupo guerrillero, episodio en el que resultó herido el hermano del hoy expresidente.  Como se ha visto ampliamente a lo largo de la historia, muchas de las alianzas políticas y/o militares no se dan por "simpatía a favor de" sino "antipatía en contra de".  La evidencia sí muestra, en todo caso, que la diferencia entre operativos en contra de la guerrilla y operativos en contra de los grupos paramilitares, eran más que evidentes.

Además de la aparente alianza de las fuerzas regulares del Estado colombiano en contra de la guerrilla, y de las "sinergias" entre agencias del Estado y ese grupo, el éxito aparente de los operativos de la política de la seguridad democrática generó un problema grave y es que, dado que se empezaron a medir los éxitos operativos a partir de bajas en la guerrilla, se empezaron a fabricar esas bajas.  Mientras el país se contentaba con que le anunciaran que habían guerrilleros muertos en operativos, pocos preguntaban cómo fueron esos operativos, y por lo tanto, lo importante era ver los muertos.  Cuando no se realizaban los operativos, se simulaban.  En consecuencia, a muchas personas los mataron sin ningún tipo de justificación, o mejor, los ejecutaron a sangre fría, y posteriormente los mostraban como si fueran bajas en combate, mejoraban el prestigio de los miembros de la fuerza pública, del gobierno, y por supuesto, de Uribe.  Eso se sabe hoy.  En ese momento, tan solo se rumoraba.  No es claro si Uribe directamente haya incentivado esto, pero sí es claro que no hizo nada por evitarlo.

Conclusión:

El Gobierno de Uribe, cumplió con dos de sus tres promesas y eso hizo que el pueblo colombiano (con el conocimiento del momento en 2006) lo volviera a reelegir gustoso.  La gente pasó de estar encerrada esperando que la guerrilla se tomara la capital del país (como estuvo cerca de ocurrir) a sentirse medianamente segura, y eso en sí mismo era suficiente para que Uribe fuese amado.  Que Uribe fuese amado lo hizo sentirse indispensable y como era él el único que podía salvarnos, cambiaron la Constitución una vez (y casi dos, según veremos luego) para que pudiese ser reelegido.  Estuvo siempre mal rodeado y luego de que su apetito por el poder quedó evidenciado con la compra del trámite legislativo que permitió la reelección, es claro que su lucha abierta en contra de la corrupción no fue tal, y que incurrió en esas mismas prácticas que decía combatir.  Enseñó una lección que luego nos han recordado otros "adalidades de la lucha contra la corrupción": nunca confíen en alguien que dice que luchará de frente contra la corrupción.

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jueves, 24 de septiembre de 2026

Mi opinión sobre la presidencia de Andrés Pastrana Arango

NOTA PRELIMINAR: Esta es la tercera entrada de la serie acerca los distintos presidentes que he tenido la oportunidad de racionalizar, o mejor, digerir.  Se sugiere al lector revisar los dos primeros ingresos (sobre Gaviria y Samper) antes de revisar este.  Lo anterior, dado que hay hechos tratados allí que se dan por conocidos en este ingreso, por razones de espacio.

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En 1998, el panorama de Colombia era muy distinto que el de cuatro años antes. Para 1994, existía un optimismo institucional que fue dinamitado debido a que Samper hipotecó su alma a quien fuese con tal de no caerse.  En esos ocho años el "malo del paseo" cambió varias veces.  Sin embargo, para entender esto, conviene irse unos años atrás.

Colombia desde que existe, ha sido especialista en ser violenta.  En los 80s, las guerrillas eran la principal fuente de violencia armada durante un importante lapso.  Las FARC, ELN, el EPL y el M-19 todas tenían su participación.  De ellas, el M-19 venía mostrando una mayor notoriedad, lo que la catapultó al primer puesto, a raíz de la toma del Palacio de Justicia en 1985. Entre 1985 y 1990, los principales adversarios eran ese grupo guerrillero, y el Cartel de Medellín, como parte del creciente fenómeno del ascenso de los carteles del narcotráfico. Desmovilizado el M-19 como grupo guerrillero, el principal fenómeno violento del país era el cartel de Medellín, con las caras visibles de Gonzalo Rodríguez Gacha (muerto en 1989) y Pablo Escobar Gaviria (muerto en 1993).  Desde la muerte de Escobar, a Samper le tocó "perseguir" a los que lo ayudaron a llegar al poder, el Cartel de Cali, pero mientras tanto, la guerrilla de las FARC empezó a ganar terreno rápidamente y mutó de una guerrilla liberal, a una narcoguerrilla con control territorial.

En el gobierno de Samper inició una ofensiva guerrillera en donde las tomas guerrilleras a municipios, bases militares, empezaron a volverse cada día más comunes y más agresivas.  Si bien todas las guerrillas estaban mutando a ese nuevo "modelo de negocio", la más aventajada en ese ámbito era las FARC. Para 1998, venían realizando tomas guerrilleras que en palabras castizas, implicaba control militar territorial, masacres y secuestros.  Era la prueba de que el Estado colombiano NO tenía el control territorial de todo el territorio nacional.

El "malo del paseo" que definió el gobierno de Pastrana, era las FARC.  La carrera presidencial de 1998 estaba casi que totalmente definida por ese ítem.  Para ese entonces, Álvaro Gómez hurtado había sido asesinado, y la contienda presidencial se definía entre Andrés Pastrana Arango, quien repetía candidatura luego de su derrota en 1994, y Horacio Serpa Uribe, el formidable escudero de Ernesto Samper Pizano.  Si bien la pelea fue bien dura, gran parte del país votó por Pastrana, en una modalidad de decisión electoral que para ese momento era nueva en el país, pero que en la actualidad es tal vez la principal motivación electoral: no se trataba de votar a favor de Pastrana, sino de votar en contra de Serpa. Muchos de los que vivimos los cuatro nefastos años de Samper, no queríamos cuatro años más de lo mismo.  Además, sobre Serpa, quien siempre fue un tipo muy inteligente y capaz, pesaría algo que no lo abandonaría hasta su muerte: la acusación de haber participado en el magnicidio de Álvaro Gómez Hurtado.

Lo cierto es que Pastrana se la jugó por intentar lograr desmovilizar a las FARC y diseñó un proceso de paz que involucraba la creación de un espacio territorial exento de fuerzas armadas del Estado colombiano.  Esto se puede leer de distintas maneras: una muestra de buena fe del Estado de una intención real de paz; el reconocimiento velado de que el Estado no tenía control territorial pleno; una capitulación a las FARC ante un estado de cosas en donde estaban ganando demasiado terreno; un intento por mantenerlos contenidos mientras se reorganizaban las fuerzas estatales; etc. Más allá de intentar reescribir la Historia, lo que interesa aquí es contar lo que verdaderamente pasó.

La denominada "zona de distensión" no fue una zona de distensión. Fue una zona de inviolabilidad, similarmente a como funcionan las embajadas.  Era territorio colombiano formalmente, pero allá no entraba nadie, y la verdadera autoridad era las FARC.  Las FARC nunca se tomó en serio el proceso de paz con Pastrana, y lo mostró desde el día 1.  El 7 de enero de 1999, en la inauguración de las mesas de diálogo, estuvo presente el Presidente Pastrana, y no estuvo presente el Comandante de las FARC, Pedro Antonio Marín, conocido formalmente como alias "Manuel Marulanda", quien también conocido informalmente por el alias de "Tirofijo".  A ese episodio se le conoce en la cultura popular colombiana como el episodio de "La Silla Vacía".

Imagen tomada de: www.elespectador.com 

Si se mira a partir de algunas de las carteras que conforman el Gobierno de Pastrana, su mandato no fue malo.  Aún hoy, muchas de las leyes más importantes que se han expedido, se expidieron en su Gobierno.  El Plan Colombia, a nivel de relaciones internacionales y financiación de un aparato militar medianamente serio, son aciertos innegables.  Sin embargo, es imposible calificar el Gobierno de Andrés Pastrana como un buen gobierno porque fracasó en aquello por lo que se la jugó en su campaña, el proceso de paz con las FARC.  Más aún, ese fracaso estrepitoso, generó un problema igualmente delicado, como lo fue el auge de las formalmente llamadas autodefensas, que el pueblo colombiano conoce mejor con el nombre de paramilitares.

Pretender entender el fenómeno de los paramilitares sin entender ese contexto de orden público en ese momento específico, es imposible.  El proceso de paz, por definición, implicaba respetar las reglas de la zona de distensión.  Para ese momento, las FARC utilizaron el secuestro extorsivo como mecanismo 1A de financiación.  Salir por una carretera exponía a cualquier persona a ser secuestrado, en lo que se llamó eufemísticamente como las "pescas milagrosas".  Las unidades militares estaban siendo atacadas con pipetas de gas modificadas con metralla para servir como granadas de mortero gigantes.

Lo conozco perfectamente bien porque en ese momento yo personalmente me salvé de dos ataques de esos.  Dado que iba a ser trasladado al Batallón Colombia No. 3 en Egipto, usualmente el relevo de soldado se concentraba en el Batallón de Artillería de Usme.  Por temas del destino, nuestro relevo se concentró en el Batallón de Ingenieros Militares de Puente Aranda y por esa razón me salvé de un ataque que se llevó a cabo en el batallón de artillería mencionado.  Además, ya habiendo salido de la Escuela Militar de Cadetes, que era donde quedaba el Batallón de Servicios No. 19, que era en el que presté la mitad de mi servicio militar, fue igualmente blanco de un ataque por parte de las FARC.  No me salvé de uno, sino de dos ataques de esos.

Mi historia no es relevante porque "pobrecito yo", o "soy un milagro viviente", sino porque demuestra que las FARC no se estaban defendiendo del Estado, sino que era el Estado el que se estaba intentando defender de las FARC en una época en el que había instrucciones de frenar ofensivas en virtud del proceso de paz.  Para muchos de los miembros de las fuerzas regulares del Estado, existía evidente desmotivación ante la instrucción de "no hacer nada" mientras que las FARC secuestraba, enviaba pipetas de gas, mataba y le "mamaba gallo" al proceso de paz.  Eso potenció que muchos de los oficiales y suboficiales de las fuerzas militares apoyaran a grupos de personas que se organizaron para hacerle frente a las FARC (las autodefensas).

La lógica detrás de esos enfrentamientos era de desincentivos:  Si usted me quita un dedo, yo le quito una mano. Si usted mata a una persona, yo le mato a toda su familia, así sucesivamente.

El fracaso del gobierno de Pastrana fue doble: lejos de acabar con las FARC, estas se potenciaron "mamándole gallo" al proceso de paz, y eso generó que el fenómeno del paramilitarismo surgiera y se potenciara rápidamente, pues contaba con la bendición oculta de muchas personas, incluyendo militares, políticos, empresarios y "ciudadanos de a pie" que venían siendo víctimas de las FARC.

Por ello, tal vez el clímax de todo este desastre se pudo evidenciar en la masacre de Bojaya, el 2 de mayo de 2002 (unos meses antes de que Pastrana dejara el poder).  Se trató de un enfrentamiento entre la guerrilla de las FARC -que nacieron como defensores de los campesinos frente a la violencia del Estado- y los paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia -que nacieron como defensores de los ciudadanos frente a las narcoguerrillas-.  En ese episodio, ambas parte llegaron al punto de sevicia tal de bombardear una capilla repleta de personas que intentaban huir del combate y del horror.  Prefirieron matar a la población con tal de demostrarle a su oponente "quién era más berraco".

Cabe resaltar que en medio de todo esta violencia, el gobierno de Pastrana es recordado por muchos como aquél en el que mataron al reconocido humorista Jaime Garzón.

Al Gobierno de Pastrana, igual que a cualquier otro gobierno, lo podríamos medir por indicadores: el crecimiento del PIB, el precio del dólar, el déficit fiscal, entre otros.  Podríamos hablar de vías construidas o de quién era tal o cual ministro.  Sin embargo, cada gobierno debe ser analizado en su contexto específico, y a partir de sus objetivos específicos.  Pastrana duró algo más de tres años (desde enero de 1999 hasta febrero de 2002) apostándole a un proceso que nunca tuvo vocación de éxito.  Su terquedad y/o ingenuidad tuvo costos que van mucho más allá de lo político y que definieron en gran medida lo que ha sido la política colombiana de todo el siglo XXI.  Por ello, su gobierno no podrá nunca ser recordado como uno bueno.

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martes, 14 de febrero de 2023

El fascismo - Pt. 2: El fascismo en la práctica

NOTA PRELIMINAR: Este es el segundo de tres ingresos sobre el fascismo.  Si no ha tenido la oportunidad de leer el primero, se sugiere revisarlo.  El orden empleado para la elaboración de estos ingresos tiene sentido.  Se recomienda, en consecuencia, revisar "El fascismo - Pt. 1: Presentación y contexto"


Sobre el método fascista y el método comunista:

En el pasado ingreso, se realizó una breve presentación del contexto histórico en el que surgió el fascismo.  Se trata del final de la Primera Guerra Mundial.  En ese momento, la democracia liberal estaba en crisis.  Cabe recordar que la idea del Estado liberal era que éste (el Estado) estaba creado sobre la idea de la garantía de unos derechos; el Estado como un medio para lograr las finalidades de los individuos.  Esa idea, que vino de la mano con la imposición del modelo capitalista, había llevado a que antes de la guerra estuvieran en auge las ideas socialistas y las ideas comunistas en Europa.

Una de las primeras consecuencia del fin de la Primera Guerra Mundial, fue la revolución rusa.  Los rusos estaban supremamente descontentos con el manejo de la guerra y del país que había realizado el Zar.  Esta revolución, que triunfó, posteriormente conduciría a la creación de la Unión Soviética.  El marxismo -doctrina económica y política que le daba fundamento- partía de un método dialéctico de pensamiento que se basaba en el análisis de la Historia, pero que a diferencia del pensamiento hegeliano (Marx era discípulo de Hegel), no era idealista, sino materialista.  Más allá de las implicaciones dogmáticas de estos términos, "materialismo", "idealismo", "dialéctica", por ahora basta tener en cuenta que el marxismo se denominaba a sí mismo una teoría de "socialismo científico", a diferencia del "socialismo utópico" (nombre dado por Engels a las doctrinas socialistas no-marxistas) en la medida en que implicaba un estudio sociológico del comportamiento de los pueblos en la Historia, y un análisis del capitalismo a partir de sus premisas y su practica, deduciendo de allí que el colapso del capitalismo era inminente y que necesariamente debía venir la revolución del proletariado y el gobierno del mismo.

En otras palabras, la crítica económica de liberalismo que realizaba el marxismo, era científica. El análisis histórico del marxismo era utilizando el modelo positivista de los sociólogos (modelo científico inductivo), y la opción política por el comunismo obedecía precisamente a la materialización de esos análisis.  Sin embargo, el modelo marxista-leninista era internacionalista.  En ese ideario, las naciones eran irrelevantes, las clases sociales eran lo relevante.  El ideal comunista, entonces, era internacionalista y no nacionalista.  Conviene recordar que para la época de la creación de la Unión Soviética, se habían dado tres reuniones de organización del socialismo en el mundo: La Primera Intercional (1864), la Segunda Internacional (1889) y la Tercera Internacional (1919), también denominada esta última como la Internacional Comunista.  

El método del fascismo se caracterizará exacamente por lo contrario en estos dos puntos resaltados:

1) El fascismo no era resultado de un método científico, ni pretendía serlo. Se caracterizaba por ser irracional, al fundar su plan y legitimación a partir de un sentimiento y un mito orientador.

2) El fascismo es un proyecto nacionalista y no internacionalista.  No es un proyecto para cualquier país.  No es un proyecto para todos, pues desconoce el principio de igualdad.

En lo que sí coincidían ambas ideologías, era en la necesidad de acabar con el modelo democrático partidista.  La democracia liberal, era enemiga de las dos ideologías.


Mussolini y su historia antes del fascismo.

Mussolini se formó como un socialista.  Él mismo diría en años posteriores que eso era realmente lo único que había podido conocer en su vida en su juventud.  Por lo tanto, su carrera política inició como periodista y opinador en los periódicos socialistas.  Trabajó en esa misma línea editorial, hasta que llegó un momento en que, por diferencias con el pensamiento político de sus superiores al momento de decidir Italia si intervenía en la Primera Guerra Mundial, fue apartado de ese diario.

Inicialmente, Mussolini no era partidario de que Italia entrara en la guerra, pero posteriormente cambió de opinión, e incluso intervino como soldado en la misma.  Italia tenía la pretensión de anexar unos territorios. Tras finalizar la guerra, Italia, que había intervenido en la misma como parte del bando ganador, esperaba que se cumpliera con esa promesa, pero finalmente los territorios que ambicionaba llegaron a constituir la nueva Yugoslavia, e Italia no recibió lo esperado.  Por lo tanto, el sentimiento de descontento en Italia era elevado.  Los soldados que regresaron de la guerra, por lo tanto, no fueron recibidos como héroes, y la situación económica de Europa era deplorable.

El plan de Mussolini era un plan nacionalista, y eso se oponía al modelo comunista.  De hecho, más que un plan nacionalista, el modelo del fascismo era un modelo estatista.  El mal recibimiento de los veteranos de guerra, y el descontento general por la situación económica de Italia (y Europa en general) permitía que un discurso de cambio pudiese obtener adeptos.  Sin embargo, Mussolini no fue el primero en intentar capitalizar políticamente ese descontento.  Antes de él, Gabriele D´Annunzio, poeta, dramaturgo y político italiano decidió tomar por la fuerza aquello que él creía que la comunidad internacional le debía, e invadió Fiume (hoy en día es la ciudad croata de Rijeka) y la proclamó un Estado libre con fines de anexionarlo a Italia.  Posteriormente, D´Annunzio fue derrotado, sacado de Fiume.  Vivió sus últimos años en Italia.



Imagen tomada de Wikipedia. Enlace aquí.

Mucho de lo que hizo D´Annunzio influyó en Mussolini, al punto que el término Duce, que acuñó Mussolini a lo largo de su carrera, fue copiado de D´Annunzio en la época del Estado de Fiume.  Asimismo, el característico uso de la fuerza como forma de hacer política tuvo su antecedente directo en este personaje.


El fascismo en la práctica.

El fascismo primero se "hizo" y luego se "pensó".  Como se ha explicado atrás, no se funda en un modelo racionalista de hacer política, y por lo tanto, no podría ser analizado bajo esa óptica. Lo único que el fascismo de Mussolini mantuvo inalterado a lo largo de su carrera política era su método y sus "enemigos ideológicos".

Respecto del método, se ha dicho atrás que era basado en un mito orientador y por lo tanto no era racional.  También se ha reiterado que era un proyecto estatista y no internacionalista.  Por último, el uso de la fuerza como herramienta política, fue su característica principal. En cuanto a sus "enemigos ideológicos", lo eran el comunismo y la democracia liberal.

Tras la creación de los Fasci Italianni di Combattimento en 1819 y la creación del Partido Nacional Fascista en 1821, el Fascismo fue en asceso, pero no era la fuerza política mayoritaria. Sin embargo, entre el 27 y el 29 de octubre de 1822, aún siendo una fuerza minoritaria en el parlamento italiano, Mussolini organizó la Marcha sobre Roma, en cabeza de 30.000 "camisas negras" quienes decidieron tomarse Roma y el poder, y encumbrar a Mussolini como líder de Italia.  En ese entonces, el Rey Victor Manuel III se negó a utilizar la fuerza para reprimir la marcha, y por el contrario le pidió a Mussolini que consolidara el gobierno.  Fue el fin del régimen parlamentario en Italia, y el surgimiento del fascismo, como régimen político.  Se trató de una toma del poder por la fuerza, la neutralización de cualquier posibilidad de comunismo, y la elevación de Mussolini a la categoría de dictador y líder supremo de Italia.

Mussolini tenía una capacidad de generar una mística alrededor de su figura.  Tenía buena capacidad de oratoria, utilizaba la simbología con eficacia, y se mostró a sí mismo como aquél que podía hacer cosas.  No fue consistente en sus discursos (en cuanto a su contenido), pero sí fue convincente.  Sabía agitar las pasiones, y se mostraba a sí mismo como el hombre fuerte.  Su imagen, su voz, su rostro, su mensaje, implicaba fuerza.  A continuación, una muestra.



Video tomado del canal VOCEDITALIA. Enlace aquí.


A lo largo de este ingreso he venido haciendo referencia al "mito" que vendió Mussolini.  Ese mito era el de restaurar la grandeza de Italia, equiparando la Italia moderna a la Roma imperial. El fasces y el águila romana eran algunos de los símbolos a los que acudía el fascismo para mostrarse a sí mismos como los restauradores de la gloria romana a través del régimen fascista.  Había logrado tomar el poder en un año, y permaneció en el poder cerca de 23 años. Acabó con los partidos políticos, pues eso era propio de las democracias, y el fascismo la aborrecía.  El Estado no estaba para servir a los individuos sinio los individuos estaban para servir al Estado. Sin embargo, no logró restaurar el Imperio Romano.

El problema real del fascismo italiano, es que el discurso grandilocuente de Mussolini no se llevó a la práctica.  Como se verá en la siguiente entrada, el fascismo era afín a la guerra, la justificaba, la necesitaba.  Curiosamente, sin embargo, Italia fue el eslabón débil del Eje en la Segunda Guerra Mundial. No logró ningún tipo de victoria duradera, y en más de una ocasión Hitler se vio obligado a apoyar a Italia en sus frentes de lucha por la evidente incapacidad de las fuerzas italianas de lograr victorias.  Esto último obligó a la Alemania Nazi a mantener más frentes de batalla de los que realmente podía controlar, lo que en últimas influyó decisivamente en la derrota del Eje por parte de los Aliados.

La Historia ha mostrado, sin embargo, que el modelo fascista no era único e irrepetible.  Las diferencias entre Franco, Hitler, Lenin, Stalin y Mao no eran tan marcadas en cuanto a su forma de hacer política y de gobernar, sino principalmente frente al discurso que los respaldaba; eran de fondo mas no de estilo.  En todo caso, se trataba de dirigentes autoritarios y megalómanos.  Mussolini inauguró el culto al líder, los discursos con mezcla de paradas militares, y la oratoria agresiva y vehemente que Hitler llevó a un siguiente nivel. El fascismo, en la práctica, buscó eliminar la disidencia, homogeneizar al pueblo y mantener leal y ardiente la llama y el fervor proveniente del pueblo.  Empero, Mussolini realmente no era un hombre del pueblo, sino un hombre del poder.  La estrategia de ganarse el pueblo, era tan solo una herramienta de mantener el poder y cimentar su legitimidad.  El pueblo no le interesaba en lo más mínimo.  Lo importante era el Estado, y dentro del Estado, lo importante era él. 

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jueves, 9 de febrero de 2023

El fascismo - Pt. 1: Presentación y contexto

Introducción preliminar:

Se dice que la escritura apareció aproximadamente en el 3500 a.C.  De acuerdo con ello, tendríamos cerca de 5500 años de tranmisión de conocimiento por la vía de la escritura.  Podríamos, sin embargo, reducir este periodo significativamente hasta la "invención" de la imprenta por parte de Gutemberg a mediados del siglo XV.  Con la escritura, y más aún con la escritura masificada, la transmisión del conocimiento se pudo amplificar de manera exponencial.  Esto, a su vez, permitió que se dieran importantes cambios en el mundo, puesto que la masificación de libros hizo posible que la revolución científica iniciada a partir de Copérnico explotase en la faz de la Tierra.  Es claro, la escritura estimuló el pensamiento racional en la raza humana.

Sin embargo, no todo lo que se escribe es ciencia.  De hecho, si alguien sabe esto es precisamente el ser humano que ha vivido el auge de las redes sociales en el siglo XXI.  La escritura de ficción, la masificación del tratado político, y la poesía también se masificaron.  La escritura, en consecuencia, le habló a la razón humana, pero no solo le habló a a la razón humana, sino también a sus emociones, a sus pasiones.

Una de las personas que supo hace esto último -hablarle a las pasiones humanas- fue Benito Mussolini, Il Duce. Mussolini fue padre de un movimiento político en Italia, que se llamó el fascismo.  El fascismo, a su vez, es una simplificación del nombre del movimiento -y posteriormente del partido- creado por Mussolini en 1919, el Fasci Italianni di Combattimento.  El nombre del movimiento, que posteriormente dio nombre a su partido (Partido Nacional Fascista), y el símbolo que utilizó Mussolini provenían de un objeto simbólico de la época de la antigua Roma (no es correcto decir que del Imperio Romano, porque su uso existía antes de que Roma fuese un imperio) y que son los "fasces" o "haces de lictores", objetos que denotaban el poder o la especial dignidad de quien venía precedido por este símbolo.

 

Imagen tomada de Wikipedia.  Enlace aquí.

Los fasces, como el que porta el líctor de la imagen, era una muestra de poder, y el fascismo en esencia era un movimiento político basado en la idea de tomar el poder político, y aumentarlo a través del ejercicio de la fuerza, en sus diversos ámbitos.

Hoy, tras la muerte de Benito Mussolini en 1945 y el fin del fascismo italiano, el término fascista se utiliza como un calificativo peyorativo de políticos, pero se utiliza de una manera tan libre, que en muchas ocasiones quien lo utiliza no es plenamente consciente de las implicaciones semánticas del uso de ese vocablo.  Tan solo quien lo usa sabe que "insulta", y quien lo recibe sabe que es "insultado".  En general, dentro de la selección de la palabra, quien lo usa sabe que el fascismo fue un movimiento autoritario, y por lo tanto, es un insulto que en Colombia se suele aplicar a quienes son de pensamiento de derecha.

Es difícil, sin embargo, determinar por qué razón fue el uso de ese término (fascista) y no el de algún otro de los movimientos políticos cotenmporáneos, el que llegó a perdurar.  Mussolini era un completo autoritario, pero también lo Hitler (nazismo), Stalin (comunismo) o Mao (comunismo). Los cuatro eran sanguinarios y autoritarios, pero dos de ellos eran de un pensamiento de derecha, y dos de ellos de izquierda.  En consecuencia, parecería que el apelativo de fascista no puede necesariamente ser sinónimo de autoritario.

Personalmente, y así lo confieso abiertamente, creo que la mayoría de personas a las que les encanta el uso del término, realmente no tienen muy claro qué es el fascismo, su origen, su teoría, su praxis.  Esta serie de tres ingresos en el blog no pretenden agotar el tema, pero sí al menos aproximar suficientemente a los lectores (valiéndome de esa idea inicial de facilitar la difusión del pensamiento racional) a esta "realidad política" que fue el fascismo, en su teoría y en la práctica. Estoy seguro que más de uno quedará sorprendido al ver que muchas de las cosas que verá aquí, las puede ver en la práctica política en personas muy distintas a las que inicialmente pensaría.


El contexto histórico:

Es mi experiencia al estudiar eventos históricos, que uno puede "saber" cosas, o "creer saber" cuestiones históricas, pero no puede realmente dimensionar el alcance real de estos saberes, si no los ha estudiado en el contexto real en el que se dieron.  Entender la vida y obra de Jesús si no se tiene mediano conocimiento de cómo era el pueblo judío de su época, así como el ejercicio de Roma en Palestina de esa época, es perfectamente posible.  Sin embargo, con información de contexto, es mucho más valiosa la información recibida.  Lo mismo podría predicarse del juicio a Galileo por sus afirmaciones científicas que reñían con la verdad defendida por la fe cristiana.  Se puede perfectamente entender y aprender, pero quizá no en su verdadera dimensión.

Algo similar ocurre con el surgimiento del fascismo.  Los contemporáneos creen (o creemos) ser tan brillantes e inteligentes para evitar que algo como el holocausto judío por los nazis vuelva a ocurrir. Pero es precisamente por esa soberbia, sumada al desconocimiento de la Historia, lo que nos hace incurrir en el mismo tipo de errores en los que se incurrió en el pasado, pero creyendo que somos más inteligentes y precavidos que ellos (los de esa época).  Por ello, es que se presentará algo del contexto en el que se dio el fascismo.

Para poder entender por qué algo como el fascimo se presenta en Italia, es necesario entender dos realidades: la reciente historia política de Italia, y la realidad económica de Europa a inicios del siglo XX.

Respecto del primer punto, debe entenderse que Italia venía de un proceso de unificación de tan solo algunas décadas antes. Para ponerlo en contexto, la distancia que hay entre el momento en que Mussolini creó el Partido Fascista (1921) y el momento en que se proclamó el Reino de Italia (1861) transcurrieron 60 años, que es casi el mismo tiempo que transcurrió entre la caída de la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla (1957) y la firma del acuerdo de paz entre el Estado de Colombia y la extinta FARC.  Se trata de poco tiempo, en el contexto de la historia mundial.

Luego de la unificación de Italia, se dio la Primera Guerra Mundial, que finalizó con el Tratado de Versalles en 1919. La guerra era el tema político del momento durante la segunda parte de la decada de 1910 a 1920 en toda Europa.  Italia no era la excepción.  Italia se debatía internamente entre inmiscuirse en la guerra, y no hacerlo.  Finalmente, luego de haberlo hecho, y formar parte del bando vencedor, sus réditos en la guerra fueron claramente inferiores a los de otros países.  Por ello, había un problema de la visión que tenía el mundo de Italia, y que tenía Italia de sí misma para los finales de la década.

La realidad económica de Europa a inicios del siglo XX era complicada.  Durante finales del siglo XVIII y todo el siglo XIX, dominó el modelo económico defendido por el capitalismo liberal.  El problema con el modelo, como es sabido por los lectores comtemporáneos, es que es un modelo que no es equitativo, y por lo tanto, hay algunos que ganan mucho y muchos que ganan poco o nada.  Sin embargo, era la realidad económica del siglo XIX.  En ese siglo, sin embargo, se dio el auge del ideario socialista, tanto con el socialismo utópicos de inicios de siglo, como con el socialismo científico de fines de siglo.

Mussolini mismo tuvo sus inicios en la política en el seno del partido socialista italiano.  Según diría posteriormente en sus propias palabras, en su juventud, el no había conocido nada distinto del socialismo.  Como se verá en próximas entradas, el fascismo distará mucho del socialismo.  Fue, sin embargo, el nacimiento político de Mussolini.  Allí estaría, hasta que fuera expulsado del partido, por sus posturas políticas, en 1914, cuando había iniciado la Primera Guerra Mundial.

A finales de esta guerra, se daría otro hecho de relevancia histórica mundial, el triunfo de la revolución bolchevique en Rusia, y la implantación del modelo económico comunista, que sería la base de Unión Soviética.  Estos hechos, la creación del Partido Nacional Fascista en Italia, y la creación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), se dieron con muy poco tiempo de distancia.  En 1917 se inició la revolución rusa, en 1921 se fundó el Partido Fascista en Italia, y un año después se creó la Unión Soviética.  Observen la proximidad de las fechas, algo que será muy relevante frente a lo que fue el fascismo en Italia y en el mundo. 
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miércoles, 10 de febrero de 2021

El "quién" importa

La semana inmediatamente anterior, nuevamente el mundo político nos ha estremecido con nuevos nombramientos desacertados por parte del Presidente Duque.  En esta ocasión, se trata de los nuevos miembros de la junta del Banco de la República.  Al igual que su mentor, el expresidente Uribe, Duque se ha caracterizado por sus malas designaciones.  Las generaciones más jóvenes no podrán recordar esto, pero de 2002 a 2010, tuvimos personas como Diego Palacio, Fernando Londoño, Andrés Uriel Gallego, Fabio Valencia Cossio, Jorge Noguera, María del Pilar Hurtado, y un largo etcétera.  Todas ellas fueron puestas directamente por Uribe.

El gobierno de Santos I y II, también contó con personas como Mauricio Cárdenas, Cristina Plazas o Luis Carlos Villegas dentro de sus designaciones fallidas.  Si bien no me gustó el Gobierno Santos (principalmente por él), debo admitir que en general, nombró gente mucho menos cuestionable (por razones de aptitud moral o técnica) que las que nombró Uribe.  Duque ha retomado la senda de la equivocación que nos obliga a preguntarnos si se trata de errores culposos o dolosos.

La inquietud no es simplemente teórica.  Las consecuencias de un mal nombramiento, son genuinamente malas.  Las consecuencias de mantener a la brava un mal nombramiento, son peores.  Y las consecuencias de un mal nombramiento con periodos institucionales, son nefastas. Nos enfocamos mucho en la Rama Ejecutiva, como suele ocurrir desde hace mucho en la historia de este país, y juzgamos a todos los presidentes que entran y salen del cargo.  Sin embargo, poca o ninguna responsabilidad se le suele atribuir a las Cortes por los nombramientos de otros altos dignatarios.  Por ejemplo, los últimos tres fiscales generales han sido tremendamente malos, aunque por razones distintas.  Nadie, sin embargo, jamás cuestiona las decisiones adoptadas por la Corte Suprema de Justicia a la hora de revisar estos pésimos nombramientos.

La pregunta clave aquí, es por qué razón puede seguir presentándose tanto mal nombramiento, hasta el punto que se pueda predecir quién será el elegido para determinado el cargo a partir de los patrones que los hacen malos candidatos.  "Piensa mal y acertarás".  Hemos venido acertando mucho, y eso cuesta.  Casi 10 años de una mala fiscalía general de la nación lleva a que la ciudadanía no quiera denunciar, que no se sienta, y que los delincuentes se sientan tan envalentonados, hasta el punto de hacer lo que quieran.  No es casual que maten líderes sociales, maten funcionarios buenos, maten a quien denuncia, y maten a quien no quiere dejarse.  Si las instituciones encargadas de tramitar las denuncias, de proteger a los líderes, de evitar la delincuencia se dedican a otros temas o por otros motivos, llegamos a este tipo de cosas.

¿Se han puesto a pensar la gran cantidad de dinero que ha circulado como consecuencia de la emergencia sanitaria del COVID-19?  Es mucho, y en efecto ha circulado.  El problema es que el popular sobrecosto del contrato, la popular elección a dedo del contratista y la popular falta de acciones preventivas llevan a que sea "demasiado fácil" robar, demasiado fácil fomentar la cultura de la corrupción, y demasiado fácil eliminar a los fastidiosos que quieren simplemente hacer "lo correcto".  Es tan fácil hacerlo, y es tan obvia la impunidad, que en muchos casos no hay que "adivinar" quién es el corrupto: es vox populi. Es tan generalizada la corrupción y es tan evidente el peligro de no ser corrupto, que en muchos casos el riesgo no es convertirse en corrupto y que lo cojan a uno, sino lo contrario: no ser corrupto y no saber callar.


Imagen tomada de la página: http://useum.org


En días recientes le he formulado la siguiente pregunta a distintas personas, con distinta ideología y con distintos puntos de vistas al mío.  Les pregunté por qué razón es que teníamos tantas personas tan bien formadas en distintos campos, bien posicionadas en lo público o en lo privado, haciendo las cosas tan mal.  Las respuestas han sido de diversa índole, y en general los temas suelen llegar a tres grandes tipos de respuesta:  1) porque estamos ante ególatras que buscan figurar, no hacer lo correcto; 2) porque estamos estamos ante personas que buscan el máximo éxito económico en el menor tiempo posible, y están dispuestos a hacer lo que sea para lograrlo; o 3) porque el sistema no permite que lleguen las buenas personas.  Hay mucha gente invisible que no puede o no quiere llegar allá por lo pestilente del sistema.

Por mi parte, sigo creyendo que el principal problema radica en la absoluta ausencia de una noción colectiva de ética (cualquiera que ella sea).  Si no se forma ciudadanos buenos (en el sentido real de ciudadano, y no como un sinónimo de persona), es imposible que la sociedad prospere. La hoja de vida, los títulos universitarios no son indicativos de lo que una persona "va a hacer" sino tan solo lo que "podría llegar a hacer".  En 2021, pareciera ser que el gran enigma de nuestros tiempos fuera el de identificar a un buen ciudadano.  Realmente es mucho más sencillo de lo que pareciera: Es fácil detectar al que cumple o incumple compromisos (contratos, citas, promesas, etc.).  Es fácil detectar a quien está dispuesto a vender a sus amigos, a sus hermanos, por figurar.  Es fácil detectar a quien pasó la carrera copiando.  Es fácil detectar a quienes obtiene fortunas express de manera inexplicable.  Es fácil detectar al que resuelve todo con amenazas, con intimidación o con puños.  Es fácil detectar al que es incapaz de seguir una norma simple como saludar cuando se es saludado (norma social) o frenar ante un semáforo en rojo (una norma jurídica).  Es fácil ver al que está dispuesto hacer la fila para entrar a a una tienda o a un banco, y al que no.

En el ámbito político no es muy distinto.  Los políticos suelen escudarse en que la política es dinámica y por lo tanto, las posturas políticas son inciertas.  Quienes así teorizan suelen pasar por alto un tema fundamental: Cualquier forma de pensamiento estructurado se fundamenta en axiomas o en principios que determinan aquello que puede ser y aquello que no puede ser.  La política dinámica lo que debe hacer es aplicar determinados principios políticos ante situaciones fácticas que pueden variar.  La política dinámica NO es variar los principios ante las circunstancias cambiantes.  Es precisamente lo que le criticaba a la entonces candidata a la alcaldía Claudia López (hoy alcaldesa). Con ella nunca se supo qué haría o qué no haría porque siempre cambió su discurso.  Aun hoy lo hace.  Cuando hay principios claros, no es viable variar la forma de pensar en 180%.  Una cosa es cambiar y otra es contradecirse abiertamente.  Eso, también es fácil de detectar.

De todo lo anterior, debo entonces concluir que lo que le criticar a Duque es real, es evidenciable es cierto.  Nombrar mal tiene un costo enorme, y lo está haciendo.  Está candidatizando mal cuando tiene que hacerlo (vean el ejemplo del Superintendente Barreto como candidato para la Corte Penal Internacional), está nombrando mal, está designando mal (vean al Director del Centro de Memoria Histórica), y todo esto tiene un costo.  Está bien que nombre a los que son afines a él y a su partido, porque eso es lo que buscan los partidos políticos: tener poder para decidir qué se hace y qué no se hace.  Es de esperarse.  Lo que no está bien, en cambio, es que estén dispuesto a poner a cualquiera en cualquier cargo.  El Banco de la República requiere personas con un conocimiento técnico, una formación individual y unas calidades personales especiales.  No cualquier persona que sea graduado de economía y haya tenido cierta experiencia es suficiente para estar allá.  Si el mérito especial para llegar allá es ser la hija de una exministra y amiga, eso ab initio está muy mal.

Como sociedad, podemos seguir jugando a hacernos los ciegos, jugando a no ver lo que sí vemos, a no aceptar lo que la práctica nos muestra y a seguir defendiendo a ciegas a nuestros líderes de preferencia, hagan lo que hagan.  Eso no es digno de ciudadanos sino de borregos, y cuando los borregos elegimos borregos con poder, como borregos nos tratarán. 

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jueves, 2 de julio de 2020

Sobre el Fiscal Barbosa

La Fiscalía General de la Nación es un problema grande para el país.  Cuando empecé a estudiar derecho, esta entidad apenas tenía 10 años de haberse creado, y era el reemplazo institucional a la figura de los jueces de instrucción.  La entidad prometía, y mucho.  En un país en el que la criminalidad (en todas sus formas) es parte del diario vivir, se requiere de una entidad formada en la investigación de delitos, y en el enjuiciamiento criminal.  La apuesta era ambiciosa, y en un principio parecía que iba a salir bien.

Pero no.  No ha salido bien, y eso le cuesta a los ciudadanos mucho.

Como causas estructurales, hay muchas, pero enuncio tan solo algunas:

1) El sistema de carrera para la designación, calificación y retiro de funcionarios está incompleta (solo sirve para nombrar, y tras muchos años) y por lo tanto, sacar a un mal funcionario es supremamente difícil.

2) No hay control efectivo de la actuación de fiscales, y menos aún hay control del Fiscal General de la Nación.  En la práctica, puede hacer lo que quiera.

3) Cuando la cabeza de estas entidades no es una persona idónea, no hay manera que los fiscales honestos puedan hacer su trabajo bien.  Esto no es un simple decir.  Algunas de las posibilidades a las que se debe enfrentar un fiscal son: pueden salir "renunciados", perseguidos o incluso muertos.  Depende de con quién se estén metiendo.

Esta última causa es la que motiva mi entrada de hoy.  Es increíble que el país elija tan mal, y tan seguido.  Después de haber pasado por tan malas experiencias como Montealegre y Martínez, es inexplicable que se designe como Fiscal General de la Nación a Francisco Barbosa.  Nos ha costado ya su designación, y nos seguirá costando.  A pesar de ser una persona preparada (porque lo es), el actual Fiscal tiene un inmenso problema (que para él, por supuesto no lo es): su evidente y marcada egolatría.  Es de esas personas que se considera predestinado a la grandeza y que requiere constantemente una validación de lo grande y sabio que es. Actualmente es miembro de la Academia de Historia y de la Academia Colombiana de Jurisprudencia.  No se extrañen si apunta para la Cruz de Boyacá en algunos meses.

Quienes hemos tenido la oportunidad de conocerlo (yo lo conocí desde hace más de 10 años a raíz de este espacio), sabemos que el actual Fiscal es de trato amable y de apuntes acuciosos -cualidad que le ha permitido escalar rápidamente en el mundo académico y político-. Sin embargo, estas personas que se consideran a sí mismos "predestinados", son personas que harán lo que sea para ascender.  Para entender esto último, les cuento una anécdota de una cosa tonta y sin mayor importancia, pero que ilustra con claridad el punto al que me acabo de referir.


Imagen tomada de: https://www.msn.com/

En alguna oportunidad, cuando el hoy Fiscal trabajaba como profesor de la Universidad Externado, surgió la idea de hacer un libro sobre historia y derecho.  De hecho, por ese entonces me regaló una copia de un libro de su autoría -que todavía conservo-.  Como en ese entonces todavía él me consideraba su amigo, me invitó a formar parte de la iniciativa de escribir en este libro colaborativo, y yo acepté.  Sin embargo, en el desarrollo de mi artículo, detecté un error histórico en su texto, y le pregunté si tenía problema en hacer esa referencia.  Su respuesta "formal" es que no habría problema siempre que se tratara con el respeto debido, y así lo hice.  Sin embargo, su respuesta no formal fue eliminarme del grupo de autores sin motivación, para que no afectase su imagen todopoderosa e infalible.  Esto, por supuesto, lo hizo sin decir nada a nadie (ni a mí)...

Conozco otras anécdotas similares de colegas y amigos.  No las menciono pues no se me ha autorizado compartirlas, y por respeto a ellos, no lo haré.

Otra, que sí es pública y conviene mencionar, es su capacidad para cambiar su postura o su criterio jurídico frente a temas de gran calibre.  Frente al proceso de paz del gobierno de Santos, inicialmente fue un acérrimo defensor.  Sus columnas en Ámbito Jurídico (que lamentablemente no he podido conseguir), así lo atestiguan.  Sin embargo, con la llegada del hoy Presidente Duque al escenario político de primer nivel, cambió.

Ese es el rasgo más peligroso de este tipo de individuos.  El problema no es que se amen a sí mismos por encima de todas las cosas.  Tampoco se trata de que quieran ascender, triunfar y ser importantes.  El problema es cuando son capaces de acabar amistades, mentir, e incluso traicionar sus principios académicos y humanos por llegar a eso.  El problema es cuando consideran que por ser ellos quienes son, sí pueden negociar los nombramientos de las esposas (como es su caso, y la esposa del Contralor) sin que sea malo.  ¡Se lo merecen!

El de Barbosa no es el único caso que conozco.  Si quieren ver un caso muy conocido, los invito a que revisen la vida pública del expresidente Santos desde sus primeros "pinitos" hasta su elección como Presidente.  Funcionaba igual. Hizo esto mismo muchas veces. Personalmente, conozco a otro individuo exactamente igual, pero él "todavía" no ha llegado a ser Fiscal General de la Nación por lo que omito mencionarlo por el momento.

El caso "Barbosa" me lleva a una reflexión aún mayor: ¿Por qué seguimos nombrando a personas así en cargos de primer nivel? En una democracia, todas las autoridades deberían dar explicaciones de sus actos, pero aquí todavía la Corte Suprema de Justicia nos debe muchas explicaciones acerca de por qué están eligiendo siempre mal al Fiscal. Sin embargo, los desaciertos en la elección de funcionarios, le cuestan mucho al país.  ¡Qué pesar da ver cómo funciona esto!
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miércoles, 2 de enero de 2019

Lo que dejó el 2018 en el mundo jurídico

El año 2018 ha sido un año supremamente diciente desde la perspectiva jurídica.  Lamentablemente, el balance ha sido desastroso, a todo nivel, pero especialmente a nivel internacional.  A continuación, mi balance personal acerca de lo que ha sido este año:


1. El derecho internacional público no sirve

El derecho internacional público, aquel en el que la comunidad de Estados (inicialmente) se agrupan en torno a un ordenamiento jurídico consensuado entre ellos, para someterse a él, y garantizar el orden global y la concordia entre Estados, ha resultado ser en el 2018, más que en otros años, un instrumento esencialmente inútil.  Esto obedece a que en términos reales, los instrumentos internacionales (especialmente los multilaterales) son una declaración de intenciones.  Los Estados verdaderamente poderosos pueden burlarlas, o abiertamente desconocerlas sin mayor temor a nada. Casos, abundan:


Imagen tomada de: https://en.wikisource.org

* Muerte de Kashoggi:  Es claro que la corona de Arabia Saudita mandó matar a este "molesto" periodista.  Lo hizo en la embajada, en territorio de Turquía.  Pudo más los intereses económicos de Estados Unidos en su relación con Arabia Saudita, que la sanción por el asesinato de Estado cometido contra este periodista, que era un refigiado político "protegido" supuestamente por los Estados Unidos.

* Venezuela:  La definición de Estado suele incluir un conjunto de elementos a saber: 1) Conglomerado de personas (Nación); 2) Territorio; 3) Gobierno legítimamente instituido; 4) Reconocimiento internacional.  Venezuela actualmente carece del tercero, y a partir de Enero de 2019, la situación es peor.  No solo ocurre esto, sino que es el principal causante y responsable de cuanta posible violación de derechos humanos se pueda cometer.  Y a pesar de ello, la comunidad no hace nada, porque para estos casos sí prima el principio de soberanía de los Estados.

Curioso que en Afganistán, en Siria, en Irak, al parecer el tema de la soberanía no era tan importante.

* Rusia:  Rusia ha venido realizando movidas temporalmente espaciadas entre sí, todas tendientes a aumentar su poder a nivel mundial.  Ha envenenado a espías propios y ajenos.  Ha ocupado mar territorial de sus vecinos, ha inundado de armas a todos los "indeseables" de la comunidad internacional.  En fin, está jugando a meterse en todo lado, apoyando a los que no son, sin que nadie de la comunidad internacional le diga nada.  Lo hace, porque puede y quiere.

*Inmigrantes:  Nada más "soberano" para un Estado, que tener el poder de determinar quién entra a un territorio, o no.  El derecho internacional público parte de la soberanía de los Estados.  Sin embargo, las medidas adoptadas a nivel "internacional" tienden cada vez más a favorecer una flexibilización de la soberanía de los Estados, en pro de la salvaguardas de derechos de los inmigrantes.  El asunto me resulta interesante en la medida en que parece ser que el orden internaciona muta hacia algo menos estatalizado, pero en todo caso muestra que en sí mismo el derecho internacional es medio ilógico.


2. La justicia no se va a reformar institucionalmente hablando

Lamentablemente, tal y como lo sostuve en toda la serie de entradas relacionadas con la eventual reforma judicial, era difícil que una reforma judicial estructural se llevara a cabo en este gobierno o en cualquier otro.  Las razones son muy sencillas:  en un país violento y corrupto, es mucho mejor contar con una predecible "ley del más fuerte", que con una impredecible "justicia real".  En la medida en que la ciudadanía logre entender que en Colombia las altas magistraturas (y no solo a nivel judicial) no son para servidores públicos (en sentido exegético) sino para administradores del poder, se puede entender que algo tan claramente diagnosticado pueda llegar a fracasar tan reiteradamente.

Toda reforma judicial desde que tengo uso de razón, se ha centrado en negociar con los administradores del poder judicial cómo redistribuir el mismo, de forma tal que parezca que la "ley del más fuerte" va a cambiar.  Al ciudadano no le importa que creen instituciones o cambien otras instituciones que esencialmente hagan lo mismo que lo que ya hay.  Al ciudadano no le interesa que se creen o se quiten nuevas instancias judiciales, si no les soluciona el conflicto jurídico de fondo que puede tener.  Sin embargo, eso es lo que sí les interesa a las instancias del poder (especialmente a la judicial).  Nadie en sus cinco sentidos, luego de 27 desastrosos años, podría querer que el Consejo Superior de la Judicatura subsista, o al menos que subsista como está.  Eso, salvo a quienes les sirve el poder de ese organismo.

Eso de andar creando y quitando juzgados (por ende, creando y quitando cargos), tener el poder de andar absolviendo o sancionando jueces y fiscales, es una maravilla si sabe administrar el poder.  ¿O acaso en qué sentido posible afecta a la Sala de Casación Penal que creen un juzgado administrativo en Nobsa?  En nada.  Sin embargo, las primeras propuestas que cayeron en la fallida reforma a la justicia de Gloria María Borrero & Cia., fueron las que redistribuían el poder judicial de una manera distinta (mucho más en manos del ejecutivo que de los jueces). La reforma planteada era en sí misma mala, pero más mala que la reforma fue la manera como se desenmascararon los administradores del poder judicial, capaces de tumbar lo que sea con tal de no perder poder.

Triste...


Imagen tomada de: www.elcolombiano.com

Al ciudadano (al verdadero buen ciudadano, y no al tan admirado "vivo"), le interesa que lo protejan, que pueda hacer valer compromisos incumplidos por otros (incluyendo el Estado) de manera eficiente, y que en caso de que no lo protejan o los "vivos" se aprovechen de él, la justicia acuda en su auxilio.  Nada de eso, apreciado ciudadano cumplidor, está en ninguna de estas reformas, porque eso no es lo que les interesa a aquellos administradores del poder que eufemísticamente llamamos "servidores públicos", esos que supuestamente viven apegados al tenor de la ley, pero que a la vez, todo les resbala.


3. Fin de una era:  Bienvenida la política judicializada

En la época del estudio "puro" del derecho, del derecho como un sistema propio y autónomo se sostenía con orgullo que la política poco o nada tenía que ver con el derecho.  Progresivamente se vino sosteniendo que el derecho y la política sí confluían y que en momentos tenían puntos de encuentro.  Sin embargo, el 2018 demostró que esa máscara purista del derecho tenía que caer.  En Colombia, ello era evidente desde hace mucho tiempo, pero el discurso formal seguía manejándose como si en efecto, la labor de técnica legislativa fuese algo distinto de la labor política de los legisladores, así como si la función de administración de justicia fuese algo distinto que la opinón política personal de los juzgadores.

Ya en nuestro entorno habíamos venido escuchando campanazos en dos momentos: Cuando la Corte Suprema y la Corte Constitucional valientemente le hacía oposición al apetito insaciable de poder de Álvaro Uribe.  En tiempos más recientes, recuerdo cómo el Magistrado Bernal Pulido (de la Corte Constitucional) pasó de ser un brillante académico digno del cargo, a ser un traidor al entonces Presidente Santos, todo ello por un voto en temas relacionados con el proceso de paz.  El simple hecho de llamarlo traidor presuponía que le debía obediencia política a Santos; sea o no cierto, implicaba la politización de la nominación.


Imagen tomada de: www.csspmspk.com

En Estados Unidos, siempre ha sido mucho más frentero el tema de que los jueces hacen política a través de sus fallos, y por ello la posiblidad de designar Magistrados de cada Gobierno siempre plantea el tema de saber si será una Corte más liberal o más conservadora dependiendo de si se trata de un Magistrado propuesto por un gobierno demócrata o por un gobierno republicano.  El último de esos bastiones de lo que algunos llaman magistrados impredecibles, y que personalmente considero un magistrado autónomo, fue el Magistrado Anthony Kennedy.  Su voto era un voto que no era fácil de saber, y que dependía en gran medida del caso mismo.

Jueces como Kennedy hacen insoportable la labor periodística judicial y la cabalística de los abogados analistas y comentadores, porque los saca del juego del 5-4 o 6-3 al que están acostumbrados, para tener que genuinamente mirar qué es lo que se está dicieno y por qué.  Esa predicibilidad no es necesariamente mala cuando se basa en posturas jurídicas claras, pero cuando es motivada por razones políticas sí.  Recordando la reciente designación del Juez Kavanaugh en los Estados Unidos como miembro de la Corte Suprema de Justicia, a la cual me referí en "Las enseñanzas del caso Kavanaugh", debemos recordar que toda el proceso de confirmación ante el Senado se convirtió en una intervención política sobre lo que debía ser una discusión ética, y especialmente jurídica-penal.

Su confirmación, su triunfo, en la Corte Suprema del país más influyente en la cultura occidental, simplemente nos reconfirma aquello que ya intuíamos: la justicia es tan solo un aspecto más de la política.  Y aquí, no es muy distinto...
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sábado, 29 de septiembre de 2018

El vínculo entre política y justicia

Nota mental: Sé que este ingreso me va a generar problemas, pero igual lo voy a escribir.

Asombra el nivel de cercanía de la política con la justicia.  Asombra, porque a pesar de que las teorías más puristas del derecho como un ámbito totalmente ajeno a la política lo negaban, las posturas más moderadas aceptaban un vínculo atenuado entre uno y otro campo.  Sin embargo, en nuestro país parece claro que todas esas bonitas teorías que se dictan en las aulas, no se compadecen de la realidad de lo que ocurre con el manejo de la justicia del país.

Piensen, por ejemplo, en los siguientes puntos:

¿De los Fiscales Generales de la Nación, cuáles han dado prelación a su función jurídica por encima de su poder político?

Gustavo de Greiff
Alfonso Valdivieso
Alfonso Gómez Méndez
Luis Camilo Osorio
Mario Iguarán
Guillermo Mendoza
Viviane Morales
Eduardo Montealegre
Néstor Humberto Martínez

Les doy mi respuesta: 1.  Solamente Gustavo de Greiff.

¿De los Procuradores Generales de la Nación (post 1991), cuáles han dado prelación a su función jurídica por encima de su poder político?

Carlos Gustavo Arrieta
Orlando Vásquez Vásquez
Jaime Bernal Cuéllar 
Edgardo Maya
Alejandro Ordóñez
Fernando Carrillo Flórez

Les doy mi respuesta:  Ninguno.

Hasta allí, no deberíamos sorprendernos demasiado.  Es claro que no se llega a un cargo de esa naturaleza si no se maneja adecuadamente el poder político.  La prueba es que tanto los señores Edgardo Maya, Néstor Humberto Martínez, Alfonso Gómez Méndez, Viviane Morales y Fernando Carrillo que han pasado por varios cargos en el Estado, muchos eminentemente de naturaleza política.  Eso, por sí mismo, no es malo.


Imagen tomada de: http://delajusticia.com

El problema radica especialmente en que muchos de los vertiginososo ascensos en materia de poder político vienen desde instituciones o entidades que supuestamente están llamados a realizar una vigilancia de la justicia (en su sentido amplio), como es el caso de los del Colectivo de Abogado José Alvear Restrepo, la Comisión Colombiana de Juristas, la Corporación Excelencia en la Justicia, y el conglomerado DeJusticia.  Nadie niega, por ejemplo la importante influencia que en el mundo político tienen las opiniones de personas como Gustavo Gallón, Rodrigo Uprimny, César Garavito, y la actual Ministra de Justicia Gloria María Borrero.

Precisamente, es caso de la Corporación Excelencia en la Justicia, que es el que mejor conozco, es muestra de esa interdependencia que tantas veces se niega. A título de ejemplo, veamos cómo funciona.  Si nos atenemos únicamente al cargo de Director Ejecutivo de esa corporación para el ejemplo, tenemos que la trayectoria de todos ellos tuvo que ver en mayor o menor medida con ejercicio de poder político.  Veamos:

Alfredo Fuentes Hernández:  Después de salir de la dirección de la Corporación, fue decano de derecho de la Universidad de los Andes.  Es el que menos contacto con la política pura ha tenido.

Mauricio González Cuervo:  Antes de ser Director, había sido viceministro de justicia.  Luego de salir de la CEJ, fue secretario jurídico de Presidencia y posteriormente Magistrado de la Corte Constitucional.

Gloria María Borrero:  Después de ser Directora, llegó a ser la actual Ministra de Justicia.

No creo que este tipo de cuestiones sean coincidenciales.  La vigilancia de la justicia luego termina siendo parte de ella, según hemos visto.  El problema es que muchos de quienes somos independientes de ese atrayente relación entre derecho y política, cuestionan habitualmente la existencia de ese vínculo, pero al parecer es algo que resulta inevitable.  El problema, es que cuando prevalece la política sobre el derecho, nuestros juristas se acomodarán a lo que eufemísticamente se denomina como la "voluntad política", que es cambiante, manipulable y negociada.  En otras palabras, conviene generar un debate acerca de este vínculo entre lo jurídico y lo político.

Por mi parte, anticipo mi opinión.  Creo que nunca una postura jurídica guiada a partir de la preferencia política puede ser sana.  Si bien el argumento se fundamenta desde una perspectiva, no es lo mismo la perspectiva que el deseo.  Sin embargo, dejo el tema sobre la mesa, a la espera de su opinión.
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