sábado, 24 de octubre de 2009

Diatriba contra estas subespecies en evolución

Idea 1: He tenido en mi mente, desde hace un par de días, una canción del grupo colombiano “Los Aterciopelados”, titulada “El estuche”. En esa canción, se critica el culto a la apariencia física, buscando que las personas se fijen en su propio interior, la esencia, que es verdaderamente lo que importa respecto de las personas. Aparte de contar con un ritmo pegajoso, la canción es escrita con inteligencia, y eso siempre habré de abonárselo a este grupo.

“Mira la esencia, no las apariencias”. Bien bonita.

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Idea 2: Jesucristo nos enseñó desde hace muchísimos años, una lección que aparentemente resulta tan obvia, pero que no hemos aprendido debidamente. Más allá de que crean o no en las religiones cristianas, no se puede desconocer la sabiduría de Jesús, que lastimosamente ha sido tan manipulada a lo largo de los años. Me refiero específicamente a lo que se menciona en el Evangelio de Mateo (San Mateo para mí):

“7:15 Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.
7:16 Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?
7:17 Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos.
7:18 No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos.
7:19 Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego.
7:20 Así que, por sus frutos los conoceréis.”

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Idea 3: Retomo ambas ideas (1 y 2), recordando una conversación que he tenido con varios colegas, muchos amigos, y todos mis familiares: ¿Qué personas merecen ser inmortalizadas y etiquetadas como grandes profesionales? Aquellos que se han destacado en su profesión, y han trascendido, marcando y sobrepasando pautas de excelencia. Palabras más, palabras menos, esa suele ser la respuesta que generalmente recibo cuando planteo esta cuestión.

Para muchos, la discusión termina ahí. Yo suelo plantear una inquietud adicional: ¿Se puede ser un mal ser humano y ser, simultáneamente, un gran profesional? Confieso que las opiniones están divididas. Mi opinión suele ir muy de la mano con la de los encuestados de mayor edad, quienes niegan cualquier posibilidad de que se de esa simultaneidad. No se puede ser una ‘basura’ de ser humano, y ser un destacado profesional. Precisamente, un indicador de que tan buen profesional se puede ser, implica responder a la pregunta de con qué nivel de ética manejo la profesión.

¿Es un gran abogado el que no pierde un caso, pero que para ello requiere de estar ‘motivando’ a los jueces, secretarios, inspectores de policía, y testigos, entre otros? ¿Es un gran juez el que llega a categoría de ‘Honorable’ (Magistrado) de alguna alta Corte, y dice defender la justicia, manipulando el derecho a su acomodo? ¿Es un gran gobierno el que cuenta con gran respaldo popular, pero compra su propia legitimación en el poder?

¿Puedo ser un gran blogger, si escribo contra la injusticia y la corrupción, y luego de haber subido el ingreso, voy y hago exactamente lo mismo que acabo de criticar?

¿Puedo considerarme una persona de comprometida con mi oficio, cuando comprometo a otros, pero no puedo lograr lo mismo respecto de mí mismo?

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Idea 4: Una de las grandes bellezas que poseen las ciencias naturales, es que la observación nos permite descubrir, comprender y aprender. Ese nivel de paciencia y determinación los lleva a poder manejar la taxonomía con bastante precisión. Para quienes no están familiarizados con el término, la taxonomía es la ciencia de la clasificación (particularmente se suele hacer referencia a ella en el ámbito de la Biología). Es precisamente la taxonomía la que nos permite diferenciar a mis primas, las gaviotas americanas de mis otras primas, las gaviotas patiamarillas.

Curiosamente se ha avanzado mucho en la taxonomía del reino animal, pero muy poco en la taxonomía del hombre. Probablemente, la lucha por la igualdad entre personas, ha llevado a que este tema se haya convertido en un tema prohibido. Probablemente quienes somos defensores del principio de igualdad, debemos seguir impidiendo que se pueda avanzar en el tema. No obstante, como quien alguna vez ha tomado aquello que le han prohibido tomar, en ocasiones me pregunto cómo sería tal ejercicio.

Más allá de los habituales factores de clasificación, color de piel, color de cabello, color de ojos, masa corporal, y tamaño de ‘atributos’ (se diferencia aquí entre el sexo de los ejemplares a clasificar, pues las conclusiones no son análogas para ambos sexos –no siempre más es mejor, dependiendo del atributo), he querido experimentar con un factor adicional, mucho menos inocente.

He encontrado, en los escasos periodos de observación que he podido acumular a mi edad, que podríamos proponer la estandarización del factor orgánico para ayudar en esta clasificación. Preliminarmente, considero que podríamos referirnos a los coprofágicos, los verborroides como un par de subespecies que empiezan a ganar terreno en el mundo. Esa clasificación, que implica por el momento, tan solo una propuesta metodológica, requeriría un estudio comparativo del ser humano a lo largo de la historia para fijar criterios de identificación.

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Idea 5: Para adelantar algunos de los elementos del estudio taxonómico experimental a realizar, y en aras de no dejar al ser inquieto con demasiados interrogantes, adelanto algunos de los elementos distintivos de las dos subespecies atrás relacionadas.

El coprofágico, es un individuo difícil de detectar, en principio, pues se camufla adecuadamente con los demás de su especie. Es él (o ella) un producto del medio social en el que se desenvuelve, por lo que pareciera que, lejos de ser una subespecie diferente, se acerca al paradigma de la ‘normalidad’. En él, sin embargo, el concepto social es tan solo un recurso del cual pueda echar mano cuando le apetece, pero que no lo vincula en cuanto a los deberes que han de seguirse dentro de ella. Corteja por instinto egoísta, hace amigos si de esta amistad puede obtener alguna utilidad. El concepto de trabajo y remuneración es para el coprofágico estándar, un modelo conceptual que sirve, en la medida en que sea él quien determine las condiciones de juego. La agresión, a diferencia de otros miembros de su especie, no deriva de un instinto de autoconservación, sino de un afán por sobresalir, adaptándose mejor a su entorno y pudiendo acceder a los recursos primero.

Para el coprofágico, la meta es ser cabeza del grupo. Se esfuerza por mostrarse ávidamente capaz, mostrando a los demás como completos inútiles que requieren de un ser superior que los mande. La sociedad es un concepto instrumental del que se aprovecha, pero que no lo vincula.

El verborroide, a diferencia del primero, es una especie que, en apariencia, funciona de manera completamente opuesta al coprofágico. Mientras este último se mimetiza en el medio social, el verborroide pareciera ser un ser ajeno a su entorno social. La observación preliminar de la especie permitiría concluir que es un ser alienado, pero no por exclusión de la sociedad, sino por aparentemente tratarse de un ser que ha superado los obstáculos sociales con increíble éxito.

Para el verborroide estándar, la sociedad es un objetivo. Su meta es ser parte de ella, mediante la inclusión y aceptación por parte de los demás miembros, quienes no solamente lo adoptan como un miembro al que hay que ayudar, sino por el contrario, la aceptan como el miembro del que se debe aprender. El verborroide es un falso líder, que se basa en los códigos de comunicación de la especie, para confundir, y encantar. Su éxito es ser parte activa del entorno social sin ser detectado, pues de llegar a serlo, será excluído del aparato social, perdiendo así su razón de ser.

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Idea 6: No hace mucho tiempo, Mariana Jaramillo escribió en su blog personal, un ingreso titulado “Declaración de principios: No a la gente ingrata en mi vida”. En su momento me pareció un ingreso fuerte, pero genial. Hoy en día tan solo me parece genial, y le agregaría que útil. Lo he repasado e interiorizo algunos de sus elementos. Pienso que debo seguir aprendiendo a reconocer los frutos para poder identificar los árboles. “Mira la esencia, no las apariencias”. Bonita canción.