viernes, 25 de julio de 2008

El concierto institucional colombiano

Hoy quisiera hacer referencia a la siguiente frase que encontré en el Tratado de la República de Cicerón, y con ello, repasar por vía de algunos ejemplos el alcance actual de la justicia, objeto central de este espacio, y cómo es que en un Estado solo es posible gobernar cuando ella existe. Este texto del romano, redactado al estilo de las obras griegas en las que se describe una conversación suscitada entre varios personajes, y en donde el autor encarna sus ideas en las palabras de alguno de ellos para así exponer su pensamiento, contiene un sinnúmero de elementos valiosos que lastimosamente se difunden hoy un poco menos que los éxitos de Giovanni Ayala en las calles del centro de la ciudad.

En el caso que nos ocupa, Cicerón ha escogido a Escipión, personaje histórico romano, para exponer su pensamiento de la siguiente manera, finalizando el Libro Segundo de todo el tratado, cuando al referirse al buen gobernante, expone:

“Un solo deber le impongo, porque éste comprende todos los demás: el de estudiarse y vigilarse constantemente, con objeto de poder invitar a los demás a imitarlo, y de ofrecerse él mismo, por la limpieza y brillo de su alma y su vida, como espejo a sus conciudadanos. Porque de la misma manera que la vibración de las cuerdas, los sonidos de la flauta y las modulaciones del canto forman una armonía que los oídos ejercitados no podrían resistir si tuviese alteraciones y disonancias, y cuyo concierto y perfección resultan, sin embargo, de la combinación de muchos sonidos diferentes; así también, de la armonía de los diferentes órdenes del Estado, de su perfecto equilibrio, resulta ese concierto que nace, como el otro, de la reunión de elementos opuestos. Lo que en la música se llama armonía, es concordia en el Estado, el lazo más fuerte y robusto en toda la república, pero que no puede conservarse sin la justicia…”

Llama poderosamente la atención cómo logró Cicerón retratar por vía de símil el concepto de armonía al que la Constitución colombiana quiso hacer referencia en el artículo 113 cuando se refirió a la colaboración armónica entre las diferentes ramas del poder público para la consecución de los fines del Estado colombiano. Fíjense como las cuerdas, las flautas y el cantante del siglo I a.C. –que serían equiparables hoy a nuestro acordeón, guitarra y coros propios del Tropipop– pareciera tener concordancia con la tres ramas base del poder público. Me refiero a las ramas base, porque nuestros doctrinantes actuales referencian otros más. En otras palabras, nuestras ramas del poder público deben afinar instrumentos y ante el mismo tempo, ejecutar un verdadero concierto. La batuta, según nos dice Cicerón, no es otra cosa que la Justicia.

Una radiografía reciente de nuestro Opus 2008 permite observar, en primer lugar, la forma como el acordeón (Rama Jurisdiccional) sin duda alguna se estira y se comprime a ritmo de Puya, puesto que esta cadencia rítmica le permite ser el protagonista. Al igual que el acordeón, nuestra justicia no podría sonar si fuera toda en un mismo sentido. Requiere que la Corte Constitucional y la Corte Suprema de Justicia peleen cada 15 días para que sus Magistrados adquieran la relevancia que ellos creen merecer. Requiere que el Consejo de Estado tenga una Sección que diga que SI, para que la otra, al día siguiente diga que NO, y el Consejo Superior de la Judicatura busca desesperadamente convertirse en el aire que ingresa al acordeón, para no quedarse sin ser un par de notas que sean oídas, porque de lo contrario, “no suenan”. Lo mejor de todo es que aparte de que estas contradicciones no bastan entre sí, todavía tienen energías para que ser el dueño del show, y pasar por encima de los otros instrumentos (ramas).

Continuando con el estudio radiológico de nuestro Opus 2008, encontramos que nuestras guitarras (Rama Legislativa) invitan a saborear unas buenas rancheras, aunque a ritmo rockero, entonando de manera reiterativa la famosa Rata de dos patas, seguida de Perdón, que a su vez es inmediatamente sucedida por Que te vaya bonito. Debido a la fusión rockero-ranchera que proponen nuestras guitarras, tenemos el problema que se nos han reventado 2 de las 6 cuerdas, y vamos para otras tantas, al ritmo que va su intérprete. Parece ser que en poco tiempo, tocará dejar la guitarra en una “silla vacía” para que se termine de podrir.

No menos importante es el riguroso estudio de nuestros coros (Gobierno). Toda buena interpretación de un éxito de tropipop requiere sin duda la preparación y entonación de agudas notas frente a graves escenarios. Es por eso que todo concierto requiere de una coordinación especial por parte de personas altamente calificadas para ello. Sin embargo, la radiografía de nuestro Opus 2008 revela resultados preocupantes. De los 14 integrantes del Coro (una voz líder y trece coristas), la voz líder se encuentra pensando en la producción de su próximo disco: Tonada mesiánicas. Uno de sus coristas, ansioso de pasar a ser la voz líder, compone el futuro éxito, Cuando te di de baja, que incluye un “beat” electrónico alegórico al hostigamiento sentimental que él plantea.

Siguiendo un poco con nuestros coristas, se observa que de los doce restantes, el tema más o menos funciona así: 4 de ellos les encanta la guitarra y andan embobados viendo a ver si logran pasarse del Coro a la guitarra con cierta prontitud. 4 de los ocho restantes andan peleando con el acordeón, porque se pasa de querer ser protagonista. Y los otros 4 están realmente fuera de lugar. No tienen ni idea de lo que es cantar, pero como miembros insignes del país, son “parceritos” del que manda, o tienen nombres extraños, o simplemente son los que ayudan a controlar gavillas contra la estrella del show. La consecuencia de esta situación es que tenemos 2 personas cantando lírico, 3 regguetoneando, otros 3 cual coro de iglesia, 2 con improvisaciones de joropo, 2 cantando rock en español, otros dos fantoches cantando en inglés, y los últimos dos, con plancha “ventiada”.

Juntemos los instrumentos. El resultado es el previsible… …un desastre. Nuestra Opus 2008 ha logrado alcanzar cumbres tan altas equiparables a las grandes producciones de Aura Cristina Geithner, Amparo Grisales, y taquillazos solo comparables con colosos como la memorable Pret a Porter o Alien Vs. Depredador. No sé que tan buen músico podría haber sido nuestro querido Cicerón, pero probablemente su reacción hacia nuestro imponente despliegue musical no sería muy diferente a lo que un monarca europeo le dijo no hace mucho a un importante líder latinoamericano. De hecho, si nuestro reverenciado autor hubiese conocido las interpretaciones “tropipopeñas” de los grandes éxitos mundiales 4 ever U´rs G this, o Tu revolución Boli-valeriana, subrayaría con vehemencia la nueva tendencia de la dominio de escenario. Habría escuchado el término que va imponiendo la nueva moda musical propia del género. Similar al “Ay hombeee” vallenato o el “Claro que sí!!” propio de todo bingo, bazar o fiesta de 15, he tenido la oportunidad de escuchar cómo se encuadra este jugoso término luego de la primera estrofa del futuro éxito Corte la tercera Corte. Cuando luego de un solo de acordeón, nuestra voz líder grita: “MANAGUAAA” y responde el resto: “UEEEPAAA”, la popularidad del coro nuevamente habrá de sobrepasar al de la guitarra netamente rítmica.

Ante estas puestas en escena de “temas” o “discos” tan envidiados como el famoso cover de Noches de Cartagena por Andrea Nocetti, la mirada de todos nuestros expertos buscarán encontrar un culpable externo, que en este caso preciso será la batuta. Esa batuta que en el mundo actual llamamos justicia, es la que habrá de asumir la humillante derrota de nuestro Concierto con SOL-FA Sostenida. Recordemos cómo lo profetizó Cicerón: “Lo que en la música se llama armonía, es concordia en el Estado, el lazo más fuerte y robusto en toda la república, pero que no puede conservarse sin la justicia…”. Propongo entonces: Busquemos la batuta pronto.