domingo, 25 de enero de 2009

¡Epidemia nueva!

Estoy considerando enviar una comunicación a la Organización Mundial de la Salud, solicitando su decidida intervención en la identificación de una condición médica, que al parecer no necesariamente se presenta un origen estrictamente patológico, aunque de ello no puedo dar fe. Esta condición médica, que viene desarrollándose a pasos preocupantes, reviste una alta complejidad en su diagnóstico. Resulta igualmente difícil prescribir un tratamiento adecuado, por la concurrencia de síntomas que al atacarse, generan contradicciones que en ocasiones pueden resultar nocivas.

La anamnesis generalizada muestra cómo el paciente, en términos generales, sufre de un cuadro progresivo de megalomanía expansiva, acompañados de una seguidilla de episodios de paranoia. Ante la crisis aguda de megalomanía, se refiere confusión mental, con dificultad de raciocinio e imprecisión en las habilidades expresivas como la escritura y el habla.

Esta nueva epidemia, cuyos primeros brotes aparentemente han surgido de manera extraña en los países de Suramérica. Las pruebas demográficas realizadas no asocian este peligro a factores climáticos, en principio, pero permiten concluir con cierta margen de certeza, que tiene alguna relación cercana con urbes de mediana o alta población. Los primeros pacientes que han presentado este cuadro, son personas preponderantemente de trabajo sedentario, vinculados a labores de carácter intelectual en mayor medida.

La impresión diagnóstica no ha podido ser asociada a un síndrome conocido. Por ello, se realizan esfuerzos sobrehumanos por localizar el problema asociado. Por el momento, se conoce que existe un factor común entre muchos de los pacientes detectados, y es su vinculación al aparato estatal.

La iusdeficiencia, como atrevidamente me he atrevido a bautizar esta condición, en términos un poco más coloquiales, ha generado una serie de malentendidos, que han podido trascender a los medios de comunicación en algunas ocasiones. Por lo general, se ha observado en los pacientes estudiados, una confusión que pareciera confabulación. Revisemos algunos casos, sin reseñar los nombres de los pacientes por la protección de su intimidad:

Un alto funcionario del Estado colombiano, siendo de las personas con mayor carácter y criterio político, en el momento de asumir su cargo, juró defender la Constitución y las leyes, con miras a ayudar al progreso de sus administrados. Este mismo funcionario, que inició su tarea de manera decidida con miras a poner en regla aquello que se encontraba por fuera de lo permitido (corrupción, politiquería, y criminalidad organizada), progresivamente empezó a confundir los personajes que los rodeaban. A quienes delinquían, los acogía con bombos y platillos como a hijos, y a quienes institucionalmente opinaban en contra, los trataba como criminales. Este primer síntoma de confusión, fue seguido de manera mediata por un arranque de egolatría patrocinado por quienes de alguna manera habían sentido los beneficios de su gestión hasta el momento. El cuadro de megalomanía se ejemplificó con un interés altruista de buscar darle continuidad a su gestión, para posteriormente convertirse en un interés por mantenerse allí por cualquier medio. Ante la confusión y la megalomanía, fue presentándose una dificultad en el habla, que le impedía expresar con claridad sus deseos reales, aunque sí materializándolos. Ante estos síntomas, se generó a la vez confusión entre aquellos que lo rodean.

Los últimos indicios nos muestran que este alto funcionario ha empezado a experimentar dificultad en su raciocinio, al punto de inicialmente querer modificar la norma que juró defender, y actualmente querer utilizarla como su agenda personal, y no como Constitución. De allí que los expertos lo hayan encasillado como un probable caso de iusdeficiencia. Sin embargo, aquéllos se encuentran perplejos al encontrar que existen casos similares en la región, que parecen apuntar a una situación derivada de especies comunes en estos países, que probablemente invaden al huesped a través de la vías digestivas.

Otros servidores públicos, según han documentado analistas de algunos países suramericanos, han presentado cuadros similares, aunque con una evolución de la sintomatología que no es del todo compatible con el caso recién mencionado. Por mencionar un ejemplo local, haremos referencia a un Juez de la República que, además de confesar que no sólo intentado evadir cualquier forma de confinamiento de su condición, sino que además procura propagarla, ha demostrado ser que su condición médica ha sido replicada por algunos de los compañeros jueces que lo rodean, lo que demuestra la potencialidad de contagio de esta presunta patología, aunque no se tiene conocimiento sobre los mecanismos de transmisión.

El juez, que según él mismo ha confesado, fue educado de forma tal que pudiese ser un experto en la interpretación de la ley, ha empezado a tener, según lo señalan algunos abogados que manejan procesos en su despacho, problemas de raciocinio hermenéutico, al punto que han llegado algunos a afirmar que la ley se ha convertido en un asunto secundario al momento de decidir, y que con fundamento en su lógica trastocada, está resolviendo los casos. Otros manifiestan que sus problemas de raciocinio no se den específicamente en materia de interpretación de la ley, sino en la interpretación de las pruebas, pero concuerdan en que éstas pasan a un segundo plano al momento de decidir. Algunos otros han planteado que ambas situaciones se presentan de manera concurrente.

Respecto de nuestro segundo caso analizado, se ha dicho igualmente que el síntoma de confusión ha emergido con posterioridad, en la medida en que, según se ha manifestado, confunde a las partes del proceso como sus contrincantes, y no como quienes acuden a él en aras de justicia. Como lo ha manifestado alguno de ellos, “entre más juicioso es el abogado, entre más acuda al juzgado, peor trato personal y jurídico le dará”. En algunos casos, al parecer, por simple capricho, negará acciones de tutela contra cualquier funcionario por este nivel progresivo de confusión. Al parecer, el poder de decisión y de jurisdicción, genera un creciente amor por sí mismo y por lo que hace, lo que evidencia en el ensalzamiento que hace de sí mismo en sus providencias.

Mientras que esta segunda modalidad de iusdeficiencia preocupa por su rápida propagación, las autoridades de los países de Suramérica donde se ha presentado esta modalidad, al parecer se rehúsan a actuar para enfrentar esta situación. El lento actuar de las autoridades, que son las mismas afectadas por este cuadro, al parecer ha derivado en la aparición de un síntoma nuevo que se ha presentado en otros individuos, y que hace referencia en un síntoma complejo, que me he atrevido a denominar como “impotencia legislativa”.

Los análisis continúan. En el interregno, expertos en el tema, pertenecientes al sector privado, no vacilan en documentar esta situación. El trabajo interdisciplinario será de vital importancia, y mientras en materia de salud se realizan las gestiones para rehabilitar a los afectados, se hace un llamado especial a los organismos de control y a los veedores ciudadanos a identificar a estos sujetos para poder iniciar a tiempo el tratamiento correspondiente.

NOTA: Esta nota, al igual que el pseudónimo utilizado por su autor, es obra de la imaginación de un abogado inconforme. NO corresponde a la realidad, por lo menos en cuanto a su carácter médico. Cualquier referencia a personajes conocidos, es plenamente intencional, y es resultado de la opinión personal de su creador.

2 comentarios:

Carlos Javier dijo...

Amigo plumífero, aunque esta entrada no sea sino "producto de tu imaginación", me he quedado preocupado pensando en que a lo mejor esta vez, la realidad también le lleva la delantera al arte.

Caray, después de leer lo que has escrito, me he quedado muy preocupado por los conCejales de mi pueblito natal: estoy seguro que están enfermos de una iusdeficiencia grave. Es más, me he qedado perplejo al presumir que se trata de una dolencia sui generis, pues tiene tanto de crónica, como de aguda, al menos así parecen padecerla los honorables conCejales de mi pueblito.

Pobres ellos, uno -y todo el mundo- acostumbrado a darles palo, para ahora enterarnos que todo cuanto hacían, y principalmente, TODO cuato NO hacían, no era sino consecuencia de una vil enfermedad.

Ojo mi apreciado amigo, creo que has puesto la piedra inicial de tu paso a la historia, no se te haga raro que una vez se reinicien las sesiones del Congreso, alguno de sus miembros decida presentar a consideración del cuerpo legislativo el proyecto de "LEY GAVIOTA", por la cual se establece a la función pública como una actividad de alto riesgo laboral, dado el inminente riesgo de sufrir IUSDEFICIENCIA para quienes pertencen a ella en cualquiera de sus niveles, con todas las consecuencias de seguridad social que ello pueda tener.

*****

Nota: éste comentario, al igual que la entrada en la que ha sido publicado, es producto de la imaginación de un ciudadano preocupado.

Saludos!

Gaviota dijo...

Jaja. Eso de la Ley Gaviota suena interesante, Carlos Javier. Sin embargo, el Ministro de Protección probablemente esté más preocupado en otras gestiones propias (o no) de su despacho, que en impulsar la ley.

Me preocupa que al intentar hacerlo, algún Congresista iusdeficiente copie mal alguna ley española o norteamericana, y empeoremos la situación.

Sin embargo, estoy de acuerdo que en este caso también requerimos de un plan de choque, porque veo que en la zona de los "Santanderes", la cosa es complicada también, y recordemos que tenemos fronteras cercanas...