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sábado, 24 de octubre de 2026

Mi opinión sobre la presidencia de Iván Duque Márquez

NOTA PRELIMINAR: Esta es la octava entrada de la serie acerca los distintos presidentes que he tenido la oportunidad de racionalizar, o mejor, digerir.  Se sugiere al lector revisar los anteriores ingresos  antes de revisar este.  Lo anterior, dado que hay hechos tratados allí que se dan por conocidos en este ingreso, por razones de espacio.

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Cuando finalizó el gobierno Santos II, los índices de aprobación del entonces presidente eran pésimos. Haber forzado el acuerdo de paz con las FARC a pesar de que el país había votado expresamente en contra de eso, tuvo un costo.  En consecuencia, las elecciones presidenciales de 2018 fueron una muestra clara de eso.  De los candidatos presidenciales que había en primera vuelta, los que menos votación tuvieron fueron precisamente Humberto De La Calle y Germán Vargas Lleras, el jefe negociador del gobierno con las FARC y el Vicepresidente de Santos, respectivamente.  En tercer lugar había quedado Sergio Fajardo, y la disputa final fue entre Gustavo Petro (quien finalizó segundo) e Iván Duque, quien finalmente ganó la presidencia en segunda vuelta.

Duque venía de ser senador por el Centro Democrático, el partido de Álvaro Uribe Vélez.  Para esa campaña en específico, Uribe no estaba dispuesto a cometer el mismo error que cometió con Santos.  Necesitaba a alguien servil a él y a su causa, y no a alguien con demasiada iniciativa.  Entre los candidatos de ese partido, estaban principalmente Duque, María Fernanda Cabal y Paloma Valencia "en el sonajero".  De cara a la población, básicamente los votantes teníamos cuatro opciones: 1) El continuador de Santos; 2) La izquierda post-acuerdo de paz; 3) El que (o la que) diga Uribe; y 4) La opción del centro.  Siguiendo ese mismo orden, los candidatos eran: 1) Vargas Lleras o De La Calle; 2) Gustavo Petro; 3) Iván Duque; y 4) Sergio Fajardo.

En la primera vuelta, la repartición de votos fue relativamente pareja.  Lo único claro es que la gente no quería nada que oliera a Santos y sus candidatos fueron severamente castigados en las urnas.  Sergio Fajardo tuvo una votación decente y podría ser determinante para determinar quién sería presidente.  Debía decidir si apoyaba a Duque o apoyaba a Petro, y en ese momento tomó una decisión que lo seguirá hasta la tumba: se negó a tomar postura, dijo que se iba a ver ballenas, y se ganó por siempre la etiqueta de "tibio", algo que en la política colombiana es imperdonable, por el ambiente polarizado post-Uribe.

Quien ganó, entonces fue Duque, pero realmente no por mérito suyo.  De hecho, Duque no tenía ningún tipo de amplia trayectoria que respaldara su candidatura.  Su único mérito era ser el candidato en el que confiaba Uribe.  18 años después de su elección, Álvaro Uribe Vélez seguía siendo muy relevante en la política colombiana.  Finalmente ganó el que dijo Uribe.  Obsérvese que ya de entrada, la expectativa frente a Duque no parecía muy alta.  La gente mayoritariamente no confiaba en él sino confiaba en el voto de confianza que había puesto Uribe en él.  Esa no es una muy buena carta de presentación, porque en la práctica, tanto sus seguidores como sus detractores esperaban que en la práctica se comportara como una marioneta de Uribe, y eso en sí mismo es patético.

Ya en el poder, el pueblo realmente vendría a saber qué tan capaz y qué tan independiente sería Duque.  Esos primeros momentos serían claves porque permitirían al pueblo saber el carácter de su Presidente.  Lamentablemente, Duque no pasó la prueba.  La gente recordará por ejemplo, los siguientes tres momentos que demuestran que no estaba a la altura del cargo: 1)  Duque y su equipo, recién inauguarado, bailando rock en CATAM a la espera del avión presidencial; 2) Duque cantando en todas las reuniones con gobernantes de otros países; y 3) Duque diciéndole a Felipe VI de España que el Presidente Uribe le enviaba saludos, mientras se iban a tomar la foto de jefes de Estado.

Si uno revisa el gabinete ministerial de Duque, igualmente se da cuenta de que gran parte de ese gabinete no lo ponía él, y adicionalmente nunca se le vio realmente mando y liderazgo sobre su gabinete.  Un gobierno uribista, según se ha visto en otros ingresos, debería caracterizarse por tener dos carteras muy fuertes: Defensa y Hacienda.  La cartera de Defensa fue seriamente cuestionada durante los 4 años que duró su mandato, y realmente la mayoría de ministros que lideraron esa cartera dejaron mucho que desear.  En Hacienda, inició terriblemente mal, con la designación del Ministro Alberto Carrasquilla (quien ya había sido ministro de Uribe, y había sido muy cuestionado en su momento, pero con desempeño más o menos bueno); quien pasó de ser un decente ministro de Uribe a ser un pésimo Ministro de Duque y debió ser relevado, por nefasto.

El sello de Uribe no se veía en el gobierno Duque, pero tampoco se veía un sello propio.  Duque fue en general un Presidente mediocre, y su gobierno no parecía suyo, sino de María Paula Correa, que era la jefe de gabinete de Duque.  A diferencia del mandatario, Correa no era mediocre y fue quien medianamente estableció control en el gobierno.  Quien esto escribe, por ejemplo, al escribir la opinión sobre el Gobierno de Duque, realmente no estoy opinando sobre el Gobierno de Duque, sino sobre el Gobierno de María Paula Correa, y sobre Iván Duque como figura pública, porque genuinamente creo que él no era el que gobernaba realmente.  En las pocas cosas que sí incidió, como ayudar a nombrar a su compañerito de clase como Fiscal General de la Nación, fue un error costoso de cuatro años.

A nivel internacional, pocas apuestas fuertes hizo Iván Duque, y la más importante que sí hizo, le salió terriblemente mal.  Anunció que Colombia había montado un "cerco diplomático" que iba a generar la caída de Nicolás Maduro, y que iba apoyar al "legítimo Presidente" Juan Guaidó.  Intentó formar un frente internacional que obligaría a la dictadura venezolana a capitular.  No lo logró.  De hecho, no estuvo ni cerca de hacerlo.  Por el contrario, mostró nuevamente que nunca tuvo el peso político que aspiró a tener.

Imagen tomada de: www.senalmemoria.co

Durante cuatro años, se estuvo ante un gobierno bastante regular, y un Presidente mediocre.  Sin embargo, así como se destaca esto, hay que necesariamente destacar lo que sí hizo bien: lidiar con la pandemia COVID-19.  Luego de haber visto lo que fue el gobierno de Gustavo Petro, no quisiera saber lo que habría pasado si este último fuese al que le hubiere tocado lidiar con la pandemia de COVID-19.  Duque puede ser mediocre, pero no es un tipo mal intencionado, como su sucesor.  En consecuencia, quizo actuar bien, y se dejó asesorar bien.  El Ministro de Salud, Fernando Ruiz, gestionó muy bien la crisis de la pandemia.  Costó mucho dinero y costó vidas, pero muchísimas menos de las que podría haber costado si no se hubieran adoptado las medidas correctas, como la adquisición de las vacunas, el encierro obligatorio, la adopción de la virtualidad en muchas gestiones con la administración pública, y otras muchas medidas que permitieron que el país no cayera en el abismo.  Debo ser claro: no es un logro menor.  En este país, que menos de un año después del encierro "desaprendió" lo que debió haber aprendido en la pandemia, era claro que ese tipo de medidas coercitivas, que limitaban muchas libertades, era lo que había que hacer con un pueblo que no suele hacer lo correcto, sino que sigue envidiando a "los vivos".

Años después de finalizar el gobierno de Duque, se decía por los simpatizantes de la derecha, que Iván Duque Márquez había sepultado a la derecha con su mal gobierno.  Es parcialmente cierto.  Sin embargo, lo que no contaban es que la derecha iba a resucitar por culpa del sucesor de Duque.

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miércoles, 21 de octubre de 2026

Mi opinión sobre la presidencia de Juan Manuel Santos Calderón (segundo periodo)

NOTA PRELIMINAR: Esta es la séptima entrada de la serie acerca los distintos presidentes que he tenido la oportunidad de racionalizar, o mejor, digerir.  Si no han revisado ya las cinco entradas anteriores, se sugiere hacerlo antes de leer este ingreso.  En este caso, Santos es el primero de los actuales expresidentes sobre los que escribí en su momento, e incluso desde que fuere candidato antes de su primer mandato.  Además de revisar el ingreso anterior, que trata sobre el primer periodo presidencial de Juan Manuel Santos, pueden contrastar lo aquí reseñado, frente a los siguientes ingresos (con fecha incluida para que se sepa detectar en qué momento del tiempo fue escrito:

Elecciones Presidenciales I: Juan Manuel Santos (30/04/2010)

Por qué no voto por Santos ni por Zuluaga (10/06/2014)

Balance del Gobierno de Juan Manuel Santos - Parte 1 de 2 (08/08/2018)

Balance del Gobierno de Juan Manuel Santos - Parte 2 de 2 (16/08/2018)

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El año es 2014, y luego de cuatro años iniciales de Juan Manuel Santos Calderón en el poder, vino su segundo periodo presidencial.  Llegar allí, no fue fácil, puesto que en la primera vuelta presidencial, Santos no ganó.  Quien ganó fue Oscar Iván Zuluaga, el candidato del uribismo a través del partido Centro Democrático. Era claro que la pelea no iba a ser sencilla porque el uribismo, quien se sentía traicionado por Santos a raíz de sus cambios radicales frente a los postulados que lo habían hecho elegir inicialmente en 2010, quería que el verdadero uribismo retomara el poder.  Por su parte, el santismo no estaba dispuesto a perder frente al Uribismo y apostó -sabiamente, por cierto- a hablarle a las pasiones de la gente y no a su intelecto.  

Cualquier político medianamente exitoso sabe que lo que el ciudadano común en una democracia quiere es sentir y no saber.  Quiere sentir esperanza, confianza, energía, seguridad, optimismo.  Al ciudadano común en cualquier democracia no le interesa conocer la fórmula para convertir el plomo en oro, sino creer que efectivamente el plomo se convertirá en oro, así sea imposible que "realmente" ocurra. Por eso es que a nadie realmente le interesa revisar un programa de gobierno de ningún candidato. Por ello, a partir de ese peligro de perder la reelección, Juan Manuel Santos y su equipo de gobierno le apostaron que en teoría nadie podría "no querer" la paz.  El país empezó, incluso desde la campaña política, a dividirse entre los "amigos de la paz" y los "enemigos de la paz". El giro de "los buenos" y "los terroristas" que venía de la época de Uribe, pero en el léxico y contexto santista.

En la segunda vuelta, Santos ganó, y similarmente a como ocurrió con las elecciones en el caso de Ernesto Samper Pizano, no estuvo exento de controversia.  A lo largo de su periodo presidencial, se destapó el escándalo de Odebrecht que destapó de qué manera ese importante grupo empresarial brasileño tenía la capacidad de "contribuir" o "aportar" a políticos de toda Latinoamérica a cambio de posteriormente ser beneficiarios de importantes contratos a todo nivel, con la ayuda de sus políticos beneficiarios.  Es decir, algo parecido a lo que el país sabe que existe desde siempre pero no ha logrado comprobar de manera seria y masiva, pero en este específico caso, a escala regional y no solo nacional.  Este escándalo no se destapó por la brillantez y suspicacia de las autoridades colombianas, sino como casi siempre en este país, por movimientos en la justicia de los Estados Unidos. En ese caso, tanto la campaña de Zuluaga como la de Santos se vieron seriamente salpicadas por el escándalo de Odebrecht, pero como suele ocurrir en Colombia, al Presidente en ejercicio no le pasó nada (similarmente como a Samper) y Santos cayó de pie, como los gatos.

Aparte del escándalo de Odebrecht, el Gobierno de Santos II se definió en función del proceso de paz de las FARC, similarmente a como se definió el gobierno de Andrés Pastrana Arango.  Lo que la Historia diría a partir del 2018, dependería de cómo gestionara ese diálogo con las FARC. A diferencia de algunos presidentes que tuvo este país antes de él, y después de él, Santos puede ser lo que sea, menos bruto.  Similarmente a como ocurrió con Samper, se rodeó de unos verdaderos zorros capaces de defenderlo a capa y espada.  Germán Vargas Lleras era su Vicepresidente y le dio rienda suelta para encargarse de temas como la infraestructura y la contratación a gran escala, para mostrar resultados: y lo hizo.  Juan Fernando Cristo como Ministro del Interior era quien mostraba el mundo de Santos a partir de su visión de paladín garante de las víctimas.  Por último, el zorro mayor fue Néstor Humberto Martínez como "Superministro" inicialmente y posteriormente como Fiscal General de la Nación encargado investigar muchos de los escándalos que salpicaban a antiguos clientes así como al gobierno al que recién había defendido a capa y espada, y que por supuesto no investigó.

Santos estuvo muy bien blindado, y sus fichas le jugaban un excelente partido a nivel institucional y extrainstitucional.  El país tuvo tal vez los mayores periodos de estabilidad a nivel de macroeconomía y orden público.  En principio eso debería ubicar a Santos como un fantástico Presidente.  Sin embargo, como señalé líneas atrás, su campaña y su gobierno estaban atados inescindiblemente al proceso de paz con las FARC, y ese proceso no fue bien llevado.  Si se quiere revisar en detalle la cronología de los avances de esa negociación, se podrá observar que los tiempos de discusión de los seis puntos principales que componían el acuerdo fueron claramente desiguales.  La mesa de negociación se demoró muchísimo tiempo en discutir dos de esos puntos, y los otros cuatro fueron claramente acordados de afán, cuando la presión social obligó a que se "dieran resultados" pronto.

El acuerdo que le presentaron al pueblo Colombiano, en opinión de quien esto escribe no es serio.  La razón principal de ello es que un texto de esta naturaleza tiene que ser eminentemente práctico, y este texto no lo es.  Explico el punto.  No es lo mismo decir "Pedro tiene tres meses para presentar un informe de inventario a Luis" que decir "una instancia de alto nivel proyectará a la mayor prontitud un informe que será revisado por organismos interinstitucionales".  Desde el punto de vista de estilo literario, parece mucho más apetecible el segundo ejemplo que el primero, pero la diferencia es que este último es difícilmente verificable, mientras que el primero es fácilmente constatable.  Revisen el texto del acuerdo de paz, o en su defecto, pídanle a su inteligencia artificial de confianza que lo haga, y que les indique cuántas veces se hace referencia a ese tipo de frases gaseosas como "instancia de alto nivel" y "monitoreo interinstitucional" para darse cuenta de lo que aquí digo.  En vez de tratarse de un acuerdo con compromisos prácticos verificables, se convirtió en una especie de carta al Niño Dios plagada de deseos y buenas intenciones, pero con instancias poco prácticas. Los efectos de esa carta al Niño Dios se pueden ver hoy en la implementación del acuerdo, en la reparación a víctimas, en la protección de la vida de los desmovilizados, y especialmente en la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP).  Vistas en conjunto, o de manera separada, es claro que el acuerdo como un todo, no funcionó.


Imagen tomada de: www.infobae.com

Todo lo anterior le dejaría una mancha en el legado de Santos, pero lo que hace que su puntaje caiga drásticamente es su afán por ganarse la medallita del Nóbel de Paz.  Estoy absolutamente seguro que esa ambición personal de un acaparador de trofeos lo llevó a cometer un error por soberbio.  Estaba tan convencido que todo el país iba a aplaudirlo y cundirlo en loas, que se arriesgó a apostar la puesta en marcha de todo el acuerdo de paz en unas elecciones, y perdió.  No importa aquí el porqué de su derrota electoral, pero lo cierto es que perdió.

El mecanismo elegido era el del plebiscito especial, cuyo alcance fue desarrollado por la Corte Constitucional en la sentencia C-379/16. Si quieren revisar ese punto en específico, vayan y lean de los puntos 7 al 20.2 de los considerandos.  Observarán, por ejemplo, que la Corte siempre hace referencia al pueblo como soberano (primer punto a anotar) y también sobre los alcances de la aprobación del plebiscito, y casi nada o nada sobre los alcances de la victoria del NO (segundo punto a destacar).  Lo cierto es que toda esa parafernalia y promesa de acatar la voluntad del pueblo, quedó en nada.  Juan Manuel Santos Calderón, en mi opinión, jamás podrá ser considerado como un estadista modelo o siquiera un demócrata ejemplar, cuando ha sido el único Presidente del que yo tengo conocimiento que ha desconocido frontal, descarada, abierta, y solapadamente una votación popular.  El Presidente de la República, como mandatario (cabe recordar que esto no hace referencia a que él sea quien mande, sino a la figura del mandato como contrato por medio del cual el pueblo como mandante contrata al Presidente, como mandatario para que cumpla con una gestión encomendada, su programa de Gobierno) debe respetar la voluntad del pueblo soberano, su mandante.  En este caso, el Presidente Santos le mamó gallo al soberano (utilizando la terminología de la misma Corte Constitucional).  Lo peor del caso es que esa "mamadera de gallo" fue ratificada por las diversas instancias institucionales colombianas, desde el Congreso, la Corte Suprema de Justicia y la Corte Constitucional.  Junto con la debacle del caso de Ernesto Samper ya vista, la suscripción, firma y aval del Acuerdo de Paz Santos-FARC son las muestras más claras y fehacientes de que la institucionalidad colombiana NO es sólida, y que las famosos pesos y contrapesos que deberían existir en Colombia, no funcionan bien.

Si se revisa la tabla de medallería de los gobiernos de Santos, se tiene entonces que nos llevó a la OCDE, firmó un sinnúmero de tratados de libre comercio, que metió a Colombia en el escenario económico mundial, y que firmó un acuerdo de paz con la guerrilla más vieja del mundo.  Ahhhh, y que se ganó un Premio Nóbel de Paz, algo que cuando lo aceptó dijo que no era para él sino para el pueblo colombiano, pero que desde que salió de su cargo, utiliza como carta de presentación; no era el Nóbel del pueblo colombiano como desinteresadamente dijo en su momento: era el Nóbel de él, SU medallita. Para la muestra, la imagen de su perfil en la red social X:


Parecen impresionantes todas esas medallitas que he mencionado. No obstante, si revisamos a fondo cada una de ellas, se observará, por ejemplo, que las estadísticas de la OCDE nos ha servido para demostrarnos todos los días por qué razón no debemos estar allí.  Los TLCs han demostrado que efectivamente no estamos preparados para competir de tú a tú con los distintos países con los que los firmamos porque nuestros niveles de competitividad y productividad no nos permiten hacerlo.  El Acuerdo de Paz no funcionó porque mataron a muchísimos desmovilizados, no hubo reparación real, y las "instancias de alto nivel" prometidas para todo, no existieron ni existirán.  Y finalmente lo que el pueblo más anhelaba que era la aplicación de justicia por todos los crímenes atroces cometidos, tampoco llegó.

De lo anterior, parece claro que el segundo periodo de Juan Manuel Santos admite opiniones según el punto de vista del que se le mire.  Luego de haber revisado a partir de los distintos puntos de vista desde los cuales yo lo analicé, puedo decir que fue un gobierno regular, pero en donde Santos se ganó la medallita a ser el único Presidente que ha desconocido frontalmente una votación de un plebiscito, con la complacencia del resto del Estado colombiano.  Esa medallita también debe entrar en su tabla de medallería. 
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jueves, 8 de octubre de 2026

Mi opinión sobre la presidencia de Álvaro Uribe Vélez (segundo periodo)

NOTA PRELIMINAR: Esta es la quinta entrada de la serie acerca los distintos presidentes que he tenido la oportunidad de racionalizar, o mejor, digerir.  Se sugiere al lector revisar los cuatro primeros ingresos (sobre Gaviria, Samper, Pastrana y Uribe I) antes de revisar este.  Lo anterior, dado que hay hechos tratados allí que se dan por conocidos en este ingreso, por razones de espacio.

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Finalizó el primer periodo de Álvaro Uribe Vélez con un nivel de popularidad importante. En menos de cuatro años, el orden público en el país cambió drásticamente.  Esto no es un tema menor.  Ya en 1919, Max Weber, el famoso sociólogo, señaló que el Estado -conceptualmente hablando- implicaba que la comunidad que lo componía pudiese reclamar exitosamente el monopolio de la violencia legítima entro del territorio específico que lo ocupa.  Obsérvese la trascendencia que le da Weber al monopolio de la violencia por parte del Estado.  Colombia, quizá nunca ha podido reclamar exitosamente el monopolio de la violencia legítima o ilegítima.  Sin embargo, con el gobierno Uribe I, pasamos casi de ser un Estado fallido, a medianamente recuperar algo de control territorial.  Pasamos de únicamente defendernos de la subversión, a defender y atacar. La cancha venía equilibrándose.

En las elecciones de 2006, a Uribe le fue incluso mejor que en las de 2002.  Sacó una votación que superó el 60% del total de votantes, lo que muestra una fotografía de qué tan popular era en ese momento.  Al inicio de su mandato, Uribe -como lo muestra su votación- era inmensamente popular.  En el segundo periodo, sin embargo, pasaron varias cosas que conviene destacar, tanto buenas como malas.  Todo eso incide en la opinión final, que daré al final del escrito.

1) La parapolítica: Como señalé en el ingreso anterior, el fenómeno del paramilitarismo en Colombia era conocido y estaba en auge para la época en que se dio el primer gobierno de Uribe.  Sin embargo, en ese periodo se elaboró un proyecto de ley para permitir que se desmovilizaran y se reincorporaran a la vida civil a través de un modelo de justicia transicional que quedó condensado en la Ley 975 de 2005 o Ley de Justicia y Paz.  Eso ocurre un año antes de la reelección de Uribe.  Sin embargo, a raíz del proceso de desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia, la Corte Suprema de Justicia inició una serie de investigaciones contra congresistas que tendrían vínculos con el paramilitarismo.  Todo esto ocurre en el segundo mandato de Uribe, y muchos de los congresistas investigados fueron condenados por vínculos con los grupos paramilitares.

2) Uribe Vs. la Corte Suprema de Justicia: Uno de los puntos que más rechazo hizo que se generara en contra de Álvaro Uribe Vélez fue su confrontación con la Corte Suprema de Justicia como un todo, pero especialmente con la Sala de Casación Penal. Las investigaciones por la yidispolítica, las investigaciones por la parapolítica apuntaban de manera directa o indirecta hacia Uribe, y a ello se le sumó un tercer grupo de investigaciones que también apuntaban hacia él.  Se tratada de las investigaciones por las "chuzadas" (interceptaciones ilegales) del DAS.  En resumen, esas investigaciones partían de la premisa de que la entidad encargada de la inteligencia en Colombia estaba siendo utilizada para interceptar ilegalmente las comunicaciones de miembros de la oposición, periodistas y magistrados; el Estado cometiendo delitos a través de sus entidades oficiales.  Eso generó que la Corte Suprema de Justicia reaccionara en bloque en contra de los claros intentos de intromisiones en el ejercicio de sus funciones. Y la Corte logró resistir los embates en su contra, incluso a pesar de que algunos de sus magistrados fueran posteriormente condenados por lo que se vendría a conocer como "el cartel de la toga".

3)  La ofensiva en contra de las FARC: Según se señaló en el ingreso anterior, el gran factor elector de 2002 había sido el voto para frenar a las FARC luego del fallido proceso de paz de Pastrana.  Uribe dedicó muchos de sus esfuerzos a atacar militarmente a esos grupos.  Si bien Manuel Marulanda murió en este periodo por causas naturales, gran parte de lo que se conocía como el Secretariado de las FARC fue duramente golpeado a través de bombardeos y enfrentamientos de tropas en tierra.  El más recordado del gobierno Uribe II, fue el que dio de baja a Raúl Reyes, un éxito militar que generó un conflicto internacional con Ecuador, porque el campamento de Reyes estaba dentro de territorio ecuatoriano, aunque cerca de la frontera con Colombia.  Igualmente famoso fue la "Operación Jaque", que consistió en una fachada de operación humanitaria que involucraba realmente un esfuerzo militar por rescatar a varios de los secuestrados más reconocidos en el país, incluyendo a la excandidata presidencial Ingrid Betancourt.  La operación fue exitosa pues rescataron a los secuestraron y aprehendieron a algunos de los jefes secuestradores.

4) Colombia Vs. sus vecinos: Cuando Uribe llegó al poder en 2002, ya Hugo Chávez era Presidente de Venezuela. Chávez, desde 1999.  En consecuencia, para el inicio del segundo mandato de Uribe, ya Chávez llevaba aproximadamente 7 años y medio como Presidente y su modelo semicomunista estaba ya plenamente en vigor y creciendo.  Pocos meses después de inaugurado el segundo gobierno de Uribe, subió al poder Rafael Correa en Ecuador.  Correa era aliado de Chávez y la Colombia de Uribe representaba exactamente lo contrario de lo que representaba la ideología de izquierda, y más aún de izquierda radical.  A nivel internacional hubo muchas tensiones entre Uribe y el combo Chávez-Correa, como lo evidencia la mirada de Correa luego de la fuerte discusión entre ellos en la Cumbre de Rio de 2008 (ver fotografía).  En ese contexto internacional específico es que se dio la "Operación Fénix" que dio de baja a Raúl Reyes en territorio ecuatoriano. La situación fue muy tensa pero no pasó a mayores.  Debe destacarse desde ya, que en su momento, Uribe decidió proteger a Juan Manuel Santos (su ministro de defensa en ese momento) de las peticiones de extradición a raíz de ese operativo.  Eso vendrá a ser relevante cuando se analice el gobierno de Santos I.  En todo caso, Uribe representó un verdadero contrapeso en la región frente al régimen venezolano que cada día se volvía más y más dictatorial.


Imagen tomada de: www.lafm.com.co 

5) Los "falsos positivos" salen a la luz: Cuando se mira el fenómeno cerca de veinte años después, parece obvia la descripción de lo que hoy conocemos como los falsos positivos, que no son otra cosa que ejecuciones extrajudiciales.  No se puede hablar de una pena de muerte, o similar, porque en este caso murieron muchas personas que no habían hecho absolutamente nada malo y cuyo único pecado era ser pobres o vivir en determinados lugares en donde los militares involucrados buscaban sus siguientes "bajas en combate".  En este cuatrienio ya no se rumoraba sobre esta situación sino que empezó a salir a la luz pública.  Más allá de las responsabilidades individuales de los que incurrieron en esas matanzas, lo preocupante fue la actitud exculpatoria y abiertamente escéptica (algunos podrían incluso llamarla cínica) del Presidente Uribe.  Su actitud fue (y aún es) de negación del nefasto fenómeno.  Este hecho, y solo este hecho (independientemente de las demás situaciones negativas que se dieron en el gobierno de Uribe) ha generado que las generaciones más jóvenes le tengan alergia a cualquier cosa que medianamente tenga el tufo de uribismo o que pueda relacionarse con el entonces presidente.  Muchos jóvenes son abiertamente de izquierda, pero no porque ideológicamente lo sean, sino porque van por cualquier persona que represente lo contrario de Uribe.  Aún hoy, en las elecciones que acaban de pasar en Colombia en 2026, gran parte de las discusiones políticas seguían girando sobre este ítem. 6.402 es la cifra clave, y es un número directamente relacionado con la cantidad de víctimas registradas por "falsos positivos". Es el número de la infamia de Uribe, para ellos.

6) Los buenos muchachos: Desde el ingreso anterior, señalé que Uribe había logrado pasar ileso frente a los cuestionamientos de muchos de sus funcionarios de confianza.  En el segundo periodo, esa tendencia empezó a cambiar.  No se puede hablar que hubo un cambio total.  Sin embargo, muchas de las personas que no entran en la categoría de "furibistas" (fanáticos irreflexivos prouribistas), empezaron a ver la siguiente tendencia: muchos escuderos de Uribe resultaban cuestionados, Uribe los defendió a todos, al punto de referirse a ellos como "buenos muchachos", muchos resultaron condenados por la comisión de distintos ilícitos.  En el más ligero de los posibles escenarios, Uribe era responsable de nombrar y defender a una cantidad de delincuentes. En el peor de los escenarios Uribe era directamente la mente criminal detrás del actuar de todos ellos.  Dependiendo de a quién se le pregunte, se puede saber qué tan afín es esa persona a la figura de Álvaro Uribe Vélez. Dependiendo de qué caso se analice, se puede saber qué tanto podría saber o no saber Uribe sobre el actuar de sus escuderos.

7) Los magistrados "amiguis" en la Corte Constitucional: En este país, se suele copiar el mal ejemplo con facilidad, y en este caso, Uribe se inventó la fórmula.  Una de las cosas que desde que se creó la Corte Constitucional reconoció la comunidad jurídica era la estatura intelectual y/o la carrera jurídica intachable de los magistrados que la conformaban.  De las tres altas cortes (en ese entonces se hablaba de cuatro, si se incluía al Consejo Superior de la Judicatura) que conformaban la cúpula de la justicia, dos de ellas eligen a los magistrados que la conforman.  La Corte Constitucional tiene un esquema exótico en donde el Senado (una de las dos cámaras del Congreso) elige a los magistrados de ternas que presentan la Corte Suprema de Justicia, el Consejo de Estado y el Presidente de la República.  El mejor ejemplo de cómo se puede intentar contaminar la justicia desde el ejecutivo -algo que en estos momentos está generando importantes costos en los Estados Unidos de la era Trump- se presentó en la sentencia que tumbó el acto legislativo que permitía la segunda reelección de Álvaro Uribe Vélez.  Esa sentencia, la C-141 de 2010, generó una incertidumbre elevadísima en la mayoría de la población.  Muchas personas (y me incluyo) no queríamos más reelecciones de Uribe, por distintas razones.  Sin embargo, Uribe en 2010 tenía un poder enorme y era muy factible que la reelección saliese avante.  El único obstáculo que quedaba era el de la Corte Constitucional, y como se puede evidenciar de la lectura del fallo, la votación en la Corte Constitucional fue de 7 contra 2. Los dos Magistrados que salvaron el voto, es decir que no encontraban que el acto legislativo fuese contrario a la Constitución, eran magistrados ternados por Uribe: Mauricio González Cuervo, su exsecretario jurídico en presidencia, y Jorge Ignacio Pretelt Chaljub quien posteriormente fuese condenado por el delito de concusión.  En cualquiera de los casos, fue una muestra clara de por qué la independencia de las Cortes es un elemento central en cualquier democracia que se precie de ser un Estado de Derecho.

8) La extradición exprés de los paramilitares: Luego del proceso de desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia en el marco de la ley de justicia y paz, muchos de sus cabecillas fueron extraditados en un operativo exprés inesperado.  Eso era inconsistente con lo que Uribe venía haciendo, permitir sentencias benévolas en Colombia contra los autores de muchas de las atrocidades más graves ocurridas en el país.  La razón real no la sabremos, pero sí se puede dar una opinión semi-informada.  El contexto era el fenómeno de la parapolítica.  Como se recordará, a Uribe se le venía acusando de ser "cercano" a las autodefensas.  Los líderes de las AUC venían teniendo que hablar en estrados judiciales, y personalmente creo que se trató de una bonita forma de que no hablaran.  Debe recordarse que casi todos fueron extraditados entre la noche del 13 de mayo de 2008 y la madrugada del 14 de mayo.  Todos al mismo tiempo.  Si la idea era que no hablaran, lo logró, de ser ese el caso. 

Conclusión: 

A diferencia de su primer mandato, el segundo mandato de Álvaro Uribe conservó los aspectos buenos de su primer mandato, y en consecuencia, siguió cumpliendo frente a lo que venía prometiendo años atrás (la seguridad democrática y la confianza inversionista), pero aumento casi que exponencialmente los contras frente a su gobierno. "El mesías", como le decían sus detractores, parecía imparable. Logró capotear todos los escándalos de su círculo cercano, logró que el Congreso le aprobara un cambio al "articulito", que le permitía la segunda reelección.  Uno de los poderes falló como contrapeso y únicamente el poder judicial logró frenar lo que ya resultaba ser una ambición unipersonal desaforada que podría haber llegado a generar muchos mayores costos.  Venezuela, desde esa época y aún hoy, nos muestra lo que ocurre cuando los contrapesos se vuelven inexistentes.  Más allá de que pueda surgir una discusión acerca de si este segundo periodo fuese bueno o malo (yo creo que fue regular), lo cierto es que el frágil Estado colombiano requería que Uribe terminase su periodo y entregase el poder.  Esto, ocurrió a medias...

ADENDA: Este espacio lo abrí en 2008 y muchos de los temas que aquí se tocan fueron tratados "en presente".  Ante una noche de insomnio, invito a los lectores a que revisen lo que decía en 2008, 2009 y 2010.

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sábado, 3 de octubre de 2026

Mi opinión sobre la presidencia de Álvaro Uribe Vélez (primer periodo)

NOTA PRELIMINAR: Esta es la cuarta entrada de la serie acerca los distintos presidentes que he tenido la oportunidad de racionalizar, o mejor, digerir.  Se sugiere al lector revisar los tres primeros ingresos (sobre Gaviria, Samper y Pastrana) antes de revisar este.  Lo anterior, dado que hay hechos tratados allí que se dan por conocidos en este ingreso, por razones de espacio.

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Finalizando la presidencia de Andrés Pastrana Arango, era claro para el país que las FARC eran el principal problema del país.  El proceso de paz no solo había fracasado extraoficialmente desde el día 1, sino que oficialmente había sido levantado por Pastrana poco antes de finalizar su mandato y suficientemente cerca de las elecciones presidenciales para que gran parte del país quisiera dar un "timonazo" político.  En febrero de 2002, Horacio Serpa Uribe, del partido liberal, era el candidato que lideraba con suficiente amplitud la intención de voto.  Álvaro Uribe Vélez, por el movimiento "Primero Colombia" por su parte, inició la campaña con poca intención de voto y luego de la oficialización del fracaso del proceso de paz, Uribe se disparó y terminó ganando en primera vuelta.  La razón: su campaña se basó desde el día 1 en un ataque frontal al proceso de paz con las FARC y en un discurso de mano dura en contra de la subversión.

Para un país que lleva a estas alturas un cuarto de siglo acosumbrado a que Álvaro Uribe Vélez esté en el centro de las discusiones, parecería que siempre fue un tipo reconocido y poderoso, como los familiares de Laureano Gómez, la familia Char o los hijos de Luis Carlos Galán.  Para 2001, Uribe no era un tipo ampliamente conocido en el país, y era joven.  Tan joven era, que uno de los problemas prácticos que enfrentó su campaña en ese momento era intentar hacerlo ver un poco mayor para generar la sensación de que era un tipo experimentado.  Una de las soluciones en ese momento (cosa que la audiencia más joven probablemente no creería) fue pintarle canas a Uribe para intentar generar ese efecto. Poco más se sabía de él en ese momento que haber sido senador por el partido liberal, y haber sido Gobernador de Antioquia.

Uribe, cuando llegó al poder, ya era megapopular, y esto en gran medida se debió a la consistencia de su discurso de mano dura, pero especialmente a que gran parte de su campaña se la debe a las FARC.  Entre más secuestros, extorsiones y ataques violentos realizaba, mayor parte de la población empezaba a favorecer a Uribe.  Sin demeritar los esfuerzos de su campaña, es claro que la población colombiana no estaba votando tanto por amor a Uribe, sino por odio a las FARC.  De todos los candidatos, el único que sistemáticamente prometió mano dura contra las FARC, fue Uribe. Por eso ganó. A esa política de mano dura se le denominó como "seguridad democrática", término que todavía se escucha en el argot político nacional.

En este punto, sin embargo, para poder opinar sobre el periodo presidencial Uribe I, es necesario hacer una distinción central entre lo que se vio, y entre lo que no se vio pero se fue sabiendo a lo largo de los años posteriores.

Opinión a partir de lo que se vio.

Lo primero que se debe decir es que a lo largo de sus dos gobiernos, Uribe prometió "trabajar, trabajar y trabajar", en torno de tres pilares fundamentales, algo que posteriormente se conocerían como los tres huevitos de Uribe: la seguridad democrática (política de mano dura contra el crimen organizado), la confianza inversionista (política económica fundada en la estabilidad de las reglas de juego del Estado frente a las empresas, para propiciar inversión económica segura en Colombia), y la cohesión social.  De esas tres políticas, Uribe cumplió ampliamente con la primera, aunque el país no sabía en ese momento a qué costo, punto que trataré más adelante.  En cuanto a la confianza inversionista, también cumplió.  Los indicadores en su gobierno volvieron a ser positivos, luego de tantas dificultades que enfrentó la economía colombiana en los gobiernos de Samper y de Pastrana.  En cuanto a la última, fracasó.  Lejos de haber propiciado la cohesión social, lo radical del discurso de Uribe, tanto a nivel interno como a nivel internacional, generó que la población se radicalizara en lo que hoy en día se denomina polarización.  Desde Uribe I, el país no he dejado de estar polarizado.

Le imagen de Uribe, como individuo, era impecable.  Durante su primer gobierno, a él raramente lo cogieron "fuera de lugar", y transmitió constantemente la imagen de un líder bien estructurado, que sabía de diversos temas, tenía buenas intenciones e incluso tenía gusto por declamar poesía.  Nada de su forma de actuar en público generaba abierto rechazo.

En mi opinión personal, Uribe cometió un error grave: haber intentado meter una reforma constitucional masiva a través de la figura del referendo.  Como se daría cuenta el país en ese momento, el referendo fue constitucionalmente mal diseñado, porque no fue pensado para el contexto de un país tan abstencionista como este, en donde la gente que realmente vota no solía superar el 50% de los votos posibles.  En consecuencia, no bastaba que ganara el SÍ, sino que la votación total tenía que superar el umbral.  A excepción de una de las preguntas en un listado de 14, las otras 13 no alcanzaron a superar el umbral de votos, a pesar que el SÍ ganaba de manera apabullante en cada una de las preguntas.  En consecuencia, era un espaldarazo masivo a las ideas propuestas por Uribe, pero una derrota electoral por haber sobreestimado la cantidad de votantes que acudirían.  El error grave no fue ese, sino el temario del referendo: estaba destinado a ser una reforma anticorrupción a nivel constitucional.  El mensaje era claro: el gobierno de Uribe no toleraría la corrupción.

Siguiendo la secuencia presentada, Uribe tenía una imagen impecable, e intentó constitucionalmente meter una reforma robusta en materia anticorrupción (uno de los problemas más grandes que ha tenido y aún tiene este país).  El problema que se presentó, es que gran parte del círculo cercano al Presidente, incluyendo ministros, directores de departamentos administrativos, y secretarios, estaban metidos en importantes escándalos de corrupción y de abuso de poder.  Existe un adagio popular que dice: "Dime con quién andas y te diré quién eres". En el caso de Álvaro Uribe Vélez, curiosamente nadie quería aplicar ese adagio, y por lo tanto Uribe mantuvo durante mucho tiempo la imagen de santo, al punto que muchas personas de manera sarcástica empezaron a referirse a él como "el mesías".  El país estaba dispuesto a creer que él era intachable sino que lamentablemente estaba mal rodeado.


Imagen tomada de: www.lafm.com.co

Mientras el país en general mostraba muy buenos resultados frente a muchas de las cosas que había prometido, el tiempo permitió mostrar con cada vez mayor evidencia, que Álvaro Uribe Vélez no era tan santo como se pensaba inicialmente.  Quizá el momento culmen de ese descubrimiento fue cuando se destapó la manera como Uribe compró los votos para que se pudiese generar la reforma constitucional que permitiese su reelección.  Algunos colombianos nos quedamos con la imagen de que alguien "tan bueno" no haría algo tan bajo como lo que se documentó en lo que se conoció como la yidispolítica, y que por lo tanto, si bien había hecho muchas cosas bien, era mejor no reelegir a alguien con un manto de duda tan relevante.  La mayoría del país, sin embargo, o no quiso ver o no pudo ver eso, y consideró que estaba contenta con el rumbo que llevaba el país, y decidió reelegirlo para un segundo periodo.

Opinión a partir de lo que no se vio.

Según relaté en el ingreso anterior, relacionado con el gobierno de Pastrana, estando yo prestando servicio militar escuché a oficiales diciendo que la situación del país no cambiaría mientras no se aceptara una alianza con el paramilitarismo, porque buscábamos lo mismo (acabar con las FARC) y por lo tanto, los logros de las fuerzas armadas o de los paramilitares, eran los logros de ambos.  En ese momento, el fenómeno del paramilitarismo todavía se percibía como un mecanismo de defensa extraoficial frente a la crueldad de las FARC y por lo tanto no era percibido unánimemente como un mal fenómeno.

Sin embargo, como suele ocurrir con este tipo de fenómenos (con las FARC pasó exactamente lo mismo) lo que empezaba como un ejercicio de "defenderse de", empezó a corromperse cada vez a mayor medida, hasta el punto que para responder a cosas como el burro bomba, el collar bomba, perpetrados por la guerrilla, las autodefensas empezaron a masacrar poblaciones enteras e incluso a realizar desmembramientos para mostrar hasta donde estaban dispuestos a llegar.  A su vez, los "éxitos" operativos de esos grupos paramilitares implicaban mayores costos de financiación, y similarmente como ocurrió con las FARC, lo que empezó como un mecanismo de "defenderse de" terminó convertido en una empresa criminal casi idéntica en lo operativo a aquellos que decían atacar.

Durante el primer gobierno de Uribe, ya era claro que los paramilitares eran una organización criminal, pero por ser más reciente en el tiempo, no eran tan odiadas.  Poco se sabía en ese momento, que el paramilitarismo tenía congresistas puestos por ellos, y que eran simpatizantes del Gobierno de Uribe.  Aun hoy no es claro si existían vínculos reales de Uribe con el paramilitarismo (mucha evidencia apunta a que sí, pero no es totalmente claro).  Sin embargo, hay demasiados indicios de que si bien podría no ser un "miembro oficial", cuando menos era un simpatizante del objetivo último de ese grupo.  Cabe recordar que al padre de Uribe lo había matado un grupo guerrillero, episodio en el que resultó herido el hermano del hoy expresidente.  Como se ha visto ampliamente a lo largo de la historia, muchas de las alianzas políticas y/o militares no se dan por "simpatía a favor de" sino "antipatía en contra de".  La evidencia sí muestra, en todo caso, que la diferencia entre operativos en contra de la guerrilla y operativos en contra de los grupos paramilitares, eran más que evidentes.

Además de la aparente alianza de las fuerzas regulares del Estado colombiano en contra de la guerrilla, y de las "sinergias" entre agencias del Estado y ese grupo, el éxito aparente de los operativos de la política de la seguridad democrática generó un problema grave y es que, dado que se empezaron a medir los éxitos operativos a partir de bajas en la guerrilla, se empezaron a fabricar esas bajas.  Mientras el país se contentaba con que le anunciaran que habían guerrilleros muertos en operativos, pocos preguntaban cómo fueron esos operativos, y por lo tanto, lo importante era ver los muertos.  Cuando no se realizaban los operativos, se simulaban.  En consecuencia, a muchas personas los mataron sin ningún tipo de justificación, o mejor, los ejecutaron a sangre fría, y posteriormente los mostraban como si fueran bajas en combate, mejoraban el prestigio de los miembros de la fuerza pública, del gobierno, y por supuesto, de Uribe.  Eso se sabe hoy.  En ese momento, tan solo se rumoraba.  No es claro si Uribe directamente haya incentivado esto, pero sí es claro que no hizo nada por evitarlo.

Conclusión:

El Gobierno de Uribe, cumplió con dos de sus tres promesas y eso hizo que el pueblo colombiano (con el conocimiento del momento en 2006) lo volviera a reelegir gustoso.  La gente pasó de estar encerrada esperando que la guerrilla se tomara la capital del país (como estuvo cerca de ocurrir) a sentirse medianamente segura, y eso en sí mismo era suficiente para que Uribe fuese amado.  Que Uribe fuese amado lo hizo sentirse indispensable y como era él el único que podía salvarnos, cambiaron la Constitución una vez (y casi dos, según veremos luego) para que pudiese ser reelegido.  Estuvo siempre mal rodeado y luego de que su apetito por el poder quedó evidenciado con la compra del trámite legislativo que permitió la reelección, es claro que su lucha abierta en contra de la corrupción no fue tal, y que incurrió en esas mismas prácticas que decía combatir.  Enseñó una lección que luego nos han recordado otros "adalidades de la lucha contra la corrupción": nunca confíen en alguien que dice que luchará de frente contra la corrupción.

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jueves, 24 de septiembre de 2026

Mi opinión sobre la presidencia de Andrés Pastrana Arango

NOTA PRELIMINAR: Esta es la tercera entrada de la serie acerca los distintos presidentes que he tenido la oportunidad de racionalizar, o mejor, digerir.  Se sugiere al lector revisar los dos primeros ingresos (sobre Gaviria y Samper) antes de revisar este.  Lo anterior, dado que hay hechos tratados allí que se dan por conocidos en este ingreso, por razones de espacio.

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En 1998, el panorama de Colombia era muy distinto que el de cuatro años antes. Para 1994, existía un optimismo institucional que fue dinamitado debido a que Samper hipotecó su alma a quien fuese con tal de no caerse.  En esos ocho años el "malo del paseo" cambió varias veces.  Sin embargo, para entender esto, conviene irse unos años atrás.

Colombia desde que existe, ha sido especialista en ser violenta.  En los 80s, las guerrillas eran la principal fuente de violencia armada durante un importante lapso.  Las FARC, ELN, el EPL y el M-19 todas tenían su participación.  De ellas, el M-19 venía mostrando una mayor notoriedad, lo que la catapultó al primer puesto, a raíz de la toma del Palacio de Justicia en 1985. Entre 1985 y 1990, los principales adversarios eran ese grupo guerrillero, y el Cartel de Medellín, como parte del creciente fenómeno del ascenso de los carteles del narcotráfico. Desmovilizado el M-19 como grupo guerrillero, el principal fenómeno violento del país era el cartel de Medellín, con las caras visibles de Gonzalo Rodríguez Gacha (muerto en 1989) y Pablo Escobar Gaviria (muerto en 1993).  Desde la muerte de Escobar, a Samper le tocó "perseguir" a los que lo ayudaron a llegar al poder, el Cartel de Cali, pero mientras tanto, la guerrilla de las FARC empezó a ganar terreno rápidamente y mutó de una guerrilla liberal, a una narcoguerrilla con control territorial.

En el gobierno de Samper inició una ofensiva guerrillera en donde las tomas guerrilleras a municipios, bases militares, empezaron a volverse cada día más comunes y más agresivas.  Si bien todas las guerrillas estaban mutando a ese nuevo "modelo de negocio", la más aventajada en ese ámbito era las FARC. Para 1998, venían realizando tomas guerrilleras que en palabras castizas, implicaba control militar territorial, masacres y secuestros.  Era la prueba de que el Estado colombiano NO tenía el control territorial de todo el territorio nacional.

El "malo del paseo" que definió el gobierno de Pastrana, era las FARC.  La carrera presidencial de 1998 estaba casi que totalmente definida por ese ítem.  Para ese entonces, Álvaro Gómez hurtado había sido asesinado, y la contienda presidencial se definía entre Andrés Pastrana Arango, quien repetía candidatura luego de su derrota en 1994, y Horacio Serpa Uribe, el formidable escudero de Ernesto Samper Pizano.  Si bien la pelea fue bien dura, gran parte del país votó por Pastrana, en una modalidad de decisión electoral que para ese momento era nueva en el país, pero que en la actualidad es tal vez la principal motivación electoral: no se trataba de votar a favor de Pastrana, sino de votar en contra de Serpa. Muchos de los que vivimos los cuatro nefastos años de Samper, no queríamos cuatro años más de lo mismo.  Además, sobre Serpa, quien siempre fue un tipo muy inteligente y capaz, pesaría algo que no lo abandonaría hasta su muerte: la acusación de haber participado en el magnicidio de Álvaro Gómez Hurtado.

Lo cierto es que Pastrana se la jugó por intentar lograr desmovilizar a las FARC y diseñó un proceso de paz que involucraba la creación de un espacio territorial exento de fuerzas armadas del Estado colombiano.  Esto se puede leer de distintas maneras: una muestra de buena fe del Estado de una intención real de paz; el reconocimiento velado de que el Estado no tenía control territorial pleno; una capitulación a las FARC ante un estado de cosas en donde estaban ganando demasiado terreno; un intento por mantenerlos contenidos mientras se reorganizaban las fuerzas estatales; etc. Más allá de intentar reescribir la Historia, lo que interesa aquí es contar lo que verdaderamente pasó.

La denominada "zona de distensión" no fue una zona de distensión. Fue una zona de inviolabilidad, similarmente a como funcionan las embajadas.  Era territorio colombiano formalmente, pero allá no entraba nadie, y la verdadera autoridad era las FARC.  Las FARC nunca se tomó en serio el proceso de paz con Pastrana, y lo mostró desde el día 1.  El 7 de enero de 1999, en la inauguración de las mesas de diálogo, estuvo presente el Presidente Pastrana, y no estuvo presente el Comandante de las FARC, Pedro Antonio Marín, conocido formalmente como alias "Manuel Marulanda", quien también conocido informalmente por el alias de "Tirofijo".  A ese episodio se le conoce en la cultura popular colombiana como el episodio de "La Silla Vacía".

Imagen tomada de: www.elespectador.com 

Si se mira a partir de algunas de las carteras que conforman el Gobierno de Pastrana, su mandato no fue malo.  Aún hoy, muchas de las leyes más importantes que se han expedido, se expidieron en su Gobierno.  El Plan Colombia, a nivel de relaciones internacionales y financiación de un aparato militar medianamente serio, son aciertos innegables.  Sin embargo, es imposible calificar el Gobierno de Andrés Pastrana como un buen gobierno porque fracasó en aquello por lo que se la jugó en su campaña, el proceso de paz con las FARC.  Más aún, ese fracaso estrepitoso, generó un problema igualmente delicado, como lo fue el auge de las formalmente llamadas autodefensas, que el pueblo colombiano conoce mejor con el nombre de paramilitares.

Pretender entender el fenómeno de los paramilitares sin entender ese contexto de orden público en ese momento específico, es imposible.  El proceso de paz, por definición, implicaba respetar las reglas de la zona de distensión.  Para ese momento, las FARC utilizaron el secuestro extorsivo como mecanismo 1A de financiación.  Salir por una carretera exponía a cualquier persona a ser secuestrado, en lo que se llamó eufemísticamente como las "pescas milagrosas".  Las unidades militares estaban siendo atacadas con pipetas de gas modificadas con metralla para servir como granadas de mortero gigantes.

Lo conozco perfectamente bien porque en ese momento yo personalmente me salvé de dos ataques de esos.  Dado que iba a ser trasladado al Batallón Colombia No. 3 en Egipto, usualmente el relevo de soldado se concentraba en el Batallón de Artillería de Usme.  Por temas del destino, nuestro relevo se concentró en el Batallón de Ingenieros Militares de Puente Aranda y por esa razón me salvé de un ataque que se llevó a cabo en el batallón de artillería mencionado.  Además, ya habiendo salido de la Escuela Militar de Cadetes, que era donde quedaba el Batallón de Servicios No. 19, que era en el que presté la mitad de mi servicio militar, fue igualmente blanco de un ataque por parte de las FARC.  No me salvé de uno, sino de dos ataques de esos.

Mi historia no es relevante porque "pobrecito yo", o "soy un milagro viviente", sino porque demuestra que las FARC no se estaban defendiendo del Estado, sino que era el Estado el que se estaba intentando defender de las FARC en una época en el que había instrucciones de frenar ofensivas en virtud del proceso de paz.  Para muchos de los miembros de las fuerzas regulares del Estado, existía evidente desmotivación ante la instrucción de "no hacer nada" mientras que las FARC secuestraba, enviaba pipetas de gas, mataba y le "mamaba gallo" al proceso de paz.  Eso potenció que muchos de los oficiales y suboficiales de las fuerzas militares apoyaran a grupos de personas que se organizaron para hacerle frente a las FARC (las autodefensas).

La lógica detrás de esos enfrentamientos era de desincentivos:  Si usted me quita un dedo, yo le quito una mano. Si usted mata a una persona, yo le mato a toda su familia, así sucesivamente.

El fracaso del gobierno de Pastrana fue doble: lejos de acabar con las FARC, estas se potenciaron "mamándole gallo" al proceso de paz, y eso generó que el fenómeno del paramilitarismo surgiera y se potenciara rápidamente, pues contaba con la bendición oculta de muchas personas, incluyendo militares, políticos, empresarios y "ciudadanos de a pie" que venían siendo víctimas de las FARC.

Por ello, tal vez el clímax de todo este desastre se pudo evidenciar en la masacre de Bojaya, el 2 de mayo de 2002 (unos meses antes de que Pastrana dejara el poder).  Se trató de un enfrentamiento entre la guerrilla de las FARC -que nacieron como defensores de los campesinos frente a la violencia del Estado- y los paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia -que nacieron como defensores de los ciudadanos frente a las narcoguerrillas-.  En ese episodio, ambas parte llegaron al punto de sevicia tal de bombardear una capilla repleta de personas que intentaban huir del combate y del horror.  Prefirieron matar a la población con tal de demostrarle a su oponente "quién era más berraco".

Cabe resaltar que en medio de todo esta violencia, el gobierno de Pastrana es recordado por muchos como aquél en el que mataron al reconocido humorista Jaime Garzón.

Al Gobierno de Pastrana, igual que a cualquier otro gobierno, lo podríamos medir por indicadores: el crecimiento del PIB, el precio del dólar, el déficit fiscal, entre otros.  Podríamos hablar de vías construidas o de quién era tal o cual ministro.  Sin embargo, cada gobierno debe ser analizado en su contexto específico, y a partir de sus objetivos específicos.  Pastrana duró algo más de tres años (desde enero de 1999 hasta febrero de 2002) apostándole a un proceso que nunca tuvo vocación de éxito.  Su terquedad y/o ingenuidad tuvo costos que van mucho más allá de lo político y que definieron en gran medida lo que ha sido la política colombiana de todo el siglo XXI.  Por ello, su gobierno no podrá nunca ser recordado como uno bueno.

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sábado, 19 de septiembre de 2026

Mi opinión sobre la presidencia de Ernesto Samper Pizano

 NOTA PRELIMINAR: Esta es la segunda entrada de la serie acerca los distintos presidentes que he tenido la oportunidad de racionalizar, o mejor, digerir.  En este caso, es conveniente que quienes no vivieron esta presidencia, o simplemente tienen mala memoria, revisen la miniserie lanzada por HBO en su canal, titulada "El 8000: El presidente que se iba a caer". Si bien no se centra en el gobierno de Samper, sí se refiere al personaje.

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Hasta que viví el recientemente finalizado gobierno de Gustavo Petro, no pensé que conocería un Presidente más malo que Ernesto Samper Pizano.  Lamentablemente lo conocí.  Sin embargo, eso no le quita nada a lo que fue este nefasto periodo en la Historia.

Iniciemos por lo  siguiente: Ernesto Samper casi muere en 1989, en un atentado en el que el Senador José Antequera, y él mismo sufrieron en el Aeropuerto El Dorado.  Antequera murió, y Samper sobrevivió. Era la época en que a la Unión Patriótica la exterminaron.  Al parecer, Samper no era el objetivo principal, era Antequera. Esto último, sin embargo, es debatible.

Para el año 1994, Gaviria estaba terminando un Gobierno con percepción favorable y para ese momento, Colombia hasta ahora empezaba a inaugurarse en lo que hoy en día se ha vuelto pan de cada día: la creación de partidos y movimientos al por mayor y al detal, y según el "líder" del momento. Por lo tanto, las candidaturas que todavía pesaban más en ese momento, eran las de los liberales, y la de los conservadores.  Samper era el candidato de los liberales y Andrés Pastrana era el de los conservadores (aunque se inscribió por un movimiento distinto).

Para poder ganar, Samper hizo de todo. Le copió el jingle publicitario a su oponente y le cambio un par de palabras y se promocionó a sí mismo con él.  El lema de la campaña de Samper era acerca del "Salto social" mientras que Pastrana le había apuntado a que era "El momento de Colombia, el momento de la gente".  De manera descarada, Samper sacó un jingle con la misma melodía, que decía "Porque es el tiempo de la gente, Samper Presidente".

Para poder ganar, Samper hizo de todo. Le pidió dinero al Cartel de Cali.  Lo pidió, lo usó, lo negó y vendió a quien tuviera que vender para salvar su propio trasero.  A eso se dedicó cuatro años, desde el 7 de agosto de 1994 hasta el 7 de agosto de 1998.  La campaña de Samper se había gastado casi todo el dinero antes de la primera vuelta y estaba casi virtualmente empatado con Pastrana.  Estaban desesperados por plata, y se vendieron al Cartel de Cali.  Pastrana lo supo, se lo informó tanto a Samper como al Presidente Gaviria, y dado que uno se hizo el loco, y el otro también, tomó una decisión que sería polémica, porque se puede leer de distintas maneras según el punto de vista: Al conocerse el resultado de la segunda vuelta, Pastrana salió en su discurso "de aceptación del resultado" a informar acerca de lo que se conocería en adelante como "los narcocassettes", es decir las grabaciones que implicaban la campaña de Samper con dinero del Cartel de Cali.

El Gobierno de Samper inició deslegitimado.  Todo el mundo en el país supo que el Cartel de Cali puso Presidente de la República. Sin embargo, en ese episodio se vislumbró por primera vez un serio problema que trajo consigo la Constitución de 1991: volvió virtualmente "intocable" a un Presidente en ejercicio.  Reitero lo que dije atrás: todo el mundo sabía que el Cartel de Cali puso Presidente.  Sin embargo, Samper no se cayó.


Imagen tomada de: https://www.biografiasyvidas.com/biografia/s/samper_pisano.htm

Por qué no se cayó, es de lo que realmente trata este escrito, porque Samper no gobernó, sobrevivió cuatro años.  Miremos por qué:

1) Jurídicamente era imposible tumbarlo.  Para poder tumbar a Samper, debían obtener la condena de un Presidente en ejercicio.  Eso implicabalo mismo que hoy, que políticos con motivaciones políticas y apetito de político, decidan "en derecho". Lo intentaron, y como era de esperar, los políticos no vieron mérito en acusar formalmente a Samper.  Archivaron la investigación en su contra.

2) Mataron a Elizabeth Montoya de Sarria ("La monita retrechera").  Era la principal testigo de que Samper conocía y directamente autorizó que el dinero del Cartel de Cali ingresara a su campaña.  Fue capturada junto con su marido, pero curiosamente cuando iba a declarar lo que sabía, la mataron.  Nunca se establecieron responsabilidades individuales, pero no se requiere una condena para saber la verdad.

3) Mataron a Álvaro Gómez Hurtado. Según expuse atrás, era jurídicamente imposible tumbar a Samper.  En consecuencia, muchas personas (sí, muchas) en el Estado colombiano veían como un escenario muy deseable tumbar a Samper a la brava.  Quien era visto como el líder natural para hacerlo era Álvaro Gómez Hurtado, quien venía utilizando la tribuna del periódico "El Nuevo Siglo" para atacar duramente a Samper.  Cerca de 30 años después de su muerte, se sigue haciendo en circo con este magnicidio intentando distraer responsabilidades.  Tal y como dije atrás: no se requiere una condena para saber la verdad.

4) Las explicaciones 2 y 3, explican por qué razón muchos de los directamente implicados, testigos presenciales, cómplices y demás, tenían pánico de hablar.  Los medios de comunicación hicieron lo que estaba al alcance para que el público supiera la verdad, y la supo.  Cuestión distinta es que esa verdad no se tradujera en la caída de Samper, pero cualquier persona medianamente sensata que haya vivido esa época, sabe la clase de persona que es Ernesto Samper Pizano. Curiosamente, toda persona medianamente problemática resultaba curiosamente muerta.

5) El genio de Horacio Serpa Uribe.  Este tipo realmente se lució.  Si algo supo hacer bien Samper fue nombrar a su principal escudero. Horacio Serpa demostró ser un tipo hábil, locuaz, leal y supremamente inteligente.  Serpa se le midió a defender a Samper ante quien fuera, incluyendo a los Estados Unidos de América. Viéndolo desde el punto de vista del rol que cumplía, lo hizo excesivamente bien.  El problema real es que su rol funcional era profundamente inmoral y antiético.  Tanto Samper como él estaban dispuestos a lo que fuera con tal de que el primero no se cayera.  Lo lograron, pero es difícil establecer hasta qué punto vendió su alma al diablo.  Sé, por ejemplo, que decidí jamás votar por él. Personalmente creo que muchos como yo lo castigamos electoralmente y por eso no llegó a ser Presidente de la República ni en 1998 ni tampoco en 2002.

6) Los jefes del Cartel de Cali fueron capturados.  A estas alturas, no es relevante si fue por traición de Samper o a pesar de él (como se sugiere en la miniserie de HBO).  Lo cierto es que la caída de los capos le daba oxígeno a Samper desde la perspectiva política porque parecería que nada les debía a ellos.

Durante el gobierno de Samper, no hubo "Salto Social", y el país observó una vez más cómo personas inteligentes (porque Samper lo es), hacen lo que sea por el poder.  Samper, como la mayoría de políticos de estas latitudes se privilegió a sí mismo por encima del país.  Lo hizo todos los días durante cuatro años.  Por eso, lo que debería ser un ingreso sobre su gestión no es más que un recuento cronológico de lo que hizo para no caer.  

Despreciable...

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domingo, 13 de septiembre de 2026

Mi opinión sobre la presidencia de César Gaviria Trujillo

NOTA PRELIMINAR: El día de hoy inicio una serie acerca los distintos presidentes que he tenido la oportunidad de racionalizar, o mejor, digerir.  Si bien a lo largo de mi vida he tenido la oportunidad de haber vivido durante la presidencia de Julio César Turbay (parcialmente), Belisario Betancur y Virgilio Barco, la verdad es que era demasiado joven como para emitir una opinión sensata acerca de sus presidencias.  Sí recuerdo muy bien las presidencias que siguieron.  Por ello, haré un ingreso frente a cada uno de los Presidentes que siguieron, y emitiré mi opinión libre y desapasionada frente a cada uno de ellos, y lo que hicieron cuando tuvieron las riendas de este país.

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Lo primero que se debe decir acerca de César Gaviria Trujillo, es que nunca debió ser presidente. La disputa presidencial realmente era entre Álvaro Gómez Hurtado y Luis Carlos Galán Sarmiento.  Éste último era quien iba probablemente a ganar las elecciones presidenciales de 1990, pero lo mataron.  Fue una de esas campañas presidenciales que cobró la vida de muchos candidatos.  Era la época en que el diálogo fue sustituido por las bombas y las balas.  Estas últimas, siempre han sido protagonistas de nuestra Historia, y siguen siéndolo.  Las bombas, afortunadamente, no siempre.  Pero a finales de los años 80 e inicio de los 90, eran pan de cada día.

Galán murió y con él parecía morir la esperanza de muchas personas que creían en su integridad moral y en sus honestos deseos de mejorar el país a partir de una nueva forma de ver el liberalismo político. Dado que en ese entonces no existía la Vicepresidencia como está prevista en la Constitución de 1991, la gran pregunta de quién podía llenar ese vacío, fue solucionada con la llegada de César Gaviria, quien era un político joven que por sí mismo jamás habría podido haber llegado a la presidencia de Colombia, al menos en ese momento.

Es importante señalar esto, porque esa candidatura no tenía por qué haberse adelantado si Galán no hubiese sido asesinado, lleva a que en ese momento el hoy expresidente Gaviria fuese percibido exactamente como lo contrario a como lo es en la actualidad.  Gaviria actualmente representa todo lo que se conoce como la "política tradicional" en donde la ideología es tan solo una excusa para hacer pactos burocráticos para tener la mayor cantidad de poder posible, independientemente de a quién se apoye.  En 1989 y 1990, sin embargo, no era un político con peso ni larga trayectoria.  En consecuencia, su candidatura presidencial venía sin tantas ataduras y por lo tanto, el margen de maniobra que tenía era mucho mayor.

Ese simple hecho permitió que durante su presidencia se pudieran dar muchas cosas que probablemente en otro contexto no se habrían podido dar: la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente y la entonces denominada "apertura económica".  La Historia muestra que para llegar a ese tipo de cargos, se requiere apoyos y recursos, y que esos apoyos y recursos no llegan gratis.  Por ello, la posibilidad de cambiar el status quo de un país es sumamente difícil, porque normalmente los que tienen el poder real son los que impulsan o sepultan candidaturas.  En la presidencia de Gaviria, en cambio, existía esa falta de ataduras con ciertos sectores, lo que permitió que se juntaran distintos elementos que permitieron la llegada a Colombia de una nueva Constitución, que finalmente dejaba relegada la Constitución de 1886, de evidente raigambre conservador en todo sentido.


Imagen tomada de: www.elespectador.com/

El Presidente Gaviria se encargó de impulsar la apertura económica, algo que difícilmente tenga mucho sentido para los lectores más jóvenes quienes no pueden fácilmente dimensionar vivir en un país con una histórica tradición de proteccionismo económico.  El problema que tiene tomar ese tipo de decisiones, es que requieren de una preparación de base que el país no tuvo.  Esto es equiparable a lo que posteriormente fue el auge de los TLC (tratados de libre comercio), algo que suena buenísimo, pero que implica competir con economías mucho más fuertes y empresas mucho más robustas.  Evidentemente, la economía no funciona "a punta de ganas" y por eso es que la apertura económica era una muy buena idea en un muy mal momento.  Solo para que se hagan una idea, el valor de un dolar estadounidense, en comparación con el peso colombiano, paso de $515,97 el 07 de agosto de 1990, a $811,91 el 07 de agosto de 1994. Eso es 57% más de lo que costaba al iniciar su mandato.

A Gaviria le tocó lidiar con una mala infraestructura energética en el país, que era ( y sigue siendo hoy) hidrodependiente e incapaz de soportar sequías prolongadas.  Por eso, en ese momento en el país, se dio lo que se llama la "Hora Gaviria", que no era otra cosa que adelantar el reloj una hora.  Esto me recuerda que cuando yo inicié mis estudios de bachillerato, la hora oficial de inicio de clases era las 7:00 a.m. y en términos reales estábamos "realmente" iniciando a las 6:00 a.m.  Demencial...  El asunto es, que eso pasó y le tocó manejarlo a él como Presidente.

Bajo su mandato presidencial, se dieron mucho cambios a nivel institucional.  La Constitución de 1991 y el cambio institucional que de allí derivaba, la entrada en vigor de la Corte Constitucional, y más importante aún la acción de tutela.  Afortundamente, en 1991 algo pasó en el país, y se tomaron en serio los cambios que querían implementar.  Los magistrados que se seleccionaron para integrar la Corte Constitucional eran de primer nivel.  No eran el exabogado de sutanito, el exministro de perencejo, y así como sucede hoy.  Afortunadamente fue así, porque muchas decisiones de primerísimo nivel se fueron dando en el país en esa época y pasaban por esa Corte.  El costo de eso, era terrible, sin embargo.  La Corte Suprema de Justicia, no podía concebir que ya no fuese suprema, y durante muchos años (cerca de 20) se dieron constante decisiones encontradas en lo que después se vino a llamar "choque de trenes".

Cuando Gaviria entró al poder, el país era católico.  Al salir, era laico.  En su presidencia, el "coco" de los narcotraficantes colombianos era la extradición y por eso una de las peleas jurídicas más longevas de ese periodo era en torno de la aplicación de esa figura para los nacionales colombianos.  Cabe recordar que esa fue quizá la motivación principal por la que se ordenó la toma del Palacio de Justicia por parte del M-19 en 1985. En 1991 la discusión estaba viva e inicialmente la Asamblea Nacional Constituyente decidió apostar por la no extradición de nacionales.  Años después, se reversó esa decisión.

A Gaviria le tocó en su momento pasar de la lucha contra las guerrillas (que después volvería), a lidiar con la lucha en contra del narcotráfico, y en especial, con el Cartel de Medellín.  Hablar del Cartel de Medellín en esa época era hablar de Pablo Escobar, un hombre tan malo y tan dañino, que en un país lleno de personas malas y dañinas -lastimosamente- aún sigue siendo recordado como el número 1 en esa categoría, décadas después.  Escobar fue capturado, vivía en una especie de hotel-castillo institucional que se llamaba "La Catedral" y en donde el recluso era el que mandaba.  Posteriormente escapó de allí y enfrentó una feroz persecusion por parte de otros delincuentes, de algunos miembros no comprados del Estado colombiano, con el apoyo de los Estados Unidos, principalmente.  Esto daría con la muerte a tiros de este individuo, sobre el cual hay mucha y muy buena información que las generaciones jóvenes deberían consultar para intentar aprender algo del pasado.

Gaviria, que hoy en día es la imagen misma de la politiquería, de la clase política tradicional, del enquistamiento en el poder, de los pactos a cambio de burocrias, se volvió así.  En ese entonces, menos mal, intentó rodearse más o menos bien, y en su gobierno fue acompañado de personas generalmente buenas.  Tal vez esa mezcla interesante de fuerzas, sangre nueva, algo de espíritus buenos, y ausencia de tecnología más avanzada, llevó a que su gobierno pudiese medianamente sobrevivir.  Decir que fue un gobierno bueno, sería un error, pero visto la cantidad de retos que tuvo que enfrentar, tampoco se puede decir que fue un desastre.

Lamentablemente, la materia pendiente -y muy pendiente- que dejó ese gobierno, fue la lucha contra los grandes carteles.  Se le vio muy débil frente al Cartel de Medellín, y como se vería en las siguientes elecciones presidenciales, el Cartel de Cali puso presidente.


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sábado, 12 de septiembre de 2026

11 de septiembre de 2001 - Ingreso MUY crítico

Este no es un ingreso sobre lo que viví ese día.  Este no es un ingreso sobre lo que sentí ese día.  Este no es un ingreso sobre la experiencia de ver el terrorismo en vivo y en directo. Este es un ingreso sobre por qué siento que la especie humana es absolutamente incapaz de aprender de su propia historia.

El 11 de septiembre de 2001, la humanidad NO cambió para siempre.  El 11 de septiembre de 2001 simplemente se dio algo que no se había producido hasta el momento: todo lo que alguna vez creyó la gente que era cierto y seguro en el mundo, entró en crisis en un mismo momento: la certeza de que Estados Unidos no podría ser víctima del terrorismo a gran escala, la certeza de que volar es la forma más segura de viajar, la certeza de que el bien siempre triunfa sobre el mal, el convencimiento de que el mal es algo lejano, difuso, distante.

Ayer se conmemoraron 25 años de ese ataque. Cuando ocurrió, tenía 21 años y aún hoy recuerdo vividamente ese momento. Y sin embargo, ayer, viendo las distintas noticias, crónicas podcasts y demás sobre esa fecha, siento lo mismo que sentí después de la pandemia de COVID-19: que somos absolutamente incapaces de aprender algo significativo de las lecciones del pasado.  Veamos:

Como consecuencia de los atentados yihadistas, Estados Unidos libró dos guerras, una contra Afganistán y otra contra Irak.  En ambos casos las perdió exactamente por la misma razón que Rusia y Estados van perder hoy sus guerras contra Ucrania e Irán.  La sensación de que tener una robusta máquina militar es suficiente para ganar ese tipo de guerras.  Esa lección no se aprendió.

Si se revisa con cuidado la narrativa de los yihadistas islámicos, ayer y hoy, el discurso es el mismo: su actuar es una respuesta a las estrategias de opresion, manipulación y agresión por parte de occidente, y específicamente por parte de los Estados Unidos. 25 años después, vemos al díscolo presidente de ese país iniciando guerras económicas, malgastando el presupuesto de su país para enriquecerse personalmente, y jugando a anexar Canadá, Groenlandia, por ejemplo. Esa lección no se aprendió.

Después de tal sensación de dolor, terror y estupefacción que dominó al mundo durante años, uno pensaría que la idea de intentar vivir en paz, en concordia, de aceptar que en momentos como esos no importa la raza, el género, el gusto político, prevalecería.  Hoy, sin embargo, tenemos un mundo fragmentado, reviviendo los mismos discursos nacionalistas que impulsaron todo la escenografía geopolítica que rodeó a la segunda guerra mundial. Ahí no va una, sino dos lecciones no aprendidas.

Desde 2001, los gobernantes del mundo tomaron una decisión inconsulta: la seguridad legitima todo.  Se legitimó la tortura, la hipervigilancia, la intromisión en la vida e intimidad de cualquier ser humano en el mundo, quiéralo o no, y la necesidad de querer controlarlo todo. Si le preguntan a un palestino, su mundo no es más seguro.  Si le preguntan a un venezolano, su mundo no es más seguro.  Si le preguntan a un ucraniano, la respuesta es la misma.  Podría seguir, pero el tiempo no alcanza.  Ejemplos hay demasiados. Un cuarto de siglo nos permite mostrar que cuando decían seguridad, en realidad lo que se quería era control, que no es lo mismo. Otra lección no aprendida.

Curiosamente, la última lección que nos está dejando la historia, y que ha sido muy recientemente documentada, deriva de la mentira más grande que dejó el 11 de septiembre de 2001, la creencia de que la especie humana valora y privilegia la vida por encima de todo.  Lo dicen todas las constituciones del mundo, y sin embargo avanzamos a pasos acelerados a desarrollar una tecnología que nos puede y debe erradicar.  No existe una sola razón lógica por la cual no debería hacerlo.  Realmente, somos inútiles para cualquier propósito que no sea meramente egoísta.  Y somos demasiados.


Imagen tomada de: https://omniversal-battlefield.fandom.com/wiki/Death_(Fables_%26_Folklore)

Frente a ese mismo punto, en X he tenido la oportunidad de intentar leer (no lo he logado al 100%) un artículo escrito hace mucho sobre el "hombre que cae" o The Falling Man.  Para los que lo han recomendado, no tengo ni idea que puede estar pasando por su cabeza.  Pareciera, si seguimos la lógica de ese artículo, que es una reinterpretación artística de una decisión desesperada, y de la resignación que conllevaba conocer una muerte segura.  Su bella prosa, el uso de adjetivos grandilocuentes pareciera que nos permiten caer con él...  Absolutamente despreciable.  Detesto a los amarillistas, sepan escribir con ingenio, o no.  Son detestables.   Ese hombre, y tantos otros que murieron no merecen ser recordados por lo artístico, lo grotescamente bello de su partida, sino por lo que han hecho en vida, y eso les interesa poco a los consumidores del morbo de lo macabro.  No nos interesa "la vida", nos interesa la muerte.  Nos gusta hablar de ella como si fuera lo mismo que la vida, pero no lo es.  Al ser humano le gusta la experiencia de la muerte.  De lo contrario ¿por qué vemos ene mil pinturas sobre la crucifixión de Jesucristo en vez de tantas más sobre su vida y obra? ¿Por qué nos interesa tanto la explosión del Challenger, el hundimiento del Titanic, el Tsunami de Tailandia o la avalancha en Nepal?  En una sociedad en donde la gente es absolutamente incapaz de responder un saludo, menos aún de leer un libro, pretender que nos interesa la vida, es la mentira principal que se pretende reivindicar en día como el 11 de septiembre de 2001.

Cómo me habría gustado, 25 años después, poder escribir sobre las lecciones aprendidas a partir de ese día.  No hemos podido, ni hemos querido aprender nada.

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miércoles, 29 de julio de 2026

Consideraciones acerca de una Copa del Mundo vergonzosa

 Hace cuatro años, en 2022, antes de que el mundial de Qatar (no me acostumbro a Catar) iniciara, quería que Messi fuera campeón.  No se trataba de un análisis sesudo de antemano, sino de un deseo profundo que tenía en aquel entonces.  Tampoco se trataba de un culto irracional por la figura de quien en algún momento fue apodado "La Pulga", y hoy no lo bajan de "Su Majestad". Se trataba de un deseo profundo por eliminarle a gran parte de la población la excusa de reconocer que ese era (y es) el mejor jugador de fútbol en la historia del deporte.

Debo aclarar que el mejor de fútbol que yo he visto se llama Ronaldinho, pero no puedo decir que es el mejor de la historia, simplemente por el hecho de que la etapa de brillo absoluto y pleno de Ronaldinho fue mucho menor que la de Messi. Ser el mejor, haciendo la magia que le he podido ver a Messi durante tanto tiempo, por tanto tiempo, no puede desconocerse.  Por eso, deseaba fervorosamente que los que se negaban a reconocer este hecho, no pudiesen tener el argumento de siempre para negarle su lugar en lo más alto del podio.

Argentina ganó en 2022, y no sé si la alegría de ver a Messi alzar la Copa del Mundo podría superar el fastidio que me generó al Dibu Martínez hacer gestos de imbécil con el premio de mejor arquero de ese mismo mundial.  No sé si la alegría de que Messi fuera reconocido como lo que es pudiese compensar la insufrible actitud de los argentinos, siendo argentinos. Cuatro años después, sigo realmente sin saberlo.

Llegaba 2026, y muchos estábamos a la expectativa de qué podría ocurrir en un mundial con tantos equipos, con tanta distancia por recorrer entre las distintas sedes, y especialmente con tanto venerado veterano, incluyendo a Messi.  El morbo previo al mundial era enorme.  Y sin embargo, había algo que parecía seguro desde un inicio: con tanta tecnología, sería increíblemente difícil que las trampas de siempre dieran fruto.  En otras palabras, parecía claro que la tecnología garantizaría justicia -o al menos algo de ella- en el juego. Aparte de hacerle fuerza a Colombia, como obligación moral de alguien que quiere a su país, no estaba particularmente a favor o en contra de alguien en específico.  Quería la justicia nos mostrara quién se merecía esa Copa.

Sin embargo, no fue sino iniciar el torneo para que me percatara con una claridad providencial, qué tanto deseaba que Argentina no ganara.  Entre leer a una cantidad de tuiteros argentinos pretender dar cátedra de fútbol y tratar al resto de la humanidad como idiotas, iletrados y analfabetas, y ver la manera tan grotescamente obvia en que se le estaba ayudando a esa selección de fútbol, logré darme cuenta que nada quería más en este torneo, que algún onceno pudiese sepultar a esa selección, ojalá con el mayor número de goles en contra posible.  En otras palabras, reclamé espritualmente que se repitiera la lección de humildad que Brasil tuvo que soportar en su país ante la implacable Alemania en 2014.  Si ya se había dado, ¿por qué no pedir por una repetición?


Imagen tomada de: https://www.dazn.com

Antes de que la tecnología fuese tan avanzada y tan universal, dependíamos necesariamente de la información de los medios oficiales para enterarnos de cosas, o para emitir ciertos juicios de valor sobre temas polémicos. Sin embargo, la actualidad nos permitió disfrutar de varias cosas en simultáneo: 1) La estupidez de Donald Trump, que nunca deja de sorprendernos; 2) La ambición y corrupción inocultable de Gianni Infantino; y 3) La idea tan clara y tan evidente de lo que ocurre cuando quien debe garantizar igualdad y justicia en un compromiso de fútbol (y esto mismo ocurre con la justicia ordinaria) tiene una intención deliberada de favorecer a alguno de los contendientes.

La suma de todos estos factores nos permitieron ver a Messi jugar 8 partidos, cuando debía mínimo perderse uno y medio de ellos por una merecida expulsión que no le dieron.  Nos permitieron ver de qué manera a pesar de estar prohibido ejercer presión política para incidir en el deporte, esa injerencia está prohibida, dependiendo de quién pida el favor.  Permitieron que el reglamento disciplinario fuese uno para Argentina (y Paraguay) y otro para sus oponentes.  Permitieron que a Egipto y a España les robaran goles legítimos -curiosamente en ambos casos ante Argentina-, y que con Suiza se inaugararan con expulsiones sui generis -curiosamente también contra Argentina-.  Vi que los jugadores pueden realizar pronunciamientos políticos hostiles y provocadores sin que les pase nada.  En fin, vi que el reglamento sigue siendo tan solo un conjunto de excusas y herramientas para quien lo debe hacer cumplir.

Por eso, ver de qué manera España redujo a Argentina a su mínima expresión tanto en lo futbolístico como en lo humano, me produjo verdadero gozo.  En los videojuegos de rol, siempre elijo las opciones que le permiten a mi personaje ser, el bueno, el correcto, al apegado a la moral y a la ley.  Por eso, me genera especial alegría cuando la vida le permite ganar y sobresalir a los que hacen las cosas bien, a los disciplinados, a los respetuosos, a los buenos seres humanos, y castiga a los que no lo son.  Me alegra ver la actitud de pésimos competidores de los jugadores que dan la espalda al campeón cuando han debido ser los primeros en felicitarlos.  Me alegra saber que medio mundo está pendiente de que a Leandro Paredes, a Nahuel Molina y a Roberto Ayala los puedan castigar severamente.  Me alegra saber que a todos esos seguidores que pontificaban sobre fútbol tuviesen que ver a sus jugadores reducidos a la mínima expresión de lo que podría considerarse un ser humano civilizado.

Entre esos momentos de desazón, y aquellos momentos de gozo pleno, no puedo dejar de lado el hecho de que nada de esto habría ocurrido si la FIFA realmente tuviera un interés en cuidar el deporte del fútbol.  No era difícil interpretar la tecnología para bien, ni tampoco era difícil dejar que los deportistas decidiesen los resultados, y no los dirigentes o los árbitros.  No era difícil aplicar el regalmento disciplinario con un mediano criterio de igualdad.

La vida nos muestra qué tan difícil es la justicia en un mundo en el que los únicos que la anhelan son quienes carecen de las ventajas para verdaderamente reclamarla.  La vida nos muestra a través del fútbol, lo que vivimos día a día en nuestra vida cotidiana.

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domingo, 21 de junio de 2026

9 de cada 10

Hoy toca salir a votar.  Tengo claro cómo lo voy a hacer.  He tenido la oportunidad de leer opiniones de gente formada y seria, así como de activistas ilustrados.  He visto y leído de todo.  En particular, me llama la atención las opiniones de los defensores del voto en blanco.  Desde el punto de vista estrictamente racional, suena interesante la idea de no apoyar dos decisiones casi igual de malas.  No ser cómplice de una pésima decisión suena bien.

Sin embargo, la situación es esa.  Recordando una situación que afortunadamente en la actualidad se presenta cada vez menos, cuando el ginecoobsetra sale de la sala de cirugía y le decía al padre: "Señor, ha habido complicaciones y su esposa ha perdido mucha sangre.  Necesito que decida si salvo al bebé o salvo a la mamá, porque no puedo salvar a los dos.", en ese caso, tal vez el padre querría decir: "voto en blanco".  Sin embargo, la situación exige que tome una decisión.

Como ese caso, hay muchos otros casos en los que la vida exige que se adopte una postura. La neutralidad no es una opción real.  Lo que ocurrió en 2022 y lo que está ocurriendo ahora son ejemplos claros de eso.  Como dicen coloquialmente en el país, nos están poniendo a elegir entre el cáncer y el SIDA. ¿Cuál prefiere? Nuevamente, no puedo votar en blanco.  Alguno de los dos será.

Más allá de que tengo claro cómo voy a votar, debo escribir estas notas para mi yo futuro, de forma tal que al releerlas en el futuro, pueda recordar lo que pensaba en este preciso momento.

Mi pensamiento más recurrente en estos días es el de vergüenza.  No es vergüenza por los dos candidatos por los que habrá que votar mañana, sino vergüenza por los votantes.  En la primera vuelta, un poco menos del 90% del país votó por este par de impresentables.  No me incluyo.  Yo voté, como me suele pasar, por una opción que resultó perdedora.  ¿Era una buena opción Paloma?  Tal vez no.  Pero al lado de este par de impresentables, era sin duda una excelente opción.

Fiel a mi estilo, veamos a quienes pusimos en segunda vuelta:

Ej. 1: El compinche de los mafiosos Vs. el apoderado de los mafiosos.

Ej. 2. El comunista Vs. el fascista.

Ej. 3. El que no debate ni discute Vs. el que no debate ni discute.

Ej. 4. El denunciante como arma política Vs. el denunciante como forma de coacción.

Ej. 5. El que lo puede perdonar todo dependiendo del gusto polítivo Vs. el que quiere acabar a todo el que no piense como él.

Ej. 6: El que quiere que la CIDH le solucione todo porque no confía en las instituciones del país Vs el que quiere que EE.UU. le solucione todo porque está mentalmente sometido a ese país.

Ej. 7 El admirdor de Castro y Chávez Vs. el admirador de Trump, Milei y Bukele.

Vergonzoso, reitero.  9 de cada 10 colombianos votantes consideraron que esos dos individuos eran las mejores opciones para dirigir este país.  Por eso, he dicho, digo y diré que la democracia solo funciona en lugares donde existe una formación cívica suficiente para no hacer tantas estupideces como las que habitualmente hace este pueblo.

En términos realistas, existen solo dos razones por las que me decanto por el empresario del ron, el apoderado del que tenga suficiente plata, el que viene de visita a Colombia cuando quiere.

Razón 1:

Todo servidor público cuando se posesiona en el cargo, debe realizar un juramento: "Juro a Dios y prometo al pueblo cumplir fielmente la Constitución y las leyes de Colombia." (Art. 192 de la Constitución Política).

Con De la Espriella, no tengo claridad qué piensa realmente hacer si llega a gobernar. Sí tengo claro, en cambio, que a Cepeda la Constitución le incomoda y que la quiere cambiar para volvernos lo más cercano posible a un Estado comunista.  Eso es un riesgo que bajo ninguna circunstancia estoy dispuesto a cohonestar.  El Estado de derecho y la democracia (por más que me parezca inaplicable en este país), no son negociables.  Es el pacto político mínimo y básico que debe tener cualquier colombiano.  Cepeda no quiere ese pacto.

Razón 2: 

La Constitución de Colombia en su artículo 2o señala que "las autoridades de la República están instituidas para proteger a todas las personas residentes en Colombia, en su vida, honra, bienes, creencias y demás derechos y libertades, y para asegurar el cumplimiento de los deberes sociales del Estado y de los particulares.".  Si algo sé de Cepeda, es que nunca ha tenido la intención de proteger a todo el mundo.  Al igual que Petro, tienen resentimiento social.  El resentimiento social que llevó a Venezuela y a Cuba a ser lo que son.  Una cosa es velar por mejorar las condiciones de los menos favorecidos (con lo cual estoy más que de acuerdo) y otra es intentar joder a los que históricamente han estado mejor, sobre el discurso de apoyar a los que han estado peor.

Más allá de este razonamiento, me sigo quedando con el punto de inicio: a 9 de cada 10 colombianos les pareció hace un mes que esos dos eran las mejores opciones para liderar este país.

46 años después estoy absolutamente convencido de que nos merecemos ser lo que somos... y lo que seremos.

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