martes, 30 de septiembre de 2008

La Justicia divina y la Justicia humana

En un ingreso anterior, titulado “Merecimientos y justicia en los galardones”, dedicado a criticar los criterios de justicia con los cuales se otorgan premios en el mundo entero, haciendo específica referencia a Miss Universo y a la nominación de Ingrid Betancourt para el Nobel de paz, recibí varios valiosos comentarios de lectores. Particularmente, me gustaría destacar el de un lector que se autodenomina Pseudo, quien cuestiona mi punto de partida acerca de las diferentes clases de justicia que pueden existir.

Mediante el relato de un ejemplo personal (o por lo menos así parece), nos muestra de qué manera ha asumido que la justicia es una categoría que está reservada a Dios. El único ser justo es Dios, dice el autor del comentario. El hombre puede intentar ser equitativo, pero nunca justo, porque la justicia es para el hombre pero no del hombre. En consecuencia, la justicia siempre se nos quedará corta, dice Pseudo.

En su momento, me valí de una clasificación de justicia absolutamente arbitraria, poco académica, pero ejemplarizante. Me referí a la justicia jurídica, y a la justicia no jurídica. El punto que se quiso ejemplificar con esto, es que la justicia, entendida como realización humana y social, se fundamenta en una serie de parámetros. Algunos podrían hablar de principios orientadores de la justicia, pero francamente, esto es debatible. En una cuestión sí estoy de acuerdo con el comentario de Pseudo, la justicia nos ha quedado grande. De hecho, es esa la motivación principal para abrir este modesto espacio en la red, para disertar sobre el tema.

Más allá de pretender dar cátedra acerca de las teorías sobre justicia, elaboradas por filósofos, sociólogos y abogados, me interesa más hablar acerca de la justicia divina, la justicia poética y la justicia natural. Estos conceptos que son utilizados de manera habitual por las personas ávidas de ella. Normalmente, quien vive bien, sin preocupaciones, poco se refiere a la justicia. Por qué, entonces, referirse a la justicia divina, o poética, o natural, o a la justicia jurídica? Razones hay muchas. En primer lugar, el concepto de justicia es de los pocos que puede ser utilizado indistintamente tanto para intentar preservar un status quo, como para intentar cambiarlo. Por ejemplo, es justo acatar las sentencias judiciales, pero es injusto cuando un juez falla incorrectamente, ya sea por torpeza, por dolo o por ignorancia. En ese sentido, entonces, el concepto de justicia que sirve de consuelo, no es la justicia contenida en la ley. Ese está muy claro. El que nos sirve de consuelo es que algún día, ya sea por intervención divina o por alineación de los astros, o por simple equilibrio de fuerzas, el mal que nos fue inferido, será castigado y a nosotros nos será resarcido.

He aquí donde conviene tocar “la verdadera justicia”, en términos de nuestro lector, es decir la de Dios. Para aquellos que no creen en la existencia de Dios, o que creen en la existencia diferente al Dios de los cristianos católicos, pueden acomodar estos comentarios, para ajustarlos al ser, fuerza o ente que consideran que gobierne el universo. Sé que no es asimilable, pero espero entiendan que por razones de espacio no puedo referirme a cada caso específico.

El único ser justo, es Dios, menciona mi crítico. Los seres humanos hacemos intentos permanentes por ser equitativos, pero nunca podremos llegar a ser justos. Intentemos desarrollar esto con argumentos lógicos. Para ello, hay que partir de una serie de premisas y conclusiones.

Argumento 1:
Premisa 1: Si hacemos referencia a Dios, hacemos referencia al creador de todo. Premisa 2: Existen opuestos permanentes que se interrelacionan constantemente, como el día y de la noche, el calor y el frío, lo dulce y lo amargo. Conclusión: Dios ha creado opuestos permanentes que se interrelacionan constantemente, como el día y la noche, el calor y el frío, lo dulce y lo amargo.

Argumento 2:
Premisa 1: Dios ha creado al hombre bajo el principio de que obrará según su libre albedrío. Premisa 2: El hombre puede libremente obrar o dejar de hacerlo. Conclusión: Dios ha creado al hombre de forma que libremente pueda obrar o dejar de hacerlo.

Argumento 3:
Premisa 1: Dios es eterno. Premisa 2: Dios es justo. Conclusión: La justicia de Dios es eterna.

Argumento 4:
Premisa 1: Dios ha dotado al hombre de alma. Premisa 2: La conciencia es una manifestación del alma humana. Conclusión: Dios ha dotado al hombre de conciencia.

Argumento 5:
Premisa 1: La conciencia le permite al hombre discernir lo bueno de lo malo. Premisa 2: La bueno es justo y lo malo es injusto. Conclusión: La conciencia le permite al hombre discernir entre lo justo y lo injusto.

Argumento 6:
Premisa 1: La justicia humana parte de la realidad humana. Premisa 2: La realidad humana no es absoluta sino relativa. Conclusión: La justicia humana es relativa.

Argumento 7:
Premisa 1: Dios permite que ocurran cosas buenas y malas, al igual que castiga y premia. Premisa 2: Dios no posee conciencia, porque esta última es de su propia creación. Conclusión: Dios castiga y premia, y permite que pasen cosas buenas y malas conforme a parámetros diferentes a la conciencia.

Argumento 8:
Premisa 1: El hombre no ha podido entender a Dios. Premisa 2: El hombre no comprende lo que no entiende. Conclusión: El hombre no puede comprender a Dios.


A pesar de que podría extenderme mucho más en argumentos como los anteriores para ahondar más en puntos específicos, conviene sintetizar las 6 conclusiones atrás obtenidas, para efectos de llegar a otras conclusiones un poco más profundas que nos permitan abordar el tema.

Argumento A:

Premisa 1: Dios ha creado opuestos permanentes que se interrelacionan constantemente, como el día y la noche, el calor y el frío, lo dulce y lo amargo. Premisa 2: La justicia de Dios es eterna. Conclusión: La existencia de opuestos permanentes y en equilibrio es eterna y justa.

Argumento B:

Premisa 1: Dios ha creado al hombre de forma que libremente pueda obrar o dejar de hacerlo. Premisa 2: La conciencia le permite al hombre discernir entre lo justo y lo injusto. Conclusión: Dios ha creado al hombre de manera tal que pueda obrar o no hacerlo, discerniendo si su conducta es justa o no.

Argumento C:

Premisa 1: Dios ha dotado al hombre de conciencia. Premisa 2: Dios castiga y premia, y permite que pasen cosas buenas y malas conforme a parámetros diferentes a la conciencia. Conclusión: La justicia divina se rige por parámetros diferentes a la humana.

Argumento D:

Premisa 1: La justicia humana es relativa. Premisa 2: El hombre no puede comprender a Dios Conclusión: El hombre no puede comprender la justicia de Dios.

Podemos incluso, intentar hacer un ejercicio conceptual, fundado en las conclusiones extraídas aquí, para obtener unas conclusiones de tercer nivel:

Argumento I:

Premisa 1: La existencia de opuestos permanentes y en equilibrio es eterna y justa. Premisa 2: El hombre no puede comprender la justicia de Dios. Conclusión: El hombre no puede comprender los opuestos permanentes creados por Dios de manera justa.

Argumento II:

Premisa 1: Dios ha creado al hombre de manera tal que pueda obrar o no hacerlo, discerniendo si su conducta es justa o no. Premisa 2: La justicia divina se rige por parámetros diferentes a la humana. Conclusión: La justicia humana puede o no, coincidir en algunos aspectos con la justicia divina.

Argumento Final:

Premisa 1: La justicia humana puede o no, coincidir en algunos aspectos con la justicia divina. Premisa 2: El hombre no puede comprender los opuestos permanentes creados por Dios de manera justa. Conclusión: La concepción de justicia humana puede o no coincidir con la justicia divina, que implica la armonización de opuestos permanentes, pero que nunca podrá ser comprendida por el hombre.

Retomando, entonces, antes de ingresar mis consideraciones finales, repasemos las conclusiones, en su orden:

- Dios ha creado opuestos permanentes que se interrelacionan constantemente, como el día y la noche, el calor y el frío, lo dulce y lo amargo.
- Dios ha creado al hombre de forma que libremente pueda obrar o dejar de hacerlo.
- La justicia de Dios es eterna.
- Dios ha dotado al hombre de conciencia.
- La conciencia le permite al hombre discernir entre lo justo y lo injusto.
- La justicia humana es relativa.
- Dios castiga y premia, y permite que pasen cosas buenas y malas conforme a parámetros diferentes a la conciencia.
- El hombre no puede comprender a Dios.
- La existencia de opuestos permanentes y en equilibrio es eterna y justa.
- Dios ha creado al hombre de manera tal que pueda obrar o no hacerlo, discerniendo si su conducta es justa o no.
- La justicia divina se rige por parámetros diferentes a la humana.
- El hombre no puede comprender la justicia de Dios.
- El hombre no puede comprender los opuestos permanentes creados por Dios de manera justa.
- La justicia humana puede o no, coincidir en algunos aspectos con la justicia divina.
- La concepción de justicia humana puede o no coincidir con la justicia divina, que implica la armonización de opuestos permanentes, pero que nunca podrá ser comprendida por el hombre.

El anterior ejercicio, que no pretende ser concluyente, pero sí plantear someramente la posición de esta Gaviota, permite entonces concluir que el hecho de que la justicia, en última instancia, esté reservada a Dios, no implica que no pueda existir justicia humana. Todo ello, sobre todo, si se acepta que el hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios, que puede conocer algo de su mensaje y que esta situación masificada permite establecer un concepto generalizado de lo bueno y lo malo, que va decantándose a lo que finalmente hemos de llamar justicia.

Siendo un poco más técnico y menos visceral, me gustaría aclarar que, al menos desde el punto de vista jurídico, justicia y equidad son dos conceptos diferentes. Precisamente la equidad implica una flexibilización de la justicia, de forma tal que quien se encuentra en un estado de inferioridad puede ser auxiliado por ésta (la equidad) para procurar que prevalezca un interés superior que se considera justo. Ejemplo de ello es lo que ocurre en materia de subsidios en materia de seguridad social. Es justo que todos los ciudadanos contribuyan a la manutención del sistema, pero conforme a criterios de solidaridad equidad, incluso aquellos que no se encuentran en posibilidad de cotizar, obtienen una serie de beneficios en materia de seguridad social. Esto, vuelvo y repito, al menos desde el punto de vista de la justicia jurídica.

Es mi percepción, que la justicia no está reservada a Dios, precisamente porque Dios no quiso acapararla, sino permitírnosla conocer, mediante nuestras conciencias, y mediante los mensajes de profetas, santos y por supuesto, de su hijo. El papel de cada individuo en la construcción de la justicia es crucial, pues si bien es cierto que Dios todo lo puede, es cierto igualmente que nos ha dado la bella facultad de hacer de nuestras vidas lo mejor que podamos hacer de ella, contando con su auxilio, pero sin que él nos reemplace en nuestras funciones, deberes y derechos. Es decir, cada uno construye su vida al igual que cada uno decanta su personalidad con el paso del tiempo. Nuestra vida no llega hecha, la construimos. La misma lógica es aplicable a la justicia humana, se construye día a día.
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jueves, 25 de septiembre de 2008

Excurso sobre los colombianismos políticos – Pt. 2

He tenido un breve espacio de tiempo para intentar digerir los términos que forman parte de los primeros 5 lugares de mi Top 10. Sin embargo, no logré compenetrarme con el demócrata tolerante que hay en mí, y decidí seguir adelante con mi espacio de defensor del lector propio, para quejarme de las “picardías” de nuestro medio político y periodístico. Sigamos adelante, entonces:

En el lugar número 5 de nuestro conteo, nos encontramos con la popular ‘hecatombe’. Por este término entiende la RAE varias cosas. Para efectos de no ser demasiado extensos, me concentraré en dos acepciones únicamente. La primera hace referencia a una catástrofe o desgracia. La segunda es el sacrificio de animales que realizaban los antiguos a sus dioses. En nuestro medio, en cambio, salió a relucir el término cuando hace algún tiempo se le preguntó al Presidente Uribe si se buscaría una nueva reelección, a lo cual respondió algo así como: “Reelección no, salvo en caso de una hecatombe”. De allí en adelante, nuestro independiente, sagaz y brillante cuerpo de periodistas, analistas, y extras con parlamento decidieron buscar frenéticamente la interpretación. ¿Qué quería decir Uribe con ‘hecatombe’? En vez de reporteros, críticos y columnistas, nos encontramos con una serie de semiólogos expertos que buscaban convencer con sus respectivas conclusiones.

Aún hoy nos recuerdan este desastroso momento de nuestro periodismo, cuando recientemente escuchamos en las noticias que si los partidos que conforman la coalición del Gobierno no encuentran un líder común que pueda enfrentar a la oposición, Uribe podría considerar lanzarse a un tercer mandato. Para no desentonar, me permito acudir también a mis capacidades semiológicas intuitivas para incorporarme al detestable grupo de faltos de plan (con la diferencia que yo no recibo remuneración alguna por producir un salpicón de idioteces en tan poco tiempo, a diferencia de mis colegas semiólogos).

Jugando a ser original por disidente, me atrevo a prever que nuestro ingenioso Presidente no hacía referencia al desastre o catástrofe al que se prefiere la primera de las acepciones atrás reseñadas, sino que hace realmente referencia a la segunda de ellas. Si recordamos un poco la literatura antigua, veremos cómo en La Iliada, los aqueos y los troyanos, al finalizar cada jornada, realizaban las libaciones a los dioses, y procedían a realizar las ‘hecatombes’. Recordemos que estas hecatombes implicaban sacrificios, ofrendas. Tal vez lo que el Presidente espere sea una ofrenda por parte de sus partidarios, o de sus Ministros, o de las Cortes.

Solo espero que con esto no le esté dando ideas a alguien a quien no debería, y que mañana en los diarios empiecen a reseñar que se están preparando ‘hecatombes’ para el ‘mesías’ porque probablemente entraría en crisis nerviosa.

El número 4 del conteo cuenta con un exponente interesante, muy actual y en extremo desagradable: el ‘guiño’. A diferencia de los anteriores términos, no creo que resulte necesario realizar un estudio metodológico que nos explique las diferentes acepciones que manejamos con esto. Acudiré a que una imagen vale mil palabras, y citaré al gran filósofo Latinoamericano “Matador”, quien lo ha ejemplificado mejor.

Imagen tomada de: http://matadorcartoons.blogspot.com/


Anteriormente, habríamos hablado de espaldarazo, de aval, de respaldo o incluso de promocionar a una persona. No. La liberación sexual ha llegado al punto de escribir acerca de ‘guiños’, y de ‘jalones de orejas’. Al paso que vamos, en unos meses estaremos hablando de ‘tarreaditas’ (Dícese de aquel gesto corporal consistente en amistosamente palmotear los glúteos de manera suave, una o más veces, de una persona para transmitir un sentimiento de aprecio o cariño. Se utiliza este además como forma de motivar al receptor del gesto) y de ‘nalgadas’ (1. Dícese de aquel gesto corporal consistente en dolosamente palmotear los glúteos de manera potente, una o más veces, de una persona para transmitir un sentimiento de reprobación o castigo. 2. En materia sexual, la conducta dolosa usualmente pretende trasmitir sentimientos de aprecio o cariño –ver ‘tarreaditas’- hacia el receptor del gesto). Por el momento, sin embargo, concentrémonos en los guiños.

Este colombianismo político, digno de un Top 10 de “Términos de RE-Flujo”, se vale de una palabra que es poco utilizada en nuestro medio por su significado común, como es el de cerrar de manera rápida el párpado de un ojo, dejando abierto el otro, para significar aprobación hacia la otra persona. Habitualmente, se utilizaba como forma de coqueteo entre individuos. Sin embargo, se suele utilizar el término “picar el ojo” para efectos de referirse a la acepción real de guiño. Esperemos que al menos nos respeten este término, para no poner en riesgo los índices de reproducción en nuestra sociedad, incrementando desmedidamente el de campañas políticas nuevas.

Obteniendo la medalla de bronce, encontramos en el número 3 del conteo regresivo, el término ‘chibchombiano’. No es nuevo, ni mucho menos, el término. Sin embargo, es habitual encontrar en Colombia a muchos colombianos que se refieren a situaciones colombianas valiéndose de este vocablo. ¿Qué quieren decir al introducirlo como adjetivo calificativo y no como genitivo? Se quiere significar con ello, que la metodología seguida por el creador del artículo, del negocio, del procedimiento, no cumple con los parámetros ISO, y que por ende, no podría hablarse de un procedimiento certificado que garantice altos estándares de calidad. En otras palabras, cuando algo es ‘chibchombiano’, es porque cumple dos requisitos. El primero es que fue hecho en Colombia, y el segundo es que es “chambón”.

He procurado valerme de estudios etimológicos acerca del término, y encuentro que hay poco material bibliográfico que nos de luces acerca de su origen. Como creador del sitio, y otorgándome cierta licencia al respecto, he querido compartir mis descubrimientos empíricos al respecto. Los resumiré en los siguientes puntos: 1. Los colombianos se inventaron el término ‘chibchombiano’. 2. Los colombianos creemos que somos más europeos que chibchas. Lo curioso es que no he escuchado mucho el término “eurombiano” para elogiar un artículo, procedimiento o negocio. 3. Los colombianos creen que aquí llegó el Mayflower poblado de artistas, ingenieros y filósofos, y no la Pinta, Niña y Santamaría, poblada de gente de dudosa reputación. Normalmente quienes utilizan este término no tienen la menor idea acerca de la cultura chibcha. 4. Quienes utilizan el término ‘chibchombiano’ normalmente son los primeros en ofenderse cuando en otros países se refieren al país como ‘narcolombia’ ‘cocalombia’ o a sus habitantes como ‘sucadas tercermundistas’.

En este punto me encantaría hacer un llamado a los sociólogos y psicólogos colombianos (o extranjeros si es posible, para que en el país le crean a sus estudios) para que investiguen acerca de la hipocresía conciente y subconsciente del pueblo colombiano, que sale al mundo a decirle que este es un pueblo de gente pujante, trabajadora y honrada, y al terminar su lacrimógena intervención, inicia con la apología al ‘chibchombianismo’. Esta iniciativa contaría con mi apoyo y buscaríamos la manera de obtener una adecuada financiación para sacar adelante el proyecto.

En el segundo escaño del podio, llegando al número 2 del conteo, nos encontramos con el popular y siempre bien recibido ‘mamerto’. Poco he de referirme aquí acerca del límite que permite racionalmente distinguir al ‘mamerto’ de quien no lo es. Tampoco he de referirme al devenir histórico del término. Básicamente, mi crítica se reduce a la utilización que se le da habitualmente al término. Para quienes quieran indagar un poco más al respecto, les recomiendo que revisen la página “Colombia sin mamertos” y una vez revisen los artículos que allí están consignados, lleguen a sus conclusiones personales al respecto. Por mi parte, presiento que la utilización que se le da a este término es parecida a la de “play” y “anti-play”, “fashion y chic” frente a lo que no entra en esta categoría.

Leer acerca de los ‘mamertos’, y leer artículos de quienes son denominados ‘mamertos’ es un ejercicio parecido al de desentrañar el rigor argumentativo de un niño de 4 años, que en el jardín infantil incursiona al debate acerca de cuál de sus compañeros debe ser catalogado como bobo o infantil. Veamos: Frases como “ese ideólogo mamerto…” podría ser equiparado a “ese ideólogo tonto”. Es cierto. Nuestro debate de ideas acerca del ‘mamerto’, es tan profundo como intentar desentrañar la verdad filosófica acerca de por qué Nintendo llamó a su juego insignia Super Mario Bros. y no Super Luigi Bros. Sin duda un debate de altísimo nivel sobre el cuál se han regado ríos de tinta, y que podrá cambiar los cauces de la humanidad.

Por último, dedicaré unas breves líneas acerca del término de RE-flujo más molesto de todos. El número 1, al cual quiero tanto como a una úlcera del duodeno –aquí parafraseo a otro de mis filósofos de cabecera, Garfield (lamento no contar en estos momentos con la cita textual)– corresponde al siempre querido ‘Casa de Nari’. Reciéntemente he encontrado en la Revista Semana, en El Tiempo y en El Espectador, una serie de columnas donde se hace referencia al palacio presidencial en estos términos. Me recuerda mucho a nuestras propagandas de películas para ir a ver en familia en el cinema más cercano: De los creadores de… “la Yidispolítica”, llega ahora un relato de intriga, de suspenso, protagonizado por los galardonados actores de “el Guiño”, y del clásico “Choque de trenes”. Una historia que conmoverá a millones… “la Casa de Nari”. Búsquelo en su teatro más cercano.

La ‘Casa de Nari’, como forma peyorativa de referirse al Palacio de Nariño, es tan popular hoy en día, que no entiendo cómo es que no han fundado todavía un colegio con ese nombre. Tal vez lo estén haciendo en estos momentos, pero confieso no poseer los datos concretos al respecto. Como segunda confesión, acompañado de un gran mea culpa, debo ser sincero en que no he entendido el chiste. De hecho, no sé si es un chiste o no. Agradecería que una mano amiga me de indicaciones acerca del invaluable aporte que nos da este término, y en ese momento, dedicaré un ingreso especial para mostrar las bondades de este concepto (o concepción para los más exégetas) y cómo ha sido el mayor avance en el mundo después de haber desenmascarado el fenómeno de la “globalización”. Por ahora, insisto, no he entendido el chiste, y tal vez por eso me resulta tan inquietante que después de revisar las noticias acerca de las investigaciones judiciales de nuestros “honorables”, y la más reciente afirmación del ‘mesías’ acerca de la reelección, lea yo tan importantes aportes de nuestros columnistas, ‘mamertos’ o no, respecto de las peripecias que ocurren en la ‘Casa de Nari’ y no pueda pronunciarme al respecto. Así como algunas personas se sienten atropelladas por la tecnología, debo ser sincero en cuanto a que estas avanzadas obras de ingeniería lingüística de nuestros periodistas, me arrollan y me dejan en estado crítico. Mientras esto no ocurra, no obstante, seguiré escribiendo erradas opiniones contra este invaluable término, que sin duda ayudará a que suba el empleo, y se levante el paro judicial.

Nuevamente, por razones de espacio, dejo de lado un par de bonus tracks que estaban inicialmente planeados, en lo que se refiere a la versión acústica de ‘Uribito’ y a la versión fusion que mezcla cumbia y bambuco, del reciente éxito ‘Los Migrantes’.

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martes, 23 de septiembre de 2008

Excurso sobre los colombianismos políticos – Pt. 1

Tras haber tratado en días pasados algunos de los temas que he considerado de mayor importancia, relacionados con el objeto de análisis de este espacio, me he tomado el atrevimiento hoy de generar mi propio espacio de defensor al lector, en los que procuraré manifestar mi inconformismo con algunos de los términos a los que nos vemos enfrentados todos los días los colombianos, y que personalmente me están generando alergia crónica. Teniendo en cuenta que el paro judicial continúa, que las universidades no cambiarán en algún tiempo, que nuestros honorables están muy ocupados investigando y siendo investigados, y que nuestra prensa sigue siendo igual de desastrosa, o tal vez un poco peor, porque escriben más y dicen menos, he considerado oportuno tomar prestada la idea del presentador norteamericano David Letterman, para generar mi propio Top 10. El día de hoy, la categoría a exponer es la de: Términos de RE-flujo.

En el número 10, tenemos la palabra ‘Notables’: A ciencia cierta, no sé si los medios de comunicación se equivocan al momento de referirse a este término porque nuestras comisiones de notables que siempre saben de todo, y deben opinar sobre todo, llámese empleo, educación, seguridad, reformas políticas, procesos de paz, normalmente se encuentran en una posición donde poco hablan. Parece que siempre que se refieren a la creación de comisiones de notables, en realidad se crearan comisiones de ‘no hables’. Sin embargo, más allá de esa inquietud de corte fonético, surge una inquietud igual de trivial, pero un poco más académica. El tema, básicamente tiene que ver con la interpretación semántica de la palabra. Al parecer, lo que realmente quisieran constituir nuestros gobiernos de turno, no son comisiones de ‘notables’, sino de ‘notorios’. La diferencia existe. La RAE (Real Academia Española) se refiere, en una acepción de ‘notable’ como las personas principales en una colectividad y por ‘notorios’ a los importantes o famosos.

Me disculparán algunos de los fans de la última comisión de notables, pero cuando observo a Eduardo Montealegre, a Humberto De la Calle y a Viviane (o Vivian, Viviam, Vivianne, pues siempre lo escriben distinto) Morales, me parecen más ‘notorios’ que ‘notables’. Por no extenderme demasiado, me gustaría que alguien me explique si aspirar a ser Procurador General de la Nación, antes a Fiscal General de la Nación, haber integrado el equipo que iba a denunciar a Chávez ante la CPI, haber sido el asesor de Colombia en la crisis con Nicaragua, haber sido asesor de Colombia en el caso del proceso contra los miembros de Fighters & Lovers, es sinónimo de notabilidad. Lo único que le ha faltado a nuestro ex Magistrado, es sacar su propia línea de perfumes, pues por lo demás, está hasta en los crucigramas. Por lo demás, los ‘notables’, sin duda son personas preparadas, pero de allí a ser realmente notables, hay diferencias. Para ello, basta que acudan a nuestras universidades y encontrarán por lo menos otras 100 personas con igual o más títulos, con igual o mayor trayectoria, y de pronto con igual notoriedad. En conclusión, el término genera aversión, porque además de ser excluyente, no dice realmente mucho, como tampoco dicen mucho los miembros de la comisión de ‘no hables’.

Nuestro número 9 hace referencia al término ‘Patria’, que tanto le gusta al Gobierno. La connotación de este término, parte del concepto de pertenencia de un individuo, o de un grupo de individuos, con un contenedor, que en principio hacía referencia al territorio de un Estado. Para ahondar un poco respecto de este tema, recomiendo revisar el ingreso que aparece en “Espacio Agón” que trata de la crisis del concepto de ‘patria’. Sin embargo, retomando un poco nuestro medio, nos referimos a lo desgastado que está este concepto. Habitualmente nos referimos a la ‘traición a la patria’ como si eso fuera equivalente a la ‘traición al gobierno’. Hablamos del ‘combinado patrio’ cuando nos referimos a la selección de fútbol de Colombia’, y en Estados Unidos se suele utilizar el término de ‘patriota’ para quien está dispuesto a alzarse en armas por defender al país, o yendo un poco más allá, para quien se encuentra enlistado en la fuerzas militares de ese país. Hoy en día, en el país, parece ser que el Presidente Uribe es el monopolizador de la Patria. Con el Presidente Pastrana, paisano y compatriota era lo mismo, y con Uribe, compatriota es equivalente a partidario de la seguridad democrática.

Por mi parte, me resulta nauseabundo escuchar el término con la misma insistencia con la que denominamos ‘Doctor’ a todo el que viene bien vestido y con carro propio. Pareciera ser que el término ‘patria’ genera un sentimiento más noble que el de ‘país’, ‘nación’ ‘Estado’, que aunque son términos diferentes, los utilizan indistintamente. Ruego por el día en que erradiquemos la palabra, hasta que no sepamos realmente a qué nos referimos.

Como término merecedor de nuestro puesto número 8, hacemos referencia al famoso ‘Choque de trenes’. Esta metáfora tan colorida, le encanta a nuestros medios, que les encanta llamar las cosas, no por su nombre, sino con títulos llamativos. Ahora, cada vez que algún alto funcionario disiente de otro, tenemos ‘choque de trenes’, lo que permitiría suponer que incluiría víctimas fatales. Hoy en día, nos sorprendemos con la polarización que vive el país, porque a todos van para la izquierda, o todos para la derecha. Los neutrales son fustigados por indecisos, así que les va mal, por bando y bando.

Mientras que una y otra parte emiten opiniones, jurídicas, políticas o económicas, la prensa obtiene entrevistas exclusivas con cada uno de ellos –si se puede, el mismo día– para conocer las impresiones del nuevo ‘choque de trenes’. Básicamente, el objeto de las entrevistas es que los disidentes se conviertan en contrincantes, y si son contrincantes, que se conviertan en enemigos. Claro, en Colombia, como en gran parte del mundo, nos encantan las peleas. Peleas de perros, de gallos, de boxeo, de barras bravas, de políticos, de jueces, de lo que sea (siempre y cuando sea buena) serán platillo gourmet para los consumidores de información (o desinformación, ambas sirven). De paso, podemos así darle de qué hablar a los expertos analistas –de lo que sea que se consideren expertos– a los columnistas, y a los bloggers. Lastimosamente para los medios, sensacionalistas por esencia, no cuentan siempre con cámaras de seguridad en todo el globo, para poder transmitir los choques de trenes de la misma forma en que nos enseñan el momento en que explora el carro-bomba, o cómo se estrelló el avión al intentar despegar. Mientras tanto, todos nosotros miramos espantados las imágenes una y otra vez, así como vimos la caída de las torres gemelas en plano panorámico, primer plano, primerísimo plano, y desde todo ángulo posible. De allí que sea para mí absolutamente repelente el apelativo de ‘choque de trenes’ al que nos hemos acostumbrado los colombianos, y que algunos utilizan con excesiva frecuencia.

El lugar número 7 de nuestro conteo corresponde al bastante popular ‘mesías’. No solo se utiliza este término de manera opuesta a su significado real, en tono burlón y despectivo, sino que además de ser calificativo es argumento. Me explico. Es usual encontrar escritos, y opiniones verbales de personas que manifiestan: “Es que toca así porque lo mandó su ‘mesías’.” Incluso hay algunos que se atreven a plasmar este término con una M mayúscula y resaltada, irrespetando las creencias religiosas de un amplio sector de la religión cristiana (en términos generales) y judía. Si bien es cierto que mucho se ha hablado sobre movimientos mesiánicos en diversos campos, el uso que hoy en día se le da no corresponde al de líder, salvador, redentor, sino al de tirano, dictador, déspota. “Hay que ver con que sale ahora el ‘mesías’.” Es tan absurda su utilización, que realmente no hay mucho más que decir al respecto.

Por último –por hoy– revisemos otro vocablo ideado por nuestros ingeniosos medios de comunicación. En nuestro conteo, el número 6 corresponde a la ‘Yidispolítica’. Me hubiera encantado, que antes de escribir estas palabras, algún ser en el mundo me pudiese explicar eso qué quiere decir. Es posible entender que se manejen otros términos detestables como la ‘parapolítica’ o la ‘farcpolítica’ porque en mayor o menor medida, hace referencia hace referencia a la conjunción de dos fenómenos sociales, como son el paramilitarismo y la política, por un lado, y las FARC (por utilizar el nombre del grupo más representativo) y la política, por otro.

Sin embargo, y a pesar de que algunos quieran hacer ver a Yidis Medina como un fenómeno (NOTA: Aclaro a los lectores argentinos, que la acepción de fenómeno que utilizo no es la que se suele utilizar en Argentina, sino la que corresponde a una manifestación perceptible por la conciencia de una o varias personas) social, ella es simplemente una persona que ha generado un escándalo de corrupción específico respecto de un tema concreto como fue la votación del acto legislativo que permitió la reelección presidencial inmediata. Sería tan absurdo como inventar términos como el iushegelismo, para referirme a las posturas de Hegel en materia jurídica.

Toleraría incluso que se hablara del ‘Yidismo político’, para referirse a la corrupción, pero la construcción del vocablo ‘yidispolítica’ es como mezclar una silla y el amor, o el hambre con el debido proceso. Confieso que no he logrado entender este engendro, y me encantaría conocer quién se lo inventó para iniciar una acción de tutela por la violación a la dignidad de la raza humana, y de pronto una denuncia ante la Corte Penal Internacional para que investiguen una injuria contra la humanidad. Lástima que en este último caso, la conducta no esté descrita en el Estatuto de Roma, aunque pareciera ser que la acción de tutela sí podría ser procedente. Quién sabe, de pronto incluso la presento al tiempo con la que tengo pendiente presentar al Consejo Superior de la Judicatura por la elección de los Magistrados de la Corte Constitucional, como lo propuse en un ingreso anterior. Esperaré, en el interregno, una luz salvadora que me pueda explicar lo que quiere decir este esperpento lingüístico.

Teniendo en cuenta lo prolongado de este Top 10, por ahora interrumpiré el conteo, el cual reanudaré en mi próximo ingreso.
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