NOTA PRELIMINAR: Esta es la tercera entrada de la serie acerca los distintos presidentes que he tenido la oportunidad de racionalizar, o mejor, digerir. Se sugiere al lector revisar los dos primeros ingresos (sobre Gaviria y Samper) antes de revisar este. Lo anterior, dado que hay hechos tratados allí que se dan por conocidos en este ingreso, por razones de espacio.
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En 1998, el panorama de Colombia era muy distinto que el de cuatro años antes. Para 1994, existía un optimismo institucional que fue dinamitado debido a que Samper hipotecó su alma a quien fuese con tal de no caerse. En esos ocho años el "malo del paseo" cambió varias veces. Sin embargo, para entender esto, conviene irse unos años atrás.
Colombia desde que existe, ha sido especialista en ser violenta. En los 80s, las guerrillas eran la principal fuente de violencia armada durante un importante lapso. Las FARC, ELN, el EPL y el M-19 todas tenían su participación. De ellas, el M-19 venía mostrando una mayor notoriedad, lo que la catapultó al primer puesto, a raíz de la toma del Palacio de Justicia en 1985. Entre 1985 y 1990, los principales adversarios eran ese grupo guerrillero, y el Cartel de Medellín, como parte del creciente fenómeno del ascenso de los carteles del narcotráfico. Desmovilizado el M-19 como grupo guerrillero, el principal fenómeno violento del país era el cartel de Medellín, con las caras visibles de Gonzalo Rodríguez Gacha (muerto en 1989) y Pablo Escobar Gaviria (muerto en 1993). Desde la muerte de Escobar, a Samper le tocó "perseguir" a los que lo ayudaron a llegar al poder, el Cartel de Cali, pero mientras tanto, la guerrilla de las FARC empezó a ganar terreno rápidamente y mutó de una guerrilla liberal, a una narcoguerrilla con control territorial.
En el gobierno de Samper inició una ofensiva guerrillera en donde las tomas guerrilleras a municipios, bases militares, empezó a volverse cada día más común y más agresivo. Si bien todas las guerrillas estaban mutando a ese nuevo "modelo de negocio", la más aventajada en ese ámbito era las FARC. Para 1998, venían realizando tomas guerrilleras que en palabras castizas, implicaba control militar territorial, masacres y secuestros. Era la prueba de que el Estado colombiano NO tenía el control territorial de todo el territorio nacional.
El "malo del paseo" que definió el gobierno de Pastrana, era las FARC. La carrera presidencial de 1998 estaba casi que totalmente definida por ese ítem. Para ese entonces, Álvaro Gómez hurtado había sido asesinado, y la contienda presidencial se definía entre Andrés Pastrana Arango, quien repetía candidatura luego de su derrota en 1994, y Horacio Serpa Uribe, el formidable escudero de Ernesto Samper Pizano. Si bien la pelea fue bien dura, gran parte del país votó por Pastrana, en una modalidad de decisión electoral que para ese momento era nueva en el país, pero que en la actualidad es tal vez la principal motivación electoral: no se trataba de votar a favor de Pastrana, sino de votar en contra de Serpa. Muchos de los que vivimos los cuatro nefastos años de Samper, no queríamos cuatro años más de lo mismo. Además, sobre Serpa, quien siempre fue un tipo muy inteligente y capaz, pesaría algo que no lo abandonaría hasta su muerte: la acusación de haber participado en el magnicidio de Álvaro Gómez Hurtado.
Lo cierto es que Pastrana se la jugó por intentar lograr desmovilizar a las FARC y diseñó un proceso de paz que involucraba la creación de un espacio territorial exento de fuerzas armadas del Estado colombiano. Esto se puede leer de distintas maneras: una muestra de buena fe del Estado de una intención real de paz; el reconocimiento velado de que el Estado no tenía control territorial pleno; una capitulación a las FARC ante un estado de cosas en donde estaban ganando demasiado terreno; un intento por mantenerlos contenidos mientras se reorganizaban las fuerzas estatales; etc. Más allá de intentar reescribir la Historia, lo que interesa aquí es contar lo que verdaderamente pasó.
La denominada "zona de distensión" no fue una zona de distensión. Fue una zona de inviolabilidad, similarmente a como funcionan las embajadas. Era territorio colombiano formalmente, pero allá no entraba nadie, y la verdadera autoridad era las FARC. Las FARC nunca se tomó en serio el proceso de paz con Pastrana, y lo mostró desde el día 1. El 7 de enero de 1999, en la inauguración de las mesas de diálogo, estuvo presente el Presidente Pastrana, y no estuvo presente el Comandante de las FARC, Pedro Antonio Marín, conocido formalmente como alias "Manuel Marulanda", quien también conocido informalmente por el alias de "Tirofijo". A ese episodio se le conoce en la cultura popular colombiana como el episodio de "La Silla Vacía".
Imagen tomada de: www.elespectador.comSi se mira a partir de algunas de las carteras que conforman el Gobierno de Pastrana, su mandato no fue malo. Aún hoy, muchas de las leyes más importantes que se han expedido, se expidieron en su Gobierno. El Plan Colombia, a nivel de relaciones internacionales y financiación de un aparato militar medianamente serio, son aciertos innegables. Sin embargo, es imposible calificar el Gobierno de Andrés Pastrana como un buen gobierno porque fracasó en aquello por lo que se la jugó en su campaña, el proceso de paz con las FARC. Más aún, ese fracaso estrepitoso, generó un problema igualmente delicado, como lo fue el auge de las formalmente llamadas autodefensas, que el pueblo colombiano conoce mejor con el nombre de paramilitares.
Pretender entender el fenómeno de los paramilitares sin entender ese contexto de orden público en ese momento específico, es imposible. El proceso de paz, por definición, implicaba respetar las reglas de la zona de distensión. Para ese momento, las FARC utilizaron el secuestro extorsivo como mecanismo 1A de financiación. Salir por una carretera exponía a cualquier persona a ser secuestrado, en lo que se llamó eufemísticamente como las "pescas milagrosas". Las unidades militares estaban siendo atacadas con pipetas de gas modificadas con metralla para servir como granadas de mortero gigantes.
Lo conozco perfectamente bien porque en ese momento yo personalmente me salvé de dos ataques de esos. Dado que iba a ser trasladado al Batallón Colombia No. 3 en Egipto, usualmente el relevo de soldado se concentraba en el Batallón de Artillería de Usme. Por temas del destino, nuestro relevo se concentró en el Batallón de Ingenieros Militares de Puente Aranda y por esa razón me salvé de un ataque que se llevó a cabo en el batallón de artillería mencionado. Además, ya habiendo salido de la Escuela Militar de Cadetes, que era donde quedaba el Batallón de Servicios No. 19, que era en el que presté la mitad de mi servicio militar, fue igualmente blanco de un ataque por parte de las FARC. No me salvé de uno, sino de dos ataques de esos.
Mi historia no es relevante porque "pobrecito yo", o "soy un milagro viviente", sino porque demuestra que las FARC no se estaban defendiendo del Estado, sino que era el Estado el que se estaba intentando defender de las FARC en una época en el que había instrucciones de frenar ofensivas en virtud del proceso de paz. Para muchos de los miembros de las fuerzas regulares del Estado, existía evidente desmotivación ante la instrucción de "no hacer nada" mientras que las FARC secuestraba, enviaba pipetas de gas, mataba y le "mamaba gallo" al proceso de paz. Eso potenció que muchos de los oficiales y suboficiales de las fuerzas militares apoyaran a grupos de personas que se organizaron para hacerle frente a las FARC (las autodefensas).
La lógica detrás de esos enfrentamientos era de desincentivos: Si usted me quita un dedo, yo le quito una mano. Si usted mata a una persona, yo le mato a toda su familia, así sucesivamente.
El fracaso del gobierno de Pastrana fue doble: lejos de acabar con las FARC, estas se potenciaron "mamándole gallo" al proceso de paz, y eso generó que el fenómeno del paramilitarismo surgiera y se potenciara rápidamente, pues contaba con la bendición oculta de muchas personas, incluyendo militares, políticos, empresarios y "ciudadanos de a pie" que venían siendo víctimas de las FARC.
Por ello, tal vez el clímax de todo este desastre se pudo evidenciar en la masacre de Bojaya, el 2 de mayo de 2002 (unos meses antes de que Pastrana dejara el poder). Se trató de un enfrentamiento entre la guerrilla de las FARC -que nacieron como defensores de los campesinos frente a la violencia del Estado- y los paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia -que nacieron como defensores de los ciudadanos frente a las narcoguerrillas-. En ese episodio, ambas parte llegaron al punto de sevicia tal de bombardear una capilla repleta de personas que intentaban huir del combate y del horror. Prefirieron matar a la población con tal de demostrarle a su oponente "quién era más berraco".
Cabe resaltar que en medio de todo esta violencia, el gobierno de Pastrana es recordado por muchos como aquél en el que mataron al reconocido humorista Jaime Garzón.
Al Gobierno de Pastrana, igual que a cualquier otro gobierno, lo podríamos medir por indicadores: el crecimiento del PIB, el precio del dólar, el déficit fiscal, entre otros. Podríamos hablar de vías construidas o de quién era tal o cual ministro. Sin embargo, cada gobierno debe ser analizado en su contexto específico, y a partir de sus objetivos específicos. Pastrana duró algo más de tres años (desde enero de 1999 hasta febrero de 2002) apostándole a un proceso que nunca tuvo vocación de éxito. Su terquedad y/o ingenuidad tuvo costos que van mucho más allá de lo político y que definieron en gran medida lo que ha sido la política colombiana de todo el siglo XXI. Por ello, su gobierno no podrá nunca ser recordado como uno bueno.





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