martes, 30 de septiembre de 2008

La Justicia divina y la Justicia humana

En un ingreso anterior, titulado “Merecimientos y justicia en los galardones”, dedicado a criticar los criterios de justicia con los cuales se otorgan premios en el mundo entero, haciendo específica referencia a Miss Universo y a la nominación de Ingrid Betancourt para el Nobel de paz, recibí varios valiosos comentarios de lectores. Particularmente, me gustaría destacar el de un lector que se autodenomina Pseudo, quien cuestiona mi punto de partida acerca de las diferentes clases de justicia que pueden existir.

Mediante el relato de un ejemplo personal (o por lo menos así parece), nos muestra de qué manera ha asumido que la justicia es una categoría que está reservada a Dios. El único ser justo es Dios, dice el autor del comentario. El hombre puede intentar ser equitativo, pero nunca justo, porque la justicia es para el hombre pero no del hombre. En consecuencia, la justicia siempre se nos quedará corta, dice Pseudo.

En su momento, me valí de una clasificación de justicia absolutamente arbitraria, poco académica, pero ejemplarizante. Me referí a la justicia jurídica, y a la justicia no jurídica. El punto que se quiso ejemplificar con esto, es que la justicia, entendida como realización humana y social, se fundamenta en una serie de parámetros. Algunos podrían hablar de principios orientadores de la justicia, pero francamente, esto es debatible. En una cuestión sí estoy de acuerdo con el comentario de Pseudo, la justicia nos ha quedado grande. De hecho, es esa la motivación principal para abrir este modesto espacio en la red, para disertar sobre el tema.

Más allá de pretender dar cátedra acerca de las teorías sobre justicia, elaboradas por filósofos, sociólogos y abogados, me interesa más hablar acerca de la justicia divina, la justicia poética y la justicia natural. Estos conceptos que son utilizados de manera habitual por las personas ávidas de ella. Normalmente, quien vive bien, sin preocupaciones, poco se refiere a la justicia. Por qué, entonces, referirse a la justicia divina, o poética, o natural, o a la justicia jurídica? Razones hay muchas. En primer lugar, el concepto de justicia es de los pocos que puede ser utilizado indistintamente tanto para intentar preservar un status quo, como para intentar cambiarlo. Por ejemplo, es justo acatar las sentencias judiciales, pero es injusto cuando un juez falla incorrectamente, ya sea por torpeza, por dolo o por ignorancia. En ese sentido, entonces, el concepto de justicia que sirve de consuelo, no es la justicia contenida en la ley. Ese está muy claro. El que nos sirve de consuelo es que algún día, ya sea por intervención divina o por alineación de los astros, o por simple equilibrio de fuerzas, el mal que nos fue inferido, será castigado y a nosotros nos será resarcido.

He aquí donde conviene tocar “la verdadera justicia”, en términos de nuestro lector, es decir la de Dios. Para aquellos que no creen en la existencia de Dios, o que creen en la existencia diferente al Dios de los cristianos católicos, pueden acomodar estos comentarios, para ajustarlos al ser, fuerza o ente que consideran que gobierne el universo. Sé que no es asimilable, pero espero entiendan que por razones de espacio no puedo referirme a cada caso específico.

El único ser justo, es Dios, menciona mi crítico. Los seres humanos hacemos intentos permanentes por ser equitativos, pero nunca podremos llegar a ser justos. Intentemos desarrollar esto con argumentos lógicos. Para ello, hay que partir de una serie de premisas y conclusiones.

Argumento 1:
Premisa 1: Si hacemos referencia a Dios, hacemos referencia al creador de todo. Premisa 2: Existen opuestos permanentes que se interrelacionan constantemente, como el día y de la noche, el calor y el frío, lo dulce y lo amargo. Conclusión: Dios ha creado opuestos permanentes que se interrelacionan constantemente, como el día y la noche, el calor y el frío, lo dulce y lo amargo.

Argumento 2:
Premisa 1: Dios ha creado al hombre bajo el principio de que obrará según su libre albedrío. Premisa 2: El hombre puede libremente obrar o dejar de hacerlo. Conclusión: Dios ha creado al hombre de forma que libremente pueda obrar o dejar de hacerlo.

Argumento 3:
Premisa 1: Dios es eterno. Premisa 2: Dios es justo. Conclusión: La justicia de Dios es eterna.

Argumento 4:
Premisa 1: Dios ha dotado al hombre de alma. Premisa 2: La conciencia es una manifestación del alma humana. Conclusión: Dios ha dotado al hombre de conciencia.

Argumento 5:
Premisa 1: La conciencia le permite al hombre discernir lo bueno de lo malo. Premisa 2: La bueno es justo y lo malo es injusto. Conclusión: La conciencia le permite al hombre discernir entre lo justo y lo injusto.

Argumento 6:
Premisa 1: La justicia humana parte de la realidad humana. Premisa 2: La realidad humana no es absoluta sino relativa. Conclusión: La justicia humana es relativa.

Argumento 7:
Premisa 1: Dios permite que ocurran cosas buenas y malas, al igual que castiga y premia. Premisa 2: Dios no posee conciencia, porque esta última es de su propia creación. Conclusión: Dios castiga y premia, y permite que pasen cosas buenas y malas conforme a parámetros diferentes a la conciencia.

Argumento 8:
Premisa 1: El hombre no ha podido entender a Dios. Premisa 2: El hombre no comprende lo que no entiende. Conclusión: El hombre no puede comprender a Dios.


A pesar de que podría extenderme mucho más en argumentos como los anteriores para ahondar más en puntos específicos, conviene sintetizar las 6 conclusiones atrás obtenidas, para efectos de llegar a otras conclusiones un poco más profundas que nos permitan abordar el tema.

Argumento A:

Premisa 1: Dios ha creado opuestos permanentes que se interrelacionan constantemente, como el día y la noche, el calor y el frío, lo dulce y lo amargo. Premisa 2: La justicia de Dios es eterna. Conclusión: La existencia de opuestos permanentes y en equilibrio es eterna y justa.

Argumento B:

Premisa 1: Dios ha creado al hombre de forma que libremente pueda obrar o dejar de hacerlo. Premisa 2: La conciencia le permite al hombre discernir entre lo justo y lo injusto. Conclusión: Dios ha creado al hombre de manera tal que pueda obrar o no hacerlo, discerniendo si su conducta es justa o no.

Argumento C:

Premisa 1: Dios ha dotado al hombre de conciencia. Premisa 2: Dios castiga y premia, y permite que pasen cosas buenas y malas conforme a parámetros diferentes a la conciencia. Conclusión: La justicia divina se rige por parámetros diferentes a la humana.

Argumento D:

Premisa 1: La justicia humana es relativa. Premisa 2: El hombre no puede comprender a Dios Conclusión: El hombre no puede comprender la justicia de Dios.

Podemos incluso, intentar hacer un ejercicio conceptual, fundado en las conclusiones extraídas aquí, para obtener unas conclusiones de tercer nivel:

Argumento I:

Premisa 1: La existencia de opuestos permanentes y en equilibrio es eterna y justa. Premisa 2: El hombre no puede comprender la justicia de Dios. Conclusión: El hombre no puede comprender los opuestos permanentes creados por Dios de manera justa.

Argumento II:

Premisa 1: Dios ha creado al hombre de manera tal que pueda obrar o no hacerlo, discerniendo si su conducta es justa o no. Premisa 2: La justicia divina se rige por parámetros diferentes a la humana. Conclusión: La justicia humana puede o no, coincidir en algunos aspectos con la justicia divina.

Argumento Final:

Premisa 1: La justicia humana puede o no, coincidir en algunos aspectos con la justicia divina. Premisa 2: El hombre no puede comprender los opuestos permanentes creados por Dios de manera justa. Conclusión: La concepción de justicia humana puede o no coincidir con la justicia divina, que implica la armonización de opuestos permanentes, pero que nunca podrá ser comprendida por el hombre.

Retomando, entonces, antes de ingresar mis consideraciones finales, repasemos las conclusiones, en su orden:

- Dios ha creado opuestos permanentes que se interrelacionan constantemente, como el día y la noche, el calor y el frío, lo dulce y lo amargo.
- Dios ha creado al hombre de forma que libremente pueda obrar o dejar de hacerlo.
- La justicia de Dios es eterna.
- Dios ha dotado al hombre de conciencia.
- La conciencia le permite al hombre discernir entre lo justo y lo injusto.
- La justicia humana es relativa.
- Dios castiga y premia, y permite que pasen cosas buenas y malas conforme a parámetros diferentes a la conciencia.
- El hombre no puede comprender a Dios.
- La existencia de opuestos permanentes y en equilibrio es eterna y justa.
- Dios ha creado al hombre de manera tal que pueda obrar o no hacerlo, discerniendo si su conducta es justa o no.
- La justicia divina se rige por parámetros diferentes a la humana.
- El hombre no puede comprender la justicia de Dios.
- El hombre no puede comprender los opuestos permanentes creados por Dios de manera justa.
- La justicia humana puede o no, coincidir en algunos aspectos con la justicia divina.
- La concepción de justicia humana puede o no coincidir con la justicia divina, que implica la armonización de opuestos permanentes, pero que nunca podrá ser comprendida por el hombre.

El anterior ejercicio, que no pretende ser concluyente, pero sí plantear someramente la posición de esta Gaviota, permite entonces concluir que el hecho de que la justicia, en última instancia, esté reservada a Dios, no implica que no pueda existir justicia humana. Todo ello, sobre todo, si se acepta que el hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios, que puede conocer algo de su mensaje y que esta situación masificada permite establecer un concepto generalizado de lo bueno y lo malo, que va decantándose a lo que finalmente hemos de llamar justicia.

Siendo un poco más técnico y menos visceral, me gustaría aclarar que, al menos desde el punto de vista jurídico, justicia y equidad son dos conceptos diferentes. Precisamente la equidad implica una flexibilización de la justicia, de forma tal que quien se encuentra en un estado de inferioridad puede ser auxiliado por ésta (la equidad) para procurar que prevalezca un interés superior que se considera justo. Ejemplo de ello es lo que ocurre en materia de subsidios en materia de seguridad social. Es justo que todos los ciudadanos contribuyan a la manutención del sistema, pero conforme a criterios de solidaridad equidad, incluso aquellos que no se encuentran en posibilidad de cotizar, obtienen una serie de beneficios en materia de seguridad social. Esto, vuelvo y repito, al menos desde el punto de vista de la justicia jurídica.

Es mi percepción, que la justicia no está reservada a Dios, precisamente porque Dios no quiso acapararla, sino permitírnosla conocer, mediante nuestras conciencias, y mediante los mensajes de profetas, santos y por supuesto, de su hijo. El papel de cada individuo en la construcción de la justicia es crucial, pues si bien es cierto que Dios todo lo puede, es cierto igualmente que nos ha dado la bella facultad de hacer de nuestras vidas lo mejor que podamos hacer de ella, contando con su auxilio, pero sin que él nos reemplace en nuestras funciones, deberes y derechos. Es decir, cada uno construye su vida al igual que cada uno decanta su personalidad con el paso del tiempo. Nuestra vida no llega hecha, la construimos. La misma lógica es aplicable a la justicia humana, se construye día a día.

6 comentarios:

Carlos Javier dijo...

Sólo una pequeña anotación:

Aristóteles en su Ética a Nicómaco hace referencia a dos tipos de justicia: una justicia natural y una justicia distributiva.

La justicia natural de Aristóteles es en sí misma la equidad: todos somos iguales y por lo tanto todos tenemos derecho a las mismas cosas en igual cantidad y calidad.

La segunda por su parte, hija de la ley, única fuente legítima de desigualdades según Aristóteles, es aquella que se resume en la tan repetida frase de: "A cada quien según le corresponda"; y ese corresponda, como lo escribí apenas unas líneas atrás, está determinado por la ley.

Este concepto dual de justicia ha sido retomado por los sociólogos de nuestro tiempo quienes lo exponen como si hubieran descubiero el agua tibia, basta leer a Dworkin para darse cuenta de ello.

En este sentido, y para resumir lo que quiero decir, es como si la equidad y la justicia (llamémosla jurídica) fueran las dos caras de una misma moneda.

fbarbosa dijo...

Interesante reflexión. Creo que el debate debe plantearse en cuanto a que nociones de justicia deben problematizarse desde las prácticas sociales de la misma- idea de Foucault en "La verdad y las formas jurídicas". En ese orden de ideas, podemos observar como el hombre ha considerado lo justo o lo injusto desde diferentes variables. Esa estructura dinámica nos permite acercarnos a su sentido de acuerdo a un tiempo o un lugar de producción como diría Certeau. Conceptualizar- que de por si es estático y reductor- no nos permite avanzar en el entendimiento de la práctica de justicia que tanto nos preocupa.

Saludos,

Francisco

Gaviota dijo...

Carlos Javier,

Gracias por la precisión. En este ingreso no quise referirme a ninguna concepción específica de justicia, sea la distributiva o conmutativa de aristóteles, o la que plantea San Agustín, ni la de Rawls, porque desviaría el sentido de las palabras.

De todas formas, esa conclusión es defendible aunque no comparto plenamente la conclusión acerca de equidad y justicia. Más adelante, creo yo trataré el tema con más detenimiento, para que sigamos debatiendo.

Saludos, y gracias por los comentarios.

Gaviota dijo...

Francisco,

Precisamente a lo que quería llegar era a la variabilidad de la justicia humana, pero sin que por ello se le pueda excluir como concepto de justicia, como lo defendiera inicialmente el lector referenciado.

Estoy de acuerdo en que la conceptualización, al menos en este punto, es el final del camino, y no el principio.

Más adelante buscaré discusiones tangenciales como esta, para intentar ir construyendo, con ayuda de ustedes, una idea de justicia que podamos utilizar aquí como referente de nuestras discusiones virtuales.

Gracias por el comentario.

Carlos Javier dijo...

Corrección: aunque bueno, ya vi que te me adelantaste, me equivoqué de nombre: quise referirme justamente a John Rawls, no a Ronald Dworkin.

Saludos.

Y si... lo seguiremos charlando, esa es la idea.

Gaviota dijo...

Perfecto. Entiendo un poco más el comentario con esta aclaración. Muchos saludos.