En el primer artículo de la Carta de las Naciones Unidas, se establecen los objetivos de las Naciones Unidas. El primero de ellos textualmente reza:
Mantener la paz y la seguridad internacionales, y con tal fin: tomar medidas colectivas eficaces para prevenir y eliminar amenazas a la paz, y para suprimir actos de agresión u otros quebrantamientos de la paz; y lograr por medios pacíficos, y de conformidad con los principios de la justicia y del derecho internacional, el ajuste o arreglo de controversias o situaciones internacionales susceptibles de conducir a quebrantamientos de la paz;
No les voy a pedir que vayan mucho más allá de 2025, y miremos si esto se ha cumplido. Miremos Ucrania, Israel, Irán, Venezuela, y preguntémonos si se mantuvo la paz, si se tomaron medidas eficaces para prevenir y eliminar amenazas a la paz. Salvo mejor opinión experta, parecería obvio que la respuesta es "NO".
A su vez, en el primer artículo del Estatuto de Roma por medio del cual se crea la Corte Penal Internacional, se lee lo siguiente:
Se instituye por el presente una Corte Penal Internacional (“la Corte”). La Corte será una institución permanente, estará facultada para ejercer su jurisdicción sobre personas respecto de los crímenes más graves de trascendencia internacional de conformidad con el presente Estatuto y tendrá carácter complementario de las jurisdicciones penales nacionales. La competencia y el funcionamiento de la Corte se regirán por las disposiciones del presente Estatuto.
Miremos el caso de Palestina, y preguntémonos si efectivamente esa Corte Penal ha tomado algún tipo de medida para prevenir el genocidio que se está presentando en la Franja de Gaza, o en su defecto para sancionar a sus responsables. Preguntémonos qué medidas ha tomado igualmente para evitar que los delirantes "Presidentes" que encabezan dos de las potencias mundiales decidan que está muy bien andar invadiendo países por sus propias motivaciones personales. Nada ha ocurrido, y les anticipo, nada ocurrirá por ese frente.
Hace algunos días, cuando reinicié escribiendo en este blog, presenté el discurso del Primer Ministro de Canadá, Mark Carney, en el Foro Económico Mundial. Hoy, al escribir este ingreso, lo he vuelto a ver, y observo que gran parte de lo que aquí digo se alinea con lo que dice Carney en ese discurso. El orden mundial al que él se refiere parte de reconocer las mentiras que nos hemos venido diciendo a lo largo del tiempo. En mi caso, la mentira a la que me refiero es a la noción de derecho internacional como se concibió y a partir de la cual se han desarrollado tanto la Carta de las Naciones Unidas, como el Estatuto de Roma. Porque parece haberse dicho ayer, lo vuelvo a compratir en este ingreso:
Video obtenido de: https://www.youtube.com/@eldiarioes
No soy anarquista. Por el contrario, tal vez los principios orientadores que más tienen significado para mí son los de orden y seguridad jurídica. Sin embargo, el hecho de no ser anarquista no quiere decir que deba persistir en seguir reconociendo la mentira que se vende del derecho internacional actual. La convención de Viena sobre el derecho de los tratados, y la convención sobre asuntos consulares están construídas sobre la base de la vigencia y eficacia de la Carta de las Naciones Unidas. El derecho internacional público se ha construido sobre cimientos inexistentes. Se trata ya no de una casa en el aire (por acuñar el término de la canción de Rafael Escalona) sino de un Condominio en el Aire. No existen bases sólidas reales para sostener ese condominio.
En la práctica, la situación actual no dista mucho de la manera como se manejaban las relaciones exteriores en la antigüedad. En ese momento, los más fuertes solían imponer sus condiciones sobre los más débiles, salvo que muchos de los débiles se unieran para hacer frente al más débil. La diferencia más palpable entre ese sistema y el actual, es que el mayor miedo de los pueblos en esa época es que la el conquistador decidiese erradicar de la faz de la tierra al perdedor. Ahora, el mayor temor es que el conquistador decida acaban con la Tierra con tal de ganar, o en su defecto, de no perder. Misma lógica, mismas reglas, con tecnología armamentística capaz de acabar con la raza humana, y otras tantas especies como "daño colateral".
Más allá del argumento de fuerza, que es el que he querido exponer aquí, en la última entrada de esta serie mostraré igualmente que los verdaderos sujetos de derecho internacional ya no son los Estados, sino las corporaciones.





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