martes, 23 de septiembre de 2008

Excurso sobre los colombianismos políticos – Pt. 1

Tras haber tratado en días pasados algunos de los temas que he considerado de mayor importancia, relacionados con el objeto de análisis de este espacio, me he tomado el atrevimiento hoy de generar mi propio espacio de defensor al lector, en los que procuraré manifestar mi inconformismo con algunos de los términos a los que nos vemos enfrentados todos los días los colombianos, y que personalmente me están generando alergia crónica. Teniendo en cuenta que el paro judicial continúa, que las universidades no cambiarán en algún tiempo, que nuestros honorables están muy ocupados investigando y siendo investigados, y que nuestra prensa sigue siendo igual de desastrosa, o tal vez un poco peor, porque escriben más y dicen menos, he considerado oportuno tomar prestada la idea del presentador norteamericano David Letterman, para generar mi propio Top 10. El día de hoy, la categoría a exponer es la de: Términos de RE-flujo.

En el número 10, tenemos la palabra ‘Notables’: A ciencia cierta, no sé si los medios de comunicación se equivocan al momento de referirse a este término porque nuestras comisiones de notables que siempre saben de todo, y deben opinar sobre todo, llámese empleo, educación, seguridad, reformas políticas, procesos de paz, normalmente se encuentran en una posición donde poco hablan. Parece que siempre que se refieren a la creación de comisiones de notables, en realidad se crearan comisiones de ‘no hables’. Sin embargo, más allá de esa inquietud de corte fonético, surge una inquietud igual de trivial, pero un poco más académica. El tema, básicamente tiene que ver con la interpretación semántica de la palabra. Al parecer, lo que realmente quisieran constituir nuestros gobiernos de turno, no son comisiones de ‘notables’, sino de ‘notorios’. La diferencia existe. La RAE (Real Academia Española) se refiere, en una acepción de ‘notable’ como las personas principales en una colectividad y por ‘notorios’ a los importantes o famosos.

Me disculparán algunos de los fans de la última comisión de notables, pero cuando observo a Eduardo Montealegre, a Humberto De la Calle y a Viviane (o Vivian, Viviam, Vivianne, pues siempre lo escriben distinto) Morales, me parecen más ‘notorios’ que ‘notables’. Por no extenderme demasiado, me gustaría que alguien me explique si aspirar a ser Procurador General de la Nación, antes a Fiscal General de la Nación, haber integrado el equipo que iba a denunciar a Chávez ante la CPI, haber sido el asesor de Colombia en la crisis con Nicaragua, haber sido asesor de Colombia en el caso del proceso contra los miembros de Fighters & Lovers, es sinónimo de notabilidad. Lo único que le ha faltado a nuestro ex Magistrado, es sacar su propia línea de perfumes, pues por lo demás, está hasta en los crucigramas. Por lo demás, los ‘notables’, sin duda son personas preparadas, pero de allí a ser realmente notables, hay diferencias. Para ello, basta que acudan a nuestras universidades y encontrarán por lo menos otras 100 personas con igual o más títulos, con igual o mayor trayectoria, y de pronto con igual notoriedad. En conclusión, el término genera aversión, porque además de ser excluyente, no dice realmente mucho, como tampoco dicen mucho los miembros de la comisión de ‘no hables’.

Nuestro número 9 hace referencia al término ‘Patria’, que tanto le gusta al Gobierno. La connotación de este término, parte del concepto de pertenencia de un individuo, o de un grupo de individuos, con un contenedor, que en principio hacía referencia al territorio de un Estado. Para ahondar un poco respecto de este tema, recomiendo revisar el ingreso que aparece en “Espacio Agón” que trata de la crisis del concepto de ‘patria’. Sin embargo, retomando un poco nuestro medio, nos referimos a lo desgastado que está este concepto. Habitualmente nos referimos a la ‘traición a la patria’ como si eso fuera equivalente a la ‘traición al gobierno’. Hablamos del ‘combinado patrio’ cuando nos referimos a la selección de fútbol de Colombia’, y en Estados Unidos se suele utilizar el término de ‘patriota’ para quien está dispuesto a alzarse en armas por defender al país, o yendo un poco más allá, para quien se encuentra enlistado en la fuerzas militares de ese país. Hoy en día, en el país, parece ser que el Presidente Uribe es el monopolizador de la Patria. Con el Presidente Pastrana, paisano y compatriota era lo mismo, y con Uribe, compatriota es equivalente a partidario de la seguridad democrática.

Por mi parte, me resulta nauseabundo escuchar el término con la misma insistencia con la que denominamos ‘Doctor’ a todo el que viene bien vestido y con carro propio. Pareciera ser que el término ‘patria’ genera un sentimiento más noble que el de ‘país’, ‘nación’ ‘Estado’, que aunque son términos diferentes, los utilizan indistintamente. Ruego por el día en que erradiquemos la palabra, hasta que no sepamos realmente a qué nos referimos.

Como término merecedor de nuestro puesto número 8, hacemos referencia al famoso ‘Choque de trenes’. Esta metáfora tan colorida, le encanta a nuestros medios, que les encanta llamar las cosas, no por su nombre, sino con títulos llamativos. Ahora, cada vez que algún alto funcionario disiente de otro, tenemos ‘choque de trenes’, lo que permitiría suponer que incluiría víctimas fatales. Hoy en día, nos sorprendemos con la polarización que vive el país, porque a todos van para la izquierda, o todos para la derecha. Los neutrales son fustigados por indecisos, así que les va mal, por bando y bando.

Mientras que una y otra parte emiten opiniones, jurídicas, políticas o económicas, la prensa obtiene entrevistas exclusivas con cada uno de ellos –si se puede, el mismo día– para conocer las impresiones del nuevo ‘choque de trenes’. Básicamente, el objeto de las entrevistas es que los disidentes se conviertan en contrincantes, y si son contrincantes, que se conviertan en enemigos. Claro, en Colombia, como en gran parte del mundo, nos encantan las peleas. Peleas de perros, de gallos, de boxeo, de barras bravas, de políticos, de jueces, de lo que sea (siempre y cuando sea buena) serán platillo gourmet para los consumidores de información (o desinformación, ambas sirven). De paso, podemos así darle de qué hablar a los expertos analistas –de lo que sea que se consideren expertos– a los columnistas, y a los bloggers. Lastimosamente para los medios, sensacionalistas por esencia, no cuentan siempre con cámaras de seguridad en todo el globo, para poder transmitir los choques de trenes de la misma forma en que nos enseñan el momento en que explora el carro-bomba, o cómo se estrelló el avión al intentar despegar. Mientras tanto, todos nosotros miramos espantados las imágenes una y otra vez, así como vimos la caída de las torres gemelas en plano panorámico, primer plano, primerísimo plano, y desde todo ángulo posible. De allí que sea para mí absolutamente repelente el apelativo de ‘choque de trenes’ al que nos hemos acostumbrado los colombianos, y que algunos utilizan con excesiva frecuencia.

El lugar número 7 de nuestro conteo corresponde al bastante popular ‘mesías’. No solo se utiliza este término de manera opuesta a su significado real, en tono burlón y despectivo, sino que además de ser calificativo es argumento. Me explico. Es usual encontrar escritos, y opiniones verbales de personas que manifiestan: “Es que toca así porque lo mandó su ‘mesías’.” Incluso hay algunos que se atreven a plasmar este término con una M mayúscula y resaltada, irrespetando las creencias religiosas de un amplio sector de la religión cristiana (en términos generales) y judía. Si bien es cierto que mucho se ha hablado sobre movimientos mesiánicos en diversos campos, el uso que hoy en día se le da no corresponde al de líder, salvador, redentor, sino al de tirano, dictador, déspota. “Hay que ver con que sale ahora el ‘mesías’.” Es tan absurda su utilización, que realmente no hay mucho más que decir al respecto.

Por último –por hoy– revisemos otro vocablo ideado por nuestros ingeniosos medios de comunicación. En nuestro conteo, el número 6 corresponde a la ‘Yidispolítica’. Me hubiera encantado, que antes de escribir estas palabras, algún ser en el mundo me pudiese explicar eso qué quiere decir. Es posible entender que se manejen otros términos detestables como la ‘parapolítica’ o la ‘farcpolítica’ porque en mayor o menor medida, hace referencia hace referencia a la conjunción de dos fenómenos sociales, como son el paramilitarismo y la política, por un lado, y las FARC (por utilizar el nombre del grupo más representativo) y la política, por otro.

Sin embargo, y a pesar de que algunos quieran hacer ver a Yidis Medina como un fenómeno (NOTA: Aclaro a los lectores argentinos, que la acepción de fenómeno que utilizo no es la que se suele utilizar en Argentina, sino la que corresponde a una manifestación perceptible por la conciencia de una o varias personas) social, ella es simplemente una persona que ha generado un escándalo de corrupción específico respecto de un tema concreto como fue la votación del acto legislativo que permitió la reelección presidencial inmediata. Sería tan absurdo como inventar términos como el iushegelismo, para referirme a las posturas de Hegel en materia jurídica.

Toleraría incluso que se hablara del ‘Yidismo político’, para referirse a la corrupción, pero la construcción del vocablo ‘yidispolítica’ es como mezclar una silla y el amor, o el hambre con el debido proceso. Confieso que no he logrado entender este engendro, y me encantaría conocer quién se lo inventó para iniciar una acción de tutela por la violación a la dignidad de la raza humana, y de pronto una denuncia ante la Corte Penal Internacional para que investiguen una injuria contra la humanidad. Lástima que en este último caso, la conducta no esté descrita en el Estatuto de Roma, aunque pareciera ser que la acción de tutela sí podría ser procedente. Quién sabe, de pronto incluso la presento al tiempo con la que tengo pendiente presentar al Consejo Superior de la Judicatura por la elección de los Magistrados de la Corte Constitucional, como lo propuse en un ingreso anterior. Esperaré, en el interregno, una luz salvadora que me pueda explicar lo que quiere decir este esperpento lingüístico.

Teniendo en cuenta lo prolongado de este Top 10, por ahora interrumpiré el conteo, el cual reanudaré en mi próximo ingreso.

8 comentarios:

Harry Jekyll dijo...

Me pareció bueno tu blog, tal vez un aporte a la discusión esta en mi blog, te invito.
http://harryjekyll.blogspot.com

Gaviota dijo...

Muchas gracias por el comentario Harry Jekyll. Revisaré el blog y lo comentaré debidamente.

Muchos saludos.

Anónimo dijo...

En un 90% de acuerdo con el artículo, del cuál espero con ansias su continuación, en todo caso respecto a la palabra patria no estoy muy contento con la acepción que le das, ¿Seré Furibista y eso me ciega?, en todo caso es cierto que más de una vez ese término ha sido el caballito de batalla de tanto chauvinista suelto.

Albatross

Gaviota dijo...

Muchas gracias por el comentario, Albatross. En efecto, el término patria es caballito de batalla para todo y para todos. Pero particularmente en nuestra situación actual, la simple referencia a ese término genera un orgullo inmortal y el correspondiente lagrimeo. En la medida en que podamos realmente establecer a qué están haciendo referencia realmente, dejarían de desgastar su uso real.

Saludos, y nuevamente gracias por el comentario.

Anónimo dijo...

Tu excurso se parece al "Anaquel de Palabrejas (o Glosario Jurídico del Diablo) de mi anónimo* alter blogger.

Por cierto, y a propósito del nombre usado por la anterior comentarista -que maña esta la mia de siempre salirme del tema en tus comentarios-... ¿serás Gaviota o Albatros?

Aquí el poema de Baudelarie por el cual te hago la pregunta.

*Quiero presumir que sabes quien soy sin necesidad de quitarme el antifaz.

Gaviota dijo...

Apreciado Anónimo (tengo 3 indicios diferentes que me permiten saber la identidad, pero por ahora, dejémoslo en anónimo, siendo consecuente con mi postura al respecto),

Nuevamente gracias por el comentario. Revisé el "anaquel de palabrejas" y me pareció bastante interesante. Me encantaría poder tener una capacidad de síntesis similar.

En cuanto a lo de si soy Gaviota o Albatros, al no saber exáctamente a cuál de las partes del ingreso te refieres, me queda difícil dar una respuesta concreta. Me gustaría de pronto contar con una luz adicional para poder pronunciarme al respecto. Por el momento, debo decir que sigo siendo Gaviota y no Albatros, pero el desarrollo del tema queda pendiente.

Saludos.

Anónimo dijo...

Admito que eso que me pasa al hacer comentarios a tus entradas me suele pasar tooodo el tiempo; mi cabeza funciona como un hipertexto constante, cada cosa que veo, cada línea que leo, cada olor que percibo, me llevan a algo más, y eso a otro cosa, y así sucesivamente.

Del poema de Baudelaire me quedo con esto:

El (...) es semejante al príncipe del cielo
Que puede huir de las flechas y el rayo frecuentar;
Entre mofas y risas exiliado en el suelo,
Sus alas de gigante le impiden caminar.


Tal vez sea sólo eso Gaviota, que leerte me hace pensar que tus alas son demasiado grandes para esta cubierta tosca y cruel, del barco en que navegamos la vida el común los abogados.

Se que no estoy siendo del todo claro, que parezco un trompo de lo enrollado, pero bue... se que de alguna manera lograrás comprender lo que quiero decirte.

En la ya vieja ley 600, dos indicios graves eran suficientes para poder acusar. Gracias por mantener este tonto secreto.

Gaviota dijo...

Bueno "Anónimo", me queda un poco más claro todo el tema de la comparación de los dos "símbolos". Es importante contar con esa clase de hipervínculos constantes, que permiten demostrar que no se es plano desde el punto de vista de la reflexión interior y exterior.

Si bien es cierto que bajo la Ley 600 dos indicios bastaban, actualmente la Ley 906 elimina los indicios como medio de prueba, razón por la cual dejemos el tema como la existencia de algunas "inferencias indiciarias" que permitirán mantener a salvo el secreto.

Muchas gracias, nuevamente, por el interés, por la opinión reflexiva y por seguir atentamente el contenido de las palabras aquí consignadas. Sin duda seguiremos en contacto aquí o... allá.

Saludos.