Hoy toca salir a votar. Tengo claro cómo lo voy a hacer. He tenido la oportunidad de leer opiniones de gente formada y seria, así como de activistas ilustrados. He visto y leído de todo. En particular, me llama la atención las opiniones de los defensores del voto en blanco. Desde el punto de vista estrictamente racional, suena interesante la idea de no apoyar dos decisiones casi igual de malas. No ser cómplice de una pésima decisión suena bien.
Sin embargo, la situación es esa. Recordando una situación que afortunadamente en la actualidad se presenta cada vez menos, cuando el ginecoobsetra sale de la sala de cirugía y le decía al padre: "Señor, ha habido complicaciones y su esposa ha perdido mucha sangre. Necesito que decida si salvo al bebé o salvo a la mamá, porque no puedo salvar a los dos.", en ese caso, tal vez el padre querría decir: "voto en blanco". Sin embargo, la situación exige que tome una decisión.
Como ese caso, hay muchos otros casos en los que la vida exige que se adopte una postura. La neutralidad no es una opción real. Lo que ocurrió en 2022 y lo que está ocurriendo ahora son ejemplos claros de eso. Como dicen coloquialmente en el país, nos están poniendo a elegir entre el cáncer y el SIDA. ¿Cuál prefiere? Nuevamente, no puedo votar en blanco. Alguno de los dos será.
Más allá de que tengo claro cómo voy a votar, debo escribir estas notas para mi yo futuro, de forma tal que al releerlas en el futuro, pueda recordar lo que pensaba en este preciso momento.
Mi pensamiento más recurrente en estos días es el de vergüenza. No es vergüenza por los dos candidatos por los que habrá que votar mañana, sino vergüenza por los votantes. En la primera vuelta, un poco menos del 90% del país votó por este par de impresentables. No me incluyo. Yo voté, como me suele pasar, por una opción que resultó perdedora. ¿Era una buena opción Paloma? Tal vez no. Pero al lado de este par de impresentables, era sin duda una excelente opción.
Fiel a mi estilo, veamos a quienes pusimos en segunda vuelta:
Ej. 1: El compinche de los mafiosos Vs. el apoderado de los mafiosos.
Ej. 2. El comunista Vs. el fascista.
Ej. 3. El que no debate ni discute Vs. el que no debate ni discute.
Ej. 4. El denunciante como arma política Vs. el denunciante como forma de coacción.
Ej. 5. El que lo puede perdonar todo dependiendo del gusto polítivo Vs. el que quiere acabar a todo el que no piense como él.
Ej. 6: El que quiere que la CIDH le solucione todo porque no confía en las instituciones del país Vs el que quiere que EE.UU. le solucione todo porque está mentalmente sometido a ese país.
Ej. 7 El admirdor de Castro y Chávez Vs. el admirador de Trump, Milei y Bukele.
Vergonzoso, reitero. 9 de cada 10 colombianos votantes consideraron que esos dos individuos eran las mejores opciones para dirigir este país. Por eso, he dicho, digo y diré que la democracia solo funciona en lugares donde existe una formación cívica suficiente para no hacer tantas estupideces como las que habitualmente hace este pueblo.
En términos realistas, existen solo dos razones por las que me decanto por el empresario del ron, el apoderado del que tenga suficiente plata, el que viene de visita a Colombia cuando quiere.
Razón 1:
Todo servidor público cuando se posesiona en el cargo, debe realizar un juramento: "Juro a Dios y prometo al pueblo cumplir fielmente la Constitución y las leyes de Colombia." (Art. 192 de la Constitución Política).
Con De la Espriella, no tengo claridad qué piensa realmente hacer si llega a gobernar. Sí tengo claro, en cambio, que a Cepeda la Constitución le incomoda y que la quiere cambiar para volvernos lo más cercano posible a un Estado comunista. Eso es un riesgo que bajo ninguna circunstancia estoy dispuesto a cohonestar. El Estado de derecho y la democracia (por más que me parezca inaplicable en este país), no son negociables. Es el pacto político mínimo y básico que debe tener cualquier colombiano. Cepeda no quiere ese pacto.
Razón 2:
La Constitución de Colombia en su artículo 2o señala que "las autoridades de la República están instituidas para proteger a todas las personas residentes en Colombia, en su vida, honra, bienes, creencias y demás derechos y libertades, y para asegurar el cumplimiento de los deberes sociales del Estado y de los particulares.". Si algo sé de Cepeda, es que nunca ha tenido la intención de proteger a todo el mundo. Al igual que Petro, tienen resentimiento social. El resentimiento social que llevó a Venezuela y a Cuba a ser lo que son. Una cosa es velar por mejorar las condiciones de los menos favorecidos (con lo cual estoy más que de acuerdo) y otra es intentar joder a los que históricamente han estado mejor, sobre el discurso de apoyar a los que han estado peor.
Más allá de este razonamiento, me sigo quedando con el punto de inicio: a 9 de cada 10 colombianos les pareció hace un mes que esos dos eran las mejores opciones para liderar este país.
46 años después estoy absolutamente convencido de que nos merecemos ser lo que somos... y lo que seremos.




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