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domingo, 21 de junio de 2026

9 de cada 10

Hoy toca salir a votar.  Tengo claro cómo lo voy a hacer.  He tenido la oportunidad de leer opiniones de gente formada y seria, así como de activistas ilustrados.  He visto y leído de todo.  En particular, me llama la atención las opiniones de los defensores del voto en blanco.  Desde el punto de vista estrictamente racional, suena interesante la idea de no apoyar dos decisiones casi igual de malas.  No ser cómplice de una pésima decisión suena bien.

Sin embargo, la situación es esa.  Recordando una situación que afortunadamente en la actualidad se presenta cada vez menos, cuando el ginecoobsetra sale de la sala de cirugía y le decía al padre: "Señor, ha habido complicaciones y su esposa ha perdido mucha sangre.  Necesito que decida si salvo al bebé o salvo a la mamá, porque no puedo salvar a los dos.", en ese caso, tal vez el padre querría decir: "voto en blanco".  Sin embargo, la situación exige que tome una decisión.

Como ese caso, hay muchos otros casos en los que la vida exige que se adopte una postura. La neutralidad no es una opción real.  Lo que ocurrió en 2022 y lo que está ocurriendo ahora son ejemplos claros de eso.  Como dicen coloquialmente en el país, nos están poniendo a elegir entre el cáncer y el SIDA. ¿Cuál prefiere? Nuevamente, no puedo votar en blanco.  Alguno de los dos será.

Más allá de que tengo claro cómo voy a votar, debo escribir estas notas para mi yo futuro, de forma tal que al releerlas en el futuro, pueda recordar lo que pensaba en este preciso momento.

Mi pensamiento más recurrente en estos días es el de vergüenza.  No es vergüenza por los dos candidatos por los que habrá que votar mañana, sino vergüenza por los votantes.  En la primera vuelta, un poco menos del 90% del país votó por este par de impresentables.  No me incluyo.  Yo voté, como me suele pasar, por una opción que resultó perdedora.  ¿Era una buena opción Paloma?  Tal vez no.  Pero al lado de este par de impresentables, era sin duda una excelente opción.

Fiel a mi estilo, veamos a quienes pusimos en segunda vuelta:

Ej. 1: El compinche de los mafiosos Vs. el apoderado de los mafiosos.

Ej. 2. El comunista Vs. el fascista.

Ej. 3. El que no debate ni discute Vs. el que no debate ni discute.

Ej. 4. El denunciante como arma política Vs. el denunciante como forma de coacción.

Ej. 5. El que lo puede perdonar todo dependiendo del gusto polítivo Vs. el que quiere acabar a todo el que no piense como él.

Ej. 6: El que quiere que la CIDH le solucione todo porque no confía en las instituciones del país Vs el que quiere que EE.UU. le solucione todo porque está mentalmente sometido a ese país.

Ej. 7 El admirdor de Castro y Chávez Vs. el admirador de Trump, Milei y Bukele.

Vergonzoso, reitero.  9 de cada 10 colombianos votantes consideraron que esos dos individuos eran las mejores opciones para dirigir este país.  Por eso, he dicho, digo y diré que la democracia solo funciona en lugares donde existe una formación cívica suficiente para no hacer tantas estupideces como las que habitualmente hace este pueblo.

En términos realistas, existen solo dos razones por las que me decanto por el empresario del ron, el apoderado del que tenga suficiente plata, el que viene de visita a Colombia cuando quiere.

Razón 1:

Todo servidor público cuando se posesiona en el cargo, debe realizar un juramento: "Juro a Dios y prometo al pueblo cumplir fielmente la Constitución y las leyes de Colombia." (Art. 192 de la Constitución Política).

Con De la Espriella, no tengo claridad qué piensa realmente hacer si llega a gobernar. Sí tengo claro, en cambio, que a Cepeda la Constitución le incomoda y que la quiere cambiar para volvernos lo más cercano posible a un Estado comunista.  Eso es un riesgo que bajo ninguna circunstancia estoy dispuesto a cohonestar.  El Estado de derecho y la democracia (por más que me parezca inaplicable en este país), no son negociables.  Es el pacto político mínimo y básico que debe tener cualquier colombiano.  Cepeda no quiere ese pacto.

Razón 2: 

La Constitución de Colombia en su artículo 2o señala que "las autoridades de la República están instituidas para proteger a todas las personas residentes en Colombia, en su vida, honra, bienes, creencias y demás derechos y libertades, y para asegurar el cumplimiento de los deberes sociales del Estado y de los particulares.".  Si algo sé de Cepeda, es que nunca ha tenido la intención de proteger a todo el mundo.  Al igual que Petro, tienen resentimiento social.  El resentimiento social que llevó a Venezuela y a Cuba a ser lo que son.  Una cosa es velar por mejorar las condiciones de los menos favorecidos (con lo cual estoy más que de acuerdo) y otra es intentar joder a los que históricamente han estado mejor, sobre el discurso de apoyar a los que han estado peor.

Más allá de este razonamiento, me sigo quedando con el punto de inicio: a 9 de cada 10 colombianos les pareció hace un mes que esos dos eran las mejores opciones para liderar este país.

46 años después estoy absolutamente convencido de que nos merecemos ser lo que somos... y lo que seremos.

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lunes, 23 de febrero de 2026

Los documentos de Epstein y el caso de Andrés Pastrana

Desde hace varios años, me ha tocado acostumbrarme a intentar ver y analizar lo que los comentaristas morbosos, ávidos por "el like" botan al ciberespacio.  Entre los amores y desamores de un tal Rauw y una tal Rosalía, entre los divorcios y noviazgos de cada Kardashian o Jenner, y el seguimiento minuto a minuto de las prácticas sexuales de nuestro presidente, ha habido una constante, un tema que va y viene, pero no ha desaparecido del todo: el caso Epstein. 

El tema da para muchas discusiones sobre distintos temas: la edad mínima para poder brindar consentimiento sexual, la pederastia como manifestación del deseo sexual, la legalidad o ilegalidad de la sexualidad adolescente, la relacion sexo-poder, la relación sexo-justicia y la relación poder-justicia, entre otras.  Por obvias razones de espacio, es imposible sentar mi posición sobre cada una de esas temáticas, y por lo tanto, no anticiparé nada de eso aquí.

Me detengo especialmente en la reacción que suscita cada vez que sube la ola del tema Epstein, y la manera como se direcciona eso al tema de Andrés Pastrana, quien fuera Presidente de la República de agosto de 1998 a agosto de 2002. Para poder mirar el tema objetivamente, es absolutamente imprescindible borrar la filiación política de Pastrana.  Si quiero ir más allá del sensacionalismo mediático o convertirme en otro "barra brava" más de las redes sociales, debo reconocer que la opinión política del expresidente es absolutamente irrelevante, salvo en lo que tenga que ver con sexualidad infantil, abuso, sexual y ese tipo de temáticas.

La situación, entonces, es esta: 

1) Epstein es el centro de una red de pederastia que ha sido más que documentada y conocida por el mundo.

2) Epstein y su coconspiradora Ghislaine Maxwell han sido fotografiados junto a Pastrana.

3) Se sabe que Pastrana ha viajado en el jet de Epstein.

4) El nombre de Andrés Pastrana ha sido mencionado en varios de los archivos desclasificados por la justicia de los Estados Unidos.

5) Existen correos y fotografías que permiten afirmar que existía una cercanía especial entre Pastrana y Maxwell.


Imagen tomada de: https://mundomillos.com/

Las "barras bravas del internet", con esta misma información que acabo de señalar, han pedido lo siguiente:

1) Que Pastrana precise su relación con Epstein y con Maxwell.

Opinión: En realidad, la gente no quiere una explicación de lo que él tenga que decir que fuera su relación con Maxwell e Epstein, sino una confesión por parte de Pastrana en la que admita que es un violador y pederasta.  La razón por la que quieren la confesión, es porque no hay documentos o testimonios (que conozcamos) que así lo indiquen.  A falta de pruebas, las barras bravas anhelan poder contar con algo que les permite concluir lo que ya internamente han concluido.  En otras palabras, lo que quieren es reconfirmar su veredicto interno.  Siendo ese el objetivo, me parece muy ingenuo que eso sea lo que pretendan. Del tiempo que llevo litigando en derecho penal, no conozco personas que confiesen conductas delictivas, y ni siquiera conductas moralmente cuestionables, salvo que vean un incentivo real positivo en hacerlo, y solamente cuando se ven "cogidos".  En otras palabras, estoy absolutamente seguro que eso no va a ocurrir con el expresidente colombiano.

2) Que la Fiscalía investigue a Pastrana.

Opinión: Varias sub-opiniones: 

A. ¿Que lo investigue por qué?  Si es por cualquier conducta que tuviese relación con su función como Presidente, así él ya no lo sea, la fiscalía no es competente para investigarlo.  Por ejemplo, si se trata por ordenar a subalternos que dejen a su "amiguis" volar helicópteros de uso privativo de las Fuerzas Armadas, eso sería a lo sumo un delito relacionado con sus funciones y le correspondería a la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes investigarlo.  Si es por las conductas cometidas por fuera del ejercicio de sus funciones y que se hubieren cometido en Colombia, podrían hacerlo.  Si es por supuestos delitos cometidos por fuera del territorio colombiano, y que no tenga relación con sus funciones (como parece ser el caso), la jurisdicción colombiana únicamente podría procesarlo si no se ejerce la acción penal en el exterior.

B. ¿Pueden investigarlo?  Suponiendo que fuese posible investigar a Pastrana en Colombia, y suponiendo que existen motivos para inferir que él cometió delitos, y no simplemente que es "cercano" a personas que lo cometieron, habría que revisar las conductas por las cuales se quisiera investigarlo.  Si es por lo del incidente del helicóptero, que es el único que está documentado realmente, creo que la conducta estaría prescrita, dado que para ese tipo de delitos la prescripción máxima sería de 20 años.  Si es por algún tipo de conducta de índole sexual que involucre menores de edad (que es lo que realmente le están buscando), se trata de delitos imprescriptibles y podrían hacerlo, siempre que no haya acción penal ejercida en el exterior.

3) Que extraditen a Pastrana para ser juzgado por los Estados Unidos.

Opinión: Una de las cosas que ha querido hacer el Departamento de Justicia de los Estados Unidos, en cabeza de Pam Bondi (de quien hablé hace un par de ingresos en el blog), ha sido dificultar la averiguación de posibles responsables de conductas delictivas relacionadas con la red de pederastia y prostitución forzada de Epstein.  En consecuencia, una cosa es formar parte de esa red, como instigador, cómplice, cliente, o la modalidad que sea, y otra cosa muy distinta es ser mencionado incidentalmente en los documentos.  Hasta que la justicia no cambie en Estados Unidos, o incluso en Colombia, ser amigo de delincuentes no necesariamente convierte a esa persona en delincuente.  Sindo Presidente Trump, y dado que él sí figura varias veces como un potencial cliente de los servicios de la red de Epstein, es altamente probable que no haya investigaciones en contra de Pastrana, porque la evidencia que se conoce hasta el momento es circunstancial y no existe suficientes elementos que permitieran siquiera iniciar una investigación allá.  Hay personas que aparecen mencionadas pero de una manera muchísimo más comprometedora de la que aparece el expresidente.

En todo caso, y en aras de no parecer tan sesgado e indocumentado como los "barras bravas" a los que he criticado, les dejo este enlace de 11 de febrero de 2026 de la Silla Vacía titulado "Nuevo documento vincula al expresidente Pastrana en los Archivos Epstein".  Ese artículo a su vez incluye un video de un capítulo de "Huevos con política" creación digital de ese mismo sitio informativo, en donde hablan algo más de once minutos sobre este tema. Si quieren seguir siendo "barras bravas" del tema Epstein-Pastrana, al menos serán unos "barras bravas" mediantamente informados.

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sábado, 14 de febrero de 2026

"Bienvenidos a la Edad Moderna"

Todavía nos pasa que cuando hablamos de una tendencia moderna, una persona moderna, o una apariencia moderna, se suele hacer referencia a algo muy cercano a la actualidad, o incluso como algo del cercano futuro.  A nivel de filosofía, los parámetros son otros, y se suele comunmente hacer referencia al concepto de "modernidad", que advierto desde ya que es algo muy distinto al primero de los conceptos.  Ninguno de esos términos son los que sirven al título de esta entrada.  He elegido el término Edad Moderna, que se suele utilizar históricamente como el momento en que finaliza la Edad Media y se da inicio a este nuevo periodo histórico.

En ese momento, ocurrieron en Europa una serie de situaciones que permiten ponerse de acuerdo en ese cambio. En 1453, cayó Constantinopla.  Entre 1440 y 1450 se inventó la imprenta (versión Gutenberg). En 1492 se reunifica el reino español, y ese mismo año Cristóbal Colón "descubre" para los europeos el conteninte americano. También se suele situar con el auge del renacimiento como movimiento artístico.  Revisemos brevemente las implicaciones de la elección de estos momentos.

La caída de Constantinopla: Durante cerca de 2000 años, Roma fue uno de los actores principales del concierto mundial, y en muchos casos el actor principal.  Luego del auge de Roma como república y luego como imperio, empezó un declive progresivo que inicio con la caída de la parte occidental del imperio, el cambio del latín por el griego como idioma oficial de la parte oriental del imperio, y finalmente su caída a manos del imperio otomano.  Eso implicó un cambio en la manera como se concebía el mundo desde el punto de vista político, religioso, geográfico y cultural, entre otros muchos aspectos.

La imprenta de Gutenberg: Lo que aquí escribo, una vez sea escrito, podrá ser leído casi inmediatamente en cualquier parte del mundo.  Eso es normal HOY, pero antes de la imprenta, la cantidad de personas que leían, era baja, y la cantidad de libros por leer era igualmente baja.  La razón principal es que cada copia de cada libro que podía ser leído tenía que ser manuscrito por alguien.  Quien haya escrito una carta a mano, sabe lo demorado que esto puede ser.  Pasar de esa lenta y dispendiosa escritura a la posibilidad de imprimir varias copias de un mismo escrito con tipos o letras móviles, permitía reproducir el material legible (y por ende, el conocimiento) a pasos agigantados.  El impacto cultural de esto es exponencial.  Si bien existía en Oriente una versión anterior de la imprenta, la imprenta de tipos móviles del siglo XV fue la que generó el cambio que aquí describo.


Imagen tomada de: https://concepto.de

La reunificación del reino español y la llegada de Colón a América: Se tratan de dos hechos distintos, pero creo que debo tratarlos conjuntamente.  La reunificación del reino español llevó a que la península ibérica dejara de ser dominio moro, y por ende del islam.  Como lo recordarán los lectores, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón fueron conocidos como los Reyes Católicos. Durante siglos, España fue el principal abanderado del catolicismo en el mundo.  En consecuencia, que hayan sido ellos, y no otros países los que iniciaron la conquista de América, tuvo un impacto decisivo en el mundo, dado que el catolicismo se propagó rápidamente por gran parte del continente americano, y si bien no dominó la totalidad del continente, sí logró dominar una amplia mayoría.  En consecuencia, la reconquista española y la llegada de Colón a América condicionaron la historia del mundo a partir del inicio del siglo XVI.

Mientras todo esto ocurría en Europa, en América el desarrollo cultural, militar, económico era mucho menor.  Mientras en Europa los protestantes y los católicos intentaban dominar la fe cristiana, en América se practicaba un politeísmo o incluso panteonismo en gran parte del continente.  La banca, el valor del oro y de la plata no funcionaban de la misma manera y las armas empleadas en América eran mucho menos sofisticadas que las de los europeos.  En consecuencia, conquistar América no fue difícil para los europeos que venían en busca de fortuna.  El derecho que trajeron consigo fue el derecho español y el derecho canónico, ambos derivados de Roma, y en consecuencia, gran parte de las prácticas jurídicas que se implantaron en el país vienen de allá.

Esto puede parecer muy interesante o por el contrario muy aburrido dependiendo de qué tanto de esto ya supieran y/o qué tanto les interese la Historia.  Sin embargo, el sentido del título no es ese, y por ende conviene explicar a qué me refiero con el título.  Así como en 1500 los nativos americanos precolombinos no eran conocedores o practicantes de muchos de los avances culturales de europa, esa diferencia hacía que la forma de operar de las sociedades pareciera que fueran de cientos o miles de años de distancia, según el tema que se estudie.  Esa misma brecha se siente hoy en este país, de distintas formas que conviene mencionar.

Mientras las grandes potencias mundiales actualmente están en búsqueda de poder colonizar otros planetas u otras galaxias, aquí todavía tenemos una legislación que busca que las personas adquieran la propiedad de predios a partir de su posesión, como si estuviésemos en las circunstancias históricas que dieron origen al Código Civil de la época de los Estados Unidos de Colombia (1863-1886), aún vigente. Mientras en el mundo se logra la identificación de retina y facial, en Colombia seguimos pidiendo para TODO, que entreguemos copia auténtica del registro civil de nacimiento, fotocopia de la cédula al 150% y declaraciones extrajuicio sobre cualquier estupidez.  Mientras los avances tecnológicos en el mundo llevan a que se cuestione sobre si los robots pueden ser parejas de humanos, reemplazar el trabajo de humanos, en Colombia nos cuestionamos sobre el valor probatorio de los chats de Whatsapp o sobre la autenticidad del documento privado.  Mientras en el mundo se resuelven casos con videos obligatorios en las prendas de los policías, y las cámaras de seguridad públicas se encuentran interconectadas con todas las bases de datos de agencias de seguridad del mundo, aquí todavía discutimos si el informe de accidente es la prueba reina de los casos de accidentes de tránsito.

En lo único que nos hemos querido actualizar es en el procedimiento penal, y hasta hace menos de 2 años, una de las discusiones centrales era si un juez penal tenía que ver físicamente a un testigos o si su percepción cambia diametralmente por verlo a través de una cámara.  En materia comercial, mientras en cientos de países el comercio electrónico internacional es una fuente poderosísima de ingresos en la economía, uno de los únicos segmentos en donde florece la economía colombiana digital, es a través del contenido pornográfico en línea, que normalmente requiere una cámara, un computador y uno o más "creadores de conetenido".

Hace algo más de un mes, llegó la fuerza de los Estados Unidos a Venezuela, se llevó al dictador que ejercía las funciones de presidente y le encerró en una cárcel mientras se dedicó a negociar su petróleo.  Seguramente lo que nos preguntaríamos en Colombia si esto hubiese ocurrido aquí, es si eso era una captura administrativa, o si eso constituye el delito de asonada, discusiones propias de otra época y de otro momento.  Nuestro política, nuestro derecho y nuestra cultura en general se quedó relegada demasiado, y si bien hay unos "iluminados" que hablan de Blockchain, criptomonedas, y le piden a Chat GPT que les haga sus escritos, el resto del mundo por más conectado que esté, se encuentra en otro momento cultural e histórico.

En consecuencia, no está de más que venga cualquier extranjero y nos diga: "Bienvenidos a la Edad Moderna", y tenga TODA la razón para hacerlo.

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miércoles, 4 de febrero de 2026

¿Por qué votamos por quien votamos?

 No me gusta la democracia, nunca me ha gustado.  Según mi mamá, eso es algo que bajo ninguna circunstancia debería revelar, o decir en público, porque habla muy mal de mí y de mi formación.  A pesar de ello, sigo creyendo que no debería sentirme avergonzado de pensar que no me gusta la democracia.  Y a pesar de las descalificaciones prematuras, creo que tengo muy buenas razones de fondo para que no me guste.

Una de esas razones es la que pienso tratar hoy: ¿Por qué votamos como votamos?  Sin embargo, conviene presentar unas advertencias de entrada.

1) Contrario a lo que cree la generalidad de la población, la mayoría de personas que habitan en el país, y votan, no es buena.  Es un contrasentido lógico pensar que en un mundo de ruiseñores, colibríes y cachorritos inofensivos tengamos un Código Penal tan extenso como el que tenemos.  Esos delitos que están en ese libro no son fruto de un bellísimo experimento mental para idear potenciales conductas indebidas que nadie nunca cometió ni cometerá.  No fue una manzana podrida en este jardín del Edén quien hace milenios cometió un delito.  Vivimos rodeados del delito a toda hora y en todo lugar.  Luego, POR FAVOR, no nos mintamos creyendo que aquí "los buenos somos más".

2) La democracia representativa, como en la que estamos en Colombia, implica que la gente elige a sus representantes.  Todas las personas a las que me referí atrás, votan.  Algunos incluso hacen que voten por ellos.  Los eligen, y con muy buena cantidad de votos.  Este ingreso de hoy no está dirigido para ellos, porque la respuesta a la pregunta inicial se puede despachar en una oración: ¿por qué razón vota una mala persona, por otra mala persona? Porque en mayor o menor medida, lo representa y quiere que alguien igual de malo a él o ella, mande.

3) Este escrito, entonces, está dirigido a personas que son cumplidores de la ley y las buenas costumbres: Para ti que no eres capaz de saludar o responder un saludo, este escrito no es para ti.  Para ti que crees que el semáforo es para los demás pero no te aplica a ti, esto que escribiré no es para ti.  Para ti que le prometes fidelidad de por vida a tu esposo o esposa pero cada dos o tres años renuevas tu amante de turno, este escrito no es para ti.  Para ti que nunca te han impuesto un comparendo porque siempre "te colaboras" con el agente de tránsido, este escrito no es para ti.

4) Lo que aquí diré en adelante, apunta a la razón.  En consecuencia, no es apto para imbéciles.  La manera específica como he empleado el término "imbécil" la he tomado de Santiago Ávila Vila, específicamente de su canal de Instagram "La gestión emocional".

Ahora sí, desarrollo la idea inicial: ¿Por qué votamos por quien votamos?

La gran mayoría de mi vida adulta, he entablado conversaciones políticas de distinta índole con amigos y familiares acerca de por quién vamos a votar en X o Y elecciones. Una respuesta "correcta" desde la utopía de la democracia participativa implicaría lo siguiente: 1) Identificar cuáles son los problemas que tengo y priorizarlos.  2) Ver cual de los candidatos aborda esos problemas 3) Ver cual es el plan de los candidatos que abordan los problemas que me importan, para ver cual de las propuestas me conviene. 4) Ver si lo que dice el candidato es consistente con lo que ha dicho y hecho en el pasado. 5) Verificar que ese candidato es alguien que sea capaz de ejecutar lo que dice que haría.

Lo anterior suena buenísimo, pero simplemente no funciona así.  Las personas no votan racionalmente sino pasionalmente.  Utilizaré dos ejemplos puntuales para ilustrar mi punto.

Ejemplo 1) Juan Manuel Santos.

En un ingreso titulado "Elecciones presidenciales I - Juan Manuel Santos", de 2010, escribí lo siguiente del entonces candiato presidencial Santos (el subrayado es de esta entrada, y no de aquella):

No ha salido como ganador de los debates, porque no ha logrado transmitir proyectos de gobierno propios.  Su desmedida lealtad hacia la figura del Presidente Uribe lo muestra como un continuador del mandatario actual.  El problema es que esa misma lealtad fue profesada hacia Pastrana, y otros más.  Esa capacidad de cambiar de parecer genera cierto temor hacia lo que ‘realmente’ haría si llegara a la jefatura de Estado.  Todavía no se ha aclarado si Santos sí buscó pactos con la guerrilla para derrocar a Samper.  Este episodio turbio, genera dudas que no ha logrado despejar Santos en los debates.

En el año 2014, el entonces Presidente Juan Manuel Santos se lanzó nuevamente a la presidencia de la República.  Quienes tengan memoria hasta allá, recordarán que para ese entonces ya era claro que no era el continuador de Uribe (a quien se le volteó), y que quería buscar un acuerdo de paz con las FARC, algo que era diametralmente contrario a lo que quería Uribe.

En ambos casos ganó Santos. ¿Y eso cómo es posible si representaba dos cosas diametralmente opuestas?  Claramente, la gente no votó por su consistencia ideológica, ni por sus propuestas programáticas. Esa capacidad de ser un camaleón en la política le ha brindado réditos a él, a Roy Barreras, a Francisco Barbosa, por poner solo algunos ejemplos.  Santos representa al político que dice lo que sea que tenga que decir para ganar simpatías y votos, y luego perfectamente cambiará de opinión y defenderá esa nueva opinión con feroz vehemencia, como lo hiciera con la primera.  Lo mismo será con su tercera, cuarta o quinta opinión.  En general, qué dice depende de cual ola es más grande.

Ejemplo 2) Gustavo Petro.

Cualquiera que hubiese hecho siquiera una mínima revisión de cuales eran las características de Gustavo Petro como alcalde de Bogotá, podría tener claro lo siguiente:

- Cambia miembros de su equipo como si fuese cambio de ropa interior.  En muchos casos porque los subalternos no se lo soportaban, y en otros casos, porque no se comportaban como los lacayos que él esperaba que fueran.

- Es un megalómano.  Una persona que habitualmente se refiere a sí mismo en tercera persona se considera tan legendario que tiene que referirse a sí mismo como a una obra de arte, como el objeto de su devoción.

- Es pésimo ejecutor. No le gusta gobernar, lo que le gusta realmente es hablar, y hablar mucho.

- No es ilustrado, no es inteligente.  Pretende serlo, que es distinto.  Como gran parte de la población no tiene la información suficiente sobre temas especializados, creen cualquier tontería que salga de su boca.

Hoy, a escasos meses de que termine su mandato, vemos EXACTAMENTE LO MISMO.  En otras palabras, estábamos más que preavisados, y aún así la gente votó por una idea vaga, vacía etérea, sin forma, inodora e incolora: "el cambio".  "El cambio" es lo que sea que él diga en el momento en que lo diga.  Es tan vago, que ni siquiera se tomó el trabajo de puntualizar el concepto clave que lo llevó a la presidencia.  Y somos tan poco racionales a la hora de votar, que miles de doctores, magísteres, exministros, y demás, les parece que votar por una palabra que no tiene definición, está muy bien.



Imagen tomada de: https://asociaciones.org

La actualidad.

Si uno mira las encuestas de intención presidencial, y tiene en cuenta todo lo que les acabo de señalar, le provoca llorar. Los dos candidatos con mayor intención de voto son Iván Cepeda, y Abelardo De la Espriella.  

El primero ha sido abiertamente defensor de los guerrilleros, de Chávez y de Maduro.  ¿Cómo es posible que puedan confiar para dirigir un Estado democrático en una persona cuyos aliados más cercanos desprecian la democracia y la legalidad?  Me da mucha pena que estén dispuestos a poner 4 años o más a alguien en el poder por el solo mérito de despreciar a Álvaro Uribe Vélez.  Eso no es serio. Repito: NO ES SERIO.

El segundo ha sido defensor de jefes paramilitares y tiene el especial talento de haber representado a David Murcia Guzmán, sacarle todo el dinero que pudo, y luego cuando sí tenía que entrar a defenderlo, dejarlo botado.  ¿Ese es el perfil de persona a la que le quieren encargar este país que está en crisis? Ser fantoche no suple la absoluta falta de preparación y conocimiento que se requiere siquiera para ser un mandatario mediocre.  Cuéntenle las ideas que realmente han salido de su boca durante el tiempo de campaña.  La falta de preparación es demasiado evidente.

Todo lo anterior demuestra que la mayoría de personas en este país no se toma en serio la democracia.  Si no somos siquiera capaces de buscar argumentos, sopesarlos y dejarnos convencer, sino simplemente pertenecemos a una horda de fanáticos, bien sea de izquierda o de derecha, nos merecemos exactamente lo que nos está pasando, así como en su momento Venezuela se mereció a Chávez, y hoy en día los Estados Unidos se merecen a Trump.  Cómo sería de bonito si la mayoría de gente se tomara medianamente en serio su responsabilidad democrática y al menos le metiera 5 pesitos de neuronas a sus decisiones electorales.  Por temas como "los pantalones", el tono fuerte y el "no se deja" es que la gente seguía a los reyes hace 5 siglos.  Si son tan amantes de la democracia, deberían comportarse como si realmente les importara las razones de su elección, y no comportarse como los siervos de la gleba en el medioevo.  Sí, es emocionante, pero no resuelve NUESTROS problemas, que sí requieren gente medianamente competente al frente.

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viernes, 30 de enero de 2026

El severo problema del Estado de Derecho, versión 2026

Tanto en mis clases de derecho como en las de filosofía, he tenido la oportunidad de estudiar algunas de las tantas teorías o explicaciones acerca de la autoridad, de la justicia y del derecho.  Es habitual, en este tipo de estudios, que le den la bienvenida a uno con el diálogo sobre la justicia que se encuentra en "La República" de Platón para definir que es lo justo, porque a partir de allí es que podría entrar a construirse una noción legítima de derecho.

Se puede pasar de allí a estudiar lo que del derecho podrían decir los jurisconsultos romanos más reconocidos a la largo de la Historia, San Agustín, Santo Tomás, Maquiavelo, Bodin, Hobbes, Locke, Rousseau, Bentham, Kelsen, Rawls, Raz, y un larguísimo etcétera.  De hecho, conozco personas que han vivido toda su vida en el estudio de esos temas, en escribir sobre lo que ya se ha escrito sobre esos temas, e incluso para comparar o "poner a dialogar" a muchos de esos autores.


Imagen tomada de: https://www.psychmechanics.com/characteristics-of-a-know-it-all-personality/

En este punto debo ser claro: soy de un estilo pensar guiado por la metodología.  No creo en los chispazos de ingenio sin fundamento, no creo que los objetivos se logren a punta de ganas, programación neurolingüística ni mucho menos a partir de un optimismo radical.  Creo fielmente que las teorías juiciosamente construidas, los argumentos cuidadosamente estructurados, y el respeto por la lógica, son los que permiten que realmente el mundo avance.  En consecuencia, soy fervoroso defensor de las innovadoras teorías que han propuesto los grandes pensadores a lo largo de la Historia, siempre que deriven del respeto de esa rigurosa metodología.

Sin embargo, debo ser igualmente claro: soy alérgico al culto por el concepto por el simple hecho de "saber más", o peor aún, "hacerle saber a la humanidad que sé más".  Conozco personas que tienen más títulos que Daenerys en "Juego de tronos", que Alejandro Magno o Napoleón Bonaparte (para hablar de casos reales).  Conozco personas que han vivido una buena vida, han ganado un buen dinero, y una reputación excelsa a partir de ese tipo de vida académica. ¡Muy bien por ellos!  Sin embargo, cuando uno se enfrenta al siguiente tipo de situaciones en recientes años, y observa que no hay respuestas académicas serias, es cuando debo respetuosamente apartarme de esa forma de vivir.

Obsérvense, por ejemplo, algunos de los problemas de los últimos cinco (5) años:


1) Un país invade a otro, cambia un tirano (el anterior gobernante) por otro (la actual gobernante), y entra en negociaciones de recursos naturales y dinero.

2) Una nación que hace 80 años casi fue erradicada de la faz de la tierra, considera que ellos sí tienen derecho a erradicar a otra nación de la faz de la tierra, y actúan en concordancia.

3) La mayoría de eruditos en la materia, y de mandatarios son capaces de ver lo descrito en el punto 2), llaman a un caso GENOCIDIO, y al otro, LEGÍTIMA DEFENSA.

4) Un Estado que se fue a guerra con otro Estado para luchar contra el autoritarismo y defender la vida y la libertad, hoy en día mata, ejerce el autoritarismo y celebra ese autoritarismo en su mismo territorio.

5) Un Estado que en su momento luchó para frenar el derecho al "espacio vital" de otro, hoy en día reclama su derecho a "su espacio vital" para acabar con su vecino, y antiguo aliado, y por ende, lo invade.

6) Un gobierno trata de héroes a los subversivos, de subversivos a los que ejercen su derecho a disentir, llama tiranos a los que gobiernan legítimamente y víctimas a los que son tiranos.  Invocan la lucha de clases y la guerra contra la pobreza para hacer a todos (salvo a ellos) más pobres.

7) En el mismo país en el que hace cerca de 100 años sacaron a un Presidente porque sacó un crédito para atender la salud de su esposa, hoy en día tiene a un presidente alcohólico, drogadicto, putero, y presuntamente corrupto, que dice que lucha contra todas las cosas de las que padece.

8) El derecho penal ya no es el derecho del Estado para imponer penas, sino el derecho del pobre delincuente para clamar por sus garantías, basados en las ideas de un autor que murió hace más de 200 años, y que escribió en épocas de las monarquías.

9) Existe una profunda desconfianza, cada vez más generalizada, en que los jueces y magistrados en este país y en otros, realmente fallen conforme a derecho.  La desconfianza crece cuando los jueces tienen que afirmar que "fallan en derecho", para que les crean que fallan en derecho.


En esencia, existe un profundo problema y es que cuando fue concebido el Estado como una necesidad política y organizacional, que posteriormente dio origen al Estado de Derecho como premisa fundamental de funcionamiento de cualquier Estado moderno que se considere legítimo. Para los que no están muy ambientados en el tema, les traduzco.  El Estado de derecho básicamente funciona a partir de dos premisas básicas: 1) Todos, tanto autoridades como particulares están sometidas a las normas jurídicas vigentes.  Nadie, salvo que la ley lo prevea, está por encima de la ley. 2) Los particulares pueden hacer todo lo que el derecho vigente no les prohiba. Las autoridades únicamente pueden hacer lo que el derecho vigente expresamente les permita hacer.

Hay muchas razones por las que esto está en crisis, más allá de los 9 ejemplos que señalé atrás.  Ocurre en muchas latitudes, por ejemplo, que la misma autoridad del Estado está puesta en duda.  Para entender esto, conviene recurrir al sociólogo Max Weber quien se refería al Estado como ese conglomerado que dentro de un territorio específico reclama de manera existosa el ejercicio de la violencia física legítima.  en otras palabras, el Estado debe ser capaz de imponer su autoridad por la fuerza sobre cualquier otra persona, dentro de ese territorio.  Esto no ocurre en la actualidad en muchísimos lugares del mundo, incluso en la propia Colombia.

Otro ejemplo es la manera como las grandes corporaciones del mundo han logrado superar el poder de la mayoría de Estados del mundo.  Conocen muchos casos en los que Google, Microsoft, Apple, Facebook, Amazon, hacen lo que les parezca sin temor a represalias, por el simple hecho de que ostentan más poder real.  En Colombia, resonó en su momento (en la época de los racionamientos de agua en Bogotá) el hecho de que las familias bogotanas y calerunas debían aceptar cortes de agua periódicos, mientras Coca Cola seguía extrayendo irrestrictamente agua de las fuentes, para sus fines industriales.  Eso no parece concordar con las dos premisas que atrás expliqué.

Un tercer problema que observo, es que el Estado no está al servicio de los ciudadanos, sino que claramente es al revés, y cada vez resulta más obvio.  Un ejemplo sencillo de lo anterior: la política de vivienda de Colombia busca que las familias sean capaces de adquirir vivienda.  Eso no suena para nada mal.  Sin embargo, la mayoriá de la población que anhela ser dueños de su propia vivienda deben endeudarse por periodos prolongadísimos de tiempo para pagar su vivienda a un valor muy superior al que teóricamente vale, por el simple hecho de tener que pagar intereses al sector financiero.  Si se llega a superar esa barrera, que depende de no colgarse en los créditos, la gente es recibida con pagos de prediales e contribuciones de valorización elevadísimas que llevan a que los propietarios sientan que tienen que pagar una sanción por el simple hecho de vivir en su hogar.  Ese mismo ejemplo lo pueden replicar a muchos otros ámbitos, como los comparendos de tránsito, la necesidad de tener planes complementarios de salud para no morirse, entre otros.

Por último, el problema (no lo llamo "desafío" como les gusta a mis colegas académicos) de que el aparato estatal esté al servicio de los mandatarios, es supremamente problemático.  Como indiqué al inicio de este ingreso, el primer texto que uno lee en las facultades de derecho en relación con la justicia y el derecho, es el diálogo según el cual Sócrates logra convenecer a sus contertulios (y también a nosotros) que lo justo no es "lo que conviene al más fuerte" sino lo que es más beneficioso para la mayoría de los súbditos.  Cerca de 2500 años después de que esto fue dicho, parece ser que debemos aceptar que HOY, la justicia no es lo que nos dijeron en primer semestre de derecho, sino que efectivamente lo justo es lo que le conviene al más fuerte.

En esas estamos...  

Los dejo con esta página, que si bien es pensada para México, aplica perfecto para estas latitudes: "Cuadro comparativo que muestra el estado que guarda la nación justo antes de 1810, 1910 y 2010". 

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jueves, 12 de enero de 2023

El tema con el POT

Nota introductoria:

No me avergüenzo de manifestar abiertamente mi profunda decepción por el estado de Bogotá, y peo raún, por la calidad de sus ciudadanos.  Son ya muchos años de sentir lo mismo.  Aclaro desde ya, que es imposible entrar a analizar uno a uno a cada uno de los que de una u otra manera interactúan diariamente en la capital de Colombia. No pretendo hacerlo, así fuese ello posible. En general, el "bogotano" no me agrada, y muchas razones hay para ello. Sin embargo, no es ese el objeto de este ingreso.

Luego de 23 años en contacto con aquello que podríamos llamar, "el derecho", tal vez nunca quise adentrarme en las aguas de la normatividad capitalina, sus porqués y su historia.  Sin embargo, cuando uno ve el estado de la ciudad, e intenta encontrar respuestas, parece no hallarlas en ningún lado.  Me cuesta creer que haya tantos mandatarios locales a los que le quede tan grande eso de gobernar una ciudad.  Y si no lo viese con mis propios ojos todos los días, me costaría creer que haya gente que sea incapaz de botar la basura en la caneca de la basura, y que simultaneamente crea que es una idea genial andar destruyendo las estaciones y buses del sistema de transporte masivo principal de la ciudad.

En este momento presento otra claridad más: Transmilenio me parece una mala idea, pésimamente implementada.  Sin embargo, es lo que nos dejaron en la ciudad, y el hecho de que no me guste no significa que me sienta "empoderado" (por utilizar un término de moda) para destruir toda la infraestructura del sistema.

A un amplísimo porcentaje de mis conciudadanos les parece genial eso de "hacerse sentir" destruyendo. Allá ellos... Sin embargo, más allá del interesante ejercicio que pueda representar intentar comprender o simpatizar con alguna de las subespecies de bogotano, lo interesante es intentar aprender por qué a pesar de todo ello, existe un apetito casi sobrehumano por llegar a ser alcalde de la ciudad.  Samuel Moreno nos la puso demasiado fácil.  Gracias a él, no hay que desgastarse demasiado en buscar respuestas.

¿Entonces, para qué escribo esto, si todo resulta tan obvio?


Ahora sí: El tema con el POT.

Ser corrupto es fácil.  Realmente fácil.  Para ello se requiere únicamente dos cosas: 1) Encontrar una manera de ganar "dinerillo" extra; y 2) Que no me cojan, o incluso, que me cojan pero no me condenen, o más aún, que incluso me puedan condenar pero que no me cojan la plata, pues esa es mi pensión.

Si nos detenemos en ello, podríamos armar un escalafón de corruptos con los siguientes niveles de experticia: nuevón, ladronzuelo, pícaro, El Padrino, y deidad.  Para llegar a nivel deidad, se requiere ser masivamente corrupto, por cantidades masivas de dinero y no solo no se ser cogido, sino parecer adalidad de la moral y las buenas costumbres. Eso, no es fácil.

Allí es donde viene a jugar el tema del POT, o Plan de Ordenamiento Territorial.

Antes de continuar, los invito a que revisen este bellísimo video creado por la Cámara de Comercio de Bogotá en el año 2017.



Video tomado de: Cuenta Youtube de la Cámara de Comercio de Bogotá.


Antes de los primeros 10 segundos, nos llega la primera sorpresa: Sí, ustedes oyeron bien...  El Plan de Ordenamiento Territorial tiene una vigencia de 12 años.  O mejor, tenía.  Esa vigencia estaba amparada por el artículo 28 de la Ley 388 de 1997, y sí establecía una vigencia así.  El término, fue eliminado por el cambio que se introdujo con el Decreto Ley 2106 de 2019.  Ahora hay como tres vigencias distintas, pero el aspecto estructural sí tiene una duración de 3 periodos constitucionales (es decir, de 12 años).

Contándome mis deditos, empecé a echar cuentas, y algo no me cuadraba.  Si la duración, hasta 2019, era de 12 años, ¿cómo era que todos los alcaldes desde Enrique Peñalosa I, habían presentado su POT y lo habían aprobado? Bueno... todos menos Samuel Moreno. Suponiendo que al día siguiente de la aprobación de la Ley 388 de 1997 hubiese expedido el primer POT, el tercer POT habría tenido que haberse expedido en 2021.

Sin embargo, Peñalosa I tuvo POT, Lucho Garzón tuvo POT, Gustavo Petro tuvo POT, Peñalosa II tuvo POT y Claudia López tiene POT.


¿Por qué?

Si le preguntan esto al angelito en mi hombro derecho, la respuesta que les daría es:

"Cada uno de ellos quiere construir sobre lo construido y continuar con la imparable tendencia de crecimiento y prosperidad que tiene Bogotá."


Imagen tomada de: Cuenta freepik de Pinterest.


Si le preguntan eso al diablillo en mi hombro izquierdo, la respuesta que les daría es:

"Porque cuando todas las obras de de desarrollo de una ciudad dependen de cómo decida yo "dibujar el mapa" del ordenamiento territorial, he ahí una importante manera de incentivar a los industriosos y proactivos corruptos del sector público y privado a hacer negocios.  Es una rueda de negocios de la corrupción".


No sé a quién le creen.  Yo se a quién de ellos le creo yo. No me parece coincidencial que en una ciudad en donde pavimentar una calle de manera decente sea una labor excepcional, tengamos tantos líderes con "visión de futuro".  Tampoco me parece coincidencial que a tanto alcalde le encante ese tema de sacar su POT por decreto, es decir, de IMPONER su "visión" de ciudad.  Y si no le creen a mi diablito, recuerden que Rubén Blades ya decía con sabiduría: "Decisiones, cada día. Alguien pierde, alguien gana, ¡Ave María!"

Ahora bien, supongan que esas decisiones implica que en sus manos puedan decidir quién gana y quién pierde...  He ahí la oportunidad de negocio.


Redondeando: El hecho de que una ciudad no funcione no quiere decir que no mueva increíbles cantidades de dinero, a partir de obras que se culminan, obras que no se culminan, creación de empresas, construcción de grandes edificios, entre otros.  El ciudadano no ve esto porque ni le quita ni le pone nada a su vida.  Sin embargo, es en la capacidad de gestionar recursos para uno o para otro lado que surge el verdadero poder de los dirigentes.  No quiere esto decir que todos los alcaldes sean corruptos, ni que únicamente los alcaldes son corruptos.  Para un tema de tan grueso calibre como el POT de una ciudad, hay oportunidad de negocio a múltiple nivel.  Sin embargo, para los mandatarios la prioridad es clara.  Es posible que pase a la Historia como un buen o mal mandatario, pero no es eso lo relevante.  Lo verdaderamente importante es que después de eso, si se gestionaron los negocios como era, al menos ya pueden montar su campaña presidencial, o irse a un decente retiro a un pequeño chalet o loft en algún lugar paradisiaco, que por supuesto no es la ciudad que gobernaron.

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jueves, 9 de diciembre de 2021

Día internacional contra la corrupción - 2021

Hoy, 09 de diciembre de 2021, se conmemora el Día internacional contra la corrupción.  Aprovecho la oportunidad para señalar, que considero que este es el segundo problema más grande que tiene el país, después del de "educación" en sentido amplio.

Entendamos el concepto.  Solo así, es posible entender la verdadera gravedad del problema: la corrupción se presenta cuando se actúa con una motivación distinta del cumplimiento de un deber claro y específico. Es corrupto quien hace lo que debería hacer, pero por una razón distinta al cumplimiento de su deber.  Es corrupto quien hace lo contrario a lo que debería hacer.  También es corrupto quien dilata el cumplimiento de su deber, sin causa justificada.

Como se dan cuenta, el espectro es supremamente amplio.  No solo es corrupto quien pasa dinero para quedarse con un contrato.  Es corrupto quien entrega un trabajo plagiado, quien exige un nombramiento de un familiar en una entidad, a cambio de votar a favor de X candidato.  Es corrupto quien en nombre de la lucha anticorrupción busca perseguir la corrupción ajena, incluso fomentando la propia.  Es corrupto quien conoce su deber, y de manera deliberada decide actuar en contra de ese deber, por muy buenos argumentos que quiera dar.

Meditemos el problema, un poco.  Intente usted, apreciado lector, pensar cuantas personas alrededor conoce que hacen algo de lo que acabo decir.  Ahí entenderá la "dimensión" del problema.

Ahora, la parte incómoda del ejercicio: Intente pensar cuántas veces el último mes, el último año, ha hecho cosas como las que acabo de decir.  Esa es la parte del ejercicio que a nadie le gusta hacer. ¿Cuántas veces ha dejado de pagar un pasaje, debiendo hacerlo?  ¿Cuántas veces ha mentido en una declaración juramentada? ¿Cuántas veces ha dejado de pagar impuestos?  ¿Cuántas veces ha sobornado a un policía para evitar un comparendo? ¿Cuántas veces le ha sido infiel a su pareja? ¿ Cuántas veces ha dejado de devolver un libro que le prestaron? ¿ Cuántas veces se coló en la fila del supermercado, del bar, de una oficina pública? Ahí entenderá usted la dificultad de erradicar el problema.

A la gente le gusta llenarse la boca diciendo que "los buenos somos más".  Genuinamente no lo creo.  Para poder definir quién es una persona buena, deberíamos primero pensar qué es lo que define esa categoría.  Recuerden, por ejemplo, que Pablo Escobar y Gonzalo Rodríguez Gacha, eran unos asesinos despiadados, pero también donaban dinero y casas a los habitantes de ciertas poblaciones, especialmente a la población pobre.  ¿Por qué sabemos con certeza que eran malos, y no buenos? ¿Y por qué sabemos con certeza que somos buenos, y no malos?



Imagen tomada de: https://www.peakpx.com

Para poder evitar ser corruptos, lo primero que hay que aceptar es que probablemente ya hemos cometido actos de corrupción, y más de una vez.  En otras palabras, el primer insumo para poder evitar "ser" corrupto, es tener autocrítica.  La capacidad de saber que lo que se ha hecho está mal hecho, es fundamental.  Es impresionante la gran cantidad de veces que puede uno observar una actitud de autojustificación de una conducta indebida.  La gran mayoría de personas son implacables con la falta ajena (incluso con errores menores).  Sin embargo, sus propias faltas no suelen reconocerse como faltas.

En un ejercicio kantiano propio del imperativo categórico, pensemos en lo siguiente:  Si todos y cada uno de nosotros consideramos que nuestros actos indebidos están justificados, y suponemos que todas las personas piensan así, pues tenemos un problema sistémico: somos un pueblo corrupto, porque todos los asociados consideramos que tenemos derecho a incumplir y/o defraudar nuestros deberes.  Ese es el problema real que tenemos. No somos conscientes de lo increíblemente corruptos que somos, y si lo somos, no nos importa cambiar.  Por eso es que tenemos alcaldes que prometen a sabiendas que no van a cumplir.  Hablan de lucha contra la corrupción cuando en realidad están pensando en llegar a manejar la contratación para sacar plata, y cambiar el POT para obligar a los distintos sectores económicos a que "se manifiesten".

Por esa razón es que el fiscal que debe investigar, se convierte en un implacable defensor.  Por esa razón es que el Inspector de Policía que debe resolver una querella, hace todo lo posible por no hacerlo. Por esa razón es que quien no es dueño de un predio es capaz de pagarle a terceros para que digan que ha sido poseedor de toda la vida.  Por esa razón es que un congresista es capaz de votar afirmativamente un proyecto que sabe que perjudica a la gente.  Por esa razón es que los grandes grupos económicos se convierten en donantes de las campañas políticas; el favor se cobrará.  Por esa razón es que el marido o la mujer infiel son incapaces de aceptar su infidelidad como un acto voluntario y deliberado. Por esa razón es que el semáforo en rojo, más que un mandato, termina convirtiéndose en un consejo...

Luchar contra la corrupción parte de entender que TODOS, de una u otra manera, incumplimos con nuestros deberes de manera deliberada, y por toda variedad de causas.  Luchar contra la corrupción parte de entender que el cambio no se da por cuántos "otros" encarcelemos", sino que tanto podemos cambiar nosotros para evitar ser eso que nos encanta criticar.  Vamos perdiendo como sociedad frente a este flagelo.  Vamos perdiendo por goleada.

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viernes, 21 de mayo de 2021

El paro y la Constitución de 1991

Comentarios preliminares:

Desde hace muchos siglos se habla de política.  También desde que se tiene conocimiento de la existencia de la civilizaciones, ha existido poder, y lo que en filosofía se suele conocer como "autoridad práctica" -es decir, aquella autoridad que tiene quien puede imponer su voluntad sobre otros, no porque tenga necesariamente razones de peso para ser obedecido, sino porque tiene los medios para hacer que lo obedezcan.  Esto, por supuesto, indica que siempre ha existido alguien que mande, y alguien que obedezca.  Sin embargo, no es sino a partir de las ideas contractualistas que se empieza a pensar en los ciudadanos como el origen del poder, y no como sus objeto.

Esto resulta especialmente interesante, porque con el contractualismo, se empieza a hablar de un acuerdo entre las personas, para crear un "algo" independiente de ellas que fuera el que detentara el poder.  Ese acuerdo se conocería como un contrato social en la medida en que implica un acuerdo de voluntades que tiene la capacidad de generar obligaciones, que los contratantes están dispuestos a cumplir.  El contrato social, entonces, es el origen del poder político y de la autoridad estatal.  El problema que tenían (y tienen) las teorías contractualistas es que no explica con claridad por qué razón los que han nacido después de ese pacto, estarían obligados a cumplirlo.  Casi en cualquier teoría jurídica en materia de contratación, el consentimiento del obligado es requerido.  En este pacto político no, y por ello es que ese "algo" creado finalmente va a depender del ejercicio real que se haga del poder.


Imagen tomada de: https://psicologiaymente.com/


El absolutismo monárquico era defendido por uno de estos contractualistas, Thomas Hobbes.  Según el modelo absolutista, todo el poder absoluto recaía en manos de un solo individuo y por eso se hacía referencia al monarca absoluto.  Tenía poder pleno y todos debían obedecerle, a cambio de evitar un concepto que el denominó "el estado de naturaleza".  En Hobbes, ese estado de naturaleza correspondía a un estado de guerra permanente entre los hombres.  Es conocida su famosa frase de que en el estado de naturaleza, "el hombre es un lobo para el hombre".  Sin embargo, contrario a las creencias populares, el desarrollo de ese concepto no se encuentra en "El Leviatán", sino en otra obra: De Cive.

Reitero la idea: De acuerdo con la teoría de Hobbes, el contrato social que surge entre las personas para delegar el poder conjunto que emana de ellas y entregárselo al soberano, se hace para evitar el permanente estado de guerra entre los hombres. Regresaremos a esta idea más adelante.

Por lo misma época en que se va dando la teoría contractualista de Hobbes, va surgiendo todo el movimiento político que da origen al constitucionalismo moderno.  Se trata de movimientos de resistencia frente al poder del monarca, dados también en Inglaterra que se ven reflejados principalmente en la Petición de Derechos (Petition of Rights) en 1628 y en la Bill of Rights (Carta de derechos) de 1689. En ambos casos, se trató de documentos que buscaban limitar el ejercicio del poder, que en criterio de Hobbes, no podía ni debía ser limitado. Precisamente en ese mismo 1689, John Locke publicó sus "Dos tratados sobre el gobierno civil", otra teoría contractualista con una visión algo más moderada que la de Hobbes.  A partir de los avances teóricos que se dieron a partir de este momento, la expedición de la Constitución de los Estados Unidos, y las constituciones francesas de la época revolucionaria, surge claro que ese texto que se llama "constitución" es un acuerdo de naturaleza política, cuyo objetivo fundamental es establecer las reglas básicas de juego de un Estado, las autoridades públicas que han sido instituidas, y los ciudadanos que conforman esa nación.

La constitución, desde el punto de vista estructural, tiene una parte dogmática que contiene la carta de derechos que deben ser garantizados por las autoridades y por los ciudadanos, así como los principios fundamentales que orientan esa carta política.  También la constitución incluye una parte orgánica en donde se establece la estructura fundamental del Estado y la distribución del poder público.  Por ello, al establecer las pautas fundamentales de funcionamiento del estado y de la interrelación de este con los habitantes, la Constitución es la materialización de un contrato en el que todos los habitantes se comprometen a cumplir con esa constitución, y todas las autoridades que se instituyen a partir de ella, se obligan a cumplir y a hacer cumplir la Constitución.


El paro de 2021 y la Constitución de 1991:

Si algo ha quedado claro de las manifestaciones derivadas del paro de 2021, es la profunda insatisfacción de un importante sector de la población, respecto de muchas cosas.  Solo por poner algunos ejemplos: el sistema de salud, el sistema tributario, el sistema educativo, la policía, el ejército, el presidente, los ministros, la falta de implementación de los acuerdos de paz, la corrupción, las falta de empleo, el Congreso, entre otros.  En general, existe un descontento generalizado, no solo con un gobierno, sino en general con los gobiernos, e incluso con el sistema de gobierno mismo.  De las tres ramas clásicas del poder público (rama ejecutiva, rama legislativa y rama jurisdiccional), la población parece estar profundamente molesta con dos de ellas, la ejecutiva y la legislativa.  Curiosamente, es la Rama Judicial -a excepción de la Fiscalía, por supuesto- la que parece ser la menos odiada, aunque en muchos casos genera profunda desconfianza.

En consecuencia, las inconformidades se han canalizado a través de un paro.  Hasta ahí, parecería todo normal.  El problema es que esa inconformidad ha venido acompañada de una violencia a todo nivel.  Hay violencia sexual, hay desapariciones forzadas, hay ejecuciones extrajudiciales, hay vandalismo contra bienes públicos, hay atracos callejeros, hurtos de establecimientos de comercio, y lesiones personales por doquier.  En las redes sociales, hay igual o más violencia: insultos, acusaciones, deseos de muerte, amenazas, entre otros, son el pan de cada día.  La gente no se habla, se grita.  La población se comporta como barras bravas del fútbol: mi violencia es legítima, la tuya no.  He intentado generar algunos debates mesurados sobre el tema en Facebook, y es increíblemente difícil evitar las agresiones y la violencia verbal.


Imagen tomada de: https://noticias.canal1.com.co/


Cuando uno mira eso, y compara con lo que dice la Constitución, ve que no existe ningún tipo de correspondencia entre el ser y el deber ser.  La Constitución de 1991 se funda en el principio del respeto a la dignidad humana.  Suena ridículo.  Está bien... digamos que sólo está fundada en el respeto.  Suena igual de ridículo.  El primer derecho fundamental relacionada en la carta de derechos es el de la vida.  El segundo es el de la prohibición de desaparición forzada, y tratos crueles e inhumanos.  El tercero es el del derecho a la igualdad... ¿Ven para donde voy?  Los principios y derechos cardinales de nuestra Constitución están siendo abiertamente desconocidos por un amplio sector de la población.  Y les parece que eso "está bien".

Cuando uno mira el otro lado de la moneda (las autoridades públicas) se da cuenta de que tampoco existe un interés genuino en cumplir la Constitución.  Lo curioso, es que al posesionarse en cualquier cargo público, lo primero que se exige es jurar que se va a cumplir con la Constitución.  Y la gente jura.  Entre esa gente que jura cumplir con la Constitución, está un presidente que es el comandante máximo de las fuerzas armadas, es el jefe de Estado, jefe de Gobierno y suprema autoridad administrativa (esto viene de la Constitución, no me lo invento yo), y que visita a escondidas la ciudad con mayores problemas de orden público, y no quiere dialogar personalmente con las personas con las que dice que quiere dialogar.  Tenemos un fiscal que sigue siendo parte del Gobierno, aunque formalmente su cargo constitucional diga que él es independiente.  Lo mismo diremos de Contralor y Procuradora.

La Constitución dice en su artículo 2o (sí, el segundo de toda la Constitución) "Las autoridades de la República están instituidas para proteger a todas las personas residentes en Colombia, en su vida, honra, bienes, creencias, y demás derechos y libertades, y para asegurar el cumplimiento de los deberes sociales del Estado y de los particulares."  Les presento la ironía más grande de nuestro texto constitucional.  Arriba las manos de los que se sientan protegidos en su vida, honra, bienes y demás creencias.  También dice la Constitución en su artículo 363 que "el sistema tributario se funda en los principios de equidad, eficiencia y progresividad."  Para los que no lo tienen muy claro, anoto lo siguiente: la progresividad en materia tributaria implica que el que tiene más paga más. ¿Ven para donde voy? 

En este punto, entonces, lo que ocurre es que de ambos lados de la misma moneda se observa un profundo interés en no cumplir con la constitución.  En derecho privado, por ejemplo, puede ocurrir que ante un contrato, ninguna de las dos partes tenga interés en cumplirlo.  La solución jurídica que se brinda en esos casos es la figura de la resciliación o mutuo disenso.  Traduzco: Un acuerdo de voluntades por medio del cual se "deshace" el contrato inicial.  Puede darse de manera expresa o incluso tácitamente.  La lógica jurídica detrás de esa figura es que si ambas partes se pusieron de acuerdo para crear el contrato, ambas partes se pueden poner de acuerdo para que se invalide el contrato.

Toda la teoría del contrato social en Hobbes partía del supuesto que nuestro pacto era para evitar matarnos entre nosotros.  La Constitución precisamente se crea para garantizar las reglas de juego que todos debemos seguir, entre otras cosas, para no matarnos los unos contra los otros.  La ironía de la vida, sin embargo, es que en este caso todos nos estamos matando los unos contra los otros, en nombre de esa constitución, pero despedazándola a cada instante con los actos que desconocen su texto.

Finalizo con esto: A una constitución no la mide qué tanto es aplaudida por los gobiernos extranjeros, o por los eruditos en la materia de otras latitudes.  A una constitución se le mide por la capacidad de brindar bienestar a los asociados, a través del estricto cumplimiento de la misma.  En ese sentido, podría decir que en materia constitucional no opera el famoso "por que te quiero te aporrio".

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lunes, 8 de marzo de 2021

El gremio jurídico

Desde antes de haberme graduado, recuerdo que algunos de mis compañeros y amigos se vincularon al colegio de abogados de nuestra universidad.  Debo admitir que la idea sonaba fascinante: que un abogado N.N. como yo tuviese la oportunidad de estar mucho más vinculado al gremio de los abogados sonaba más que interesante.  Sin embargo, me asaltaba una duda metódica: ¿Y qué es lo que hace un colegio de abogados?, o cuando menos ¿qué es lo que debería hacer?

Si la pregunta la fuera a formular hoy, probablemente le preguntaría a Google (ejercicio que hice al momento de escribir esta entrada).  El primer resultado, correspondió al ingreso de "Colegio de abogados" en Wikipedia.  Transcribo los primeros apartes de ese ingreso, para que vean lo que probablemente un abogado recién egresado vería si tuviese la misma inquietud que tuve en ese entonces:


Un colegio de abogados (orden o barra de abogados) es una asociación, organización o entidad de carácter gremial que agrupa a los abogados, para tratar asuntos referentes al ejercicio de su profesión, a la que generalmente se atribuyen funciones de ordenación y disciplina de la actividad profesional.​ La incorporación de los abogados a los colegios puede resultar obligatoria o voluntaria, dependiente del respectivo ordenamiento jurídico.

Habitualmente los colegios de abogados se preocupan por representar y defender los intereses del gremio, fomentar la participación de los abogados en el sistema legal mediante su intervención en los procesos de reformas legales, el patrocinio de proyectos de investigación y la regulación de la normativa profesional, especialmente deontológico.

En ocasiones los colegios de abogados también llevan a cabo la administración de los exámenes reglamentarios, que se exigen a los licenciados en derecho para la admisión al ejercicio de la abogacía.


Suena interesante, sin duda. Sin embargo, cuando uno estudia las competencias legales de las distintas entidades, observa que los colegios de abogados no cumplen ninguna función en relación con la disciplina de los abogados (eso lo hacía el Consejo Superior de la Judicatura, en mi época), ni tampoco ningún rol de autorregulación (eso no lo hacía nadie en mi época, y ahora tampoco).  Entonces, ¿cómo acaso es que funciona el gremio de los abogados?  En términos reales, los abogados se pueden llegar a agrupar a través de dos tipos de agrupaciones: los colegios de abogados a la colombiana, y las distintas asociaciones o institutos de distintas disciplinas judiciales, que cumplen fines principalmente académicos.  Están también, como tercera y exótica opción, aquellas organizaciones que parecieran ser un esquema de agrupación de abogados, pero que en la práctica son otro tipo de cosa.


Ejemplos de la primera hay varios: El Colegio de Abogados Comercialistas (con página organizada y completa, con estatutos disponibles al público aquí) El Colegio de Abogados Rosaristas (con página más o menos organizada, pero sin estatutos disponibles al público en línea), o El recientemente creado Colegio de Abogados Penalistas (con una página web en construcción y con poco contenido). En esencia, se trata de agrupaciones que agrupan a un sector de los profesionales del derecho, y que en términos reales funcionan como una especie de club social (no todos los abogados pueden entrar a cualquiera de ellos) y realizan actividades sociales y académicas.

Del segundo tipo de grupos, también hay buenos ejemplos.  Quizá los más reconocidos en el medio son el Instituto Colombiano de Derecho Procesal (con trayectoria, página organizada, producción de documentos académicos con cierta regularidad), el Instituto Colombiano de Derecho Tributario (con trayectoria, página organizada, producción de documentos académicos con meridiana regularidad) o la Academia Colombiana de Jurisprudencia (institución antigua, a la que no llega cualquiera, y como tal suele verse como un sinónimo de prestigio en el gremio pertenecer a ella). Su línea es claramente académica.

Del tercer tipo de grupos, son populares en Colombia tanto los colectivos de abogados (hay varios aunque quizá el Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo es el más reconocido) como la Comisión Colombiana de Juristas -que por su nombre, parecería aglutinar a todos los abogados respetables del país, y resulta que no-.  Estas organizaciones funcionan, en la práctica, como una ONG de denuncia, de control de vigilancia y de veeduría, con algunos componentes de litigio.  En todo caso, no son propiamente grupos de agremiación de abogados.

Esto presenta un problema para la sociedad, en general: no hay nada ni nadie que cohesione a los abogados.  Sin embargo, dado el auge de las tecnologías de la información, en estos momentos la sociedad tiende a pensar que los mejores abogados son aquellos que habitualmente salen en medios de comunicación, o que tienen buena cantidad de seguidores en las redes sociales.  Eso, en la práctica, no los hace mejores o peores abogados que ningún otro colega.  Sin embargo, como la sociedad los reconoce como los mejores, muchos se los creen.  Precisamente esta misma semana tuve la oportunidad de leer una crítica muy frentera que realiza el profesor Fernando Velásquez Velásquez precisamente a ese grupo de penalistas (además de que los penalistas son los que más prensa mojan, el profesor Velásquez es penalista, por lo que es natural que se refiera mayoritariamente a ellos) que creen ser la última palabra en todo, y los conocedores de la verdad revelada, y de la oculta.  Coincido plenamente con la opinión del profesor Velásquez, que lamentablemente no enlazo aquí, debido a que solo puede ser consultada por los suscriptores del diario El Colombiano.


Imagen tomada de: www.elpais.com

En la práctica, el problema con estos faros morales, y con las agremiaciones de abogados, es que se constituyen en unos focos generadores de poder para algunos (bien sea en materia de visibilidad mediática, de generación de roscas política y económicamente poderosas, o por la socialización del estatus de "juristas" de sus miembros.  Sin embargo, la mayoría de colectivos de abogados no cumplen con la finalidad por la cual cualquier otro segmento de trabajadores se agremian.  La profesión jurídica sigue siendo eminentemente individual, y preocupantemente vanidosa.  Por esta razón es que muchos de los altos cargos que exigen el título de abogados están ocupados por arrogantes, vanidosos y ególatras (vean el caso del Fiscal General, por ejemplo, aunque no todos son tan obvios como Barbosa).

Sería interesante que ante tanto abogado con poder, el mismo gremio intentara realizar algún tipo de ejercicio de autorregulación a partir de parámetros académicos, éticos y disciplinarios para poder decantar la base de "nominables", eliminando tanta "vedette" con cero vocación de servicio.  En todo caso, estos amantes de sí mismos podrán seguir viendo sus fotos con amor y orgullo (eso no va a cambiar), pero el país podría ahorrarse el daño institucional tan severo que nos están generando este tipo de individuos en el poder.

Tal vez sea entonces que el gremio jurídico se organice para crear este tipo de agremiación.  Sería quizá menos espectacular que las tres ya existentes, pero tal vez más útil para el país.

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miércoles, 10 de febrero de 2021

El "quién" importa

La semana inmediatamente anterior, nuevamente el mundo político nos ha estremecido con nuevos nombramientos desacertados por parte del Presidente Duque.  En esta ocasión, se trata de los nuevos miembros de la junta del Banco de la República.  Al igual que su mentor, el expresidente Uribe, Duque se ha caracterizado por sus malas designaciones.  Las generaciones más jóvenes no podrán recordar esto, pero de 2002 a 2010, tuvimos personas como Diego Palacio, Fernando Londoño, Andrés Uriel Gallego, Fabio Valencia Cossio, Jorge Noguera, María del Pilar Hurtado, y un largo etcétera.  Todas ellas fueron puestas directamente por Uribe.

El gobierno de Santos I y II, también contó con personas como Mauricio Cárdenas, Cristina Plazas o Luis Carlos Villegas dentro de sus designaciones fallidas.  Si bien no me gustó el Gobierno Santos (principalmente por él), debo admitir que en general, nombró gente mucho menos cuestionable (por razones de aptitud moral o técnica) que las que nombró Uribe.  Duque ha retomado la senda de la equivocación que nos obliga a preguntarnos si se trata de errores culposos o dolosos.

La inquietud no es simplemente teórica.  Las consecuencias de un mal nombramiento, son genuinamente malas.  Las consecuencias de mantener a la brava un mal nombramiento, son peores.  Y las consecuencias de un mal nombramiento con periodos institucionales, son nefastas. Nos enfocamos mucho en la Rama Ejecutiva, como suele ocurrir desde hace mucho en la historia de este país, y juzgamos a todos los presidentes que entran y salen del cargo.  Sin embargo, poca o ninguna responsabilidad se le suele atribuir a las Cortes por los nombramientos de otros altos dignatarios.  Por ejemplo, los últimos tres fiscales generales han sido tremendamente malos, aunque por razones distintas.  Nadie, sin embargo, jamás cuestiona las decisiones adoptadas por la Corte Suprema de Justicia a la hora de revisar estos pésimos nombramientos.

La pregunta clave aquí, es por qué razón puede seguir presentándose tanto mal nombramiento, hasta el punto que se pueda predecir quién será el elegido para determinado el cargo a partir de los patrones que los hacen malos candidatos.  "Piensa mal y acertarás".  Hemos venido acertando mucho, y eso cuesta.  Casi 10 años de una mala fiscalía general de la nación lleva a que la ciudadanía no quiera denunciar, que no se sienta, y que los delincuentes se sientan tan envalentonados, hasta el punto de hacer lo que quieran.  No es casual que maten líderes sociales, maten funcionarios buenos, maten a quien denuncia, y maten a quien no quiere dejarse.  Si las instituciones encargadas de tramitar las denuncias, de proteger a los líderes, de evitar la delincuencia se dedican a otros temas o por otros motivos, llegamos a este tipo de cosas.

¿Se han puesto a pensar la gran cantidad de dinero que ha circulado como consecuencia de la emergencia sanitaria del COVID-19?  Es mucho, y en efecto ha circulado.  El problema es que el popular sobrecosto del contrato, la popular elección a dedo del contratista y la popular falta de acciones preventivas llevan a que sea "demasiado fácil" robar, demasiado fácil fomentar la cultura de la corrupción, y demasiado fácil eliminar a los fastidiosos que quieren simplemente hacer "lo correcto".  Es tan fácil hacerlo, y es tan obvia la impunidad, que en muchos casos no hay que "adivinar" quién es el corrupto: es vox populi. Es tan generalizada la corrupción y es tan evidente el peligro de no ser corrupto, que en muchos casos el riesgo no es convertirse en corrupto y que lo cojan a uno, sino lo contrario: no ser corrupto y no saber callar.


Imagen tomada de la página: http://useum.org


En días recientes le he formulado la siguiente pregunta a distintas personas, con distinta ideología y con distintos puntos de vistas al mío.  Les pregunté por qué razón es que teníamos tantas personas tan bien formadas en distintos campos, bien posicionadas en lo público o en lo privado, haciendo las cosas tan mal.  Las respuestas han sido de diversa índole, y en general los temas suelen llegar a tres grandes tipos de respuesta:  1) porque estamos ante ególatras que buscan figurar, no hacer lo correcto; 2) porque estamos estamos ante personas que buscan el máximo éxito económico en el menor tiempo posible, y están dispuestos a hacer lo que sea para lograrlo; o 3) porque el sistema no permite que lleguen las buenas personas.  Hay mucha gente invisible que no puede o no quiere llegar allá por lo pestilente del sistema.

Por mi parte, sigo creyendo que el principal problema radica en la absoluta ausencia de una noción colectiva de ética (cualquiera que ella sea).  Si no se forma ciudadanos buenos (en el sentido real de ciudadano, y no como un sinónimo de persona), es imposible que la sociedad prospere. La hoja de vida, los títulos universitarios no son indicativos de lo que una persona "va a hacer" sino tan solo lo que "podría llegar a hacer".  En 2021, pareciera ser que el gran enigma de nuestros tiempos fuera el de identificar a un buen ciudadano.  Realmente es mucho más sencillo de lo que pareciera: Es fácil detectar al que cumple o incumple compromisos (contratos, citas, promesas, etc.).  Es fácil detectar a quien está dispuesto a vender a sus amigos, a sus hermanos, por figurar.  Es fácil detectar a quien pasó la carrera copiando.  Es fácil detectar a quienes obtiene fortunas express de manera inexplicable.  Es fácil detectar al que resuelve todo con amenazas, con intimidación o con puños.  Es fácil detectar al que es incapaz de seguir una norma simple como saludar cuando se es saludado (norma social) o frenar ante un semáforo en rojo (una norma jurídica).  Es fácil ver al que está dispuesto hacer la fila para entrar a a una tienda o a un banco, y al que no.

En el ámbito político no es muy distinto.  Los políticos suelen escudarse en que la política es dinámica y por lo tanto, las posturas políticas son inciertas.  Quienes así teorizan suelen pasar por alto un tema fundamental: Cualquier forma de pensamiento estructurado se fundamenta en axiomas o en principios que determinan aquello que puede ser y aquello que no puede ser.  La política dinámica lo que debe hacer es aplicar determinados principios políticos ante situaciones fácticas que pueden variar.  La política dinámica NO es variar los principios ante las circunstancias cambiantes.  Es precisamente lo que le criticaba a la entonces candidata a la alcaldía Claudia López (hoy alcaldesa). Con ella nunca se supo qué haría o qué no haría porque siempre cambió su discurso.  Aun hoy lo hace.  Cuando hay principios claros, no es viable variar la forma de pensar en 180%.  Una cosa es cambiar y otra es contradecirse abiertamente.  Eso, también es fácil de detectar.

De todo lo anterior, debo entonces concluir que lo que le criticar a Duque es real, es evidenciable es cierto.  Nombrar mal tiene un costo enorme, y lo está haciendo.  Está candidatizando mal cuando tiene que hacerlo (vean el ejemplo del Superintendente Barreto como candidato para la Corte Penal Internacional), está nombrando mal, está designando mal (vean al Director del Centro de Memoria Histórica), y todo esto tiene un costo.  Está bien que nombre a los que son afines a él y a su partido, porque eso es lo que buscan los partidos políticos: tener poder para decidir qué se hace y qué no se hace.  Es de esperarse.  Lo que no está bien, en cambio, es que estén dispuesto a poner a cualquiera en cualquier cargo.  El Banco de la República requiere personas con un conocimiento técnico, una formación individual y unas calidades personales especiales.  No cualquier persona que sea graduado de economía y haya tenido cierta experiencia es suficiente para estar allá.  Si el mérito especial para llegar allá es ser la hija de una exministra y amiga, eso ab initio está muy mal.

Como sociedad, podemos seguir jugando a hacernos los ciegos, jugando a no ver lo que sí vemos, a no aceptar lo que la práctica nos muestra y a seguir defendiendo a ciegas a nuestros líderes de preferencia, hagan lo que hagan.  Eso no es digno de ciudadanos sino de borregos, y cuando los borregos elegimos borregos con poder, como borregos nos tratarán. 

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sábado, 5 de diciembre de 2020

¿Existe alguna razón para portarse bien?

Cuando inicié en mis estudios de derecho, recuerdo que uno de los primeros textos cuya lectura debíamos abordar era el Libro I de "La República" del filósofo griego Platón. El texto no es sencillo (en general ninguno de los escritos de Platón lo son), pero conviene leerlo y releerlo.  Confieso que desde aquella época, he repasado el escrito cuando menos en otras cuatro oportunidades, haciéndolo quizá uno de los escritos que más veces he tenido que leer.

No pretendo aquí hacer una reseña del mencionado escrito, pero sí quiero retomar uno de los interrogantes que giran en torno de la discusión acerca de la justicia, el hombre justo y el hombre justo, y adaptarlo a mis tiempos: ¿por qué razón debería alguien portarse bien, aquí en Colombia de 2020? Si retomamos parte de la línea argumentativa de Platón, diremos que las artes, profesiones y oficios no son concebidas para hacer bien a quien las hace, sino a los destinatarios o a los beneficiarios de esa profesión o arte.  Bajo ese entendido, si le aplicamos esa lógica a un gobernante, el gobernante justo será aquel que haga aquello que más beneficia a sus súbditos. Para llegar a esta conclusión, Platón ha examinado la postura de aquellos que defienden que lo justo es lo que más le conviene al más fuerte, o que lo justo es dar lo bueno a los buenos y lo malo a los malos.  Tras ese examen, pareciera que se logra demostrar que esa lógica individualista no es propia de personas justas.


Imagen tomada de: www.wikipedia.org 

Aproximadamente veinticinco siglos después de que este texto fue desarrollado por Platón, me encuentro en un país en el que ocurren las siguientes cosas: varios de los funcionarios encargados de liderar la defensa de los derechos de la población colombiana, han llegado seriamente cuestionados a sus cargos, otros tantos se dedican a ayudar a sus amigos y perseguir a sus enemigos, y muchos otros simplemente se dedican a gobernar para los verdaderamente poderosos, es decir, para los ricos.  Veinticinco siglos después de "La República", me encuentro en el país que planteó Trasímaco.  Ya decía él que en cualquier transacción que involucre a un justo a un injusto, iba a ganar siempre el injusto. Aquí se hace lo que le conviene al más fuerte.  La Constitución y las leyes son de aplicación selectiva y residual.  Todos los días matan personas (independientemente de sus opiniones, ideologías, o etnias) sin respuesta.  Todos los días nos peleamos por los caudillos de siempre mientras ellos miran como tener más y más poder.  Todos los días vemos más personas mendigando trabajo, pidiendo dinero prestado para sobrevivir, mientras que los bancos no solo reciben dinero del Estado sino que también deciden elevar el costo de sus transacciones.

Hace tan solo unos días, el Congreso aprobó una reforma electoral que en nada beneficia a los ciudadanos, y que por el contrario está diseñada para favorecer a los políticos de siempre.  Cada cuatro años escuchamos a estos mismos individuos gastar millonadas diciendo que son el cambio de esa forma de hacer política, y que luego muestran que los ciudadanos seguimos siendo simplemente un requisito formal para que ellos lleguen allá, hagan lo que quieran allá, y luego digan que lo hicieron por el bienestar del pueblo colombiano.  Las redes sociales, los medios de comunicación, los bares y los cafés se inundan de ciudadanos quejándose por "los demás" que ponen a los de siempre, y demostrando que su punto de vista era el que debían seguir los demás ignorantes. Sin embargo son estos mismos los que cada cuatro años votan por los mismos bajo el argumento de que "no hay más".

Cuando pienso en esto, me pregunto qué pasaría si algún día me decidiera lanzarme a una candidatura política en el país.  Probablemente nada, porque a los ojos de los demás, soy un Don Nadie, y nadie vota por un Don Nadie.  Ya alguna vez me pasó: en la facultad hace muchos años intenté lanzarme al Consejo Estudiantil.  No prometí cosas incumplibles, ni tampoco ofrecí el cielo y la tierra.  Prometí cosas que pudiera cumplir.  Sin embargo, perdí (quedé segundo).  Perdí contra una idea políticamente más seductora, con mayor marketing político, y que como era de esperarse, no se cumplió. Fue el vertiginoso fin de mi carrera como representante de otros.  No esperaría que una aventura semejante en mi edad adulta y frente a cargos de elección popular terminara con un resultado distinto.  En cierta forma, un importante sector de la ciudadanía vota por las mismas razones, y por las mismas personas, a la espera de que algún día de pronto se equivoquen y su candidato genuinamente se preocupe por gobernar por ellos.  La esperanza es lo último que se pierde, dicen...

¿Por qué Platón nos mintió? ¿Por qué nos vendió un modelo que no funciona?  Parecería que ese griego charlatán debería ser demandado ante la SIC (Superintendencia de Industria y Comercio) por publicidad engañosa.  Creo, sin embargo, que Platón nos debe mirar todos y cada uno de los días de nuestras vidas desde donde sea que él se encuentre, para decirnos "se los dije".  Su modelo no era "el único modelo posible", era "el mejor modelo posible".  No es su culpa, nos diría probablemente el filósofo, que le hayamos hecho caso a Trasímaco y nos hayamos dedicado a vivir nuestras vidas para satisfacer al más fuerte.  Ha sido nuestra elección. Pedir que los demás piensen en lo que más le convenga a la mayoría, mientras que individualmente pensamos en nuestro propio beneficio es algo impracticable.  A su lado (también donde quiera que esté) Kant probablemente asentiría diciendo: "Se los dije. Monté todo un modelo para explicarles por qué no era posible".

La triste verdad es que para responder a la pregunta que da el título a esta entrada, tengo dos opciones: 1) Responderla a partir de la relación sociedad-individuo (en ese orden); o 2) Responderla a partir de la relación individuo-sociedad (en ese orden).  Si espero que la sociedad en la que vivo me dé razones para portarme bien, la respuesta a mi pregunta es que no existe ninguna razón posible para portarse bien en la Colombia de 2020.  Sin embargo, si cambio mi perspectiva y pienso que la sociedad se nutre de individuos, pensaría que portarse bien es el único camino para salir del fango en el que nos encontramos.  No es garantía; es tan solo una esperanza.  Pero como dijimos atrás... la esperanza es lo último que se pierde. 

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miércoles, 2 de diciembre de 2020

Comentarios sobre el proceso contra Álvaro Uribe Vélez - Parte 2

Siguiendo con la serie relacionada con el proceso penal seguido en contra del expresidente y exsenador Álvaro Uribe Vélez, procederé en este ingreso a tratar temas filosóficos que a pesar de no tener relación directa con  el proceso jurídico en sí (tema que vimos en la parte anterior), sí tiene serias implicaciones con los temas que son objeto de discusión.  De las tres entradas, considero que esta puede ser la más densa, y me excuso de antemano por las dificultades que pueda generar la terminología empleada.


Parte 2: Aspectos filosóficos del proceso en contra de Álvaro Uribe Vélez



Imagen tomada de: www.asuntolegales.com.co


A. Los serios problemas que implica propiciar el cambio de competencia.

En el ingreso anterior expliqué el concepto de fuero, y cómo eso podría alterar la competencia general para la investigación y/o el juzgamiento de un delito.  Lo que no traté en ese ingreso, es el serio problema que implica para la administración de justicia, que se busque deliberadamente un cambio de competencia. Si los fiscales, los jueces y los magistrados todos han debido estudiar los mismos principios jurídicos, los mismos códigos y la misma jurisprudencia, ¿por qué razón importaría quién es la persona que debe decidir?

La pregunta no es menor y en la mayoría de los casos, las respuestas que se barajan tienden a ser de naturaleza política.  Esto -por supuesto- constituye una salida aparentemente fácil a la discusión, dado que estaríamos aceptando que las decisiones procesales en mayor o menor medida son dictadas por razones políticas, y no por razones jurídicas. Sin embargo, el problema es que el sesgo político no es el único de los motivos por los que una persona podría dejar de ver un asunto de manera imparcial.  Existen los gustos o disgustos en materia sexual, el gusto o disgusto por los extranjeros, por personas de mayores o menores recursos económicos, por la raza o religión de los involucrados, entre otros tantos temas.

En Colombia, hasta hace relativamente muy poco (15 años o menos), se negaba sistemáticamente que el juez pudiese decidir conforme a su visión política.  Cuando empezamos a recibir mucha más influencia de las teorías norteamericanas que de las europeas, empezó a cambiar la visión del juez que había en el país, y se ha empezado a admitir que es posible que una postura jurídica cambie debido a cualquiera de los posibles prejuicios pueda tener quien ha de decidir.  En la actualidad, constituye una ingenuidad de mayor calado, pretender que los jueces deciden únicamente a partir de razones, o mejor de enunciados racionales.  De hecho, mi experiencia como estudiante y profesional del derecho me ha mostrado que las razones jurídicas no suelen ser las principales razones para adoptar decisiones de naturaleza jurídica.  Tristemente, el argumento jurídico en la mayoría de ocasiones, se acomoda a la decisión fundada en el  prejuicio.

Si aceptan la explicación que acabo de exponerles, entenderán por qué razón es que constituye un inmenso problema el cuestionamiento de la competencia en el caso de Uribe.  Si partimos del hecho de que no es igual que investigue la Corte Suprema de Justicia a que lo haga la Fiscalía General de la Nación, tendríamos que necesariamente concluir que alguno de los dos (o incluso de los dos) no decidiría de manera justa.  

Repito: Si se acepta mi explicación, se tendría que la decisión de renunciar al cargo de congresista que tomó Uribe para que el fuero de congresista desaparezca -lo que genera un cambio deliberado de competencia investigativa-, se debería a que el máximo órgano de administración de justicia en la jurisdicción ordinaria no es justo (primera opción), o que la entidad que le cuesta anualmente a los colombianos cerca de cuatro billones de pesos para investigar los delitos en el país, no lo es (segunda opción).  La tercera opción, es que ni la Corte ni la Fiscalía son justos.

Este mismo fenómeno (el del cambio de la competencia) es el que se presenta con las discusiones sobre las investigaciones en contra de miembros de la fuerza pública.  Que se generen las discusiones deliberadas sobre temas de competencia obliga a pensar que cuando menos uno de los dos posibles investigadores o jueces, no es justo. Eso, en un estado de derecho, es supremamente grave.  Pero aún más grave, es que no son temas esporádicos o aislados.  Se dan todos los días.


B. La diferencia entre sesgo e injusticia.

Quizá a muchas personas no les genere el mismo nivel de impacto que me genera a mí ver a miembros de la administración de justicia salir a ruedas de prensa a decir que sus decisiones fueron adoptadas en derecho.  Eso es como si una persona tuviera que decirle al mundo que es una buena persona, para que la gente crea que lo es.  Sin embargo, esa -la rueda de prensa explicativa- es una práctica supremamente común en este país.  Los fiscales y jueces deben salir a decir que toman decisiones en derecho.  Esto ocurre porque las pretensiones de autocontrol de las decisiones judiciales por parte de los miembros del sistema jurídico nacional, no existen.  Por este tipo de cuestiones es que la justicia colombiana sigue nombrando magistrados o fiscales indignos de sus cargos, y por esa razón es que vivimos en un mundo en el que cualquier decisión judicial "puede ser" al interior de una corte, siempre que tenga las mayorías.  Nada depende ya del límite intrínseco impuesto por la norma.

He señalado en el aparte anterior, que en la actualidad la sociedad colombiana debe reconocer que los jueces no son seres absolutamente objetivos ni apolíticos, sino que -como todo ser humano- tienen gustos y disgustos, y por lo tanto, tienen prejuicios.  Ya algunos teóricos como Hart señalaban que la solución a este problema no es evitar el prejuicio sino ser consciente de ese prejuicio para poder contrarrestarlo o neutralizarlo. Sin embargo, parece ser que a los únicos magistrados a los que habitualmente se les analizan sus gustos y disgustos, son a los de la Corte Constitucional.  Nadie se pregunta por los prejuicios de los demás jueces y fiscales, y por lo tanto, parecería que todos ellos pensaran igual y operaran de la misma manera.  Si algo nos muestra la discusión sobre el cambio de competencia en caso de Álvaro Uribe Vélez, es que el país entero reconoce que la Corte y la Fiscalía General de la Nación no operarán de la misma manera frente al caso.

 

C. Los roles fallidos.

Constantemente me formulan preguntas tales como "¿usted defendería a un violador?", o similares.  En la mayoría de los casos, la pregunta implica una carga valorativa de antemano: el interrogador tiene la esperanza o la expectativa que uno diga que no.  Eso no quiere decir que un abogado penalista necesariamente vaya a defender a cualquier persona. Lo que implica es que el límite no está en la marquilla de "violador", "asesino", "narcotraficante", "terrorista", o cualesquiera otro quieran utilizar (según el caso).

Para poder comprender esto, deben recordar que el proceso judicial está fundado sobre un esquema de roles, y no es otra cosa que un juego de roles.  Para que la justicia opere al máximo, se requiere que necesariamente cada una de las partes o intervinientes cumpla con su rol en el proceso.  En consecuencia, en un proceso penal la fiscalía debería emplearse al máximo para procurar una condena, la defensa debe emplearse al máximo para buscar la mejor solución (en ocasiones es la menos mala) para los intereses de su cliente, el representante del ministerio público debe velar por la legalidad del procedimiento, por el cumplimiento de las funciones de los demás sujetos procesales, y bajo ese entendido no debería tomar bando.  La víctima, busca que se dé una condena para poder tener derecho a la verdad, justicia y reparación, de llegar a darse la condena.  Un proceso ideal, en consecuencia, es cuando la mejor fiscalía se enfrenta a la mejor defensa, y decide el mejor juez a partir de lo que la mejor prueba le permite dar por demostrado, y atendiendo el mejor criterio jurídico (que requiere a su vez la mejor formación posible).

Es lo mismo que la gente espera la de final de un mundial de fútbol: los dos mejores equipos, utilizando a sus mejores jugadores, para intentar vencer a su rival, y siendo los árbitros los mejores y más justos. Para entender lo que pasa cuando hay corrupción, o cuando hay serios problemas de formación, o existen motivaciones personales distintas a las funcionales que se imponen en los sujetos procesales o en los jueces, no hay mejor ejemplo que el partido de fútbol: ¿Cómo sería un partido en el que uno de los equipos deliberadamente se deja ganar?  Es lo mismo que ocurre cuando en un proceso judicial una de las partes está jugando a perder.

Esto es lo que pasa en el caso de Uribe Vélez.  La fiscalía está jugando a perder, y esto es más que evidente.  Si esto ocurre al más alto nivel de la justicia colombiana, ¿qué esperanza puede tener un colombiano anónimo, sin títulos, sin cargo, sin apellidos, sin familiares influyentes?  Es el problema cuando los roles son fallidos. Al colombiano común y corriente, como es mi caso, no debería gustarle que haya jueces o cortes que vayan contra Uribe y los suyos, o que vayan contra Petro y los suyos (por mantenernos en el tema penal).  En cualquiera de esos casos, estaríamos hablando de una justicia parcializada.  Cuando antes de conocer el caso se puede anticipar el sentido de la decisión de un funcionario, es claro indicio de que el sistema de roles está fracasando. Por eso es que el ciudadano debe entender la gravedad que implica que haya procuradores, contralores, magistrados, o fiscales de bolsillo.

Si a esto le sumamos que la prensa y los generadores de opinión también están parcializados, nos encontramos ante una crisis de la verdad.  La realidad, y por ende la verdad, está siendo sometida a un debate de consensos y no a un análisis silogístico.  Toda la gracia de tener un concepto como el del "principio de legalidad" en materia penal, es precisamente que la verdad, y el criterio jurídico no dependan de los gustos o de los consensos ex post, sino precisamente de ese ítem valioso que nos brinda la ley: que deba necesariamente ser previa a los hechos.  En consecuencia, frente a un caso cualquiera (el de Uribe es tan solo el ejemplo que sirve para tratar este tema), bastaría conocer qué dice la ley, revisar las pruebas, y de allí se debe extraer la conclusión.

Aquí, sin embargo, entramos en la moda de elegir qué juez o qué investigador es mejor que el otro.  Entramos en la moda de escuchar a los panelistas uribistas versus los analistas antiuribistas, quienes dirán que todo es legal y justo siempre que se acomode a su interés, su agenda o su gusto político, y por el contrario dirán que es ilegal e injusto, cuando van en contra de aquellos.  Los periodistas procederán a difundir las noticias, los análisis y las opiniones (vean el caso de Revista Semana, por ejemplo) según su propia agenda política, y los ciudadanos también consumiremos las noticias y los análisis, según nuestros propios gustos.

Nada más filosófico que eso:  En estos momentos, en Colombia la justicia penal muestra que la verdad no es algo objetivo externo a nosotros, sino que esa algo que construimos de lo que nos convencemos.  Para los que tienen el poder para construir esa verdad, nada más bonito.  Para aquellos que creemos en la realidad objetiva externa a nosotros, nada más desolador...

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