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domingo, 22 de agosto de 2010

Álvaro Uribe Vélez: El expresidente – Pt. 2

En mi época universitaria, recuerdo haber visto una película francesa titulada “La reina Margot”, una película en francés en la que incluso actuó el cantante Miguel Bosé.  La película traía una serie de tramas que giraban en torno a una situación histórica específica: el reinado de Carlos IX de Francia, y la lucha religiosa que se daba al interior del reinado entre los católicos y los hugonotes (calvinistas).  En varias escenas, se puede la manera como los franceses se despedazan entre sí, mientras algunos rezan el recitan católico y otros prefieren morir antes que traicionar sus convicciones religiosas.  Por supuesto, los hugonotes a su vez embisten a los católicos buscando el efecto contrario, y así, se desangran.

¿Por qué, se preguntarán los apreciados lectores, escribo sobre guerras religiosas de hace tantos siglos si en la actualidad no hay reyes, ni Colombia se encuentra dividida entre calvinistas y católicos?  Es el asunto de fondo lo que realmente importa.  El sesgo ideológico.  No cabe duda que la imagen del expresidente Uribe polarizó, y aún ocurre.  Para la muestra, me permito utilizar un ejemplo práctico de la vida real.

El martes de la presente semana publicaron mi columna semanal en www.noticias.com.co.  El escrito era una crítica a aquellos que inmediatamente consideraron que bomba = FARC.  En dicho escrito se manejaban algunas pruebas que se saben que existen, para efectos de llegar a esa conclusión.  De hecho, considero que las pruebas apuntan más hacia la derecha colombiana que hacia la guerrilla.  Por supuesto, en una columna de opinión con poco espacio para maniobrar, era imposible sensatamente aventurarme a tratar dicha hipótesis.  El escrito, por tanto, simplemente tendía a demostrar que no era obvio que la bomba hubiese sido colocada por las FARC.

Como consecuencia del escrito, el jueves recibí un comentario a través del formulario de contacto.  El escrito provenía de un abogado, que se identificó, pero que para los presentes efectos, no es relevante su nombre.  En aras de no ser tendencioso en el manejo de la información, me permito transcribir literalmente el comentario del lector:

Nunca vi menos rigor en la valoración de unas \"pruebas\". El título del texto prometía ciencia... el contenido es una vulgar especulación sofisticada en forma cantinflesca. Si tiene una teoría de la conspiración luce mejor decirla abiertamente, en lugar de vestirla como una hipótesis jurídica. Le aclaro que no tengo ni idea quien puso la bomba y no tengo una versión sobre el particular... pero se me da la gana pensar que fueron las FARC, como después de leerle pienso que a usted se le antoja que fue Uribe o la Fuerza Pública.... a pesar de no comprometerse a decirlo.

Ante ese comentario, decidí responder (como siempre ha sido política de este espacio) al comentario del lector.  En consecuencia, le envié el siguiente correo electrónico al lector:

Buenas tardes,

Agradezco de antemano su comentario (nombre suprimido).  Por supuesto, usted tiene derecho a su opinión, y es respetable.  Sin embargo, como lo he mencionado en otras oportunidades, veo que cree usted rebatir mis posturas atacándome a mí o tildándome de cantinflesco.  Personalmente, no comparto su postura de que no me 'atrevo' a decir lo que pienso.  Lo que ocurre es que no soy tan irresponsable de acusar cuando las pruebas no me llevan a una total certeza de mi(s) sospechoso(s).  Precisamente por el rigor que manejo no lo hago.  Lo único que sí queda claro de mi nota, es que definitivamente estoy convencido que no fueron las FARC.

Si quiere, seguimos discutiendo el tema, pero atengámonos a las pruebas que presenté o a otras nuevas pruebas que hay, no a amores, lealtades o apasionamientos.  En esos términos no discutiré nada, y entenderé que su opinión radica en la incredulidad de que Uribe, la Fuerza Pública (por usar sus dos ejemplos) sean capaces de algo así.

Saludos.

Gaviota J.

A la fecha, no he obtenido respuesta sobre el particular.

Como mencioné antes de tratar el ejemplo específico, la importante es mostrar cómo una opinión en contravía de un querer apasionado puede generar réplicas como la mencionada.  No es un hecho desconocido que Colombia es un país de pensamiento mayoritariamente de derecha, y el Presidente Uribe fue el adalid de esa ideología durante los últimos 8 años.  Siendo tan popular como lo fue, creo que siquiera el más mínimo indicio de que puede verse involucrado él o lo que él representa, genera odio o cuando menos, un poco de resentimiento.

No está bien visto que se cuestione a Álvaro Uribe Vélez o lo que él representa.  En su época, quienes lo hacían (por ejemplo Petro, Jose Miguel Vivanco, y Piedad Cordoba) eran denominados ‘terroristas’ o ‘cómplices de terroristas’.  Al menos me siento afortunado de que se me catalogue como ‘cantinflesco’.  Pudo haber sido peor.  Al menos no me trató como hace unos dos años lo hiciera Moredan, a quien le faltó poco menos que desearme la muerte por creer en Dios.

En la actualidad, se observa que con la inclusión de Uribe Vélez en el equipo encargado de analizar el ataque israelí al buque turco, ha generado la misma polarización, o peor, que la que generó al interior del país.  Sus defensores seguirán diciendo que lo que se necesita es la visión de un verdadero estadista que ha tenido que vivir y gobernar durante un conflicto.  Sus detractores dirán que él, con todos los escándalos que pesan sobre su hoja de vida, no tiene la más mínima legitimidad para hacer estudios sobre el Derecho Internacional Humanitario.

Uribe, el expresidente, sigue estando vigente en el corazón de muchos de los colombianos.  Por mi parte, le reconoceré aquello que mencioné en “Álvaro Uribe Vélez: El expresidente – Pt. 1” pero no dejaré de ver lo malo y lo pésimo de su gestión.  Es decir, no pienso actuar como otro de los personajes de “La reina Margot”, matando o muriendo por la espada con fundamento en el radicalismo ideológico.  La polarización no es sana, y el nuevo gobierno ha entendido eso.

Lo curioso es que el nuevo gobierno, teóricamente continuista, se ha encargado ya de despedazar algunos de los proyectos que había dejado andando el gobierno Uribe.  Particularmente, la reforma a la justicia de la que ya se habló en este espacio, así como el restablecimiento de las relaciones con Venezuela, y la creación de un estatuto de la oposición, que está en discusión.  Con el mismo ímpetu que se aplaudió en su momento que Uribe ‘no se dejara’ de Chávez, se aplaude hoy que se restablezcan las relaciones.  Son dos vías absolutamente diferentes para un mismo problema, y ambas han sido aplaudidas por las mismas personas.

Lo anterior demuestra entonces que, o la gente no está realmente considerando seriamente las problemáticas del país y cualquier decisión le gusta, o el tema incluye un importante factor de apasionamientos.  Sabemos que Uribe los genera.  Basta revisar los grupos de colombianos en Facebook para saber qué tanto los genera.  Basta ojear la reacción del mundo ante su nombramiento por Ban Ki Moon, para saber qué tanto polariza.  Basta revisar la actitud de la Corte Suprema de Justicia ante el nuevo gobierno para saber qué tanto ha cambiado.

Por último, cabría preguntarse cuántas denuncias penales ha alcanzado a formular el expresidente en los últimos 2 años, para saber qué tanto le gusta la pelea.  No es que no tenga derecho a hacerlo.  Simplemente, es un claro indicativo de su personalidad belicosa, que riñe un poco con el mensaje de paz que quiso pregonar por mucho tiempo.

Decía Séneca:  “Si deseas la paz, prepárate para la guerra”.  Álvaro Uribe hizo algo de caso.  Nos preparó para una guerra que ya estaba en marcha y para la cual el país no estuvo seriamente preparado.  Sin embargó, fue más allá y al parecer pensaría que para lograr la paz debería no solo prepararse para la guerra, sino propiciarla y controlarla.  Logró simultáneamente batallar contra las Cortes, contra los países vecinos, contra las ONG´s de derechos humanos y contra sus detractores políticos internos.  Demasiados frentes para poder realmente triunfar.

Por el momento, deseamos desde este espacio éxito al expresidente Uribe donde quiera que siga continuando con su política de trabajar, trabajar y trabajar.  Es un hombre capaz.  Sin embargo, también desde este espacio deseamos fervorosamente que no esperemos a que el juicio histórico de su gestión se presente décadas después.  Iniciemos por lo jurídico, y empecemos a revisar lo económico y lo militar.  Que inicie la rendición de cuentas de su mandato.
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lunes, 9 de agosto de 2010

Álvaro Uribe Vélez: El expresidente – Pt. 1

El pasado sábado pude ver por televisión como Álvaro Uribe Vélez, aquella persona que apoyé a principios de milenio, dejaba el poder.  Se trataba de un hombre mucho mayor y más desgastado que aquel otro que hubiere podido ver personalmente en un par de foros universitarios.  Con un cabello teñido de color ceniza, una sonrisa complaciente pero no reluciente, evidenciaba lo que implica liderar a un país de maniáticos como el que lideró.

Confieso que hasta ese momento, no había conocido Presidente que me causara tal nivel de simpatía como el que me generaba Uribe.  Él representaba inicialmente tres principios que resultaban de vital importancia para mí:  carácter, tenacidad y compromiso.  Como candidato, para las elecciones de 2002, recuerdo que despertó en mí gran admiración saber que una persona tan poco popular pudiera jugársela por un discurso tan radical en contra de lo que él consideraba como una concesión de la soberanía.

Recuerdo que cuando hablaba del modelo económico, realmente nunca fue claro acerca de la forma en que habría de generar empleo.  Esto último, visto ahora en retrospectiva, parece algo lógico y obvio.  Sin embargo, su visión acerca de la manera de atraer inversión al país era muy interesante.  Es necesario resaltar que los indicadores económicos que dejaba Pastrana no eran alentadores, aunque durante su gobierno había logrado corregir el curso que había dejado el nefasto gobierno de Ernesto Samper.

Uribe representaba en ese momento una nueva forma de hacer política, basada en el liderzazo claro del jefe, y en la lucha contra la politiquería.  Recuerdo que pregonaba mucho que se requería una reforma política de fondo para que se acabara con los auxilios parlamentarios o cualquier otra clase de prebendas a los Congresistas.  Hay que recordar con claridad sus propuestas de muerte política a los políticos condenados por corrupción, que fueran tramitadas por la vía del referendo.




El ahora expresidente interiorizo el hecho de ser él el Jefe de Estado, Jefe de Gobierno y Suprema Autoridad Administrativa.  No obstante, tanta inteligencia y tanta capacidad mental empezó a traicionar al Presidente cuando comenzó a entender que era un líder amado y respaldado.  El carácter recio se convirtió en soberbia, y la inteligencia empezó a transformarse en indolencia.  Ataques como designar a los de la oposición como “terroristas de civil”, ofrecerle ‘darle en la “cara” al ‘marica’, hablar de otros Jefes de Estado como “nostálgicos del comunismo”, o que “sea varón”, son ejemplos de esa soberbia que lo llevó a chocar con otros soberbios.  Por supuesto, no es él el único soberbio que hay en el país.

Aquí, por lo general, a la gente le gusta que haya seres ‘superiores’ que los pisoteen.  Eso legitima a ese pisoteado para buscar a alguien más vulnerable y continuar así con la cadena.  Por eso, la actitud de Uribe no molestaba, sino que gustaba a gran parte de la población.  He escuchado a muchos decir que eso significa “tener pantalones”.  Por supuesto, no considero que la grosería o la altanería sea equivalente a “tener pantalones”.

En cuanto al tema de la indolencia, debo ser claro: creo que gran parte de la responsabilidad que aquí le endilgo al exmandatario, deriva de su pauérrima elección de colaboradores.  Creo, que en lo que llevo de vida nunca había visto un gabinete ministerial tan mediocre como el que le vi a Uribe en 8 años.  Tan es así, que tras revisar el asunto con algunos amigos, queda muy difícil establecer quién fue el peor, o la peor Ministra del despacho.  Por mi parte, considero que Diego Palacio se lleva los honores, pero compitió de cerca con Andrés Uriel Gallego, Andrés Felipe Arias.  Hasta ahí, los ineptos.  Sin embargo, cuando decide nombrar a un maestro de la artimaña, como es el caso de Fabio Valencia Cossio, como Ministro del Interior y de Justicia, parece mentira.  Pero claro, tenía que superar lo que había logrado hacer con Fernando Londoño.

Cuando uno ve al exministro Valencia, uno se pregunta qué podría hacer un hombre de su talento si decidiese usarlo para cosas buenas.  Qué habilidad la que posee para idiotizar a sus opositores.  Él solo logró movilizar el referendo reeleccionista (el segundo), y hacer parecer que las pataletas de Uribe con la Corte Suprema de Justicia, eran simples actos de opinión personal que no implicaban ningún conflicto especial.  Mientras tanto, terminó de arrasar con lo poco que quedaba de decente del Consejo Superior de la Judicatura.  Allí cabría aplicar lo que el antiguo filósofo griego Diógenes aplicó en su tiempo:  utilizar una lámpara en plena luz del día y caminar sus diferentes estancias.  Al ser preguntados acerca de lo que buscamos, habríamos de responder:  “Buscamos jueces honestos”.

En la segunda entrada, ahondaré más acerca de los alcances de Uribe con la justicia colombiana, tema central de este espacio.  Sin embargo, no quiero perder el hilo conductor que llevaba en un principio.  Como dije atrás, la indolencia caracterizó al Presidente Uribe cuando ya no era solo Uribe el redentor, sino Uribe el Magno (recordarán que su ego llegó a que algunos seguidores en serio, y algunos detractores en burla, lo llamaran ‘el mesías’).  Sus colaboradores realizaron toda serie de argucias para modificar el ordenamiento jurídico simplemente para que no se requiera voluntad diferente a la del Presidente Uribe para que algo se hiciera o se dejara de hacer en el país.  El primer referendo (y la yidispolítica), el segundo referendo y la denuncia de Navas Talero, las interceptaciones ilegales en el DAS, las confrontaciones con las Cortes, la declaración manifiestamente inconstitucional de estados de excepción (DMG y crisis de la salud) llevó a que aquel que juró combatir la corrupción y que siempre invitaba (en su primer gobierno) al diálogo de argumentos entre los contradictores, se transformara.

Cuando veo las cosas que llegó a hacer Álvaro Uribe, recuerdo las letras escritas por J.R.R. Tolkien en su obra de “El señor de los anillos”.  Además de ver la película, he leído el libro y siento que algunas de las descripciones que hace Tolkien sobre la manera como el anillo actúa a través de su portador para convertirlo en un instrumento de la maldad, es algo que se pudo aplicar a Uribe en algunos escenarios.  No pretendo, sin embargo, afirmar que todos sus errores o fracasos fueron intencionales o dolosos.  ¡Por supuesto que no!  Entiendo que fue una persona preparada, capaz de gobernar, hábil, y sobre todo, conciente de que posea aquellas cualidades.  Entre más cosas se hacen, es posible equivocarse más.  A Uribe le abono que aunque en muchas cosas se equivocó, muchas cosas intentó.  El lado bueno de su gobierno ha dejado cosas que me gustaría resaltar antes de terminar esta primera parte del escrito.

Recuerdo, por muchas razones que no vienen al presente caso, la situación de desconfianza y desesperación que vivía esta sociedad antes de la llegada de Uribe al poder.  Recuerdo que Bogotá era una capital sitiada, rodeada y deseada por las guerrillas, principalmente las FARC.  Recuerdo que para la gente, el concepto de movilidad y libertad de tránsito era aquel que podía ejercerse de la casa al trabajo y del trabajo a la casa.  También era posible viajar en avión al exterior a las playas.  El 80% de la población (si no es un poco mayor la cifra) estaba encarcelada en sus residencias, y veía cómo cualquier intento por desafiar a la guerrilla terminaba en secuestro extorsivo o en homicidio.

Recuerdo que antes de él, no existía una propuesta serie de atraer turistas e inversionistas al país.  Recuerdo que la presencia del primer mandatario de mi país era aquella que dejaba la de un hombre bajándose de un avión comercial para una reunión de jefes de Estado, o si no era ese el caso, se viajaba en un avión obsoleto e inseguro.

Recuerdo que antes de él, había podido únicamente ir a ver a Guns N´ Roses en 1992 y a Metallica (a este no pude ir, pero por otras razones) en 1999.  Bon Jovi, Gloria Estefan fueron quizás algunos de los otros conciertos de ‘grandes’ que pude presencial antes de la Era Uribe.  Durante su mandato, he podido ver a un repertorio de grandes grupos que jamás pensé que podría ver personalmente, y todo gracias a que se sentían lo suficientemente seguros para venir, y existía un suficiente nivel en la economía para emprender esos proyectos.  Eso, debo decirlo, se lo debo a él.

Recuerdo que antes de Álvaro Uribe, los policías y los militares competían por quién era más estúpido que el otro, y adicionalmente, por quién creía ser mejor que el otro.  El concepto de inteligencia militar aplicado al país era una increíble contradicción, y los recursos con los que contaban nuestras Fuerzas Armadas para enfrentarse a los subversivos eran muy escasos.  No obstante, quiero también dejar muy en claro que fue Andrés Pastrana (y no Uribe) quien se encargó de estructurar el fortalecimiento de las Fuerzas Armadas.  Lo que ocurre es que fue el mandatario paisa quien contó con la decisión política de ampliar ese fortalecimiento e implementarlo desde el punto de vista operativo.

Por supuesto, Uribe nos ha metido unos golazos para desviar la atención, como la propuesta de traer el mundial de fútbol a Colombia, y cuestiones similares que buscaban contentar al pueblo y evitar que las personas husmearan más de la cuenta.

En síntesis, creo que Uribe hizo lo que la gente realmente esperaba que hiciera (disminuir la guerrilla a su mínima expresión) pero también ha dejado un negro legado que tardará algunos meses o años en realmente ser descubierto.  Mientras tanto, sus hijos ya serán unos grandes empresarios y probablemente ya no estén en el país, y es altamente probable que él tampoco.  Sin embargo, no les quepa la menor duda que lo ocurrido en su gobierno, que fuera dilatado o retrasado por estar él en el poder, volverá a adquirir un ímpetu que lo tendrá a él a las puertas del gran juicio histórico que el quisiera ver, pero con un resultado muy diferente al que él quisiera encontrar.
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