jueves, 12 de enero de 2023

El tema con el POT

Nota introductoria:

No me avergüenzo de manifestar abiertamente mi profunda decepción por el estado de Bogotá, y peo raún, por la calidad de sus ciudadanos.  Son ya muchos años de sentir lo mismo.  Aclaro desde ya, que es imposible entrar a analizar uno a uno a cada uno de los que de una u otra manera interactúan diariamente en la capital de Colombia. No pretendo hacerlo, así fuese ello posible. En general, el "bogotano" no me agrada, y muchas razones hay para ello. Sin embargo, no es ese el objeto de este ingreso.

Luego de 23 años en contacto con aquello que podríamos llamar, "el derecho", tal vez nunca quise adentrarme en las aguas de la normatividad capitalina, sus porqués y su historia.  Sin embargo, cuando uno ve el estado de la ciudad, e intenta encontrar respuestas, parece no hallarlas en ningún lado.  Me cuesta creer que haya tantos mandatarios locales a los que le quede tan grande eso de gobernar una ciudad.  Y si no lo viese con mis propios ojos todos los días, me costaría creer que haya gente que sea incapaz de botar la basura en la caneca de la basura, y que simultaneamente crea que es una idea genial andar destruyendo las estaciones y buses del sistema de transporte masivo principal de la ciudad.

En este momento presento otra claridad más: Transmilenio me parece una mala idea, pésimamente implementada.  Sin embargo, es lo que nos dejaron en la ciudad, y el hecho de que no me guste no significa que me sienta "empoderado" (por utilizar un término de moda) para destruir toda la infraestructura del sistema.

A un amplísimo porcentaje de mis conciudadanos les parece genial eso de "hacerse sentir" destruyendo. Allá ellos... Sin embargo, más allá del interesante ejercicio que pueda representar intentar comprender o simpatizar con alguna de las subespecies de bogotano, lo interesante es intentar aprender por qué a pesar de todo ello, existe un apetito casi sobrehumano por llegar a ser alcalde de la ciudad.  Samuel Moreno nos la puso demasiado fácil.  Gracias a él, no hay que desgastarse demasiado en buscar respuestas.

¿Entonces, para qué escribo esto, si todo resulta tan obvio?


Ahora sí: El tema con el POT.

Ser corrupto es fácil.  Realmente fácil.  Para ello se requiere únicamente dos cosas: 1) Encontrar una manera de ganar "dinerillo" extra; y 2) Que no me cojan, o incluso, que me cojan pero no me condenen, o más aún, que incluso me puedan condenar pero que no me cojan la plata, pues esa es mi pensión.

Si nos detenemos en ello, podríamos armar un escalafón de corruptos con los siguientes niveles de experticia: nuevón, ladronzuelo, pícaro, El Padrino, y deidad.  Para llegar a nivel deidad, se requiere ser masivamente corrupto, por cantidades masivas de dinero y no solo no se ser cogido, sino parecer adalidad de la moral y las buenas costumbres. Eso, no es fácil.

Allí es donde viene a jugar el tema del POT, o Plan de Ordenamiento Territorial.

Antes de continuar, los invito a que revisen este bellísimo video creado por la Cámara de Comercio de Bogotá en el año 2017.



Video tomado de: Cuenta Youtube de la Cámara de Comercio de Bogotá.


Antes de los primeros 10 segundos, nos llega la primera sorpresa: Sí, ustedes oyeron bien...  El Plan de Ordenamiento Territorial tiene una vigencia de 12 años.  O mejor, tenía.  Esa vigencia estaba amparada por el artículo 28 de la Ley 388 de 1997, y sí establecía una vigencia así.  El término, fue eliminado por el cambio que se introdujo con el Decreto Ley 2106 de 2019.  Ahora hay como tres vigencias distintas, pero el aspecto estructural sí tiene una duración de 3 periodos constitucionales (es decir, de 12 años).

Contándome mis deditos, empecé a echar cuentas, y algo no me cuadraba.  Si la duración, hasta 2019, era de 12 años, ¿cómo era que todos los alcaldes desde Enrique Peñalosa I, habían presentado su POT y lo habían aprobado? Bueno... todos menos Samuel Moreno. Suponiendo que al día siguiente de la aprobación de la Ley 388 de 1997 hubiese expedido el primer POT, el tercer POT habría tenido que haberse expedido en 2021.

Sin embargo, Peñalosa I tuvo POT, Lucho Garzón tuvo POT, Gustavo Petro tuvo POT, Peñalosa II tuvo POT y Claudia López tiene POT.


¿Por qué?

Si le preguntan esto al angelito en mi hombro derecho, la respuesta que les daría es:

"Cada uno de ellos quiere construir sobre lo construido y continuar con la imparable tendencia de crecimiento y prosperidad que tiene Bogotá."


Imagen tomada de: Cuenta freepik de Pinterest.


Si le preguntan eso al diablillo en mi hombro izquierdo, la respuesta que les daría es:

"Porque cuando todas las obras de de desarrollo de una ciudad dependen de cómo decida yo "dibujar el mapa" del ordenamiento territorial, he ahí una importante manera de incentivar a los industriosos y proactivos corruptos del sector público y privado a hacer negocios.  Es una rueda de negocios de la corrupción".


No sé a quién le creen.  Yo se a quién de ellos le creo yo. No me parece coincidencial que en una ciudad en donde pavimentar una calle de manera decente sea una labor excepcional, tengamos tantos líderes con "visión de futuro".  Tampoco me parece coincidencial que a tanto alcalde le encante ese tema de sacar su POT por decreto, es decir, de IMPONER su "visión" de ciudad.  Y si no le creen a mi diablito, recuerden que Rubén Blades ya decía con sabiduría: "Decisiones, cada día. Alguien pierde, alguien gana, ¡Ave María!"

Ahora bien, supongan que esas decisiones implica que en sus manos puedan decidir quién gana y quién pierde...  He ahí la oportunidad de negocio.


Redondeando: El hecho de que una ciudad no funcione no quiere decir que no mueva increíbles cantidades de dinero, a partir de obras que se culminan, obras que no se culminan, creación de empresas, construcción de grandes edificios, entre otros.  El ciudadano no ve esto porque ni le quita ni le pone nada a su vida.  Sin embargo, es en la capacidad de gestionar recursos para uno o para otro lado que surge el verdadero poder de los dirigentes.  No quiere esto decir que todos los alcaldes sean corruptos, ni que únicamente los alcaldes son corruptos.  Para un tema de tan grueso calibre como el POT de una ciudad, hay oportunidad de negocio a múltiple nivel.  Sin embargo, para los mandatarios la prioridad es clara.  Es posible que pase a la Historia como un buen o mal mandatario, pero no es eso lo relevante.  Lo verdaderamente importante es que después de eso, si se gestionaron los negocios como era, al menos ya pueden montar su campaña presidencial, o irse a un decente retiro a un pequeño chalet o loft en algún lugar paradisiaco, que por supuesto no es la ciudad que gobernaron.

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martes, 10 de enero de 2023

Qué es, y que será "Picotazos de Gaviota"

En julio de 2008, a raíz de la marcha contra las FARC, abrí este espacio.  Para ese entonces estaba próximo a cumplir dos años de haberme graduado de la carrera de derecho (por más que en mi universidad todavía quieran seguir pensando que allí se enseña jurisprudencia y no derecho).  Dada mi evidente juventud, mis ganas de escribir, mi escasa experiencia en el ámbito de lo jurídico en ese momento, y mis permanentes inquietudes en materia jurídica y política, decidí abrir este espacio.


En ese entonces, decidí realizar un experimento: escribir con un alias.  Quería saber qué tantas "bolas le para la gente" a lo que se dice, y no tanto a quién lo dice.  En primer semestre de derecho, le enseñan a los abogados que existen dos falacias que se presentan con cierta regularidad: la falacia ad hominem y la apelación a la autoridad.  En el primer caso, se pretende restar validez a un argumento atacando a quien lo dice.  No se ataca al mensaje, sino al mensajero.  En el segundo caso, ocurre diametralmente lo opuesto: se pretende validar un argumento, no por la fuerza del mismo, sino por la autoridad o sapiencia de quien lo dice.  Es el popular: es cierto, porque lo digo yo.


De allí surgió la idea de darle vida a Gaviota Jurídica.  Luego de casi 15 años desde que esto ocurrió, puedo hacer un balance de lo que ha ocurrido con esa notoria idea:

1) En un inicio, la idea funcionó.  Dado que la gente no tenía la más mínima idea de quién escribía lo que yo escribía, se fijaban mucho más en lo que decía, puesto que no había manera de que supieran quién lo decía.  Me encantaba poder interactuar con personas y debatir ideas sin que fuera relevante quién las debatía.

2) Debido a las iniciativas grupales de un grupo de blawggers, mi anonimato dejó de existir a partir del año 2009, en donde algunas personas sabían que Gaviota Jurídica era yo, Javier Darío Pabón Reverend.  Eso, por supuesto, tuvo dos efectos inmediatos:

a. Dejé de parecerle interesante a quienes se enteraron que Gaviota era un abogado rosarista de 29 años (en ese entonces).

b. Mis opiniones empezaron a ser leídas a partir de quien las dice, y no a partir de lo que se dice.


Por cuestiones de trabajo, principalmente, mantener este espacio con un nivel de actualización medianamente decente empezó a ser increíblemente difícil.  En consecuencia, empecé a dejar de actualizar con regularidad y eso es terrible cuando se trata de administrar un blog, un podcast o un canal de Youtube.  En cierta medida, cedí a la tentación de migrar hacia Twitter. La experiencia es completamente distinta, y ahora en la época de la postverdad (sí, lo seguiré escribiendo con "t"), en donde cualquier estupidez pasa por una verdad, las noticias se fabrican, y los influencers son las personas "que nos ponen a pensar", he considerado necesario volver a este blog.



Sin embargo, Picotazos de Gaviota será ahora algo muy distinto.

A diferencia de 2008, he conocido lo bueno y lo malo del poder.  Conozco o conocí personalmente con cierta cercanía a personas que han sido: Fiscal General de la Nación, Vicefiscal y Decano de mi universidad, Secretario Anticorrupción de Colombia, Viceministra del Despacho, Magistrados de Altas Cortes, así como muchas personas que en el ámbito privado también han llegado a ser reconocidos.  Sé cómo funciona el poder, aunque deteste ahora saber lo que sé.

A diferencia de 2008, yo ya fui amenazado por las personas que me tenían que proteger, y abandonado por mis "amigos" y "protectores".  He visto a personas que mirándome a los ojos se solidarizan con uno y posterioremente dan orden de no entrar en contacto con uno.

Luego de casi 15 años, conozco la diferencia entre ser educado y ser instruido.  Hay demasiados idiotas con títulos rimbombantes, y demasiados ingenuos que creen que a las buenas personas se les identifica por esos títulos rimbombantes. He vivido lo suficiente para saber que las personas instruidas no necesariamente son personas buenas.  Por el contrario, no hay nada más peligroso que un corrupto hábil o un idiota con poder.

He probado los momentos de reconocimiento y alabanza, tantos los merecidos como los inmerecidos.  

He saboreado los momentos de derrota y fracaso, tanto los merecidos como los inmerecidos.


A partir de este 2023, seguiré con espacio, y seguiré con Gaviota Jurídica, a quien le he adquirido cada vez mayor cariño.  Sin embargo, aquí no hay un experimento argumentativo de nada.  Ese ya se surtió y los resultados ya se los comenté.  Es un espacio personal de reflexión y crítica, tanto en derecho como en política.  La difusión y la interacción no son lo principal.  Más que "me den la razón", me interesa no caer en la banalidad del imperio de los likes.  Escribo y escribiré, porque lo necesito.  Eso será "Picotazos de Gaviota" a partir de ahora...

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jueves, 9 de diciembre de 2021

Día internacional contra la corrupción - 2021

Hoy, 09 de diciembre de 2021, se conmemora el Día internacional contra la corrupción.  Aprovecho la oportunidad para señalar, que considero que este es el segundo problema más grande que tiene el país, después del de "educación" en sentido amplio.

Entendamos el concepto.  Solo así, es posible entender la verdadera gravedad del problema: la corrupción se presenta cuando se actúa con una motivación distinta del cumplimiento de un deber claro y específico. Es corrupto quien hace lo que debería hacer, pero por una razón distinta al cumplimiento de su deber.  Es corrupto quien hace lo contrario a lo que debería hacer.  También es corrupto quien dilata el cumplimiento de su deber, sin causa justificada.

Como se dan cuenta, el espectro es supremamente amplio.  No solo es corrupto quien pasa dinero para quedarse con un contrato.  Es corrupto quien entrega un trabajo plagiado, quien exige un nombramiento de un familiar en una entidad, a cambio de votar a favor de X candidato.  Es corrupto quien en nombre de la lucha anticorrupción busca perseguir la corrupción ajena, incluso fomentando la propia.  Es corrupto quien conoce su deber, y de manera deliberada decide actuar en contra de ese deber, por muy buenos argumentos que quiera dar.

Meditemos el problema, un poco.  Intente usted, apreciado lector, pensar cuantas personas alrededor conoce que hacen algo de lo que acabo decir.  Ahí entenderá la "dimensión" del problema.

Ahora, la parte incómoda del ejercicio: Intente pensar cuántas veces el último mes, el último año, ha hecho cosas como las que acabo de decir.  Esa es la parte del ejercicio que a nadie le gusta hacer. ¿Cuántas veces ha dejado de pagar un pasaje, debiendo hacerlo?  ¿Cuántas veces ha mentido en una declaración juramentada? ¿Cuántas veces ha dejado de pagar impuestos?  ¿Cuántas veces ha sobornado a un policía para evitar un comparendo? ¿Cuántas veces le ha sido infiel a su pareja? ¿ Cuántas veces ha dejado de devolver un libro que le prestaron? ¿ Cuántas veces se coló en la fila del supermercado, del bar, de una oficina pública? Ahí entenderá usted la dificultad de erradicar el problema.

A la gente le gusta llenarse la boca diciendo que "los buenos somos más".  Genuinamente no lo creo.  Para poder definir quién es una persona buena, deberíamos primero pensar qué es lo que define esa categoría.  Recuerden, por ejemplo, que Pablo Escobar y Gonzalo Rodríguez Gacha, eran unos asesinos despiadados, pero también donaban dinero y casas a los habitantes de ciertas poblaciones, especialmente a la población pobre.  ¿Por qué sabemos con certeza que eran malos, y no buenos? ¿Y por qué sabemos con certeza que somos buenos, y no malos?



Imagen tomada de: https://www.peakpx.com

Para poder evitar ser corruptos, lo primero que hay que aceptar es que probablemente ya hemos cometido actos de corrupción, y más de una vez.  En otras palabras, el primer insumo para poder evitar "ser" corrupto, es tener autocrítica.  La capacidad de saber que lo que se ha hecho está mal hecho, es fundamental.  Es impresionante la gran cantidad de veces que puede uno observar una actitud de autojustificación de una conducta indebida.  La gran mayoría de personas son implacables con la falta ajena (incluso con errores menores).  Sin embargo, sus propias faltas no suelen reconocerse como faltas.

En un ejercicio kantiano propio del imperativo categórico, pensemos en lo siguiente:  Si todos y cada uno de nosotros consideramos que nuestros actos indebidos están justificados, y suponemos que todas las personas piensan así, pues tenemos un problema sistémico: somos un pueblo corrupto, porque todos los asociados consideramos que tenemos derecho a incumplir y/o defraudar nuestros deberes.  Ese es el problema real que tenemos. No somos conscientes de lo increíblemente corruptos que somos, y si lo somos, no nos importa cambiar.  Por eso es que tenemos alcaldes que prometen a sabiendas que no van a cumplir.  Hablan de lucha contra la corrupción cuando en realidad están pensando en llegar a manejar la contratación para sacar plata, y cambiar el POT para obligar a los distintos sectores económicos a que "se manifiesten".

Por esa razón es que el fiscal que debe investigar, se convierte en un implacable defensor.  Por esa razón es que el Inspector de Policía que debe resolver una querella, hace todo lo posible por no hacerlo. Por esa razón es que quien no es dueño de un predio es capaz de pagarle a terceros para que digan que ha sido poseedor de toda la vida.  Por esa razón es que un congresista es capaz de votar afirmativamente un proyecto que sabe que perjudica a la gente.  Por esa razón es que los grandes grupos económicos se convierten en donantes de las campañas políticas; el favor se cobrará.  Por esa razón es que el marido o la mujer infiel son incapaces de aceptar su infidelidad como un acto voluntario y deliberado. Por esa razón es que el semáforo en rojo, más que un mandato, termina convirtiéndose en un consejo...

Luchar contra la corrupción parte de entender que TODOS, de una u otra manera, incumplimos con nuestros deberes de manera deliberada, y por toda variedad de causas.  Luchar contra la corrupción parte de entender que el cambio no se da por cuántos "otros" encarcelemos", sino que tanto podemos cambiar nosotros para evitar ser eso que nos encanta criticar.  Vamos perdiendo como sociedad frente a este flagelo.  Vamos perdiendo por goleada.

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