martes, 27 de enero de 2026

κάθαρσις

Quienes hayan tenido oportunidad de estudiar un segundo, tercer, cuarto o más idiomas, podrán dar fe de lo que diré a continuación.  Las palabras describen el mundo que percibimos, lo codifican, categorizan y permiten que las personas que son conocedoras de esas palabras, a su vez puedan describir de manera mucho más vívida el mundo que los rodea, o incluso crear nuevos mundos o nuevos universos a partir de ellas.  La palabra tiene un poder que algunos alcanzan a intuir, unos sobredimensionan al punto de generar problemas inexistentes.  Ese poder es ignorado por muchos, pero para la gran mayoría, no les interesa en lo más mínimo explorarlo porque para eso está Gemini, o Chat GPT.

El título del ingreso de hoy, es un término que es griego y por esa razón la he escrito en su escritura griega antigua correspondiente, con su acentuación pertinente.  Esa palabra, al igual que muchas otras pueden ser traducidas a muchos idiomas, pero probablemente no pueden ser exactamente traducidas, o al menos no sin tener que trazar unas notas a pie de página.  El término en español, "catarsis" referencia precisamente el término en griego.  No de otra manera tendría sentido replicar el término pero con nuestro alfabeto y gramática.

Esto no ocurre porque sí.  En general, existen muchas palabras en distintos idiomas que no pueden traducirse de manera exacta a otros idiomas, o al menos no sin tener que incurrir en algunos esfuerzos adicionales.  Piénsese, por ejemplo, en el término "saudade" en portugués, o incluso nuestro "chimba" o "chimbo".  En cada contexto de cada idioma, es clarísimo que los hablantes saben de qué hablan, pero es difícil transmitir el significado exacto para alguien que no está justamente en ese mismo contexto.

¿Por qué titular este ingreso como "catarsis"?  Hace pocos días tuve la oportunidad única de ver cómo el mundo empezó a vivir esa catarsis.  Ocurrió en Davos, Suiza.  El Primer Ministro de Canadá Mark Carney inició un proceso fantástico que espero que produzca resultados profundos, y que seguramente muchos habríamos querido poder decir "yo ya lo sabía", o "yo ya lo venía diciendo".  Sin embargo, no es lo mismo que un parroquiano de clase media en Colombia lo diga, a que lo diga un primer ministro de uno de los países más influyentes en América y el mundo.  En ese discurso, que dejaré abajo con subtítulos al español, Carney nos invita a intentar construir un nuevo mundo, desmontando las mentiras y partiendo de las realidades.  Evidentemente, el contexto internacional invita a que los distintos Estados hagan exactamente eso.  Sin embargo, la invitación debería ser igualmente aceptada por los individuos.




Cualquier persona que haya tenido la oportunidad de leer este espacio desde cuando lo abrí (hace ya varios años), sabrá que nunca he sido de jugar en el mundo de las mentiras por el simple hecho de agradar, o de pertenecer, o mucho menos de ascender en las jerarquías de entidades, clubes, universidades, etc.  Cuaquiera que me conozca en persona, sabrá que lo que acabo de decir es un eufemismo, e incluso algunos sostendrán bajo la gravedad de juramento, que son "afín al conflicto".

En todo caso, aprovecho que ya Carney nos abrió las puertas a muchos para intentar hacer esa catarsis, esa purificación, limpieza, descontaminación, detox, o como quieran llamarlo.  Tengo una ventaja competitiva en la actualidad.  Nada ni nadie tiene herramienta alguna para obligarme a callarme.  No me pueden quitar contratos del Estado, no pueden pedirle a mi jefe que me despida, ni tampoco sacarme a patadas de una universidad.  Esto último ya lo hizo en el pasado quien supuestamente era un jefe y amigo.  En otras palabras, salvo su opinión decreciente acerca de mí, no tengo realmente otra sanción a la que temer.  Tal vez esto lo pueda escribir de manera tan prepotente o presuntuosa, porque no tengo a los enmascarados de ICE caminando las calles de mi vecindario.  Tal vez... en todo caso, haremos el esfuerzo.

κάθαρσις

2026 es un año que permitirá algo de eso.  El escenario personal, nacional e internacional invita a realizar ese proceso con todas las de la ley.  El mundo está tan descompuesto y tan deshumanizado (en TODO el sentido de la palabra), que no está de más jugar al humano vintage y escribir directamente yo, pensar directamente, y hacerlo por la simple necesidad personal de hacerlo.  La fama, los "likes", realmente no son lo central.  Si se puede discutir estas mismas ideas en un bar con una cerveza, en la calle con los vecinos, o en este blog con los lectores desconocidos, fantástico.  Si no, pues no se es neceario hacerlo.  Solo espero que muchas otras personas estén "pensando" la realidad que los rodea, cómo afrontarla y qué hacer a partir de esa comprensión, y que haya menos personas que estén esperando instrucciones de sus influencers y/o columnistas preferidos.

Entre otras cosas, la idea de las bitácoras, virtuales o físicas, ha sido en parte poder plasmar un pensamiento o un sentimiento en un momento específico y en un lugar específico.  Este espacio no debe ser la excepción.  Mientras muchos celebren que la inteligencia artificial piense por ellos y/o escriba por ellos, quisiera reivindicar mi derecho a ejercer mi racionalidad por mí mismo.  En ese sentido irá este 2026 que inicia. 
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