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miércoles, 4 de febrero de 2026

¿Por qué votamos por quien votamos?

 No me gusta la democracia, nunca me ha gustado.  Según mi mamá, eso es algo que bajo ninguna circunstancia debería revelar, o decir en público, porque habla muy mal de mí y de mi formación.  A pesar de ello, sigo creyendo que no debería sentirme avergonzado de pensar que no me gusta la democracia.  Y a pesar de las descalificaciones prematuras, creo que tengo muy buenas razones de fondo para que no me guste.

Una de esas razones es la que pienso tratar hoy: ¿Por qué votamos como votamos?  Sin embargo, conviene presentar unas advertencias de entrada.

1) Contrario a lo que cree la generalidad de la población, la mayoría de personas que habitan en el país, y votan, no es buena.  Es un contrasentido lógico pensar que en un mundo de ruiseñores, colibríes y cachorritos inofensivos tengamos un Código Penal tan extenso como el que tenemos.  Esos delitos que están en ese libro no son fruto de un bellísimo experimento mental para idear potenciales conductas indebidas que nadie nunca cometió ni cometerá.  No fue una manzana podrida en este jardín del Edén quien hace milenios cometió un delito.  Vivimos rodeados del delito a toda hora y en todo lugar.  Luego, POR FAVOR, no nos mintamos creyendo que aquí "los buenos somos más".

2) La democracia representativa, como en la que estamos en Colombia, implica que la gente elige a sus representantes.  Todas las personas a las que me referí atrás, votan.  Algunos incluso hacen que voten por ellos.  Los eligen, y con muy buena cantidad de votos.  Este ingreso de hoy no está dirigido para ellos, porque la respuesta a la pregunta inicial se puede despachar en una oración: ¿por qué razón vota una mala persona, por otra mala persona? Porque en mayor o menor medida, lo representa y quiere que alguien igual de malo a él o ella, mande.

3) Este escrito, entonces, está dirigido a personas que son cumplidores de la ley y las buenas costumbres: Para ti que no eres capaz de saludar o responder un saludo, este escrito no es para ti.  Para ti que crees que el semáforo es para los demás pero no te aplica a ti, esto que escribiré no es para ti.  Para ti que le prometes fidelidad de por vida a tu esposo o esposa pero cada dos o tres años renuevas tu amante de turno, este escrito no es para ti.  Para ti que nunca te han impuesto un comparendo porque siempre "te colaboras" con el agente de tránsido, este escrito no es para ti.

4) Lo que aquí diré en adelante, apunta a la razón.  En consecuencia, no es apto para imbéciles.  La manera específica como he empleado el término "imbécil" la he tomado de Santiago Ávila Vila, específicamente de su canal de Instagram "La gestión emocional".

Ahora sí, desarrollo la idea inicial: ¿Por qué votamos por quien votamos?

La gran mayoría de mi vida adulta, he entablado conversaciones políticas de distinta índole con amigos y familiares acerca de por quién vamos a votar en X o Y elecciones. Una respuesta "correcta" desde la utopía de la democracia participativa implicaría lo siguiente: 1) Identificar cuáles son los problemas que tengo y priorizarlos.  2) Ver cual de los candidatos aborda esos problemas 3) Ver cual es el plan de los candidatos que abordan los problemas que me importan, para ver cual de las propuestas me conviene. 4) Ver si lo que dice el candidato es consistente con lo que ha dicho y hecho en el pasado. 5) Verificar que ese candidato es alguien que sea capaz de ejecutar lo que dice que haría.

Lo anterior suena buenísimo, pero simplemente no funciona así.  Las personas no votan racionalmente sino pasionalmente.  Utilizaré dos ejemplos puntuales para ilustrar mi punto.

Ejemplo 1) Juan Manuel Santos.

En un ingreso titulado "Elecciones presidenciales I - Juan Manuel Santos", de 2010, escribí lo siguiente del entonces candiato presidencial Santos (el subrayado es de esta entrada, y no de aquella):

No ha salido como ganador de los debates, porque no ha logrado transmitir proyectos de gobierno propios.  Su desmedida lealtad hacia la figura del Presidente Uribe lo muestra como un continuador del mandatario actual.  El problema es que esa misma lealtad fue profesada hacia Pastrana, y otros más.  Esa capacidad de cambiar de parecer genera cierto temor hacia lo que ‘realmente’ haría si llegara a la jefatura de Estado.  Todavía no se ha aclarado si Santos sí buscó pactos con la guerrilla para derrocar a Samper.  Este episodio turbio, genera dudas que no ha logrado despejar Santos en los debates.

En el año 2014, el entonces Presidente Juan Manuel Santos se lanzó nuevamente a la presidencia de la República.  Quienes tengan memoria hasta allá, recordarán que para ese entonces ya era claro que no era el continuador de Uribe (a quien se le volteó), y que quería buscar un acuerdo de paz con las FARC, algo que era diametralmente contrario a lo que quería Uribe.

En ambos casos ganó Santos. ¿Y eso cómo es posible si representaba dos cosas diametralmente opuestas?  Claramente, la gente no votó por su consistencia ideológica, ni por sus propuestas programáticas. Esa capacidad de ser un camaleón en la política le ha brindado réditos a él, a Roy Barreras, a Francisco Barbosa, por poner solo algunos ejemplos.  Santos representa al político que dice lo que sea que tenga que decir para ganar simpatías y votos, y luego perfectamente cambiará de opinión y defenderá esa nueva opinión con feroz vehemencia, como lo hiciera con la primera.  Lo mismo será con su tercera, cuarta o quinta opinión.  En general, qué dice depende de cual ola es más grande.

Ejemplo 2) Gustavo Petro.

Cualquiera que hubiese hecho siquiera una mínima revisión de cuales eran las características de Gustavo Petro como alcalde de Bogotá, podría tener claro lo siguiente:

- Cambia miembros de su equipo como si fuese cambio de ropa interior.  En muchos casos porque los subalternos no se lo soportaban, y en otros casos, porque no se comportaban como los lacayos que él esperaba que fueran.

- Es un megalómano.  Una persona que habitualmente se refiere a sí mismo en tercera persona se considera tan legendario que tiene que referirse a sí mismo como a una obra de arte, como el objeto de su devoción.

- Es pésimo ejecutor. No le gusta gobernar, lo que le gusta realmente es hablar, y hablar mucho.

- No es ilustrado, no es inteligente.  Pretende serlo, que es distinto.  Como gran parte de la población no tiene la información suficiente sobre temas especializados, creen cualquier tontería que salga de su boca.

Hoy, a escasos meses de que termine su mandato, vemos EXACTAMENTE LO MISMO.  En otras palabras, estábamos más que preavisados, y aún así la gente votó por una idea vaga, vacía etérea, sin forma, inodora e incolora: "el cambio".  "El cambio" es lo que sea que él diga en el momento en que lo diga.  Es tan vago, que ni siquiera se tomó el trabajo de puntualizar el concepto clave que lo llevó a la presidencia.  Y somos tan poco racionales a la hora de votar, que miles de doctores, magísteres, exministros, y demás, les parece que votar por una palabra que no tiene definición, está muy bien.



Imagen tomada de: https://asociaciones.org

La actualidad.

Si uno mira las encuestas de intención presidencial, y tiene en cuenta todo lo que les acabo de señalar, le provoca llorar. Los dos candidatos con mayor intención de voto son Iván Cepeda, y Abelardo De la Espriella.  

El primero ha sido abiertamente defensor de los guerrilleros, de Chávez y de Maduro.  ¿Cómo es posible que puedan confiar para dirigir un Estado democrático en una persona cuyos aliados más cercanos desprecian la democracia y la legalidad?  Me da mucha pena que estén dispuestos a poner 4 años o más a alguien en el poder por el solo mérito de despreciar a Álvaro Uribe Vélez.  Eso no es serio. Repito: NO ES SERIO.

El segundo ha sido defensor de jefes paramilitares y tiene el especial talento de haber representado a David Murcia Guzmán, sacarle todo el dinero que pudo, y luego cuando sí tenía que entrar a defenderlo, dejarlo botado.  ¿Ese es el perfil de persona a la que le quieren encargar este país que está en crisis? Ser fantoche no suple la absoluta falta de preparación y conocimiento que se requiere siquiera para ser un mandatario mediocre.  Cuéntenle las ideas que realmente han salido de su boca durante el tiempo de campaña.  La falta de preparación es demasiado evidente.

Todo lo anterior demuestra que la mayoría de personas en este país no se toma en serio la democracia.  Si no somos siquiera capaces de buscar argumentos, sopesarlos y dejarnos convencer, sino simplemente pertenecemos a una horda de fanáticos, bien sea de izquierda o de derecha, nos merecemos exactamente lo que nos está pasando, así como en su momento Venezuela se mereció a Chávez, y hoy en día los Estados Unidos se merecen a Trump.  Cómo sería de bonito si la mayoría de gente se tomara medianamente en serio su responsabilidad democrática y al menos le metiera 5 pesitos de neuronas a sus decisiones electorales.  Por temas como "los pantalones", el tono fuerte y el "no se deja" es que la gente seguía a los reyes hace 5 siglos.  Si son tan amantes de la democracia, deberían comportarse como si realmente les importara las razones de su elección, y no comportarse como los siervos de la gleba en el medioevo.  Sí, es emocionante, pero no resuelve NUESTROS problemas, que sí requieren gente medianamente competente al frente.

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miércoles, 23 de mayo de 2018

Una defensa de las "preguntas chimbas"

En la presente semana, la campaña electoral colombiana para la Presidencia de la República ha contado, como era de esperarse, con ataques de lado y lado, mostrando lo visceral que puede ser una contienda política, un un país habitado por un gran porcentaje de ciudadanos viscerales.  Se ha visto mucho "conversatorio", mucho "debate" y mucha "entrevista" en cuanto escenario sea posible realizar una de estas.   Asimismo, el foro de las redes sociales sigue abundando en insultos de todo tipo, razón por la cual a ellos no me referiré.

Respecto de las entrevistas: cada uno de los candidatos intenta decir lo que considera que es más popular resaltar en relación con sus propuestas, enfrentados a lo que cada uno de los periodistas considera que es más punzante preguntar para fastidiar al candidato que no va con su línea editorial, o por el contrario lo que más le conviene que le pregunten al candidato que sí va con su línea editorial.  Esto gusta mucho a los oyentes de estas emisoras, porque cada cual se afilia a aquella que va más acorde a su forma de pensar.


Imagen tomada de: www.eltiempo.com

Los debates: desde hace mucho tiempo dejaron de ser debates, dado que no hay allí algo que realmente se debata.  Lo que se da, en cambio, son tandas de muchas preguntas con respuestas cortas, al mejor estilo de los programas de concurso de televisión. En consecuencia, es una especie de mini-entrevistas masivas, con muy poco de debate.  Quizá los conversatorios son los escenarios donde más se puede conocer las propuestas argumentadas de los candidatos.  Esto, sin embargo tiene un costo elevado para el asistente a los eventos: se presta para que el candidato evada el tema sobre el que realmente debe hablar, llevando el punto a lo que realmente le interesa mostrar.  En otras palabras, los conversatorios se prestan mucho para que se les "mame gallo" a los asistentes, y a los moderadores.

Pensando en este tipo de circunstancias, las democracias postrevolucionarias idearon la idea del partido político como un espacio en donde la gente se agrupara en torno a ideas centrales que se convertirían en principio orientador de cualquier programa político.  En consecuencia, cualquier candidatura debería sujetarse un programa político, y este a su vez, se sujetaría al ideario de un partido.  No debemos desgastarnos mucho para saber que en la actualidad las candidaturas políticas no funcionan así.

En todo caso, aún si funcionaran así, el sistema político colombiano (y sí, me refiero a la democracia colombiana únicamente) está diseñado para que no haya manera alguna de exigirle a un cadidato (una vez haya sido elegido por el pueblo) que cumpla con algo de su programa de gobierno.  De hecho, el sistema impide que la revocatoria de mandato opere frente a una figura como el Presidente.  En consecuencia, desde el punto de vista jurídico, no existe ninguna razón válida por la cual un candidato "tenga que" decir lo que realmente haría en el evento de ser elegido.

Tan cierto es lo anterior, que el Presidente Juan Manuel Santos logró hacerse elegir en su primer mandato con un discurso que es diametralmente opuesto (180°) al discurso con el que se cerró su segundo mandato.  La coherencia, en consecuencia, no es algo que se le pueda exigir a un mandato.  Tan cierto es lo anterior, que hace ya 8 años, cuando analicé las candidaturas presidenciales del momento, textualmente señalé:

No ha salido como ganador de los debates, porque no ha logrado transmitir proyectos de gobierno propios.  Su desmedida lealtad hacia la figura del Presidente Uribe lo muestra como un continuador del mandatario actual.  El problema es que esa misma lealtad fue profesada hacia Pastrana, y otros más.  Esa capacidad de cambiar de parecer genera cierto temor hacia lo que ‘realmente’ haría si llegara a la jefatura de Estado.  Todavía no se ha aclarado si Santos sí buscó pactos con la guerrilla para derrocar a Samper.  Este episodio turbio, genera dudas que no ha logrado despejar Santos en los debates.
(Negrillas y subrayado por fuera del texto original)


Si se observa bien, lo único que teníamos como garantía de qué iba a hacer Santos, era analizar quién es Santos.  Ahora, el país sabe quién es él, aunque pudo saberlo desde mucho antes.  Esto resulta importante aquí, porque el derecho colombiano no tiene ninguna garantía para el elector de que está votando por lo que "realmente cree" que está votando.  Con Santos pasó, según se ha visto.  Sin embargo, eso también pasó con el expresidente y hoy Senador Uribe, quien se hizo elegir en su primer mandato con la bandera de la seguridad y de la lucha contra la corrupción.  En la práctica, cumplió a medias, dado que los procesos judicales derivados de la "compra" de la primera reelección dan muestras de que su lucha contra la corrupción la perdió a tal punto que su Gobierno terminó "peleando a favor del contrario".

Si el derecho no ofrece ninguna garantía para que el votante sepa que su voto obligaría al hoy candidato a actuar de determinada manera el día de mañana cuando ya sea Presidente, la mejor fórmula para saber qué puede hacer su candidato, es saber quién es su candidato.  Por "saber quién es" su candidato, no me refiero a las superficiales etiquetas que se suelen manejar aquí en el país, tales como "el castrochavista", "el títere", "el abogado de las FARC", "Coscorrón" o "el tibio".  Para ingeniosas etiquetas de esas, hay ya suficiente analítico de la frivolidad.

Saber quién es su candidato implica desentrañar la personalidad de su candidato.  A título de ejemplo, solo un ejemplo  por candidato, de situaciones negativas que demuestran parte de quiénes son:

* Si su candidato exige de los demás una cosa, y él mismo no lo hace, como presentar una declaración de renta ¿qué nos dice eso sobre lo que podría hacer mañana? (Petro)

* Si su candidato dice ser el más preparado para Gobernar, pero sus mayores éxitos políticos son haber sido Vicepresidente del Presidente más cuesitonado de la historia reciente del país, y haber liderado el proceso de paz que cada vez resulta más cuestionado, ¿qué nos dice eso sobre lo que puede lograr? (De la Calle)

* Si su candidato dice ser el que va a solucionar solucionar la corrupción del país, pero a la vez ha sido y es cabeza del partido político que ha brillado por ser el más corrupto de los últimos años, ¿qué nos dice eso sobre lo que realmente haría contra la corrupción? (Vargas Lleras)

* Si su candidato hoy dice ayer que le gusta el fracking, hoy dice que no, y mañana vuelve a decir que sí, qué nos dice eso sobre la consistencia de sus propuestas? (Duque)

* Si su candidato habla del respeto a la diversidad, pero a su vez su propia fórmula a la vicepresidencia sale y ataca o se burla de cuanto contendor tiene, ¿qué nos dice eso sobre su capacidad de liderazgo? (Fajardo)

Como estas preguntas, pueden formularse muchas otras (para bien, o para mal) a cada uno de los candidatos.  Además, hay muchas situaciones que parecen menores, pero que dicen mucho de una persona: si saluda o no, si grita a los demás o no, si atiende sus llamadas o no, si le gusta leer y estudiar o no, si tiene una familia estable o no.  A esto, el candidato Germán Vargas Lleras lo ha calificado esta semana como "preguntas chimbas".  Son chimbas, en su sentir, porque el país está pendiente de los temas que realmente le importan como la seguridad, la corrupción, el trabajo, la salud.  La persona que le formulaba estas preguntas era la directora del programa radial de las mañanas de RCN, Yolanda Ruiz.  Su simple declaración es otra muestra más de quién es él.



 Imagen tomada de: http://lacasadelcurioso.com

Si el derecho no es garantía de saber por qué, o por quién estamos votando, quizá a punta de "preguntas chimbas", podamos medianamente saber quienes son esos 5 señores que dicen ser la solución a los problemas reales del país.  Visto en retrospectiva, podemos saber que en la política nacional, estudiarse un programa presidencial en detalle tan solo sirve como una aproximación a lo que sería un eventual gobierno de un candidato.  Tras 199 años de vida republicana (contado desde la expulsión definitiva de los ejércitos españoles de estas tierras), todavía nuestra democracia no ha logrado idear una forma jurídicamente efectiva de garantizar que lo que nos prometen sea lo que nos cumplen, o al menos que evite que hagan lo contrario a lo que prometieron.

En consecuencia, ante la ineficacia del derecho, invito a los lectores a que analicen las respuestas a las "preguntas chimbas" que los candidatos nos dan.
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sábado, 5 de junio de 2010

La primera vuelta en retrospectiva

Ha concluido la primera vuelta presidencial en Colombia y el resultado no deja demasiado espacio para especular.  Este sigue siendo un país de derecha, en el que la seguridad sigue siendo el factor principal al momento de decidir por los candidatos.  Santos obtuvo una mayoría abrumadora en la primera vuelta a elecciones y desde ese punto de partida me gustaría abordar estas breves consideraciones.

Luego de haber tenido la oportunidad de revisar en detalle las páginas web de los 6 candidatos con mayor intención de voto, y tras escuchar algunas de las múltiples entrevistas y los millones de encuestas que rondaron durante este lapso de tiempo, he podido llegar a la misma conclusión desde la cual partí hace algún tiempo:  las elecciones no se deciden por programas, ni se deciden por propuestas, se deciden por percepción.  En otras palabras, el ejercicio del sufragio en el país es un tema netamente subjetivo.  Seguramente se dirá que todo en la vida depende del punto de vista, y eso resulta cierto.

He tenido la oportunidad de leer la percepción de muchos columnistas que al igual que yo, quedaron perplejos ante los resultados, y algunos sienten rondar la desesperanza nuevamente.  Ocurre lo mismo que ha ocurrido siempre.  Se vota por un candidato popular, aunque no se tenga claro por qué.  Afortunadamente mucha gente logró al final votar a conciencia, al ver cómo la ‘ola verde’ se desvanecía y en cierta forma se fortaleció el voto a conciencia.

Hace mucho tiempo anuncié que mi voto sería por Germán Vargas Lleras, y luego de depositarlo me sentí tranquilo.  Al ver los resultados finales de él, me sentí feliz.  Me sentí igualmente contento al ver el repunte de Gustavo Petro, y la caída de Noemí Sanín.  Aclaro: no tengo nada en contra de Noemí, pero claramente su campaña presidencial fue un completo fiasco.  Yo estuve cotizando los ‘tractorcitos’ por si acaso ella ganaba, porque todas las soluciones de su campaña eran esas máquinas, el General Padilla y el SENA.  Lo del SENA no lo hice porque ya me había graduado algunos años atrás, o si no, probablemente lo hubiera hecho también.

No puedo entender cómo una persona con una propuesta programática como la de Noemí Sanín, salía a decir lo mismo siempre.  La propuesta era muy ‘política’ (prometer mucho) pero no era infundada.  Sus entrevistas y sus respuestas de debate daban a entender que ella no había leído su propia propuesta.  No puedo entender, tampoco, cómo Petro era considerado malo por ser del M19, y eso de entrada, ya implicaba que sus ideas ni siquiera merecían ser consideradas.  Cada día le profeso más respeto a Gustavo Petro, quien sin duda sí se sentó a pensar qué haría ante los problemas del país.   Por supuesto, algunas de sus ideas no me gustaban por cuestiones ideológicas, pero no por ello puedo dejar de resaltar la gran labor del candidato quien tuvo que luchar contra la derecha, contra su propio partido, y contra la gestión de Samuel Moreno.

Lo de Rafael Pardo me pareció triste, porque creo que al final de la campaña, el candidato se empezó a comportar como tal, y no como un conferencista de universidad.  Buscó cautivar, y mostró carácter.  En general, hizo (tarde) lo que debió haber hecho desde el principio.  Su desempeño en los debates fue bueno.

Eso me lleva entonces a la ‘pregunta del millón’:  ¿Cómo hicieron Santos y Mockus para estar donde estuvieron?  Realmente no lo entiendo.  Ninguno de sus programas era bueno.  Ambos eran gaseosos y carentes de propuestas concretas.  Mockus, al mejor estilo de los samurais, se realizó el harakiri unas tres o cuatro veces en las últimas dos semanas de campaña, y Santos desde el principio demostró que es un completo obsesionado por el poder, y hará lo que sea para conseguirlo.  Por supuesto, eso incluye mentir, engañar, distraer la atención, sonsacar personas de otros partidos, y quién sabe que más cosas.

Definitivamente Santos es una persona muy capaz, y eso debo abonárselo.  El problema es que resulta ser TAN capaz, que es capaz de todo.  Eso me genera pánico.  Recuerdo en la historia a personajes de grandes capacidades que eran muy capaces, y que siendo capaces de todo, nos costaron muchas lágrimas, mucha sangre y mucho dinero.  En campaña, y aún sin ser Presidente, Santos ha mostrado que hará lo que sea por el poder.  Me da terror pensar en lo que hará por mantener el poder, una vez acceda a él.  Me genera pánico que una vez decida quitarse la etiqueta “Made by Uribe”, muchos colombianos quieran arrepentirse de su voto.  Me gustaría saber igualmente, de ese cúmulo de votos que obtuvo Santos, cuantos realmente votaron por él, y cuantos votaron por la etiqueta “Made by Uribe”.

Entonces la segunda vuelta tendrá como protagonistas a una persona que es el gran educador, y que sabe mucho, pero sobre temas ajenos a la Constitución de Colombia, porque respecto de esta no se educó mucho.  El otro es aquel que es capaz de todo, y que NUNCA va a retroceder, a excepción de la estructura de su campaña, y claro está, de su visión sobre los impuestos… ahh, y también sobre las ‘picardías’ como forma de luchar contra las otras ‘picardías’; por lo demás, no va a retroceder.

Insisto, el voto es percepción.  O de lo contrario, como se explican que los anteriores Presidentes sean vistos hoy por la mayoría como inmenso fraude, pero que a la vez, ¿todos ellos llegaran a través del sufragio?  Sigamos escuchando a Jaime Baily, a Felipe Zuleta y a María Isabel Rueda.  Eso sin duda nos permitirá saber ‘objetivamente’ qué se piensa.  Mientras tanto, sigamos yendo a las reuniones de Familias en Acción, donde casualmente podremos encontrarnos con Santos o su esposa.  O si prefiere, grite que “Vine porque quise, a mí no me pagaron”, aunque realmente todavía no tenga muy claro porque es que quiso venir.

Bienvenida, segunda vuelta.
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domingo, 18 de abril de 2010

Sobre la intervención en política Pt. 1

En primer lugar, me disculpo con los lectores habituales de este espacio por el último mes, en donde lamentablemente he debido ceder ante los intereses económicos de mi alter ego.  Para darles una idea de lo poco que me prestan el computador (o la computadora, según su lugar de procedencia), es del caso señalar que tengo aproximadamente 500 entradas pendientes por revisar en mi lector de RSS.  Aproximadamente son 100 a 120 entradas las que diariamente suelo revisar.  Eso ha ocasionado que muy de vez en cuando, pueda ingresar.

Dicho lo anterior,  me gustaría entrar a revisar un tema que actualmente me tiene consternado.  No he logrado definir si los hechos de la semana anterior me generan rabia, pesar o tristeza.  Me refiero a las desafortunadas intervenciones del Presidente Uribe, en las que ha tratado de ocasionar rechazo a la figura de Antanas Mockus entre la población.  Ya anteriormente había hablado Uribe sobre la importancia de dar continuidad a la seguridad democrática, y evitar que se volviera al pasado.  Eso, si bien resulta molesto en la medida en que no debería estar haciendo esta clase de recomendaciones, no pasa de ser algo que siempre ha venido haciendo, reforzando la figura de sus políticas como necesarias e imprescindibles.

Lo de esta semana, sin embargo, ha sido diferente.  Se ha escuchado recientemente al Presidente intervenir de manera abierta y clara para criticar al candidato Antanas Mockus.  Su crítica busca demostrar que Mockus no es un candidato capaz de manejar la seguridad, y para ello, ha querido recordar lo cercada e insegura que fue Bogotá durante su mandato (el de Mockus).  Lo ha hecho en todo escenario que ha encontrado para poder hacerlo.  La radio, la televisión, las universidades.  Supongo que su confesor también habrá oído uno que otro comentario relacionado con Mockus.

Lo del candidato, personalmente importa un bledo.  Sería exactamente igual la situación si lo hubiere hecho para criticar a Santos, Pardo, Petro (él ya sabe muy bien qué se siente), Vargas o Noemí.  Es denigrante que en tan poco tiempo el mandatario de un país desconozca la Constitución de tantas maneras.  Estuvo el referendo reeleccionista, estuvo la fallida reforma a la salud a través de la emergencia económica y social, y está esto.  Por supuesto, hay más cosas, como la responsabilidad política por las chuzadas del DAS, los asesinatos por parte de militares, y otras cosas más.

Lo que sí es cierto es que Uribe, al parecer, vio “El Mañana nunca muere”, una de las películas de James Bond protagonizada por Pierce Brosnan.  Parece ser, sin embargo, que los demás paisanos no lo hicieron.  Para estos últimos, un breve resumen.  El dueño de un periódico quiere controlar el mundo a través de su periódico “El Mañana”.   Noticias fraudulentas, o noticias de crímenes cometidos por él mismo, ese era el juego.  El tema de fondo, por supuesto, era la utilización de los medios de comunicación como fuente de incesante poder.

Aquí, al parecer, sucede lo mismo.  Lo importante no es que la Constitución diga o no diga algo.  Por ejemplo, si uno de los mandamientos de la Constitución es: “no intervendrás en política”, Uribe dira: “Vamos a ver qué dicen los medios”.  A estos últimos, les encanta.  Es mucho más rentable sacar titulares y columnas de opinión en los diarios que digan “¿Uribe interviene indebidamente en política?”, que sacar uno que diga: “El Presidente vuelve a hacer cumplir la Constitución”.  Resulta aburrido, ¿no?.  Por eso es que es mucho más atractivo escuchar dos días seguidos al Presidente hablar sobre por qué Mockus no es lo que necesita el país, en vez de escucharlo hablar sobre cómo se está avanzando en la reorganización del DAS, o sobre cómo se solucionará legítimamente la crisis de salud.  Finalmente, tendremos en algún momento la flamante intervención del Procurador en el sentido de afirmar que no cuenta con ninguna herramienta para afirmar que el Presidente ha hecho o no algo, y que aun si la tuviera, no habría nada que jurídicamente pudiera hacer.  Acto seguido, formula cargos contra la senadora Piedad Córdoba, y de paso, le atribuye mediáticamente responsabilidad penal.  Mientras nos guste, poco importa que esté o no esté bien eso.

A algunos, sí nos interesa saber “una que otra cosita más” que lo que le interesa al Presidente.  A algunos, por ejemplo, nos interesa saber qué es lo que dice la Constitución y la ley que supuestamente el ciudadano Álvaro Uribe juró cumplir.  Por ejemplo, sé que dice en algún lado, lo siguiente:


(Incisos 2º y 3º del artículo 127 de la Constitución, modificados por el Acto Legislativo 2 de 2004)
 A los empleados del Estado que se desempeñen en la Rama Judicial, en los órganos electorales, de control y de seguridad les está prohibido tomar parte en las actividades de los partidos y movimientos y en las controversias políticas, sin perjuicio de ejercer libremente el derecho al sufragio. A los miembros de la Fuerza Pública en servicio activo se les aplican las limitaciones contempladas en el artículo 219 de la Constitución.”

 Los empleados no contemplados en esta prohibición solo podrán participar en dichas actividades y controversias en las condiciones que señale la Ley Estatutaria.

En desarrollo de esta y otras normas, se expidió la Ley 996 de 2005, que menciona lo siguiente, en este artículo que se ha declarado condicionalmente exequible:


ARTÍCULO 30. PROHIBICIONES AL PRESIDENTE DURANTE LA CAMPAÑA PRESIDENCIAL. Durante los cuatro (4) meses anteriores a la fecha de votación en primera vuelta, y hasta la realización de la segunda vuelta, si fuere el caso, el candidato que ejerce la Presidencia o la Vicepresidencia de la República no podrá:
(...) 
3. Referirse a los demás candidatos o movimientos políticos en sus disertaciones o presentaciones públicas, como Jefe de Estado o de Gobierno.

Más aún, menciona el artículo inmediatamente anterior, también condicionalmente exequible:

ARTÍCULO 29. DERECHO DE RÉPLICA.  Durante el período de campaña presidencial, cuando el Presidente de la República o representantes del Gobierno Nacional, en uso de sus facultades realicen afirmaciones en medios de comunicación social del Estado, o que utilicen el espectro electromagnético, que atenten contra el buen nombre y la dignidad de los candidatos presidenciales, partidos o movimientos políticos con personería jurídica, movimientos sociales o grupos significativos de ciudadanos que hayan inscrito candidato a la Presidencia, siempre y cuando el medio de comunicación no haya dado al afectado la oportunidad de controvertir tales afirmaciones, el afectado podrá solicitar ante el Consejo Nacional Electoral el derecho a la réplica, quien resolverá la petición dentro de las cuarenta y ocho (48) horas siguientes. Para estos efectos el Consejo Nacional Electoral deberá solicitar al medio de comunicación las pruebas correspondientes y atender los principios del derecho de defensa y el debido proceso.
 (…)

Por ahora, dejo las normas en el aire, dejando para el siguiente ingreso, un análisis jurídico de algunas normas aplicables.  Por ahora, dejo el asunto en el aire, para ir ambientando el escenario de discusión.  Mientras tanto, que tiemble Mockus, porque ni el Procurador, ni nadie, lo va a ayudar.
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domingo, 28 de marzo de 2010

Lo que vi

Hoy tomo prestado el nombre de la columna que habitualmente escribe el periodista deportivo Hernán Peláez en el diario El Espectador.  No me gusta andar tomando ideas de los demás, pero en este caso realmente no encontré un mejor nombre para darle al ingreso de hoy.  Desde que uno se vuelve blawger, le llega cierta paranoia relacionada con el tema de derechos de autor, y más aún desde que conocemos lo que está ocurriendo en España con el tema de derechos de autor y los blogs.  Esperemos que el profesor Peláez sepa perdonar el uso que le doy y no solicite que me cierren la página.  Ante todo, que no lo haga ante Baltasar Garzón, pues a él le encanta que España juzgue todo lo que no ocurre en España.

Dicho lo anterior, comenzaré a hacer referencia a lo que realmente vi.  Me refiero en específico al debate televisado de hace unos días protagonizado por los principales candidatos presidenciales.  Como ya he mencionado antes aquí, mi voto está cantado (desde  hace mucho tiempo) por Germán Vargas Lleras.  Sin embargo, no estoy exento de reconsiderar la idea si llego a encontrar que hay alguien que llena mis expectativas más y mejor que él.  Esa es la función de los debates.

En primer lugar, debo ser claro en que lo que más me gusta de los debates es el enfrentamiento de ideas.  En este caso, eso no se dio.  Mejor dicho, fue un debate sin debate.  Por eso, aquello del “Primer Gran Debate” es parcialmente cierto. Lo de ‘primer’ es cierto, lo de ‘gran’ es más o menos cierto, y lo de ‘debate’ es falso.  Si no es así, entonces convendría que me mostraran qué respondió Juan Manuel Santos cuando Gustavo Petro insinuó que el podía saber si lo habían ‘chuzado’ en el pasado.  Tal vez perdí la señal cuando respondían.

Más allá del problema metodológico, hay que admitir que hubo pedazos del ‘debate’ muy interesantes.  Particularmente me gustó la primera tanda de preguntas, preguntas dirigidas de manera específica a cada candidato, que buscaban poner en aprietos a los candidatos.  Me gustó también la tanda de preguntas cortas, pues con ella se pudo mostrar qué tanto tienen que preparar las respuestas y las palabras cada uno de los candidatos.  Algunos, por la premura, cometieron errores.  Me gustó por eso, aunque en general, el contenido de esta tanda de preguntas me pareció irrelevante.

En cuanto al resultado del debate, considero que el gran ganador fue Gustavo Petro, y la gran perdedora fue Noemí Sanín.  Mejoró Fajardo y empeoró Mockus.  Vargas Lleras y Santos estuvieron bien, en términos generales, y Pardo perdió algunos puntos, aunque en general pasó la prueba.  Como siempre intento dar las razones que motivan mis opiniones, a continuación las resumo, candidato por candidato.  Lo haré, según el orden en que se sentaron en el set de televisión.

Juan Manuel Santos (Partido de la U)

Tuvo muy buen arranque.  Debo admitir que, en términos generales, le correspondieron las preguntas más difíciles, porque sobre él recayó mucha responsabilidad política por los falsos positivos, por las chuzadas del DAS, y por parte de los líos con Chávez y con Correa.  Debía ser muy fino en sus respuestas para no dar pie a ser contraatacado.

Pros:  Definitivamente es una persona inteligente y preparada.  Sacó a relucir sus gestiones como Ministro, y es confiado y coherente a la hora de contestar.  Se notó la serenidad de confiar en sí mismo.

Contras:  Es evasivo frente a temas que no le convienen.  Ha sido contradictorio frente al tema del apoyo del partido PIN, aunque su respuesta en el debate fue clara al respecto.  Su campaña gira en torno a Uribe, y no a su propia gestión.

Para destacar:  La pregunta que le formuló a Noemí Sanín.  Un muy buen ataque, del que la candidata azul no supo defenderse con decoro.


Noemí Sanín (Partido Conservador)

Considero que fue desastrosa su presentación.  Intentó mostrarse como la continuadora de la seguridad democrática, y en 2 de cada 3 preguntas así lo decía.  Fue absolutamente evidente que su intención es conquistar el voto uribista y quitárselo a Santos, pero para ello se mostró obviamente seguidora y fanática del Presidente Uribe.  Eso resulta sospechoso, cuando menos, si se tiene en cuenta que ella ha formado parte de gobiernos absolutamente disímiles, y a todos los ha defendido con igual ímpetu.  Evadió preguntas directas, y eso es mortal para un candidato.

Pros:  Es carismática, y hábil a la hora de intentar desviar la atención.  No deja notar sus inseguridades, y como buena paisa, tiene cierta facilidad para el manejo de auditorios.  Intentar justificar su pluripartidismo como función de Estado, era una propuetas interesante al principio.

Contras:  De todos los candidatos que estaban presentes, era la que mejor credenciales podía mostrar en el manejo de relaciones exteriores.  No aprovechó esto a su favor, existiendo tres preguntas.  Siempre inició sus respuestas con frases contundentes pero a la hora de desarrollar sus ideas, se quedó en nada.

Para destacar:  El harakiri de Noemí Sanín, al intentar venderle a Mockus la idea de que el partido conservador y su forma de pensar son muy parecidas.  Pésima elección.


Antanas Mockus (Partido Verde)

Contrario a lo que piensan otras personas con las que he conversado al respecto, considero que Mockus ha sabido entrar en el juego político, aunque no se valga de los usuales clichés para ello.  Sigue mostrándose como una fuerza independiente, y eso será muy útil para él.  Posee serias debilidades a la hora de aterrizar sus ideas en programas específicos.  Para una contienda electoral, parte del electorado se fija en los programas de campaña, que implican la estructuración de ideas, con objetivos y metodologías.  A Mockus le falta estructurar esto último, y deberá iniciar rápido.

Pros:  No evadió una sola pregunta, aunque no siempre terminó respondiendo exactamente lo que le preguntaban.  Quedo claro que todos los candidatos le reconocen su gran manejo en temas de pedagogía y obtención de consensos.

Contras:  No es del todo claro donde está su capacidad de proyección de programas.  Sus ideas son buenas, pero demasiado teóricas, y eso genera desconfianza.  No es lo mismo manejar Bogotá que manejar a todo el país.

Para destacar:  Mockus está vendiendo una noción programática de partido, lo que resulta muy valioso teniendo en cuenta la juventud del partido, pero reafirmando la concepción que el triunfo del partido en las parlamentarias puede ser cosecha de partido, y no de personas.


Gustavo Petro (Polo Democrático Alternativo)

Gustavo Petro ha demostrado que es una persona que está asumiendo la carrera por la presidencia con absoluta seriedad.  A diferencia de lo que se ha visto respecto de otros candidatos, es claro que Petro a decidido asumir el reto, con Carlos Gaviria o sin él, con las adversidades de la alcaldía de Samuel Moreno o sin ellas.  Es muy diciente, respecto de la disciplina de Petro, que no hubo una sola respuesta suya en la que se pasara del tiempo establecido para contestar, o que no hubiera quedado claro qué fue lo que quiso decir.

Pros:  Es absolutamente claro en su posturas, y es aún más claro a la hora de transmitir sus ideas.  Esa claridad de la que se sirvió como parlamentario, está siendo aprovechada para transmitir ideas contundentes.   Posee un proyecto social definido.  Su respuesta sobre la posibilidad de que su hijo fuera condenado por uso de narcóticos, fue excelente.

Contras:  Para una visión opositora como la que represente él, siempre resulta más fácil realizar comparaciones con el gobierno del cual es opositor.  Muchos conocen lo que él no representa, pero pocos pueden realmente saber qué es lo que sí representa.  Debe enfocarse mucho en sus propias propuestas y no tanto en las que representan los seguidores de Uribe para atacarlas.

Para destacar:  Desde el punto de vista jurídico, considero que el buen manejo de los conceptos de igualdad, equidad y justicia permiten una visión alternativa a considerar que Colombia requiere únicamente seguridad.


Germán Vargas Lleras (Cambio Radical)

Germán Vargas Lleras, junto con Juan Manuel Santos, hablar como líderes.  Su carácter es el de aquellas personas capaces de liderar, y eso es importante reconocerlo.  Viene de un golpe fuerte en las elecciones parlamentarias, en donde Cambio Radical perdió posicionamiento en el Congreso.  Eso es importante cuando se ha lanzado una campaña de partido, como la de él.  Mucho lo ven como continuación de Uribe, y muchos otros lo ven como oposición de Uribe.  Uno de sus objetivos es aclararle ese panorama al electorado, pues por apasionamientos como ese, ha dejado de ganar intención de voto.

Pros:  Defendió muy bien la supuesta ‘muerte política’ del partido, dando cifras sobre el nivel de representación de Cambio Radical a nivel país.  Dejó claro en el debate, que tiene programas claramente definidos.  Fue capaz de indicar por qué no es un continuador de Uribe, pero también por que no es opositor de Uribe.  Nadie, a diferencia de él, habló del manejo de fronteras.

Contras:  A diferencia de lo que hizo Santos con Noemí, desperdició la oportunidad de hacer una pregunta complicada a Pardo.  Fue una especie de coqueteo al liberalismo, y una vitrina de sus programas, y eso no fue serio.   Hubo al menos 3 o 4 preguntas en las que se le pasó el tiempo para responder, y no redondeaba sus ideas.

Para destacar:  Siendo partidario de los gobiernos de Uribe, ha sido capaz de identificar y reconocer las graves fallas en materia social, y ha mostrado propuestas serias al respecto.  Su visión de la administración de justicia es bien interesante.


Rafael Pardo (Partido Liberal)

A diferencia con lo mencionado atrás respecto de Santos y Vargas sobre su carisma de líderes, Rafael Pardo ha carecido de esto último.  Ni siquiera los comerciales en los que debe figurar como poderoso candidato, han logrado mostrar esto.  No obstante lo anterior, nadie pone en duda que este es un candidato serio, y capaz.  El debate mostró a Pardo un poco nervioso e impreciso a la hora de hilar ideas, aunque en términos generales se defendió bien.

Pros:  Sacó a relucir su experiencia pública en los momentos indicados.  Logró mostrarse como una gran alternativa en materia de normalización de relaciones internacionales, particularmente con Venezuela.  Su mensaje final fue contundente, y siempre es importante un buen cierre de debate.

Contras:  Sus explicaciones sobre la importante figuración de familiares de parapolíticos (Arleth Casado) en las votaciones al Congreso.  La respuesta que le dio a Vargas Lleras sobre estar en la era digital, cuando este último ha sido premiado con la mejor página de política en la web.  Sigue mostrando ausencia de carisma.

Para destacar:  En una apuesta muy arriesgada, se la jugó por plantear la legalización de la droga como una forma de acabar la lucha contra el narcotráfico, así como la había planteado el liberalismo anteriormente en el gobierno de Samper.


Sergio Fajardo (Compromiso Ciudadano)

Sergio Fajardo siempre había pasado como un individuo que agradaba mucho, pero al que no se le conocían ideas concretas sobre qué pensaba hacer.  Se sabía que quería replicar parte de su gestión en Medellín como su modelo de gestión para el país.  También se sabía que pensaba gobernar con valores y fortaleciendo educación, pero no era claro qué pensaba sobre aspectos concretos de la vida pública.  El ‘debate’ le permitió dar a conocer estos puntos, y definir si Fajardo era un candidato de verdad, o una simple figura pública con altos niveles de aceptación.

Pros:  El manejo sobre las preguntas que relacionaban el éxito de su gestión con los grupos paramilitares.  Fueron respuestas buenas.  Se mostró tranquilo y preciso a la hora de responder, y tuvo un muy buen manejo del tiempo.  Sacó a mostrar la importancia de su candidato vicepresidencial en momentos oportunos.

Contras:  Sus reacciones frente a la derrota en las elecciones parlamentarias muestran un poco de soberbia y falta de capacidad de reacción.  Le ha costado intención de voto y no logró revertir la situación en el debate. 

Para destacar:  De todos los candidatos, Fajardo tocó un tema vital como es la trascendencia de la corrupción en materia de finanzas públicas y crecimiento económico.  Al hacerlo, dio fuerza a sus argumentos sobre su eventual gestión.

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miércoles, 22 de julio de 2009

¡Se busca Fiscal General de la Nación!

Ya hay terna. Para algunos, la terna constituye un “falso positivo”, en donde los ‘muertos’ son los candidatos mismos. Ninguno, al parecer, satisface las expectativas generadas ante un cargo tan importante como es el de Fiscal General de la Nación. El problema, es que no existe claridad sobre lo que realmente queremos de un Fiscal General de la Nación. Para unos, se requiere de un penalista hábil y experimentado, especialmente en materia del proceso penal de corte acusatorio, implantado con la Ley 906 de 2004. Para otros, se puede dejar de lado su carácter de penalista, porque la Constitución no exige esta especialidad para poder ocupar el cargo.

Personalmente, considero que el ser o no ser penalista no debe ser un factor determinante a la hora de tomar esta clase de decisiones. Revisando con un poco más de detenimiento el texto constitucional, encontramos lo siguiente:

“ARTICULO 251. Modificado por A.L. 03 de 2002. Son funciones especiales del Fiscal General de la Nación:

1. Investigar y acusar, si hubiere lugar, a los altos servidores que gocen de fuero constitucional, con las excepciones previstas en la Constitución.
2. Nombrar y remover, de conformidad con la ley, a los servidores bajo su dependencia.
3. Asumir directamente las investigaciones y procesos, cualquiera que sea el estado en que se encuentren, lo mismo que asignar y desplazar libremente a sus servidores en las investigaciones y procesos. Igualmente, en virtud de los principios de unidad de gestión y de jerarquía, determinar el criterio y la posición que la Fiscalía deba asumir, sin perjuicio de la autonomía de los fiscales delegados en los términos y condiciones fijados por la ley.
4. Participar en el diseño de la política del Estado en materia criminal y presentar proyectos de ley al respecto.
5. Otorgar, atribuciones transitorias a entes públicos que puedan cumplir funciones de Policía Judicial, bajo la responsabilidad y dependencia funcional de la Fiscalía General de la Nación.
6. Suministrar al Gobierno información sobre las investigaciones que se estén adelantando, cuando sea necesaria para la preservación del orden público.”


Además de eso, debemos tener en cuenta lo contemplado por el Decreto 261 de 2000, que modificó la estructura de la Fiscalía General de la Nación, en especial lo relacionado con el artículo 17 de ese Decreto, que específicamente señala:

“ARTICULO 17. FUNCIONES. El Fiscal General de la Nación tiene la representación de la entidad frente a las autoridades del poder público así como frente a los particulares y además de las funciones especiales otorgadas por la Constitución Política, tiene las siguientes funciones generales:

1. Expedir reglamentos, órdenes, circulares y los manuales de organización y procedimientos conducentes a la organización administrativa y al eficaz desempeño de las funciones de la Fiscalía General de Nación.
2. Nombrar, remover y definir las situaciones administrativas de los servidores de la entidad.
3. Designar al Vicefiscal, al Director Nacional de Fiscalías, a los Directores Seccionales de Fiscalías y a los Fiscales de las Unidades como Fiscales Delegados Especiales cuando la necesidad del servicio lo exija o la gravedad o complejidad del asunto lo requiera.
4. Dirigir, coordinar y controlar el desarrollo de la función investigativa y acusatoria contra los presuntos infractores de la ley penal, directamente o a través de sus delegados.
5. Ser vocero y responsable por las actuaciones de la Fiscalía General de la Nación ante los demás estamentos del Estado y de la sociedad.
6. Asumir las investigaciones y acusaciones que ordena la Constitución y aquellas que en razón de su naturaleza, ameriten su atención personal.
7. Dirigir el intercambio de la información y pruebas sobre nacionales o extranjeros implicados en delitos cometidos en el exterior.
8. Expedir los manuales de procedimientos administrativos y de normas técnicas a que se deben someter los funcionarios de la Fiscalía General y de quienes cumplen funciones de Policía Judicial.
9. Reglamentar la recopilación de antecedentes penales al interior de la entidad.
10. Asignar la planta de personal a cada una de las dependencias de la Fiscalía, y modificarla cuando lo considere necesario.
11. Desarrollar y reglamentar (en lo no previsto) la estructura orgánica de la Fiscalía, con sujeción a los principios y reglas generales del presente decreto. NOTA: APARTE SUBRAYADO DECLARADO INEXEQUIBLE
12. Diseñar e implementar un sistema de control interno que permita conocer y evaluar oportunamente la gestión de la Fiscalía General de la Nación y de sus servidores.
13. Comisionar a servidores de la Fiscalía General de la Nación en otras entidades oficiales, en desarrollo de las investigaciones que así lo ameriten.
14. Representar a la Nación-Fiscalía General, en los procesos judiciales, para lo cual podrá constituir apoderados especiales.
15. Suscribir, como representante legal de la Fiscalía General, los actos y contratos requeridos para el buen funcionamiento de la misma.
16. Otorgar atribuciones transitorias a entes públicos que puedan cumplir funciones de Policía Judicial, bajo la responsabilidad y dependencia funcional de la Fiscalía General de la Nación.
17. Aprobar el anteproyecto del plan de desarrollo de la Fiscalía y enviarlo al Consejo Superior de la Judicatura para que sea consolidado con el plan de la Rama Judicial.
18. Aprobar el anteproyecto de presupuesto y enviarlo al Consejo Superior de la Judicatura para que sea consolidado con el presupuesto de la Rama Judicial.
19. Efectuar los traslados presupuestales dentro de las unidades ejecutoras de la Fiscalía General y solicitar al Gobierno las adiciones que considere pertinentes de conformidad con las normas generales del presupuesto.
20. (Crear, suprimir, fusionar y) trasladar cargos en la Fiscalía General de la Nación de acuerdo con la nomenclatura de empleos y la escala de salarios establecida.
En ejercicio de estas atribuciones, el Fiscal General no podrá crear con cargo al Tesoro, obligaciones que excedan el monto global fijado para el respectivo servicio en la ley de apropiaciones iniciales. NOTA: APARTE SUBRAYADO DECLARADO INEXEQUIBLE
21. Establecer el Manual de requisitos y funciones de cada uno de los empleos de la Fiscalía.
22. Formar parte o presidir los Consejos, Comisiones, Comités, Juntas y Estamentos Directivos que le señale la ley.
23. Nombrar, remover y definir las situaciones administrativas del Director del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses.
24. Ejercer control de tutela sobre los establecimientos públicos adscritos a la Fiscalía General de la Nación y designar sus directores.
25. Determinar la representación de la Fiscalía General de la Nación en la Junta de Inteligencia Nacional, JIN, cuando sea requerida su participación en calidad de invitado.
26. Hacer las propuestas de evaluación de recompensas, de méritos y las menciones honoríficas que procedan.
27. Las demás funciones que le señale el presente estatuto y la ley.”


Para efectos de no hacer eterno este ingreso, simplemente tomemos en cuenta las siguientes estadísticas:

De las 6 funciones consagradas constitucionalmente, tan solo 1 y media tienen relación directa con el litigio en materia penal (Función 1 y parcialmente la Función 3). Quienes consideran que la política criminal es un terreno propio del derecho penal, están lejos de la realidad. Se parecen, tienen cosas en común, pero no son lo mismo. Es como confundir una gaviota con un pelícano. Si revisamos las otras 27 funciones, encontramos que (solamente la 4, 6 y 7 requieren conocimientos jurídicos propios de un penalista). Es más, la gran mayoría de las funciones allí descritas son propios de un administrador, y no de un abogado penalista.

Por esa razón, me llama mucho la atención la lectura de muchas columnas de periódicos, que hacen referencia a que la terna enviada a la Corte Suprema de Justicia por parte del Presidente de la República es ofensiva. Algunos de estos columnistas, siendo abogados, hacen referencia a la gran afrenta que representa el no contar con penalistas en la terna. Al respecto, mi posición es completamente diferente. El ser o no penalista, es un ‘plus’ con el que contaría un candidato, pero no constituye el factor determinante para efectos de establecer si sería un buen Fiscal General o no.

Si se revisa detenidamente los problemas principales con los que cuenta la Fiscalía General de la Nación del señor Iguarán Arana, veremos que se ha rodeado de personas corruptas, de personas incapaces, así como de otros que son corruptos e incapaces. Adicionalmente, su falta de criterio y fortaleza ha llevado a que el sistema penal oral se encuentre colapsado, y que constituya una verdadera vergüenza ver la forma en que opera. Es importante señalar que el sistema colapsó primeramente en la Fiscalía General, donde se encontraban tan fascinados con las facultades de los fiscales, que se les olvidó que tenían deberes investigativos.

Como consecuencia de lo anterior, contamos con casos como los del señor Guillermo León Valencia Cossio, disputas entre el Vicefiscal Guillermo Mendoza con todo el mundo, por considerarse él el único que sabe investigar, y como consecuencia, investigaciones que se caen, otras que prescriben, y otras que también se caen. ¿Es esto culpa de Mario Iguarán Arana? Por supuesto, pero su culpa no deriva de ser un desconocedor del Código Penal o del Código de Procedimiento Penal (aunque debería abrir ese par de libritos más seguido, en vez de dedicarse a maquillar sus ojos y alzar su dedo índice en pose acusadora) sino de ser un nefasto administrador, ejecutivo incapaz, y reactivo, y no proactivo.

Luis Carlos Galán Sarmiento, fallecido hace ya casi 20 años, no podrá estar contento viendo desde el más allá, que por fallas de procedimiento imputables a la fiscalía salgan libres grandes criminales, que su caso prescriba por inacción del organismo, y otras tantas bestialidades más. Zaffaroni menciona en uno de sus libros, que el derecho penal está instituido para contener la arbitrariedad de las instituciones represoras en materia penal. ¿Qué respondería el profesor Eugenio Raúl si el escenario hipotético fuera el contrario, en el que el pueblo clama porque sus instituciones represoras hagan algo, y no se queden durmiendo, cuatrienio tras cuatrienio mientras los asociados derraman su sangre día a día?

No, apreciados columnistas, el éxito de una buena gestión es estar bien rodeado, es decir, rodeado de gente capaz, no de amables sicofantes. Fíjense que es lo opuesto a lo que ha ocurrido con el Presidente Uribe, quien ha demostrado ser sumamente capaz de gestionar él mismo, pero incapaz de rodearse bien. Su poder personal no puede con todo. Por ello, saberse rodear es lo fundamental. Algo que Iguarán no supo hacer, y que el (o la) próximo(a) Fiscal General debe aprender rápido. De lo contrario, nos veremos pronto discutiendo nuevos proyectos de Códigos. Cuando algo falla aquí, cambian la ley, y no al aplicador de la ley. En consecuencia, considero que además de tener criterio y carácter, el (o la) sucesor(a) de Mario Iguarán debe ser un Fiscal que sepa nombrar fiscales. ¿Será que alguno de los tres podría con esta tarea? Muchos dicen que ya vienen con marquilla de: Propiedad de Uribe. De pronto el llamado es para que los penalistas buenos se vuelvan amigos de Uribe. Lo raro es que la gran mayoría están ocupados acusando a alguno de sus antiguas amistades, o antiguos coequiperos. Amanecerá y veremos…
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