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viernes, 25 de mayo de 2018

El derecho por fuera del derecho

Al referirnos al derecho, normalmente nos encontramos conceptos que diferencian entre el derecho subjetivo y el derecho objetivo.  En este último caso, se suele hacer referencia al derecho como una herramienta para garantizar la vida en sociedad a través de normas jurídicas que consagran derechos (subjetivos), imponen deberes y obligaciones, y establecen mecanismos de control para garantizar que esos deberes y obligaciones sean observados.

Desde la génesis de la vida en sociedad, se ha ligado el concepto de derecho con ciertas nociones espaciales y temporales que han llevado a que toda norma jurídica posea un ámbito de validez.  En otras palabras, la norma jurídica tiene una validez y posible eficacia en un momento determinado, en un lugar determinado, y frente a personas determinadas o determinables.  Esto funcionaba relativamente bien en la medida en que la realidad que gobierna el derecho, es la realidad física.  La vida de las personas transcurría en su hogar, en sus escuelas, universidades, sitios de trabajo, en los centros comerciales, y demás.


 Imagen tomada de:  http://blogs.upn.edu.pe

Sin embargo, la rapidez con la que avanzan las TICs, además de permitir ampliar los ámbitos de interacción con personas, nos permiten abrir nuevas dimensiones acerca de lo que debemos entender como interacción social.  En consecuencia, el concepto de derecho resulta insuficiente para entender y regular esos nuevos espacios de interacción.

Quizá un ejemplo puede ilustrar mejor la situación:

* ¿Qué es peor: que una mujer sea violada por su pareja, es decir, que la obligue a sostener relaciones sexuales sin su consentimiento, o que su pareja publique en páginas de internet un video de relaciones sexuales contenidas con esa misma mujer?

Y otro:

* ¿Qué es preferible, que a un joven lo golpeen sus compañeros de colegio por considerarlo un "mariquita", o que cientos de personas acudan a las redes sociales a tildarlo de tal, pero sin que nadie le haya pegado?

Por supuesto, no tengo la respuesta porque creo que en gran medida, mucho depende del contexto.  Para muchos, intuitivamente lo físico tenga más peso que lo moral, pero sin duda se trata de una decisión debatible.  El problema, en el fondo, es que si bien existen algunas normas que regulan ciertos aspectos puntuales relacionados con la vida en escenarios virtuales, en general el derecho (por lo menos el colombiano) no ha cambiado su estructura para adaptarse a este tipo de situaciones.  Son demasiadas las preguntas que se deben responder por el ordeamiento jurídico, y que aún no tienen una respuesta clara.

* ¿Las personas con relación sentimental por internet, son pareja?
* ¿La agresión que sufra un avatar de una persona es equivalente a la agresión sufrida por la persona? 
* ¿La seducción de menores de 14 años en la red, sin que implique una manifestación sexual en el mundo físico debe entenderse como un delito?
* ¿La compra de cajitas de botín con contenido aleatorio en videojuegos a cambio de un precio es una apuesta, o es una compra?
* ¿Cómo se puede estructurar la responsabilidad civil por un acto involuntario en internet 
* ¿Cómo enfocar la libertad de pensamiento y de expresión de una persona que tiene una personalidad en la vida física, y una en la vida virtual?

El derecho, desde la perspectiva a partir del derecho, no nos puede responder estos interrogantes.  El derecho, como ciencia social que es, parte de la noción de sociedad y de vida social que se pueda tener.  Es por ello que de no realizarse un autoexamen a los principios y postulados básicos de la sociedad, probablemente se quedará cada vez más relegado frente a los fenómenos sociales.  La mala noticia, es que esto no se resuelve a partir del derecho, dado que el derecho parte de "lo que hay" para construir la estructura jurídica.

Sin embargo, la iniciativa sí debe venir de los actores del mundo jurídico, y lamentablemente, poco o nada se ha hecho por esto.  Seguimos discutiendo sobre latifundios, sobre la posesión inscrita, sobre la culpabilidad en materia penal, el nexo causal en civil.  El cambio se debe surtir pronto, o quedaremos a la deriva de las decisiones de jueces, sin norma aplicable.
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miércoles, 16 de diciembre de 2009

Reflexión para dar inicio a la novena de aguinaldos

“¡Que Dios lo maldiga!”.  Esa fue la lapidaria frase que escuché ayer.  ¿Qué puede llevar a una persona a decirle a otro ser humano esto?  Cualquiera que no hubiera estado allí pensaría que podría de manera justificada proferir estas palabras quien ha sido azotado con un grave mal inferido por otro, como la muerte de un ser querido, o incluso ante un perjuicio económico de inminente gravedad.  Otros, como yo, pensamos que bajo ninguna circunstancia puede justificarse un deseo así.

Esta frase la escuché ayer de una mujer que tardíamente intentaba ingresar a un establecimiento de venta de comidas rápidas.  La señora, que intentaba escubillirse dentro del establecimiento que se encontraba ad portas de cerrar completamente, y que ya no atendía a más individuos, le lanzó este deseo navideño al joven que atendía el lugar.  ¿La razón?  Se golpeó la cabeza intentando entrar, cuando la reja de cerramiento se encontraba entreabierta, dando muestras de que ya no atendía a más clientes.

El golpe fue sumamente fuerte, he de aceptarlo.  Sin embargo, era claro para todos el estado entreabierto de la reja, y la falta de precaución de la incauta clienta la llevó a golpearse fuertemente.  Su ira no era cualquiera, y ante esta situación, los ocupantes del establecimiento permanecimos callados, en señal de respeto ante la embarazosa situación.  Ante esta reacción, la señora guardó silencio algunos momentos y luego quiso ordenar algo, ante lo cual el joven que atendía le señaló que ya no atendían más pues estaban prestos a cerrar.  Esto último fue lo que desató la furia de la mujer, quien de manera explosiva increpó al muchacho, y posteriormente cerró su desafortunada intervención con esta frase.

¿Qué puede llevar a esta persona a decir eso?  ¿Será que al menos por una centésima de segundo consideró lo que estaba a punto de decir?  La verdad no lo sé.   Tan solo puede afirmar que quedé estupefacto ante tal agresión.  Según pude conversar después con un amigo, debatimos acerca de la reacción del muchacho, que tal vez no fue la más solidaria, pero recuerdo haber repuesto que no podía justificar bajo ninguna circunstancia esta reacción.

Reflexionando un poco al respecto, entendí un poco mejor el porqué de la inviabilidad del mundo, conforme al status actual.  Motivos abyectos o fútiles (o los dos, creo yo) como éste, son los que pueden llevar a guerras, a homicidios vergonzosos, y a otra serie de atrocidades que vemos día a día.  Me cuestioné el porqué de las presunciones jurídicas sobre la buena fe, la dignidad humana y el respeto por los derechos de los asociados, ante tal nivel de agresividad.

Hoy se da formalmente inicio a la temporada navideña (a pesar de que la publicidad indique que fue después del 31 de Octubre) y en esta época que supuestamente es de paz, armonía y amistad, encuentro que la sociedad se encuentra resquebrajada, y que incluso las temporadas de paz y alegría son buen motivo para agredir.

Me pregunté si una persona como esta probablemente estaría hoy rezando la novena en su casa, pidiendo por la paz del mundo, o si tal vez se encuentra amargada deseándole maldiciones a media humanidad.  Personalmente, me preocupa más creer que la primera de las opciones tal vez sea la más acertada.  Estas paradojas me llevan a entender un poco más por qué razones todos hacemos votos por luchar contra el calentamiento global, contra la pobreza y contra la mala política, cuando en la práctica vivimos en una constante dicotomía autojustificante, según la cual el mundo está equivocado pero cada uno de nosotros, en su interior, considera que es el paradigma de la normalidad y la bondad en el mundo.

Probablemente, de preguntarle hoy a esta persona lo que piensa al respecto, me demostrará argumentativamente que estaba en su derecho, y que su actitud fue justa.  Este desconocimiento de la alteridad, de la decencia y del respeto, es cada día más común, y tal vez por ello es que convenciones como la de Dinamarca, las reuniones de Unasur, y otras tantas reuniones de naciones preocupadas, no llevan a nada diferente a la creación de bonitos eslogans que en la práctica no llevan a nada.

Me gustaría hoy, que quienes creemos en la bondad del ser humano (en alguna medida) y más aún quienes tienen como punto de referencia la fe en Cristo, pudieran realizar un ejercicio introspectivo para ver si realmente consideramos que en el día a día actuamos bajo parámetros de respeto y probidad.  En esta temporada navideña, de consumo y de excesos, convendría analizar si somos quienes realmente creemos que somos.  La verdad, creo que ni siquiera un buen ateo o un formidable agnóstico, sería capaz de proferir palabras así.  Me gustaría, todavía, creer que sería así…
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jueves, 19 de noviembre de 2009

La duda metódica

Poseo una duda metódica.  En realidad poseo muchas de ellas, pero por el momento me ha asaltado una de ellas de manera extremadamente poderosa.  Ataja cualquier intento de conciliar el sueño, y evita que la musa de la concentración llegue a mí cuando estoy intentando realizar cualquier clase de trabajo.  La duda metódica no me deja en paz.  “¿Cuál es ella?”, se preguntarán algunos. 

Realmente es una duda que no es nueva en su contenido, pues ha sido abordada por diferentes pensadores, de muchísima más sabiduría e inteligencia que la que pudiera llegar yo a tener.  Muchos de ellos llegaron a alcanzar fama y reconocimiento por abordar de frente diversas aristas de esta espinosa inquietud.  En efecto, el solo atreverse a estudiar un tema como este, sin miedo a pasar por ridículo, desocupado o anticuado, es digno de ser reconocido.  Más aún, la forma en la que se aborda el tema difiere, en la medida en que la metodología de cada uno de ellos es verdaderamente diferente.

Algunos de ellos, incluso han llegado a tocar magistralmente el tema como consecuencia de que precisamente no quieren hablar de tan espinoso tema.  Para poder evitarlo, deben referirse el asunto.  Han podido metodológicamente delimitar su ámbito de aplicación, de forma tal que los incautos o los no ilustrados puedan identificar el terreno sobre el que se transita.

¡Ohhh duda!  Quizás algunos de los lectores han padecido la sensación que yo hoy siento, de incertidumbre y ansiedad ante una duda que es clara y evidente pero cuya respuesta nos es tan esquiva como lo puede ser la eterna juventud.  Tal vez hubiera podido dejarte en el olvido, relegada como tantas otras de tu especie, de no ser por los designios que me dejan ver tu maltrecha esencia en cada evento que se desarrolla ante mis ojos.  No solo he podido percibir tu presencia en aquella órbita real y sensible, de la que cada día somos menos adeptos, sino que he debido toparme contigo cada vez que me desmaterializo y fluyo por esa red que a todos nos cubre pero que no podemos realmente ver.

“¿Cuál es ella?” repetirán nuevamente muchos.  Es aquella que tienen mentalmente resuelta algunos en un sentido, aunque en la práctica resuelvan las situaciones en un sentido completamente contrario al inicialmente planteado.  Sí, es aquella que se maneja hipócritamente por muchos para coronar reinas de belleza, nombrar funcionarios y conquistar amantes.  Es la misma verdad aunque adaptada a diferentes escenarios.  Es aquella que, al no resolverse permite a los creyentes pecar, y pecar y pecar sin ninguna clase de remordimiento, mientras que condenan los pecados ajenos.

Es esta duda, en su máxima expresión, la que salta a la vista cuando leemos la entrada de García Amado titulada “¿Se puede ser antikelseniano sin mentir sobre Kelsen?”.   Larga pero entretenida, larga pero reveladora.  Reveladora pero inquietante.  Cuando finalmente, luego de una pacífica y controlada digestión de ideas, noto que la duda va asomando sus garras a la vuelta de mi mente, decido que no es conveniente pensar en ella y que resulta más conveniente entretenerme en otros quehaceres.

Lamentablemente, hay algunos de nosotros que, sin importar qué estén haciendo nuestras extremidades, si no implica un ejercicio con un grado de concentración máxima, se le otorga una inmerecida licencia a la mente para que comience a elucubrar y a conspirar contra el agobiante ‘ser’ que vivimos día a día.  Soy uno de ellos, he de aceptarlo.  Por ello, ¡qué mejor remedio para acallar a la conspiradora mente que ver televisión!  ¿Qué mejor remedio, oso preguntarme?  Cualquiera es mejor remedio, e incluso la misma televisión, pero si se sintoniza cualquier cosa excepto la programación nacional.  De hacerlo, se expone uno a que la duda aparezca de nuevo, ya no solo mostrando sus garras, sino en plan de doblegar mi voluntad.

Algo así sucedió esta semana cuando huía de ella, y opté por revisar las noticias.  Miré con asombro de qué manera gateaba ella hacia mí con cada noticia que se mencionaba.  Nada demasiado severo, salvo cuando hablaron de una fallida moción de censura contra el Ministro Fernández, que me recordó precisamente que este último debe tener un espacio reservado en este blog, pero que se requiere algo de investigación previa, para no ser yo un simple repetidor de los medios tradicionales, que tanto nos defraudan.  En ese momento, las garras que yo veía dejaron entrever una fortaleza sin par, y se aprestaron a saltar súbitamente sobre mí.  No hay duda, era presa de una duda metódica.  No habría de dejarme salir hasta que no lidiara de frente con ella.

Me transportó a un mundo que no había recorrido antes.  Me recordó las peripecias del Procurador General de la Nación en el caso de la ‘yidispolítica’, mientras que veía al alto funcionario disfrutar de un banquete.  Trasegó ella conmigo por valles, colinas y llanuras, hasta pasar por un punto geográfico que me era desconocido en ese momento, y que tan solo identificó como ‘la encrucijada del alma’.  Creo que he sido uno de los afortunados que ha logrado atravesar la encrucijada, y no quedarse hipnotizado por este cautivador lugar.  Mi nueva maestra, ama y señora, me condujo con rigor por sendas en las que observamos a sacerdotes, pastores, rabinos, emires y muchos otros líderes espirituales, aunque estos habían matado y robado, pero gozaban de las mismas bienaventuranzas de los demás, a pesar de su pasado.

Habiendo sido doblegado por la duda, y transitando por los caminos por los que a bien tuvo guiarme bajo su yugo, sentí la necesidad de comparar mi experiencia con aquella vivida por el divino poeta, Dante Alighieri, aunque dando gracias a Dios que mi experiencia era mucho más grata que la que hubiera vivido aquél.  Me pregunté el porqué de esa distinción.  ¿Por qué en el caso de él, vio ejemplificada la justicia divina en su trasegar, pero en mi caso, veía el premio a la injusticia y a la desfachatez?  Afrontar la duda me generaba más dudas, pero estabas llegaban y se iban a medida que caminaba por este escenario.

“¡Ohhh duda! Me utilizaste y me dejaste como al principio, aunque derrotado y cansado”.  ¿Que cuál duda?, todavía insisten algunos.  Está bien, está bien, estoy cansado y me declaro formalmente derrotado.  No existe ningún Savater que pueda consolarme a estas alturas.

La duda que ha generado tanto en mí es: ¿Qué sentido tiene en el mundo actual predicar la existencia de la ética o la moral?
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miércoles, 23 de septiembre de 2009

Hobbes Pt. 1 - El Leviatán esquizofrénico

¿Qué habría pensado Thomas Hobbes, si viese que el Leviatán se propina a sí mismo una terrible paliza, y que no contento con estar mal herido, persiste en su iniciativa suicida? Esta pregunta me la formulo a menudo cuando veo el comportamiento de los actuales representantes de las ramas del poder público colombiano.

¿Qué habría pensado Hobbes si su Leviathan se embolsillara los recursos que le han sido confiado para lograr los fines para los que nació? En ese caso, no solo pienso en lo que ocurre en mi país, sino que veo que existe una importante raza de Leviatanes que aparentemente han sido atacados por un virus troyano, y se dedican a comportarse de manera diametralmente opuesta a lo que pensaría uno que debe ser el comportamiento de tan temibles criaturas.

Personalmente, creo que Hobbes no desechó la idea de que el Leviatán fuera un ser demente, que siendo implacable por su temible fortaleza, generara un poder de destrucción tan asombroso. Creo, eso sí, que su arraigo a la cultura inglesa lo hizo considerar dicha opción como algo improbable. Los ingleses siempre han sido complejos, pero no imbéciles. Al menos no la gran mayoría. De lo contrario, esa isla no habría sido potencia mundial durante tanto tiempo.

He tenido la oportunidad de documentarme un poco más respecto de este autor, a quien personalmente siempre tengo como referencia, y que nunca he alcanzado a comprender plenamente, pero que aún hoy logra deslumbrarme entre más lo conozco. Estoy leyendo a algunas de las ‘autoridades’ en el tema, y posteriormente releeré al propio Hobbes para ver qué entiendo ahora de su texto, teniendo en cuenta que ya no hay un señor amenazando con calificar un examen con 0,0 por intentar interpretar personalmente su obra, si llegase a ser una interpretación diferente.

Por ahora, me centro en las preguntas que inicialmente he planteado aquí. Me centro en ellas, porque encuentro que para entender las conclusiones a las que llegó Hobbes en su obra, es importante comprender el porqué de su metodología. Veo, por lo que describe George Sabine, que Hobbes era un tipo incrédulo, que no caía en la tentación de ser encuadrado en discusiones polarizantes, como en las que hemos incurrido muchos actualmente, sobre si era positivista o iusnaturalista.

Personalmente, creo que de estar vivo, el hombre nos habría mirado con cierto desdén, y hubiera proseguido su camino, añadiéndole un 10% más de velocidad a su andar, como quien quiere dejar atrás a los intrascendentes. Sin embargo, siendo uno de esos intrascendentes, emitiré mi opinión en ese sentido, pero no en el ingreso de hoy, sino en uno posterior, recogiendo algunas ideas que plantee por el camino.

Para Don Thomas Hobbes, la política, o mejor, la ciencia política podría entenderse como el resultado de un análisis científico que parte de la psicología, se desarrolla dentro de un esquema matemático, y resulta en una teorización política. La metodología científica empleada era deductiva (OJO – partidarios de que Hobbes era positivista), según he podido averiguar, puesto que se parte de postulados genérales y universales, que proceden de un orden previo. Sin embargo, Hobbes entendía que existían principios básicos que regían el comportamiento de todo ser humano, porque eran guiados por cuestiones causales. Considera Sabine, por ejemplo, que ello lo diferenciaba del esquema iusnaturalista clásico, según el cual lo justo determinaba el derecho, y bajo esa óptica, los comportamientos humanos obedecían a un fin y no a una causa. En ese sentido, considera el autor, la metodología difiere (OJO – partidarios de que Hobbes era iusanaturalista). En el video que Gonzalo Ramírez nos ha mostrado en su entrada sobre los Open Yale Courses vemos al profesor Steven Smith recordando el pasaje en el que Hobbes ataca sin misericordia la metafísicia y la política aristotélica, que servía de fundamento para la metodología iusnaturalista tradicional.

J.J. Chavallier, nos referencia a Hobbes como un individuo que se autorreferencia a sí mismo como un ser temeroso y tímido, pero con una serie de inquietudes que surgen desde su juventud. Bajo ese entendido, y al igual que con otra serie de importantes personajes de la Historia, nos enfrentamos ante un individuo con inteligencia sobresaliente y con problemas de personalidad, particularmente frente a la introversión. Precisamente, resulta explicable que Hobbes, le otorgara tanta relevancia a la psicología del ser humano para efectos de entender su funcionamiento como parte de la sociedad.

Dentro del esquema de creación de su Leviathan, Hobbes se adentra en el estudio científico de su creación. Creo que al menos existe consenso en concluir que el Leviatán es una creación hecha del hombre y por el hombre. Es decir, el Leviatán surge de la suma de los seres humanos que lo conforman. Precisamente, recordando la imagen que se dibujó para la edición del Leviatán, en la que se observa el cuerpo del Leviatán formado por siluetas humanas, entendemos que la psicología humana individual habrá de determinar la psicología social y política (civil).


Imagen tomada de: http://tempcontretemps.files.wordpress.com/

No es curioso, entonces, que el Leviatán esté hecho a imagen y semejanza de sus componentes (hombres). ¿Qué pensaría Hobbes de observar en un Estado que los administradores peleen con jueces, y los jueces con legisladores y estos conspiren con unos y otros? Personalmente, dudo que Hobbes se sorprendiera. Los fundamentos del hombre siguen siendo lo mismo, en ese entonces y ahora, con la diferencia que los recursos que antes eran escasos, ahora son escasísimos. Bajo ese entendido, sobresalir por encima de los demás, se ha convertido en una prioridad social, y no en una muestra de vanidad intelectual.

Si se le agrega a la avaricia, a la codicia, y al egoísmo humano un insultante estado de considerarse superior por naturaleza, evidentemente encontraremos que cualquier mecanismo o sistema que pueda surgir de allí, será disfuncional. ¿Qué podríamos esperar de un automóvil en el que las rueda derechas viajen a mayor velocidad que las izquierdas? ¿Cómo cocinar decentemente una receta, si un fogón decide que va a calentar más o menos que los demás?

Probablemente, el elemento que podría tener a Hobbes bastante pensativo derivaría de considerar que un ente, sea individual o social, sea autodestructivo por naturaleza. La psicología de Hobbes permite entender que la persona actúa como resultado de que exista una causa que lo forzara a sentir placer, o a sentir desagrado. Bajo ese entendido, siempre el ser querrá ser más feliz y bajo ese entendido, debería generarse el menor daño posible. El daño, se lo generaría a los demás (esa estrategia internacional es perfectamente evidenciable para ciertos casos), y el placer sería propio. Bajo ese entendido, la conducta autodestructiva no es natural sino antinatural.

Sin embargo, si el hombre es lobo para el hombre, sí podría ser natural esa autodestrucción del Leviatán. Bajo ese entendido, el debate se centrará en aquello que permite neutralizar ese instinto autodestructivo, es decir, en el contrato que liga a los seres humanos para no destruirse. Viendo a nuestro Leviatán esquizofrénico, pareciera ser que este contrato social ha sido un contrato simulado (simulación absoluta). Queremos hacer creer que hay un contrato, que vivimos en una sociedad entre iguales, pero actuamos como si no existiera tal contrato.

¿Qué pensaría Hobbes ante un Estado crónicamente disfuncional?

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