miércoles, 21 de octubre de 2026

Mi opinión sobre la presidencia de Juan Manuel Santos Calderón (segundo periodo)

NOTA PRELIMINAR: Esta es la séptima entrada de la serie acerca los distintos presidentes que he tenido la oportunidad de racionalizar, o mejor, digerir.  Si no han revisado ya las cinco entradas anteriores, se sugiere hacerlo antes de leer este ingreso.  En este caso, Santos es el primero de los actuales expresidentes sobre los que escribí en su momento, e incluso desde que fuere candidato antes de su primer mandato.  Además de revisar el ingreso anterior, que trata sobre el primer periodo presidencial de Juan Manuel Santos, pueden contrastar lo aquí reseñado, frente a los siguientes ingresos (con fecha incluida para que se sepa detectar en qué momento del tiempo fue escrito:

Elecciones Presidenciales I: Juan Manuel Santos (30/04/2010)

Por qué no voto por Santos ni por Zuluaga (10/06/2014)

Balance del Gobierno de Juan Manuel Santos - Parte 1 de 2 (08/08/2018)

Balance del Gobierno de Juan Manuel Santos - Parte 2 de 2 (16/08/2018)

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El año es 2014, y luego de cuatro años iniciales de Juan Manuel Santos Calderón en el poder, vino su segundo periodo presidencial.  Llegar allí, no fue fácil, puesto que en la primera vuelta presidencial, Santos no ganó.  Quien ganó fue Oscar Iván Zuluaga, el candidato del uribismo a través del partido Centro Democrático. Era claro que la pelea no iba a ser sencilla porque el uribismo, quien se sentía traicionado por Santos a raíz de sus cambios radicales frente a los postulados que lo habían hecho elegir inicialmente en 2010, quería que el verdadero uribismo retomara el poder.  Por su parte, el santismo no estaba dispuesto a perder frente al Uribismo y apostó -sabiamente, por cierto- a hablarle a las pasiones de la gente y no a su intelecto.  

Cualquier político medianamente exitoso sabe que lo que el ciudadano común en una democracia quiere es sentir y no saber.  Quiere sentir esperanza, confianza, energía, seguridad, optimismo.  Al ciudadano común en cualquier democracia no le interesa conocer la fórmula para convertir el plomo en oro, sino creer que efectivamente el plomo se convertirá en oro, así sea imposible que "realmente" ocurra. Por eso es que a nadie realmente le interesa revisar un programa de gobierno de ningún candidato. Por ello, a partir de ese peligro de perder la reelección, Juan Manuel Santos y su equipo de gobierno le apostaron que en teoría nadie podría "no querer" la paz.  El país empezó, incluso desde la campaña política, a dividirse entre los "amigos de la paz" y los "enemigos de la paz". El giro de "los buenos" y "los terroristas" que venía de la época de Uribe, pero en el léxico y contexto santista.

En la segunda vuelta, Santos ganó, y similarmente a como ocurrió con las elecciones en el caso de Ernesto Samper Pizano, no estuvo exento de controversia.  A lo largo de su periodo presidencial, se destapó el escándalo de Odebrecht que destapó de qué manera ese importante grupo empresarial brasileño tenía la capacidad de "contribuir" o "aportar" a políticos de toda Latinoamérica a cambio de posteriormente ser beneficiarios de importantes contratos a todo nivel, con la ayuda de sus políticos beneficiarios.  Es decir, algo parecido a lo que el país sabe que existe desde siempre pero no ha logrado comprobar de manera seria y masiva, pero en este específico caso, a escala regional y no solo nacional.  Este escándalo no se destapó por la brillantez y suspicacia de las autoridades colombianas, sino como casi siempre en este país, por movimientos en la justicia de los Estados Unidos. En ese caso, tanto la campaña de Zuluaga como la de Santos se vieron seriamente salpicadas por el escándalo de Odebrecht, pero como suele ocurrir en Colombia, al Presidente en ejercicio no le pasó nada (similarmente como a Samper) y Santos cayó de pie, como los gatos.

Aparte del escándalo de Odebrecht, el Gobierno de Santos II se definió en función del proceso de paz de las FARC, similarmente a como se definió el gobierno de Andrés Pastrana Arango.  Lo que la Historia diría a partir del 2018, dependería de cómo gestionara ese diálogo con las FARC. A diferencia de algunos presidentes que tuvo este país antes de él, y después de él, Santos puede ser lo que sea, menos bruto.  Similarmente a como ocurrió con Samper, se rodeó de unos verdaderos zorros capaces de defenderlo a capa y espada.  Germán Vargas Lleras era su Vicepresidente y le dio rienda suelta para encargarse de temas como la infraestructura y la contratación a gran escala, para mostrar resultados: y lo hizo.  Juan Fernando Cristo como Ministro del Interior era quien mostraba el mundo de Santos a partir de su visión de paladín garante de las víctimas.  Por último, el zorro mayor fue Néstor Humberto Martínez como "Superministro" inicialmente y posteriormente como Fiscal General de la Nación encargado investigar muchos de los escándalos que salpicaban a antiguos clientes así como al gobierno al que recién había defendido a capa y espada, y que por supuesto no investigó.

Santos estuvo muy bien blindado, y sus fichas le jugaban un excelente partido a nivel institucional y extrainstitucional.  El país tuvo tal vez los mayores periodos de estabilidad a nivel de macroeconomía y orden público.  En principio eso debería ubicar a Santos como un fantástico Presidente.  Sin embargo, como señalé líneas atrás, su campaña y su gobierno estaban atados inescindiblemente al proceso de paz con las FARC, y ese proceso no fue bien llevado.  Si se quiere revisar en detalle la cronología de los avances de esa negociación, se podrá observar que los tiempos de discusión de los seis puntos principales que componían el acuerdo fueron claramente desiguales.  La mesa de negociación se demoró muchísimo tiempo en discutir dos de esos puntos, y los otros cuatro fueron claramente acordados de afán, cuando la presión social obligó a que se "dieran resultados" pronto.

El acuerdo que le presentaron al pueblo Colombiano, en opinión de quien esto escribe no es serio.  La razón principal de ello es que un texto de esta naturaleza tiene que ser eminentemente práctico, y este texto no lo es.  Explico el punto.  No es lo mismo decir "Pedro tiene tres meses para presentar un informe de inventario a Luis" que decir "una instancia de alto nivel proyectará a la mayor prontitud un informe que será revisado por organismos interinstitucionales".  Desde el punto de vista de estilo literario, parece mucho más apetecible el segundo ejemplo que el primero, pero la diferencia es que este último es difícilmente verificable, mientras que el primero es fácilmente constatable.  Revisen el texto del acuerdo de paz, o en su defecto, pídanle a su inteligencia artificial de confianza que lo haga, y que les indique cuántas veces se hace referencia a ese tipo de frases gaseosas como "instancia de alto nivel" y "monitoreo interinstitucional" para darse cuenta de lo que aquí digo.  En vez de tratarse de un acuerdo con compromisos prácticos verificables, se convirtió en una especie de carta al Niño Dios plagada de deseos y buenas intenciones, pero con instancias poco prácticas. Los efectos de esa carta al Niño Dios se pueden ver hoy en la implementación del acuerdo, en la reparación a víctimas, en la protección de la vida de los desmovilizados, y especialmente en la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP).  Vistas en conjunto, o de manera separada, es claro que el acuerdo como un todo, no funcionó.


Imagen tomada de: www.infobae.com

Todo lo anterior le dejaría una mancha en el legado de Santos, pero lo que hace que su puntaje caiga drásticamente es su afán por ganarse la medallita del Nóbel de Paz.  Estoy absolutamente seguro que esa ambición personal de un acaparador de trofeos lo llevó a cometer un error por soberbio.  Estaba tan convencido que todo el país iba a aplaudirlo y cundirlo en loas, que se arriesgó a apostar la puesta en marcha de todo el acuerdo de paz en unas elecciones, y perdió.  No importa aquí el porqué de su derrota electoral, pero lo cierto es que perdió.

El mecanismo elegido era el del plebiscito especial, cuyo alcance fue desarrollado por la Corte Constitucional en la sentencia C-379/16. Si quieren revisar ese punto en específico, vayan y lean de los puntos 7 al 20.2 de los considerandos.  Observarán, por ejemplo, que la Corte siempre hace referencia al pueblo como soberano (primer punto a anotar) y también sobre los alcances de la aprobación del plebiscito, y casi nada o nada sobre los alcances de la victoria del NO (segundo punto a destacar).  Lo cierto es que toda esa parafernalia y promesa de acatar la voluntad del pueblo, quedó en nada.  Juan Manuel Santos Calderón, en mi opinión, jamás podrá ser considerado como un estadista modelo o siquiera un demócrata ejemplar, cuando ha sido el único Presidente del que yo tengo conocimiento que ha desconocido frontal, descarada, abierta, y solapadamente una votación popular.  El Presidente de la República, como mandatario (cabe recordar que esto no hace referencia a que él sea quien mande, sino a la figura del mandato como contrato por medio del cual el pueblo como mandante contrata al Presidente, como mandatario para que cumpla con una gestión encomendada, su programa de Gobierno) debe respetar la voluntad del pueblo soberano, su mandante.  En este caso, el Presidente Santos le mamó gallo al soberano (utilizando la terminología de la misma Corte Constitucional).  Lo peor del caso es que esa "mamadera de gallo" fue ratificada por las diversas instancias institucionales colombianas, desde el Congreso, la Corte Suprema de Justicia y la Corte Constitucional.  Junto con la debacle del caso de Ernesto Samper ya vista, la suscripción, firma y aval del Acuerdo de Paz Santos-FARC son las muestras más claras y fehacientes de que la institucionalidad colombiana NO es sólida, y que las famosos pesos y contrapesos que deberían existir en Colombia, no funcionan bien.

Si se revisa la tabla de medallería de los gobiernos de Santos, se tiene entonces que nos llevó a la OCDE, firmó un sinnúmero de tratados de libre comercio, que metió a Colombia en el escenario económico mundial, y que firmó un acuerdo de paz con la guerrilla más vieja del mundo.  Ahhhh, y que se ganó un Premio Nóbel de Paz, algo que cuando lo aceptó dijo que no era para él sino para el pueblo colombiano, pero que desde que salió de su cargo, utiliza como carta de presentación; no era el Nóbel del pueblo colombiano como desinteresadamente dijo en su momento: era el Nóbel de él, SU medallita. Para la muestra, la imagen de su perfil en la red social X:


Parecen impresionantes todas esas medallitas que he mencionado. No obstante, si revisamos a fondo cada una de ellas, se observará, por ejemplo, que las estadísticas de la OCDE nos ha servido para demostrarnos todos los días por qué razón no debemos estar allí.  Los TLCs han demostrado que efectivamente no estamos preparados para competir de tú a tú con los distintos países con los que los firmamos porque nuestros niveles de competitividad y productividad no nos permiten hacerlo.  El Acuerdo de Paz no funcionó porque mataron a muchísimos desmovilizados, no hubo reparación real, y las "instancias de alto nivel" prometidas para todo, no existieron ni existirán.  Y finalmente lo que el pueblo más anhelaba que era la aplicación de justicia por todos los crímenes atroces cometidos, tampoco llegó.

De lo anterior, parece claro que el segundo periodo de Juan Manuel Santos admite opiniones según el punto de vista del que se le mire.  Luego de haber revisado a partir de los distintos puntos de vista desde los cuales yo lo analicé, puedo decir que fue un gobierno regular, pero en donde Santos se ganó la medallita a ser el único Presidente que ha desconocido frontalmente una votación de un plebiscito, con la complacencia del resto del Estado colombiano.  Esa medallita también debe entrar en su tabla de medallería. 

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