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sábado, 22 de diciembre de 2018

Volvernos Venezuela

Aceptémoslo, hemos fracasado como país en criar ciudadanos sensatos.  Tenemos un creciente número de doctores, magísteres, especialistas, docentes, investigadores en diversas áreas y temáticas de mayor relevancia científica.  Sin embargo, tenemos un muy serio déficit de personas sensatas.  El problema es que la democracia, como sistema político de un Estado, funciona en la medida en que existan ciudadanos que estén formados en valores democráticos.  Lamentablemente, la moda democrática actual es llevar cualquier derecho a su máxima expresión, y minimizar los deberes hasta que resulten imperceptibles.

Entre este mundillo de insensatos, hay unos grupos especiales. El país, por ejemplo, está lleno de políticos y de periodistas irresponsables. Entre aquellos que amenazan con el fin del mundo y aquellos que dicen que todo es perfecto gracias a ellos, no hay mayor diferencia de criterio, tan solo de perspectiva.  Por eso es que resulta especialmente interesante ver que hace tan solo meses el grupo de la derecha sostenía que Colombia, de haber elegido a Petro, iba camino a ser Venezuela.  Hoy, tan solo medio año después, es la izquierda la que dice que Duque lleva a Colombia camino a convertirse en Venezuela. Por supuesto, ambos bandos entran dentro del grupo de insensatos.


Imagen del escudo de Venezuela tomada de: www.lifeder.com
Más allá de mi opinión sobre las afirmaciones de cual de estos realmente nos llevará a convertirnos en Venezuela, lo que realmente me pregunto es si la gente realmente entiende qué es lo que implica "estar como Venezuela".  Para ello, conviene utilizar algunos ejemplos didácticos, para mostrar el nivel de insensatez de  los políticos, periodistas, y ciudadanos en general.  Estar como Venezuela no es un chiste, o una ocurrencia genial para hacernos notar.  Estar como Venezuela es estar en un país donde no hay casi nada, y donde lo primero que salió por la ventana fue la esperanza de construir un proyecto de vida (cualquiera que este sea).  Por lo tanto, veamos algunos de los puntos claves para entender lo que realmente es ser como Venezuela.


1.  La hiperinflación 

Invito a que revisen este video para entender qué es eso de la hiperinflación, un mal que actualmente aqueja a Venezuela.


Video tomado de: Canal de Youtube del Banco de la República de Colombia

Dato:  Actualmente, el salario mínimo (mensual) en Venezuela, equivale a siete (7) dólares norteamericanos.  Según datos entregados por una fuente venezolana, eso equivale a la compra de dos cartones de huevos.  Con el nivel de inflación de Venezuela, sabemos lo que eso significa.


2. El desabastecimiento

El caso de hiperinflación más grave en la Historia es el de Hungría entre los años de 1945 y 1946.  La inflación diaria era algo superior al 200%, y llegó a alcanzar el 10.600 cuatrillones el índide de costo de vida, en Julio de julio de 1946.  Un índice de inflación diario del 200% quiere decir que un día después de haber su salario, éste puede comprar la mitad de lo que costaba.  En consecuencia, lo que genera en el trabajador una situación de hiperinflación, es que apenas recibe el dinero debe salir a comprar bienes y servicios, antes de que se duplique el precio.

Esto suena bien.  El problema es cuando no hay qué comprar.  Para la muestra, la famosa imagen de la actual vicepresidenta (y entonces candidata presidencial) Marta Lucía Ramírez, en un supermercado en Venezuela.  Aun en casos sin hiperinflación, el desabastecimiento de productos y servicios en un país podría por sí mismo conllevar una guerra civil.


Imagen tomada de: www.eltiempo.com


3. La desaparición de factores de producción

Cualquier economía, para que sea medianamente sana, requiere que haya producción.  En la medida en que haya producción habrá oferta y habrá empleo.  En la medida en que haya empleo, se generará demanda, y el resto corresponde a las leyes del mercado.  Cuando desaparece alguno de los dos extremos, el mercado colapsa. Bajo un modelo socialista, el Estado no permite el libre comportamiento del mercado, sino que se encarga de realizar un proceso de distribución de la riqueza de manera controlada.

Sin embargo, en Venezuela, Hugo Chávez aprovechó para tomar drásticas medidas en distintos tipos de mercados que generó la cuasi desaparición de la oferta.  Igualmente, el abuso de la figura de la expropiación, generó el mismo efecto, pero de distinta manerja.  Para los lectores (especialmente para los mas jóvenes) un video que muestra cómo era que Chávez abusaba de esta figura.



Video tomado de: Canal de Youtube afpes


Con todos los medios de producción controlados y/o expropiados, Venezuela dependía de un inteligente manejo de mercado, pero ello no ocurrió.  El derroche y el populismo impidieron un manejo racional de los factores de producción, lo que conllevó a la salida de los productores para intentar salvar algo de lo que les quedaba.  Esto llevó a revivir algo que era una antigua táctica de guerra: la administración del hambre del pueblo.  Se empezó a producir y/o a comercializar lo que el gobierno quería, y adquiriéndolo de quien quería para distribuir a quien quería.



4.  Corrupción

Cuando Venezuela aún era un país con perspectivas y músculo financiero suficiente derivado de sus reservas de petróleo, el Gobierno dividió al mundo en dos: 1) Los revolucionarios del socialismo del siglo XXI; y 2) Los peones del imperio (Estados Unidos).  Siendo así, Venezuela se convirtió en un país de "buenos" y "malos".  Por supuesto, quienes querían sobrevivir a largo plazo, debían pertenecer al partido de "los buenos".  Ser de los buenos, implica ser reconocido como bueno.  No es un tema de ser, sino de ser reconocido como tal.

En consecuencia, como ocurre ante cualquier fenómeno masivo de corrupción, cuando se reemplaza el parámetro de lo CORRECTO por el de lo CONVENIENTE, se prostituye el criterio, la ley, la justicia, la seguridad, y en general cualquier estamento.  En Colombia conocemos muy bien lo que esto significa, dado que la corrupción es uno de los fenómenos nocivos más generalizados que debemos padecer.  Se paga por el contrato, se paga por evitar un comparendo, se paga para obtener un fallo favorable, entre otras cosas.

La corrupción, como esquema de prostitución de la ética, se vuelve mucho más rentable, entre más costoso sea lo que tenga para ofrecer: ¿Cuánto vale su libertad?, ¿Cómo negociamos su ascenso o su nombramiento? ¿Cómo nos ayudamos para que esto no se sepa?  Pues en Venezuela funciona igual, o incluso peor (si es que eso es posible).  Nada ocurre porque deba ocurrir, sino porque a alguien que le conviene que ocurra, previamente lo ha negociado.


5. La censura

Este es uno de los puntos más delicados a tratar.  Aquí en Colombia estamos acostumbrados a que cualquier intento de regulación de medios, equivale a censura.  Aquí en Colombia estamos acostrumbrados que una demanda contra un periodista, equivale a censura.  Nuevamente, se trata de ese punto de vista según el cual el periodista es un superhéroe de la opinión a lo que nada ni nadie puede cuestionarlo.  Nuevamente, la versión insensata número 1 del asunto.  La versión 2 (o la versión Trump) es la contaria: el periodista es inherentemente el enemigo del pueblo, un tergiversador y mentiroso encargado de fomentar la rebelión.

En Venezuela, ocurrió lo mismo.  Estaban los medios "buenos" y los medios "malos".  Los medios buenos debían ser fomentados y apoyados, mientras que los medios malos debían ser retirados, por traidores.  En consecuencia, se cerraron muchos medios de comunicación contrarios al régimen de Chávez y luego de Maduro.  Los más fáciles, por razones jurídicas, son aquellos que hacen uso del espectro electromagnético, es decir la radio y la televisión.  La prensa escrita no requiere concesiones de ningún tipo, por lo que acabarla por la vía del cierre es algo más difícil.  Curiosamente en recientes días se ha visto cómo uno de los últimos bastiones de la prensa libre en Venezuela, sufría una derrota: el cierre de la versión impresa de El Nacional.

En Venezuela, el simple hecho de opinar, se convierte en un riesgo operativo y de seguridad.   Usted no puede opinar contra el régimen, y en caso de hacerlo, puede sufrir las consecuencias.


6. La seguridad

Se ha sostenido por gran parte de la opinión pública mundial, que el régimen venezolano no es el régimen de Maduro, sino el régimen de las fuerzas militares venezolanas.  Si algo o alguien ha evitado que el régimen de Maduro caiga, estando tan deslegitimado como lo está, es por el apoyo de las fuerzas militares, que lo sostienen.  Esto, por supuesto, ha llevado a que en Venezuela exista una tergiversación del concepto de seguridad.  En teoría, las fuerzas militares de un Estado tienen funciones constitucionales precisas, tales como defender la soberanía y la integridad territorial.  Por tanto, las fuerzas militares están destinadas a proteger a los ciudadanos, no a mantener un régimen.

En estos momentos, ese ideal se encuentra severamente distorsionado en Venezuela. El estamento militar es el más alto en ese país, y como tal, son los que deciden qué se hace y qué no.  Basta revisar las sangrientas medidas que han tomado contra protestantes, opositores, y cualquiera que se constituya en un riesgo operativo.  Venezuela sigue adquiriendo armamento ruso, y cada vez más depende de él (el armamento) y de ella (Rusia) para mantenerse vigente.  La "seguridad", en pro de la inseguridad.


7. La comunidad internacional

La principal diferencia entre lo que fue el modelo de Chávez y el modelo de Maduro, es que el primero supo maniobrar muy bien a nivel internacional.  Curiosamente, su canciller era el hoy Presidente, Nicolás Maduro.  Eso no quiere decir que Maduro pasó de ser un genio a ser un imbécil.  Lo que pasa es que las circunstancias políticas internacionales cambiaron.  En la época de Chávez, contó con líderes de izquierda en Brasil, Argentina, Uruguay, Bolivia, Ecuador, Chile y con gobiernos neutrales como Colombia (la de Santos, no la de Uribe),  entre otros.  Adicionalmente, Chávez tuvo la oportunidad de comprar muchos amigos a partir de petróleo, cuando los precios eran muy buenos.

Con Maduro, la situación es muy distinta, de esos regímenes amigos, solo le resta Bolivia (y Nicaragua, si estamos dispuestos a mirar mucho más al norte).  El petróleo vale la mitad de antes, y no tiene tanto como andar comprando más amistades.  Si a ello se le suma que el desespero por mantenerse en el poder lo ha obligado a amañar elecciones, apagar la protesta con violencia, y desconocer las necesidades básicas de la población venezolana, la comunidad internacional cada vez le brinda menor margen de maniobra al régimen de Maduro.  Su estrategia actual, es una que utilizó mucho Chávez en su momento, con mayor éxito, y fue mostrarse como perseguido del imperio (Estados Unidos) y de su peón (Colombia).  En el caso de Maduro, su escasa inteligencia política lo ha llevado a intentar lo mismo, pero sin que nadie le crea nada.  En este caso, Venezuela es un país aislado, y únicamente protegido por Rusia, el país que le lleva la contraria a todo y a todos, siempre que de ello pueda obtener un beneficio.

Conclusión:  Se requiere un nivel de insensatez demasiado agudo para comparar la situacion de ambos países.  Si bien tanto Duque como Petro implican mayores riesgos a algunos de estos puntos, decir que ya somos como Venezuela, no solo es insensato, sino estúpido.  Suena políticamente bonito, pero no deja de ser estúpido.
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sábado, 21 de julio de 2012

Sobre las mentiras de la Iglesia


He recibido hace ya uno días, un correo de un amigo lector, Samuel Cadavid Puentes, quien me plantea la siguiente inquietud:


Imagen tomada de:  http://www.mensajesdeanimo.com

“Por estos días llegó a mis manos el libro "Mentiras Fundamentales de la iglesia católica", del autor español Pepe Rodríguez, mismo que ya había escrito, a manera de denuncia, "La vida sexual del clero".

A manera de introito utiliza la frase: "La verdad os hará libres, la mentira... creyentes"

Lo estoy leyendo con verdadero interés.

Dame un consejo, gaviota!!

Atte: Samuel Cadavid Puentes
Montería – Córdoba”


Le prometí al amigo Samuel, hace ya mucho tiempo que trataría el tema, aunque a decir verdad, pensé hacerlo el mismo día que tuve la oportunidad de leer el correo.  Realmente, me resultó imposible el manejo de tiempos, pero aquí estamos de nuevo, cumpliendo una promesa tardíamente.

Lo primero que debo recalcar es que no he tenido la oportunidad de leer este libro, todavía.  Pero lo haré.  Dos razones poderosas me llevan a hacerlo.  En primer lugar, soy de formación Católica, y por lo tanto, me interesa sabe qué tan sincero es el mensaje de la Iglesia.  En este punto, no soy una gaviota tan ingenua.  He tenido la oportunidad de leer “La puta de Babilonia” de Fernando Vallejo, que es un libro-desquite, contra la Iglesia.  Aparentemente sus datos históricos son sólidos, y en conclusión, la Iglesia se construyó sobre una farsa.

Sin embargo, apreciado Samuel, debo aclarar una cosa.  La religión es una organización semiótica y lógica de la fe.  La fe, por esencia, es convicción, es sabiduría y es tranquilidad del espíritu.  Puede basarse en cualquier tipo de estructura mental o espiritual, salvo en la lógica.  Por lo tanto, la religión no podría ser lógica, porque implica volver lógico lo que no lo es.  Si pensamos en términos muy básicos, tenemos que considerar que el centro de la fe católica es que: un individuo que a la vez es Dios, murió no para sí, sino para otros, y luego de hacerlo, por su propio poder divino resucitó de la muerte.  Basta intentar racionalizar cada uno de estos elementos para entender que ninguno de los postulados en que se fundamenta la fe de los católicos es absolutamente ilógico.

Con esto último, lo que pretendo hacer ver es que la parte “dogmática”, si se quiere, de la religión, puede fácilmente ser considerada como una quimera, o un mito, o simplemente una mentira. Fernando Vallejo, cree que lo de Cristo es un mito y de hecho suele referirse al personaje histórico como “Cristoloco”.  Otros piensan que no existió, o que de haber existido no murió, o que de haber muerto, no resucitó.  No es fácil entender la historia que rodea a Jesús, si se parte de lo evidente, lo lógico y lo físico.

El principal problema que poseen las religiones, y quizás la religión católica es el principal caso y más evidente, es que pretenden monopolizar la salvación del alma, mediante el establecimiento de patentes respecto del mensaje de Jesús.  La versión oficial es la versión católica (dicen los católicos).  Para hacerlo más oficial que las otras oficiales, precisamente empezaron a utilizar el término “católico(a)”, para referirse al carácter universal de esta Iglesia, a partir de este término griego antiguo.


Imagen tomada de:  http://es.dreamstime.com

Es necesario leer esta clase de documentos como parte de la historiografía de lo que ha sido la construcción netamente humana del mensaje de Cristo.  En otras palabras, es bueno saber qué tan mentirosa y/o criminal ha sido esa construcción social que denominamos Iglesia.  Es tan conveniente como saber qué tan mentirosa y/o criminal ha sido la construcción de aquello que denominamos Estado, en Colombia.  No por saberlo o dejar de saberlo, se debe llegar a los límites de creer o dejar de creer en el mensaje de fondo.

A esta conclusión he podido llegar a través de múltiples experiencias personales que se relacionan con el Derecho.  En vida, no he podido conocer más que un puñado de personas que siendo los ‘portadores oficiales de lo que es y no es derecho’, son inmorales, inescrupulosos, ladrones, matones y demás.  Mi alter ego ha podido ver y vivir de cerca algunas de estas realidades.  Más mentiras y ardides que los que traman los padres de la patria, los ‘honorables’, y especímenes como los Procuradores o Fiscales, quizá no encontremos en muchos otros sectores.

Con la Iglesia, no me cabe duda, ocurrió y ocurre lo mismo.  Si unos manipulan el concepto de ‘justicia’ a su antojo, la Iglesia ha sido capaz de manipular el concepto de ‘verdad’ al suyo, y por tanto, podremos discutir nutridamente acerca de la veracidad y la falsedad de lo que la Iglesia ha dicho, pero conviene distinguirla ampliamente del concepto de falsedad y veracidad del mensaje de fondo del cristianismo.  Gracias a Dios, no todas las versiones de lo que ha sido Cristo y su mensaje se encuentran en los cuatro evangelios oficiales.  Es la fe la que ayuda a seleccionar qué es lo que creo cierto y qué no.  Evidencia, no hay.  Es esa la principal manera de experimentar a Dios.  De lo contrario, estaríamos racionalizando lo divino y lo místico.  Creer no es lo mismo que convencerse, y en este campo, a diferencia del jurídico, creo que es mucho más importante creer que convencerse.

En cuanto a la frase “la verdad os hará libre… la mentira creyentes”, creo que implica otro intento más por racionalizar lo espiritual.  Suena útil para vender libros sobre la Iglesia, y suena más útil para escudriñar el papel de los humanos ‘portadores de la verdad de Dios’, pero no para poder llegar a ningún punto conclusivo frente a la experimentación de Dios que pueda tener cada ser humano.
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domingo, 13 de junio de 2010

A vuelo de Gaviota – Ed. 2


  1. ¡Bienvenidos, amigos!

Recibo con júbilo la noticia de la liberación del General Mendieta, del Coronel Murillo y del Sargento Delgado.  A estos hombres de temple y de corazón, un inmenso ‘pico’.  Bienvenidos.  A continuar volando por la libertad…


  1. Las contradicciones del caso Plazas - Uribe

Ha sido condenado el Coronel (r) Alfonso Plazas Vega.  Quien defendía la democracia, según sus palabras, parece ser que en realidad no realizó una gran defensa en zona sino un barrido de personas ‘por si acaso’.  Al menos, eso nos dice la sentencia proferida en su contra por una Juez Especializada de Bogotá.

Contradicciones se han visto en las palabras del Presidente de la República, quien durante muchos años ha tildado a los ex M-19 como terroristas, pero ahora que se conoce que él fue quien siendo Senador introdujo cambios al proyecto de ley de paz con ese grupo, para que se amnistiaran y/o indultaran incluso delitos atroces.  Ahora, tan sólo hace un par de días, se observa al Presidente manifestar que ese proceso no puede desconocerse, cuando pareciera haberlo desconocido (al menos verbalmente) durante años.


  1. Las contradicciones del caso Plazas - Fueros

Sorprende ver la actitud de algunos sectores de la opinión que piensan que casos como el del Coronel Plazas llevan a condenas injustas, porque no se aplica el fuero de los militares.  ¿Es que acaso las pruebas ‘cambiarían’ en uno u otro caso?  ¿Es que la interpretación legal cambia por quien la aplique?  Personalmente, no lo sé.  Mejor dicho, intuyo que sí, pero nuestra Constitución y la ley, indican que no.

Aquella nota según la cual los jueces solo están sometidos al “imperio de la ley”, parece ser que puede cambiar, dependiendo de qué entendemos por el “imperio de la ley”.  Es contradictorio, entonces, que ese imperio, que también es representado por la Fuerza Pública, que ha de velar por hacerla cumplir, tenga tantos matices.  En una nota aparte, trataré el tema de los fueros.


  1. Fútbol y elecciones según Betto




  1. ¿Qué le pasa a Mockus?

Mockus nunca ha sido reconocido por hablar con claridad.  De hecho, parte de su ‘encanto’, era el manejo críptico y simbólico de su lenguaje.  No obstante, tras discutir el tema con algunos amigos y familiares, pareciera ser que el señor Antanas está teniendo algún problema adicional.  Escuchar sus intervenciones, llámese entrevistas y debates, me permite anotar que el candidato aparentemente tiene algún problema al expresarse.  Podría ser (porque conozco casos cercanos), que el candidato sufre estos problemas por los medicamentos que debe tomar por la enfermedad de Parkinson.  Podría ser también, que su excesiva reflexión no está encontrando el output necesario para traducirlo a palabras.  ¿Qué pasa Antanas?


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sábado, 6 de marzo de 2010

El juego de la libertad

Siempre he insistido, a lo largo del tiempo que he tenido como administrador de “Picotazos de Gaviota”, acerca de las lecciones jurídicas que nos da la vida, en momentos inesperados y de forma mágica.  He tenido la oportunidad de vivir otra de estas lecciones, en tres actos.  Todo esto, disfrazado de ser humano, y con la personalidad de mi alter ego.  ¡Gracias, vida, por tu inmensa sabiduría!

Acto I

Es jueves en la madrugada, y me despierto rápidamente, contrario a lo que suele ocurrir en mi día a día, donde la primera de las luchas que he de librar es contra el mismísimo Morfeo.  Curiosamente, es esa la última de las luchas que también he de librar habitualmente antes de sucumbir a sus designios.  Este jueves, sin embargo, me brindó un despertar sin oponente.  La falta de lucha contra Morfeo me llevó a levantarme de la cama con cierto grado de optimismo mezclado con tensión por lo que estaba por venir.

En efecto, hace tan solo un día había logrado concretar varias situaciones que habrían todas de desatarse en esta mañana, al permitirme acudir a una audiencia de control de garantías programada para las siete de la mañana.  Viéndolo en retrospectiva, creo que la falta de oponente matutino era una pequeña gracia que me concedía Dios, teniendo en cuenta que una vez más veía cómo la ciudad se destruía a sí misma, inmersa en el caos desatado por el paro de buses y busetas.  Para otros, esa gracia divina se veía plasmada en la posibilidad de destruir bienes de otras personas sin pudor, y valiéndose de causas ajenas.  Para mí, esa gracia carecía de gracia.

Mientras me movilizaba por la ciudad a tempranas horas de la mañana, repasaba artículos, principios orientadores y ante tantas evaluaciones mentales, siempre me decía que tenía que seguir, pues de ello dependía la libertad de él.  Mi error costaba su libertad.  Ya había hecho bastante para procurar llegar a este punto.  No podía fallar.  Por supuesto, hoy la batuta dependía del fiscal, y no de mí.  Era él quien había decidido convocar a la audiencia para modificarle a él la imputación de cargos inicialmente presentada.  Pero había sido yo quien me había convertido en uno más de sus guardaespaldas, esperando cada instante que tuviera libre para enrostrarle evidencia, enviar uno que otro dardo sobre yerros anteriores, y charlar amigablemente sobre la justicia y la libertad.  Había sido yo quien lo había convencido de la necesidad de convocar esta audiencia.  No podía hoy defraudar.

Se inicia la audiencia y en un principio, siento que las cosas van por buen camino.  La juez que presidía la audiencia escucha atentamente los motivos esgrimidos por el fiscal, solicita que se le explique la evidencia, y que se lean unas declaraciones.  Intento comentarle a mi cliente lo que ocurre y en ese momento, siento que todo cambia.  Enfurecida, me manda a callar la juez, y le pide al fiscal que continúe.  El fiscal presenta sus argumentos, sus elementos materiales probatorios, y concluye acerca de la necesidad de variar la imputación jurídica.  Solicita, de manera subsidiaria, que se conceda la libertad al acusado, y agrega algunos motivos adicionales.  A las demás partes e intervinientes en la audiencia se nos permite el uso de la palabra.   Agregamos algunos aspectos jurídicos relevantes, emitimos alguna opinión respecto de lo planteado por el fiscal, pero coincidimos todos en que su petición es jurídicamente viable y más que necesaria para ajustarse a la realidad.

Ella oficiosamente decreta un receso.  Ordena que ninguno de los asistentes puede salir de la sala de audiencias.  Ordena absoluto silencio.  Su secretario, sin embargo, reiteradamente salió para hablar en su teléfono celular.  Entraba y salía.  Los demás, inmóviles y mudos.  Ya había yo probado lo que era un regaño de esta juez, y no quería otro más, buscando ser astuto.

La audiencia se reanuda, y escuchamos todos cómo la juez invoca los principios en materia penal, las formas de interpretación de la ley y cómo el juez no es un ‘convidado de piedra’ (expresión que cada día resulta más fastidiosa, así se haga referencia al juez, o a quien sea) y que bajo esos presupuestos, no veía que nuestra petición fuera formalmente correcta.  Manifiesta que no es competente para conocer del cambio de imputación, y que eso era problema del juez de conocimiento.  No obstante, agrega que desde su punto de vista, los demás estamos equivocados y allí no hay lugar a variar la imputación (¡!).  Cita de manera desafortunada dos sentencias de la Corte Suprema de Justicia.  Respecto de la solicitud de libertad, mediante una macabra mezcla de conceptos jurídicos, confunde lo subsidiario con lo accesorio, y por tanto, considera que al no prosperar la primera petición, tampoco ha de pronunciarse sobre la segunda.  En consecuencia, no concedió nada.

Muy decentemente, nos corre traslado de su decisión.  El fiscal solicita que se declare la nulidad y adicionalmente apela.  Otro interviniente interpone recurso de reposición.  Yo solicito declaratoria de nulidad, e interpongo los recursos de reposición y en subsidio de apelación.

Para no extenderme demasiado, resumo:  Ni el fiscal ni yo pudimos siquiera invocar la causal de nulidad.  La decidió sin siquiera saber de qué se trataba.  Adivinen qué decidió…  Respecto del recurso de reposición interpuesto por mi alter ego y por el otro interviniente, los negó, no sin antes tener que discutir, porque no me permitía sustentar mi reposición, y me obligaba a referirme únicamente a lo expuesto por el otro interviniente.  Casi toca suspender la audiencia para escuchar el audio.  Finalmente, me escuchó para llenarse de razones para considerar que no podía equivocarse.  Las apelaciones se concedieron (al menos esa sí las tramitó).

Es el juego de la libertad.  Claro, de la libertad de otro.


Acto II

Es jueves en la noche, logro llegar al Parque Simón Bolívar en bus, pues coincide la hora de mi salida, con el momento en que empiezan a rodar los buses, tras haberse levantado el paro que ya nos azotaba.  La sensación que vivía era contradictoria.  De una parte, el pesar y la ira que me embargaban desde la mañana interactuaban maquiavélicamente con la expectativa y la emoción de poder ver en vivo a una de mis dos banda favoritas.  Por supuesto, hay momentos de empujarnos unos a otros, de empinarnos, de agacharnos, y de hablar poco.

Pasan los dos teloneros y siento que el público es amable, en medio de tanta hostilidad que sacudía a mi ciudad por esos días.  Eso me reconforta un poco.  Luego la veo a ella, en un tamaño que no esperaba.  Debía medir unos quince metros, pero sin duda era ella.  Por supuesto, ella estaba rodeada por los demás protagonistas, pero estoy seguro que todos la miramos.  Mirémosla todos:


Imagen tomada de:  http://artecentro.wordpress.com 

Ya la había visto antes, pero no recordaba su nombre.  Probablemente, al ver su imagen pensaría en “Viva la Vida”, y no en “La libertad guiando al pueblo”, de Delacroix.  Sin embargo, ella me dejó marcado desde que la vi.  Era grande, majestuosa y respetada.   Instantes después se dio inicio a un espectáculo memorable.  Se trataba de Coldplay, mi juez de la noche.  No íbamos nosotros allí a juzgarlos a ellos.  Eran ellos quienes estaban aquí, en Bogotá, para juzgarnos a nosotros.  Sentí aquí lo que no había podido sentir en la mañana.  Sentí que nuestro juez nos veía, nos escuchaba, nos entendía.

Chris Martin nos saludó de ‘pareceros’, término muy común en esta tierra, y propio del lenguaje de paisas.  Hizo referencia a lo ‘bacano’ y a lo ‘chévere’, a lo largo de la noche.  Estuvieron entre nosotros y a pesar de la altura, dieron todo de sí.  Nos respetaron como su audiencia, y por supuesto, crecieron en todos nuestros corazones.  Así viví yo esa noche de ensueño, viendo a los ídolos de la música darme las lecciones que los ídolos del derecho se habían negado a brindarme.

Curiosamente, estaba allí, y quería oir todas las canciones, pero sobre todas, habían dos que me desvelaban.  Primero iniciaron interpretando, como nunca antes lo había escuchado en vivo, “Fix You”.  El inicio me estremeció, pues era tan propicio, en tantos sentidos:

“When you try your best but you don´t succeed” (“Cuando intentas con lo mejor que tienes pero no tienes éxito”).

El final de esta canción ante la cual había prometido que lloraría, también terminó estremeciéndome:

“And I will try to fix you” (“Y yo intentaré arreglarte”).

Físicamente no lloré, pero aún hoy siento los estragos de las lágrimas que derramó mi alma al escuchar la canción.

La penúltima de sus canciones fue la otra canción que ansiaba escuchar.  Se trataba de “The Scientist”, la canción que me había enamorado de este grupo inglés, y que motivó tantas cosas en mí.  Su letra y su cadencia iban calmando mi corazón, cuando entendí que había cosas que no iban a ser fáciles, pero que dependía de mí superar los obstáculos que la vida me presentaba:

“Nobody said it was easy… Ohh it´s such a shame for us to part” (“Nadie dijo que era fácil… Ohhh es una lástima que tengamos que separarnos”)

Al finalizar el concierto, pensé en estos mensajes, y volví a verla a ella en mi mente.

Era el juego de la libertad.  De mi libertad.


Acto III

Es viernes por la tarde, y no sé cómo describir mi día.  Me siento incapaz de entender mi estado de ánimo.  Sé que no he podido dejar de pensar en lo ocurrido el día anterior.  Sé, sin embargo, que ya he pasado, en gran parte, lo ocurrido.  No obstante, me encuentro de nuevo con un escenario similar al del día anterior.  Cambió uno de los intervinientes, y cambió el juez.

Es tarde, y el fiscal no ha llegado.  Voy a buscarlo, mientras intento explicarle al juez que al parecer la información de las salas no es acertada.  El accede a esperar unos minutos.  Procedemos a iniciar audiencia.  Se trataba de la audiencia preparatoria del mismo caso que me correspondía el día anterior.  El juez era el mismo que ha de definir definitivamente la suerte de mi cliente.  Este último llega y silenciosamente se sienta a mi lado.  La audiencia comienza, y el fiscal solicita el uso de la palabra.  El juez le concede el uso de la palabra.

Luego de algunos segundos, entiendo que el fiscal ha decidido, antes de tramitar un juicio ilógico obligado por una juez que teóricamente dispone y no instruye, solicitar al juez de conocimiento que se le permita variar los cargos.  A estas alturas, el fiscal ha revisado la jurisprudencia que nos citaban el día anterior, y le dio un alcance mucho más cercano al contenido real de la sentencia.  Personalmente, me encontraba sorprendido ante esta determinación, pues no conocía de antemano la intención del fiscal.

El juez escucha a los demás intervinientes y a mí como defensor.  Agrego a lo expuesto por el fiscal, asuntos formales como el haber agotado el trámite ante la juez de control de garantías, y su argumento de supuesta incompetencia para conocer de las peticiones.  Me acojo a lo solicitado por mi contraparte.

El juez decreta un breve receso para repasar detalladamente la sentencia, y al reanudar, realizar una exposición sobre los principios que fundan el derecho penal, sobre la excepcionalidad de la libertad, y sobre cómo es potestad del fiscal decidir acerca de los cargos a imputar, por expresa disposición legal, y por la naturaleza misma del sistema.  Acepta la determinación, y consecuentemente concede la libertad a mi defendido.  Al ordenar eso, la vi a ella nuevamente en mi mente, agitando el trapo rojo, alentándonos a seguir adelante.

Es el juego de la libertad, de la libertad de vivir de conformidad con la ley y bajo un sentido ‘lógico’ de justicia.
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lunes, 23 de marzo de 2009

Gracias por estos 20 años

Hoy cumplimos 20 años de la web. Al menos eso es lo que asegura el diario colombiano El Tiempo, en su editorial del día de hoy. Confieso que la referencia de 20 años me pareció algo breve. Recuerdo que en el colegio me enseñaban acerca de la Internet, de la ARPANET y otra cantidad de cosas. Resulta, sin embargo, que no es lo mismo la creación de Internet que la creación de la web, que tampoco es lo mismo que la creación del correo electrónico. El regocijo de El Tiempo está debidamente fundado. Hace 20 años, en efecto, el señor Timothy John Berners-Lee creó la World Wide Web. Hipertexto, comunicación en red y la Transmission Control Protocol (TCP) eran la clave para un desarrollo que actualmente es necesario en la vida de muchos de nosotros.

Por mi parte, considero importante resaltar este hecho por una serie de aspectos que aún hoy dejan de ser valorados en la dimensión que les corresponde. En primer lugar, por ejemplo, gracias a la nuestra tiple doble-u, hemos podido lograr la internacionalización del conocimiento. No es extraño acceder a museos, a bibliotecas virtuales o reales en otros países, conocer textos que en otras circunstancias serían imposibles de conocer, y estar al tanto de las noticias mundiales en cuestión de segundos. Esta es la razón erudita por la que agradezco hoy al señor (no Mister sino Sir) Berners-Lee semejante aporte al mundo.

Existen razones menos nobles que la anteriormente mencionada, pero que son igualmente válidas. La world wide web nos ha permitido cambios fundamentales en la forma de concebir la sexualidad del ser humano. El acceso a chats eróticos, a páginas pornográficas (legales o ilegales según el nivel de gustos y de riesgos de cada cual), a consultorías sexológicas virtuales, han permitido constatar con cifras, que el ser humano actual es un ser humano con sexualidad reprimida. Basta ver la variedad en la oferta para darse cuenta de ello. Para muchos, probablemente esto no pasa de ser una opinión sinvergüenza de Gaviota, y quizás así sea. No obstante, más allá de la posibilidad de saciar el morbo personal de cada individuo con el “producto” de su preferencia, es claro que la modificación en la percepción psicológica del ser humano le ha permitido encontrar su sexualidad y disfrutar de ella sin tapujos, en una época en la que todavía se incita al no uso del condón por parte de la Iglesia Católica. Este autorreconocimiento del ser sexual ha ido progresivamente ganando espacio en la vida social, y eso debe ser destacado como un avance. Cuestión diferente es el acceso irrestricto de esta información a menores de edad, y los traumas o manías que pueden generarse con ello.

Tercera razón (también innoble). El mundo físico actual ha sido diseñado para que la gente le resulte casi imposible divertirse. Trabajos extenuantes en horarios cada vez más asfixiantes, largas horas expuestos al tráfico automotor, y el sometimiento al estrés en cada actividad diaria, hacen que muchos individuos no puedan recrearse o divertirse. El tiempo en que no se está desgastando el cuerpo y la mente en el trabajo, se está durmiendo o en el médico, intentando recomponer el deterioro sufrido debido al excesivo estrés. La posibilidad de hacer deporte se restringe a los fines de semana, y a hacer spinning, lo que me parece aberrante. Eso es sano, pero no para todos resulta divertido. Sin embargo, la web nos ha permitido conocer una serie de elementos interesantes de entretención. Juegos interactivos, juegos que se pueden jugar desde el computador con los amigos cercanos, juegos históricos, juegos de estrategia, juegos eróticos, juegos de lo que se quiera. Además las redes sociales como Facebook, que son casi una obligación social en estos momentos, y experiencias como la de Second Life, son frutos de esa necesidad de hacer más amigable el tiempo de conectividad.

Como cuarta y última razón, para no extenderme demasiado, está la relevancia que ha adquirido la liberad de expresión gracias a la web. La posibilidad de crear páginas web gratuitas, la posibilidad de participar en foros virtuales, y (¡cómo no!) la posibilidad de llevar uno o más blogs para expresar sentimientos, opiniones, quejarse de algo o de alguien, y para compartir conocimiento, resulta cuando menos interesante. Para mí, al menos, resulta casi terapéutico el poder ingresar al blog y expresar opiniones y formular argumentos respecto de una gran variedad de temas. La posibilidad de poder expresar mi pensamiento, en un mundo en el que pensar y opinar se ha tornado cada vez más peligroso, es bastante alentador.

Es por ello, que a Sir Timothy Berners-Lee y a todos quienes han participado en el desarrollo de la web, les ofrezco un ‘pico’ de gratitud, por permitirnos el acceso a esta maravillosa experiencia. La web es un importante elemento en nuestras vidas, que como todo en la vida, tiene sus aspectos nocivos e incluso degradantes, pero que de alguna manera, es objeto de constantes revisiones, de formulación de soluciones y que abren las puertas a un mundo más amplio del que hubiéremos conocido antes de ella.
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lunes, 19 de enero de 2009

La psicología del incumplimiento

Lo que va corrido del 2009 ha resultado un periodo de profunda reflexión. Tanto reparar en la realidad del país, y de lo que puedo conocer del mundo, me permiten formularme interrogantes molestos, en la medida en que no parecen tener respuestas sencillas. Una de las inquietudes que me formulo recurrentemente, es acerca del porqué de la cultura del incumplimiento. La cultura del incumplimiento no es un simple estilo de vida individual, sino que se ha convertido para algunos países, en una forma de concebir el mundo.

Retomo el tema, gracias a la columna de Héctor Abad Faciolince titulada “Millonarios del Estado” que he leído en el diario El Espectador, en la edición de de ayer. En la columna, Abad Faciolince denuncia el grave problema de las demandas que se formulan contra el Estado colombiano, que resultan altamente costosas, y que implica el enriquecimiento desmedido de personas que han hecho de demandar al Estado una profesión.

Sumémosle a eso, la situación vivida por el alter ego de esta Gaviota esta semana, donde nuevamente ha debido recurrir a la acción de tutela para procurar que una persona reciba el tratamiento en salud al que tiene derecho por Constitución y ley. Al parecer, gracias a Dios, la acción contará con un próspero final para el accionante. Sin embargo, siempre surge la pregunta de por qué debe siempre acudirse al mecanismo de la acción de tutela para obtener las prestaciones en salud que se requieren, aún cuando el año que recién terminó fue paradigmático por haber sido proferida la sentencia T-760, providencia en la que la Corte Constitucional desarrolla todo el tema del derecho a la salud, su alcance, su correlación con otros derechos, y la forma en que debe entenderse constitucionalmente protegido. Resulta difícil entender por qué ante una sentencia tan clara y diciente como esa, se sigue incumpliendo con los mandatos constitucionales, colocando en estado de inminente riesgo la vida de las personas.

Particularmente, considero que la situación a nivel latinoamericano radica en un problema de ego. Cuando se considera que el único límite que existe a la libertad individual es el trazado por sí mismo, no existe norma válida que pueda restringir el ejercicio de esa libertad. El saber que se puede pasar por encima de la norma, sin salir lesionado, y tal vez ganando un poco, es excitante. Si revisamos el día a día en nuestras ciudades, nos daremos cuenta que ser incumplido es sinónimo de prestigio. Cuando se llega al consultorio del prestigioso abogado, se ha de esperar al menos unos 20 minutos adicionales, hasta que este evacúe otras diligencias que lo retienen, y finalmente poder acceder a su sapiencia. Los Congresistas y Ministros del Despacho, cuentan con parqueaderos personalizados, que son las zonas en las que para el resto del mundo está prohibido parquear. Asimismo, si quisieran visitar el night club de moda, es importante ir a hacer fila desde temprano, para tener posibilidades de entrar. Claro está, que en este lapso, podremos ver a los prestigiosos llegar en lujosos vehículos, y entrar sin hacer fila.

En pasados ingresos, he visto cómo a nuestros mismos gobernantes les gusta esto de la psicología del incumplimiento. Si miramos la operación jaque, hubo un engaño con trampa (utilización de símbolos de la Cruz Roja). Si revisamos las alzas en la gasolina por el alto precio del petróleo, pero la negativa a bajar su precio cuando el petróleo baja, vemos otro ejemplo similar. Ya he tratado el tema de utilizar los estados de excepción para conjurar problemas domésticos ordinarios (DMG, paro judicial). En todos estos casos, lo que resalto es el dolo directo por el acatamiento de las normatividad. La filosofía del pretexto, jugando en llave con la psicología del incumplimiento. La misma razón por la cual a las personas les genera una fascinación casi sexual, el incumplimiento de las normas de tránsito. Transitar en pico y placa, Pasarse los semáforos en amarillo o en rojo, adelantar en línea amarilla continua, en fin…

El mundo de la praxis jurídica no es muy diferente. Observamos a diario cómo los fiscales y jueces penales realizar toda clase de maromas para demostrar que en la mayoría de casos, se debe recurrir a las excepcionales medidas de la privación preventiva de la libertad. Como diría Bovino, no se investiga para privar de la libertad, sino que se priva de la libertad para investigar. El tema es igual, allá y acá. En materia laboral, resulta que el trabajador no solo debe demostrar que no se le han pagado los salarios y prestaciones a las que tenía derecho, sino que adicionalmente, sacamos de la manga, el as de diamantes, que es probarle la mala fe al empleador. Si no lo hacemos, olvidémonos de la indemnización moratoria. Eso, vale la pena resaltar, no está en la ley. Es creación de nuestros “honorables”.

Hablando un poco más de los “honorables”, a los que no menciono hace algún tiempo, pero a quienes nunca olvido, conviene tratar brevemente el tema de la oligofrenia de la casación. Es interesantísimo revisar las providencias de casación, ya sea las que definen la adminisibilidad del recurso de casación, como aquellas que resuelven el recurso extraordinario. Digo que resulta interesantísimo, en la medida en que unos individuos que teóricamente llegan al cargo de Magistrado en un tribunal de casación por sus altas calidades jurídicas y su potencial intelectual y jurídico, NUNCA entienden lo que les piden en una demanda de casación. Este síndrome de oligofrenia casacional, que parece ser de transmisión funcional, y no genético, no es otra cosa que desechar las demandas de casación, por pretender hacerse los idiotas frente a las demandas. Quienes revisan el tema, podrán confirmar o desmentir esto que menciono. La gran mayoría de demandas de casación, al menos en Colombia, se desechan porque el cargo no es claro, y por ende, no está técnicamente bien formulado. Bajo ese entendido, el mensaje al pueblo es: “como no entiendo, no fallo”. Este mensaje, sigue tan vigente hoy, cuando se escriben cientos de libros sobre el debido proceso, sobre el acceso a la administración de justicia, y mientras se profieren fallos de tutela a diario sobre estos temas.

La psicología del incumplimiento, como dije al principio, es una forma de concebir el mundo. Realmente, cuando se expide una ley en la que se ordena que el término probatorio se evacue en una sola audiencia, no lo creen ni los sujetos procesales, ni los funcionarios encargados de adelantar los procesos. Resulta extraño que, al menos en Colombia, ocurran tres situaciones en un viaje en avión: que el avión llegue a tiempo, que el avión salga a tiempo, que el equipaje de uno llegue a la ciudad de destino. Normalmente, uno o más de estos no se dan por diversos motivos. La gente está acostumbrada y por ello, en vez de esperar en la sala con una antelación de un hora y media, ingresan con 10 minutos de antelación, por si acaso esta vez el avión sí llegó a tiempo.

Quien formule un derecho de petición, debe simultáneamente ir contratando a un abogado especializado, para que vaya proyectando una demanda de tutela por vulneración del derecho de petición, en la mitad de los casos, es probable que debamos recurrir a este mecanismo. En la otra midad, el abogado ya cuenta con un modelo para formular la demanda, y probablemente en un plazo no muy lejano, la utilizará.

En materia económica, la cultura del incumplimiento está tan arraigada, que incluso ya le tenemos nombre anglo (que son los realmente chéveres), a la práctica de pedir prestado para pagar deudas. El famoso roll-over de la deuda, es una práctica común que sirve para dar respiro al presupuesto, hundiéndolo más, al mediano plazo. No siempre implica incumplimiento, pero casi siempre sí lo implica. Pagar deuda con deuda no funciona por sí mismo, si no va de la mano con otros mecanismos realmente serios para recortar el déficit. Es decir, dilatar el incumplimiento no es lo mismo que solventar el cumplimiento. La filosofía del pretexto jugando en llave, otra vez, con la psicología del incumplimiento.

En este país, ante la comisión de una falta, preferimos incurrir en otra, sobornando al policía, destruyendo pruebas, o calumniando a otros, que asumir la responsabilidad por el hecho propio. Parece ser que respecto de este producto no podemos solicitar la denominación de origen, porque la práctica es mucho más común de lo que se cree. Sería interesante conocer algún estudio sobre la globalización de la vagabundería. Quien conozca alguno, por favor me avisa.
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